¡Bienvenidos a "Trump-zuela"! (Disculpe, el agua se fue hace tres días)
¡Qué maravilla es la geopolítica! Finalmente hemos pasado de la etapa de los "olvidos" de Joe Biden —quien probablemente pensaba que Venezuela era una marca de café— a la etapa del "Reality Show" de lujo. ¡Gracias, Donald! Ahora, según la narrativa oficial de los MAGA-fans, somos el país más feliz del mundo. Si usted no siente la felicidad, seguramente es porque tiene una "laguna mental" peor que la del expresidente Joe.
Es fascinante ver cómo funciona la magia financiera. Salen barcos cargados de petróleo, bauxita y coltán, y a cambio, en el Banco Central de Venezuela aparece... ¡nada! Un truco de prestidigitación digno de Las Vegas. Nos dicen que el Bolívar se estabiliza mientras el salario de 0.25 dólares mensuales nos permite el lujo extravagante de comprar medio huevo al mes. Pero no se queje, que eso es de "resentidos". Si usted ve niños hurgando en la basura, repita conmigo la frase de moda: "That never happened". Es solo un efecto especial de la izquierda radical.
Lo más tierno de esta nueva era es la "transición". Es tan fluida que parece que estuviéramos nadando en una piscina de aceite de motor. Tenemos a la "Girlfriend" Delcy en un interinato que hace que extrañemos... bueno, no extrañamos nada, porque todo es igual. El teatro burlesco ha cambiado de directores, pero los actores secundarios —nosotros, el pueblo— seguimos muriendo en hospitales sin gasas mientras los "amigos del negocio" de Mar-a-Lago calculan cuánto cobre pueden sacar de nuestras líneas eléctricas (total, ya no hay luz).
¡Qué éxito la captura del 3 de enero! Fue un gran episodio de televisión. Pero después de los créditos, nos quedamos con el hambre de siempre y un nuevo jefe que nos mira como si fuera el dueño de un hotel que quiere demoler para construir un campo de golf. ¡Venezuela se arregló! (Si por "arregló" usted entiende que nos vendieron por partes al mejor postor). ¡MAGA! (Make Assets Great Again... para ellos, claro).
Reflexión Final
La angustia de Venezuela en este 2026 no es solo la falta de comida; es la pérdida de la verdad. Entre la incapacidad de uno y la ambición del otro, el venezolano ha quedado huérfano de aliados reales, viendo cómo su miseria se convierte en un activo contable para potencias extranjeras. La lucha sigue, pero el cansancio es un grito sordo que nadie en Washington parece querer traducir.

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