miércoles, 29 de julio de 2026

Esa vaina no vale nada: el timo de la deuda externa venezolana

 Esa vaina no vale nada: el timo de la deuda externa venezolana

Economía forense y denuncia



La indignación frente a la supuesta reestructuración financiera que pretende asomar el régimen no es para menos. Lo que está en juego no es una simple operación técnica, sino el intento de darle forma legal a una deuda externa que ya se estima en 240.000 millones de dólares, una cifra que desnuda la magnitud del desastre económico acumulado por años de opacidad, endeudamiento irresponsable y destrucción institucional.

El economista Miguel Rodríguez Fandeo no se guardó adjetivos al calificar el proceso como una “basura de contrato”. En su lectura, la firma estadounidense elegida para manejar la negociación no responde a criterios de excelencia técnica, sino a una lógica de contactos políticos y cercanía con actores influyentes de Washington. La empresa señalada es Centerview Partners, una boutique financiera de Wall Street que, según reportes recientes, fue contratada para asesorar al Estado venezolano y a PDVSA en la reestructuración de su deuda externa.  Para colmo, la asesoría podría costarle al país alrededor de 150 millones de dólares .

Pagar semejante suma en comisiones para renegociar papeles destruidos es, en sí mismo, una señal de alarma. No se trata de salvar el crédito de la República, sino de organizar una operación financiera donde los grandes beneficiarios no serían precisamente los venezolanos. En este tipo de maniobras, la pregunta esencial no es solo cuánto se debe, sino a quién, por qué, bajo qué condiciones y con qué grado de legitimidad.

Rodríguez Fandeo fue todavía más tajante al afirmar que buena parte de esa deuda no tiene sustento real de mercado y que su valor efectivo está muy por debajo del nominal. Esa afirmación, aunque polémica, abre una discusión obligatoria: la diferencia entre una deuda contable, una deuda litigiosa y una deuda efectivamente cobrable. En Venezuela, esa frontera se ha vuelto deliberadamente borrosa por años de sanciones, impagos, arbitrajes, cesiones opacas y contratos firmados en medio del derrumbe institucional.

La deuda como chatarra financiera



Si la deuda real de mercado está pulverizada por debajo de su valor nominal, pretender reconocerla al 100% equivale a legitimar una estafa histórica. Los bonos de la República han sido llevados al suelo por la combinación de incumplimiento, default, pérdida de confianza y aislamiento financiero. En ese escenario, solo los fondos litigantes, algunos intermediarios y los operadores políticos de la reestructuración tienen incentivos para inflar artificialmente su valor.

Lo que se intenta vender como una “normalización” financiera puede terminar siendo una capitulación. En vez de auditar, depurar y discriminar obligaciones legítimas de pasivos tóxicos, el país corre el riesgo de sentarse a negociar como si toda la deuda fuera moral, legal y económicamente exigible por igual. Ese sería el verdadero fraude: convertir una ruina financiera en una nueva fuente de comisiones, negocios cruzados y favores entre élites.

El caso de la deuda rusa

La porción vinculada a compras militares con Rusia también merece revisión forense. No toda obligación firmada en papel tiene el mismo peso jurídico o político. Cuando un Estado adquiere armamento en condiciones opacas, sin beneficio social verificable y en un contexto de deterioro institucional, surge la discusión sobre la llamada deuda odiosa, un concepto discutido en el derecho internacional pero útil para examinar estos compromisos.

No se trata solo de armas defectuosas o de sistemas militares sobredimensionados para la realidad del país. Se trata de determinar si esos recursos fueron utilizados para sostener una estructura de poder contra la población, sin rendición de cuentas ni retorno social. En ese caso, la discusión no debe limitarse a “cuánto se debe”, sino a si esa deuda tiene realmente legitimidad para ser exigida al conjunto de la nación.

El Fondo Chino y los proyectos fantasma

El capítulo chino tampoco puede quedar fuera de una auditoría seria. Durante años, el mecanismo de financiamiento con Pekín operó bajo esquemas en los que el dinero llegaba condicionado a la contratación de empresas chinas, muchas veces con poca transparencia y escaso control sobre la ejecución de obras. El resultado está a la vista: proyectos inconclusos, sobrecostos, infraestructura abandonada y una larga lista de promesas convertidas en elefantes blancos.

En términos forenses, ese tipo de deuda exige una revisión minuciosa. No basta con contabilizar el monto principal; hay que rastrear quién ejecutó cada obra, cuánto se pagó, qué se entregó realmente y qué parte del dinero terminó diluyéndose entre intermediarios, sobreprecios y contrataciones dudosas. Si hubo corrupción de origen, negligencia compartida o incumplimiento sustancial, entonces la deuda no puede tratarse como si fuera moralmente neutra.

