“¡Delcy y el salario invisible, gracias Corpoelec!”
Por Juan Linares
¡Gracias, Corpoelec, heroína silenciosa del socialismo! Gracias por el racionamiento eléctrico de cinco horas, porque gracias a ti nadie vio el discurso de Delcy Rodríguez. Así evitamos otro apagón mental colectivo. Mientras media Venezuela cenaba a oscuras, Delcy, presidenta interina y economista por inspiración soviética, anunciaba el aumento del salario mínimo para el 1° de mayo. ¿El monto? Misterio de Estado. “¡Un aumento sin cifra, pero con esperanza!”, parecía decir la transmisión fantasma.
Rodríguez aseguró que el sistema de pensiones es “insostenible”. Harían falta 38 millones de trabajadores activos para sostenerlo —una cifra mágica, inventada en el laboratorio dialéctico IVSS. Porque claro, en el país donde la población total apenas llega a 28 millones, ¡la única forma de cuadrar los números sería importar trabajadores imaginarios!
El origen de tanta confusión no está en los apagones, sino en las aulas soviéticas donde el chavismo aprendió que el mercado es pecado y la planificación, una religión. Jesús Farías, por ejemplo, se formó en la Universidad de Berlín Oriental “Alejandro Humboldt”, donde Marx era canon y Friedman era el diablo. Quizá por eso Delcy teme pronunciar la palabra mercado en voz alta: podría ser excomulgada por el PSUV.
Mientras tanto, del otro lado del planeta, los maestros de la Escuela de Chicago —Milton Friedman, George Stigler, Gary Becker— predicaban libertad de precios y competencia. En Venezuela, esa libertad existe… pero para el dólar y los enchufados. Adam Smith se revuelve en su tumba cada vez que un “socialista del siglo XXI” negocia crudo con Wall Street.
El socialismo criollo llegó a su versión premium: marxismo para los discursos, capitalismo para los negocios, apagones para los pobres. PDVSA se privatiza con discreción, las pensiones valen menos que un chicle, y Delcy sueña con un país “libre de bloqueos”, pero encadenado a su propio modelo soviético del siglo pasado.
Diálogo imaginario en Miraflores:
—Delcy: “¡El libre mercado es explotación!”
—Asesor: “Vice, pero los sueldos se pagan en dólares.”
—Delcy: “¡Eso es monetarismo patriótico!”
Y así seguimos: rezando a Lenin, cobrando a PayPal y dándole gracias a Corpoelec por hacernos el favor de no ver cadenas nacionales. Porque, dentro de toda esta oscuridad, lo único sostenible… es el apagón

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