SIDOR y la nueva epopeya del acero imaginario
La última joya del relato oficial es que SIDOR estaría fortaleciendo su producción de acero para contribuir a la reconstrucción de La Guaira tras los terremotos. La idea suena patriótica, solidaria y hasta épica, salvo por un pequeño detalle: la realidad industrial de SIDOR no acompaña el discurso, sino que lo contradice con terquedad numérica.
Héctor Silva aparece como vocero de una hazaña que, en el papel, pretende convertir a una siderúrgica golpeada por años de colapso en pilar de la reconstrucción nacional. Pero una cosa es visitar las áreas de Barras Sidor, posar frente a equipos y hablar de “compromiso”, y otra muy distinta es demostrar producción real, sostenida y suficiente para alimentar obras de esa magnitud . Cuando una empresa cerró 2025 con apenas 41.000 toneladas de acero, equivalentes a alrededor de 1% de su capacidad instalada, hablar de “fortalecimiento” suena menos a política industrial y más a literatura de emergencia .
La matemática no aplaude
Aquí no hace falta exagerar: basta sumar y dividir. Si en 2012 SIDOR produjo 1.800.000 toneladas y en 2025 apenas 41.000, la caída acumulada es de 97,72%. Eso significa que la empresa no está operando como motor siderúrgico, sino como sombra de sí misma . Y cuando una planta funciona en ese nivel, cualquier discurso sobre abastecer reconstrucciones nacionales merece, como mínimo, una auditoría antes que una ovación.
La comparación es sencilla: una cosa es fabricar acero para obras de reconstrucción, y otra muy distinta es narrar que se fabrica acero mientras lo que realmente se mueve es inventario viejo, retazos operativos o lotes mínimos que no alcanzan para sostener una cadena industrial seria. En ese contexto, decir que SIDOR está lista para respaldar la reconstrucción de La Guaira suena tan convincente como anunciar una carrera de Fórmula 1 con un carro empujado a mano.
Reconstrucción con qué acero
El problema no es solo la retórica, sino la logística implícita. La reconstrucción de zonas afectadas por los terremotos requiere materiales estables, volumen constante y planificación técnica, no consignas con uniforme corporativo. De hecho, los reportes públicos sobre el plan “Venezuela Renace” hablan de una fase de reconstrucción en La Guaira y de trabajos en viviendas y estructuras afectadas, pero eso no demuestra que SIDOR sea hoy capaz de cubrir de forma robusta semejante demanda.
Además, la propia información sobre la industria contradice el triunfalismo. Si la producción anual de SIDOR en 2025 fue de 41.000 toneladas y en el primer semestre de 2024 apenas se advertía una operación de 1,5% de la capacidad instalada, el cuadro es de precariedad estructural, no de despegue. Por eso el relato de que la siderúrgica “mantiene activa su capacidad productiva” necesita más pruebas que adjetivos.
La puesta en escena
El lenguaje oficial tiene una habilidad admirable para transformar ruina en heroísmo. Donde hay parálisis, dice “avance”; donde hay incapacidad, dice “fortalecimiento”; donde hay escasez, dice “esfuerzo conjunto”. Y así, con una dosis de teatro institucional, se pretende vender como reactivación lo que en la práctica parece una operación de imagen.
La visita de Héctor Silva a las áreas de Barras Sidor busca precisamente eso: producir una foto política que sustituya la verificación técnica. Pero el acero no se evalúa por recorridos, ni la reconstrucción se sostiene con discursos. Si el país necesita material para rehabilitar viviendas, puentes y estructuras, entonces necesita cifras transparentes, plantas operativas y reportes verificables, no solo una narrativa optimista emitida desde una oficina.
Lo que realmente dice el dato
El dato duro es insoportable para el libreto oficial. SIDOR pasó de ser una siderúrgica de gran escala a una planta cuya producción anual se mide en miles de toneladas, no en millones, mientras el país sigue oyendo que todo está “en marcha”. Con ese nivel de operación, la empresa no parece una base sólida para una reconstrucción nacional, sino un ejemplo más del deterioro industrial venezolano.
Por eso la afirmación de que SIDOR aporta acero para La Guaira debe leerse con cautela. Puede haber actividad parcial, puede haber lotes puntuales, puede haber propaganda abundante; lo que no parece haber, al menos a la luz de los números públicos, es una capacidad real que permita convertir esa historia en símbolo de recuperación.
Los Cuentacuentos Oficiales
SIDOR ya no parece una siderúrgica, sino una oficina de cuentacuentos con el horno apagado. Un año dicen que está “a pleno rendimiento”, al siguiente que “avanza la recuperación”, y al final lo único que avanza es la imaginación de los voceros.
Lo más grave es que esos números de producción no existen en la realidad operativa de las plantas; son cifras inventadas para hacer creer que SIDOR está funcionando y produciendo. La verdad es otra: apenas se habla de un 10% de operación en las plantas de pellas, cuando la capacidad instalada ronda los 6 millones de toneladas anuales, y eso da una idea del nivel de deterioro y desmantelamiento que arrastran las instalaciones.
Por eso, cuando los órganos oficiales presentan estos supuestos avances como si fueran una hazaña industrial, lo que realmente exhiben es el tamaño del colapso. No están mostrando recuperación: están tratando de disfrazar una ruina con estadísticas de cartón.
Cierre
En otras palabras: si SIDOR de verdad estuviera en condiciones de sostener una reconstrucción de ese tamaño, no haría falta insistir tanto en el relato. Bastaría con mostrar producción estable, balances abiertos y transparencia industrial. Mientras eso no ocurra, lo de La Guaira sonará menos a reconstrucción con acero y más a reconstrucción con palabras.
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