La sombra política en Washington

La elección de Centerview Partners también levanta interrogantes políticas. Reuters reportó que la selección de la firma estuvo rodeada por la intervención de Mauricio Claver-Carone, exfuncionario de la primera administración Trump, quien habría recomendado el nombre de Centerview en conversaciones vinculadas al proceso venezolano.  Además, la firma contrató en 2025 a Reince Priebus, exjefe de gabinete de Donald Trump, como asesor senior, lo que refuerza la percepción de proximidad con el entorno político republicano de Estados Unidos.

Eso no prueba por sí solo una operación partidista, pero sí coloca la negociación en un terreno donde la técnica financiera y la influencia política se entrecruzan. En un caso tan delicado como la deuda venezolana, esa mezcla es explosiva. Cuando la renegociación de un país devastado termina rodeada de operadores con conexiones partidistas en Washington, el margen para la sospecha se multiplica.

Una estafa con lenguaje técnico

La urgencia de la cúpula no responde a salvar el crédito de una Venezuela devastada. Responde, más bien, a legalizar una arquitectura de deuda que permita repartir comisiones, consolidar intermediaciones y reordenar negocios sobre los restos del Estado. El lenguaje técnico, en estos casos, suele servir para esconder una decisión política: quién cobra, quién negocia, quién firma y quién se queda con la última palabra.

Por eso este no es solo un debate financiero. Es una disputa sobre soberanía, legitimidad y memoria histórica. Si el país va a renegociar su deuda, debe hacerlo con una auditoría completa, con transparencia pública y con la identificación precisa de cuáles obligaciones son legítimas y cuáles nacieron contaminadas por corrupción, abuso o nulidad de origen.

La deuda externa venezolana no puede tratarse como un simple trámite de escritorio. Es una herida abierta de la economía nacional. Y si la solución consiste en entregar el país otra vez a intermediarios caros, conexiones políticas y contratos inflados, entonces no habrá reestructuración posible: solo otro capítulo del mismo saqueo, esta vez con traje, corbata y lenguaje de Wall Street.

De la Demagogia a la Ingeniería: El Reordenamiento Territorial Impostergable de Venezuela

 De la Demagogia a la Ingeniería: El Reordenamiento Territorial Impostergable de Venezuela

Por: El Constructor Antisísmico 



Venezuela no puede seguir gobernada por la improvisación ni por el analfabetismo técnico. El desastre de La Guaira en 1999 dejó lecciones científicas claras y dolorosas que los expertos documentaron con precisión, advirtiendo dónde nunca más se debía volver a levantar una vivienda. Sin embargo, la conducta demagógica de quienes se asumen dueños del destino del país ha ignorado de forma sistemática estas recomendaciones. La vulnerabilidad de nuestras ciudades no es solo un fenómeno de la naturaleza; es el resultado directo de un caos constructivo permitido por la complicidad, la ignorancia partidista y la debilidad institucional.

Para fundar un Estado moderno y seguro, es urgente arrebatarle el control de la planificación urbana a la militancia ideológica y devolvérselo a la ciencia. Este llamado es un imperativo legal y moral dirigido a gobernantes, alcaldes y, de manera muy especial, a los concejales. Los cuerpos edilicios locales, a menudo considerados el eslabón más débil del poder público frente a las presiones centralistas, tienen hoy la responsabilidad histórica de plantarse firmes. No se puede legislar ni otorgar permisos con el miedo a la línea partidista cuando lo que está en juego es la vida de los ciudadanos.

El Cáncer de la Permisología Comunal y la Ignorancia Técnica

El primer paso para sanear el urbanismo en Venezuela es apartar de plano la intromisión de estructuras políticas sin calificación, como jefes de calle o consejos comunales, en decisiones de ingeniería estructural. Permitir que "mesas técnicas" vecinales decidan dónde y cómo se construye ha abierto la puerta a la autoconstrucción irresponsable, a las "columnas de anime con cemento" y al uso de materiales sin especificaciones técnicas básicas.

Los municipios deben centralizar y blindar la competencia técnica exclusivamente en profesionales colegiados y auditados por el Colegio de Ingenieros de Venezuela. Legislar a nivel municipal para tipificar como delito la usurpación de funciones de ingeniería en la permisología urbana es una tarea urgente para los concejales. La ignorancia no puede seguir cobrando vidas.

