Sismos, arepas con sello oficial y el milagro de la "Cota Cero"
El ingenio del régimen venezolano ha alcanzado una nueva cúspide científica tras el sismo del 24 de junio. Si usted pensaba que para salvar vidas se necesitaban médicos, ingenieros y sismógrafos, sepa que está equivocado: lo que urge es burocracia. Hoy, una señora que desee donar arepas a los rescatistas en La Guaira debe presentar un permiso visado por el "Ministerio del Poder Popular para la Arepa", certificado en Miraflores por el trío de ahijados de la muerte que gerencian nuestro diario desastre. No vaya a ser que una caloría solidaria desestabilice el control social.
El terremoto también resolvió un misterio de la ingeniería socialista: la Gran Misión Vivienda Venezuela. En la urbanización Hugo Chávez de Catia la Mar, de 193 edificios colapsaron 190. Un éxito rotundo del concreto invisible y las vigas de anime patentadas en 2011 por el dúo dinámico de Alex Saab y Álvaro Pulido. El Colegio de Ingenieros insiste aburridamente con las normas COVENIN y la construcción sismorresistente, ignorando que el diseño original apostaba por la deconstrucción instantánea.
Mientras tanto, la FANB y la policía han redefinido sus funciones de "protección civil". En vez de remover escombros con cuidado para buscar a los más de 50.000 desaparecidos estimados por ONGs, las autoridades tienen prisa por pasar la aplanadora y declarar la "Cota Cero". Ojos que no ven, fosa común que no se cuenta. Por supuesto, algunos uniformados se han tomado muy a pecho lo de "recuperar bienes" en las zonas afectadas, coordinando esfuerzos de distribución rápida junto a saqueadores locales, mientras en Bolipuertos se retiene la ayuda técnica de rescatistas internacionales porque venía sin lingotes de regalo.
Definitivamente, los simulacros de emergencia contemplados en la ley se suspendieron hace años porque el país ya vivía en un simulacro permanente de Estado.

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