El informe de PROPUBLICA: De la Opacidad en Barbados al Hambre en Guayana
Juan Linares
Toda esta tramoya de "falta de autonomía" que el superministro Héctor Silva escenificó en el hangar de Bolívar no es un hecho aislado; es el calco exacto de un modelo que opera bajo la mesa y de espaldas al país. Mientras a los jubilados y pensionados de la CVG se les exige paciencia y se les niega un bono digno de 1.200 dólares con el falso argumento de que el oro y los recursos "están bloqueados", la verdadera procesión va por dentro. Una reciente y devastadora investigación de la organización periodística estadounidense ProPublica ha desnudado los términos confidenciales del convenio petrolero firmado entre Delcy Eloína y la administración de Donald Trump en EE. UU., un pacto que, utilizando la propia terminología de la vieja izquierda, califica como una monumental e histórica Traición a la Patria.
Los detalles del documento de 18 páginas —resguardado con celo en un paraíso fiscal de Barbados para ocultar las identidades de los inversionistas— son una bofetada directa para la clase obrera venezolana. El acuerdo entrega el manejo de 17 campos petroleros y el control de la empresa NABEP a una junta directiva donde la mayoría absoluta es estadounidense y Venezuela no tiene garantizada ninguna representación. Lo que sí quedó amarrado y firmado en piedra por personajes cuestionados por corrupción y desfalco a PDVSA, como el "bolichico" Alejandro Betancourt y Orlando Alvarado, es la entrega de nuestro crudo a un precio de remate de 30 dólares fijos por barril, sin derecho a ajustes por el mercado internacional, junto con un descuento adicional del 20% para el comprador. Mientras tanto, las cacareadas regalías de 200.000 millones de dólares que se anuncian pomposamente en televisión no cuentan con una sola línea de obligación legal en el papel. Todo el beneficio quedó escrito para el norte; para Venezuela, solo quedaron las promesas de saliva
Es aquí donde se junta el hambre con la necesidad de ocultar el guiso. Mientras el crudo se compromete por 50 y hasta 100 años —obligando al régimen a realizar reformas exprés de la Ley de Hidrocarburos a comienzos de este año 2026 para estirar las concesiones a conveniencia del comprador—, la producción de NABEP ya vuela por los 200.000 barriles diarios con miras a triplicarse para el 2028. Por eso es que a la cofradía del poder le urge tanto hablar de elecciones y de “consenso laboral”: necesitan estabilidad y mano de obra sumisa para que los barcos sigan saliendo repletos mientras el trabajador de a pie financia el saqueo cobrando 15 centavos de dólar de salario base. Para los vuelos clandestinos cargados de oro que salen de Guasipati hacia Maiquetía o para los despachos petroleros a precio de gallina flaca en Barbados, la burocracia fluye con “autonomía” total; pero para el estómago vacío de los huelguistas en Guayana, el candado de Miraflores permanece cerrado. El pueblo venezolano es el gran y único perdedor de un negocio donde la cúpula entrega la soberanía a cambio de prolongar su permanencia en el trono..
Si en Venezuela existiera una Asamblea Nacional democrática, imparcial y verdaderamente autónoma, la investigación de ProPublica ya habría desatado un terremoto institucional. En un país normal, los ministros, presidentes de corporaciones y los “bolichicos” firmantes estarían siendo interpelados bajo el peso de la ley, enfrentando no solo la destitución fulminante de sus cargos administrativos, sino procesos penales inmediatos por daño patrimonial a la República. Pero en la Venezuela del revés, los mismos que obligan a los soldados a marchar repitiendo la gastada consigna de “Leales siempre, traidores nunca”, son los primeros en firmar la entrega a espaldas de la nación. Mientras el mandatario norteamericano aplica con éxito su doctrina de “América Primero” (América Primero) para resguardar los intereses de su industria, los jerarcas de Miraflores aplican la de “Bolsillos Primero”, demostrando que su supuesta lealtad es una farsa y que, a la hora de la verdad, la única y verdadera traición a la patria se gesta desde las propias oficinas del poder.
La reciente y demoledora investigación de la organización periodística estadounidense ProPublica ha desnudado los términos confidenciales del convenio petrolero firmado a espaldas del país. Mientras a los jubilados de la CVG se les niega un bono digno alegando falta de recursos, el documento —resguardado con celo en un paraíso fiscal de Barbados para ocultar las identidades de los inversionistas— demuestra cómo se entrega el manejo de 17 campos petroleros y el control de la empresa NABEP a precio de remate de 30 dólares fijos por barril, sin derecho a ajustes por el mercado internacional y con un descuento adicional del 20% para el comprador. Celebran con bombos y platillos que la producción araña los 1,2 millones de barriles diarios, pero cualquier ingeniero que se haya sudado la camiseta en campo petrolero sabe perfectamente que para alcanzar los 5 millones de barriles indispensables para sostener la economía nacional, harían falta inversiones multimillonarias y un mínimo de 10 años continuos de gerencia seria, no de compadrazgo de "brothers".
jlrlinares@gmail.com

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