El Escudo Científico: Los Cinco Estudios Obligatorios



Ningún alcalde ni director de control urbano debería estampar su firma en una variable urbana sin la exigencia rigurosa de un expediente que contenga:

1. Estudios de Geotecnia y Mecánica de Suelos: Para acabar con las fundaciones deficientes mediante ensayos de penetración (SPT) que midan la resistencia real del terreno.

2. Estudios Hidrológicos e Hidráulicos: Con modelos que calculen períodos de retorno de lluvias a 50 y 100 años, delimitando zonas de exclusión absoluta en márgenes de ríos y torrenteras.

3. Estudios Geológicos y de Estabilidad de Taludes: Obligatorios en el eje costero-montañoso (como La Guaira y la Cordillera de la Costa) para prever flujos de lodo y deslizamientos de masa.

4. Ingeniería Estructural Sismorresistente: Bajo el cumplimiento estricto y auditable de la Norma COVENIN 1756.

5. Evaluación de Impacto Ambiental: Que demuestre que la obra no colapsará las ya deterioradas redes de servicios públicos (agua, luz, cloacas).

Reinstitucionalización y Modernización Tecnológica

Un marco legal moderno es letra muerta sin organismos dotados y despolitizados. El Estado venezolano debe rescatar a sus instituciones de vanguardia de la desidia y el adoctrinamiento:

FUNVISIS debe ser refundada como un ente autónomo, presupuestariamente blindado, con sismómetros de banda ancha y telemetría satelital conectados a redes internacionales de alerta temprana.

Protección Civil debe abandonar los esquemas de adoctrinamiento y profesionalizar a sus cuadros en rescate en estructuras colapsadas (USAR) y gestión de riesgos bajo estándares globales.

El Cuerpo de Bomberos —la institución más noble y abandonada del país— requiere urgentemente camiones bomba, unidades de escala para alturas, quijadas de la vida y equipos de protección normados, financiados a través de tasas municipales transparentes y auditables.

Inspección Rigurosa y Responsabilidad Penal

• La corrupción y el descuido no se detienen en el papel; se combaten en la obra. El proceso de inspección debe modernizarse mediante la figura del Revisor Independiente, un ingeniero externo que certifique cada fase del vaciado de concreto y la tracción del acero.

• Asimismo, es imperativo establecer un régimen de sanciones penales severas para los funcionarios públicos. Todo alcalde, concejal o director de ingeniería municipal que firme, autorice o valide un permiso de construcción omitiendo los estudios de riesgo geológico o estructural debe ser penalmente imputable por negligencia criminal y dolo eventual si ocurre una tragedia. La firma de un funcionario no puede ser una patente de corso para jugar con la vida humana.

Un Mensaje a los Concejales Venezolanos

• Señores concejales: ustedes son la primera línea de defensa del ciudadano. Sabemos que la presión del gobierno central y del partido oficialista es asfixiante, pero ceder ante ella para validar el caos urbano los convierte en coautores de la próxima tragedia natural evitable.

Las leyes municipales deben redactarse y aprobarse con premura. El reordenamiento territorial de sus municipios no es un debate ideológico de izquierda o derecha; es un asunto de física, geología y derecho a la vida. Es hora de legislar con la mirada puesta en la ciencia y en el mapa de fallas tectónicas, no en los intereses de un partido político. La historia y el suelo de Venezuela no perdonarán otra omisión.





domingo, 26 de julio de 2026

SIDOR y la nueva epopeya del acero imaginario

 SIDOR y la nueva epopeya del acero imaginario



La última joya del relato oficial es que SIDOR estaría fortaleciendo su producción de acero para contribuir a la reconstrucción de La Guaira tras los terremotos. La idea suena patriótica, solidaria y hasta épica, salvo por un pequeño detalle: la realidad industrial de SIDOR no acompaña el discurso, sino que lo contradice con terquedad numérica.


Héctor Silva aparece como vocero de una hazaña que, en el papel, pretende convertir a una siderúrgica golpeada por años de colapso en pilar de la reconstrucción nacional. Pero una cosa es visitar las áreas de Barras Sidor, posar frente a equipos y hablar de “compromiso”, y otra muy distinta es demostrar producción real, sostenida y suficiente para alimentar obras de esa magnitud . Cuando una empresa cerró 2025 con apenas 41.000 toneladas de acero, equivalentes a alrededor de 1% de su capacidad instalada, hablar de “fortalecimiento” suena menos a política industrial y más a literatura de emergencia .


La matemática no aplaude




Aquí no hace falta exagerar: basta sumar y dividir. Si en 2012 SIDOR produjo 1.800.000 toneladas y en 2025 apenas 41.000, la caída acumulada es de 97,72%. Eso significa que la empresa no está operando como motor siderúrgico, sino como sombra de sí misma . Y cuando una planta funciona en ese nivel, cualquier discurso sobre abastecer reconstrucciones nacionales merece, como mínimo, una auditoría antes que una ovación.

La comparación es sencilla: una cosa es fabricar acero para obras de reconstrucción, y otra muy distinta es narrar que se fabrica acero mientras lo que realmente se mueve es inventario viejo, retazos operativos o lotes mínimos que no alcanzan para sostener una cadena industrial seria. En ese contexto, decir que SIDOR está lista para respaldar la reconstrucción de La Guaira suena tan convincente como anunciar una carrera de Fórmula 1 con un carro empujado a mano. 


Reconstrucción con qué acero


El problema no es solo la retórica, sino la logística implícita. La reconstrucción de zonas afectadas por los terremotos requiere materiales estables, volumen constante y planificación técnica, no consignas con uniforme corporativo. De hecho, los reportes públicos sobre el plan “Venezuela Renace” hablan de una fase de reconstrucción en La Guaira y de trabajos en viviendas y estructuras afectadas, pero eso no demuestra que SIDOR sea hoy capaz de cubrir de forma robusta semejante demanda.

Además, la propia información sobre la industria contradice el triunfalismo. Si la producción anual de SIDOR en 2025 fue de 41.000 toneladas y en el primer semestre de 2024 apenas se advertía una operación de 1,5% de la capacidad instalada, el cuadro es de precariedad estructural, no de despegue. Por eso el relato de que la siderúrgica “mantiene activa su capacidad productiva” necesita más pruebas que adjetivos.


La puesta en escena




El lenguaje oficial tiene una habilidad admirable para transformar ruina en heroísmo. Donde hay parálisis, dice “avance”; donde hay incapacidad, dice “fortalecimiento”; donde hay escasez, dice “esfuerzo conjunto”. Y así, con una dosis de teatro institucional, se pretende vender como reactivación lo que en la práctica parece una operación de imagen.

La visita de Héctor Silva a las áreas de Barras Sidor busca precisamente eso: producir una foto política que sustituya la verificación técnica. Pero el acero no se evalúa por recorridos, ni la reconstrucción se sostiene con discursos. Si el país necesita material para rehabilitar viviendas, puentes y estructuras, entonces necesita cifras transparentes, plantas operativas y reportes verificables, no solo una narrativa optimista emitida desde una oficina.


Lo que realmente dice el dato


El dato duro es insoportable para el libreto oficial. SIDOR pasó de ser una siderúrgica de gran escala a una planta cuya producción anual se mide en miles de toneladas, no en millones, mientras el país sigue oyendo que todo está “en marcha”. Con ese nivel de operación, la empresa no parece una base sólida para una reconstrucción nacional, sino un ejemplo más del deterioro industrial venezolano.

Por eso la afirmación de que SIDOR aporta acero para La Guaira debe leerse con cautela. Puede haber actividad parcial, puede haber lotes puntuales, puede haber propaganda abundante; lo que no parece haber, al menos a la luz de los números públicos, es una capacidad real que permita convertir esa historia en símbolo de recuperación.


Los Cuentacuentos Oficiales


SIDOR ya no parece una siderúrgica, sino una oficina de cuentacuentos con el horno apagado. Un año dicen que está “a pleno rendimiento”, al siguiente que “avanza la recuperación”, y al final lo único que avanza es la imaginación de los voceros.

Lo más grave es que esos números de producción no existen en la realidad operativa de las plantas; son cifras inventadas para hacer creer que SIDOR está funcionando y produciendo. La verdad es otra: apenas se habla de un 10% de operación en las plantas de pellas, cuando la capacidad instalada ronda los 6 millones de toneladas anuales, y eso da una idea del nivel de deterioro y desmantelamiento que arrastran las instalaciones.

Por eso, cuando los órganos oficiales presentan estos supuestos avances como si fueran una hazaña industrial, lo que realmente exhiben es el tamaño del colapso. No están mostrando recuperación: están tratando de disfrazar una ruina con estadísticas de cartón.

Cierre

En otras palabras: si SIDOR de verdad estuviera en condiciones de sostener una reconstrucción de ese tamaño, no haría falta insistir tanto en el relato. Bastaría con mostrar producción estable, balances abiertos y transparencia industrial. Mientras eso no ocurra, lo de La Guaira sonará menos a reconstrucción con acero y más a reconstrucción con palabras.

jlrlinares@gmail.com 


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