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viernes, 5 de junio de 2026

 Carta abierta al comité mundial de los que sí pueden prender la luz




A quien corresponda en la gerencia del planeta Tierra:

Reciban un cordial saludo desde la República Bolivariana del Apagón Intermitente, donde el fútbol también se juega, pero a oscuras y con narración imaginaria.

Nos dirigimos a ustedes —Gianni Infantino, Donald Trump, Marco Rubio, Elon Musk y el muy honorable primer ministro de Canadá, Mark Carney— no solo en su condición de figuras influyentes, sino en su reciente ascenso a una especie de junta directiva global cada vez que hay un evento que mueve dinero, emociones y cámaras HD.

El motivo de esta misiva es sencillo: el Mundial de Fútbol 2026 (Estados Unidos, Canadá y México) está a punto de comenzar, y en Venezuela estamos también a punto… de quedarnos sin electricidad seis horas al día, sin horario, sin aviso y sin vergüenza institucional.

Aquí, el calendario eléctrico lo decide el azar y lo comunica Corpoelec cuando ya es demasiado tarde, usualmente a mitad del apagón o cuando vuelve la luz, como una especie de spoiler energético. La notificación oficial, por supuesto, llega primero a través del Sistema Patria a quienes reciben el Bono Único Familiar, porque en este país la oscuridad también tiene segmentación social.

Por eso acudimos a ustedes, líderes del mundo libre y del marketing deportivo, para solicitar un pequeño ajuste logístico: ¿sería posible reprogramar los partidos más importantes del Mundial para la madrugada venezolana?

Sí, sabemos que implicaría alterar parrillas televisivas, contratos multimillonarios y husos horarios internacionales, pero entiendan que aquí el prime time coincide sospechosamente con el apagón. Ver un Argentina vs. Brasil se ha convertido en un acto de fe, no de sintonía.

Señor Infantino, usted que ha logrado llevar el fútbol a desiertos, inviernos y polémicas geopolíticas, considere este nuevo reto: un Mundial compatible con la oscuridad venezolana.

Señor Trump, usted que promete arreglar todo en 24 horas, le proponemos un reto menor: arreglar el horario de los partidos para 28 millones de personas que aún creen en los goles, aunque no vean la pelota.

Señor Musk, aquí es donde usted entra como héroe intergaláctico: ¿no podría desviar temporalmente uno de sus satélites, encendernos un poquito de Starlink… o de electricidad, ya puestos? Si logra mandar cohetes a Marte, quizás pueda iluminar Maracaibo por 90 minutos reglamentarios.

Y ya que estamos pidiendo milagros, ¿podría interceder con los CEO de General Electric, Siemens Energy o Grupo Voith para que nos financien, aunque sea en cuotas, una solución eléctrica decente? Contamos con un fiador de lujo: el siempre diligente príncipe Rodríguez Zapatero, íntimo del poder y garante moral de cualquier cosa que necesite ser inexplicable.

Señor Carney, como primer ministro de un país anfitrión, le pedimos que incluya en la agenda oficial un punto urgente: “Cómo hacer que los venezolanos vean el Mundial sin velas”.

Sabemos que nuestra petición puede parecer exagerada, pero más exagerado es vivir en un país que en 27 años pasó de exportar energía a exportar gente. Más de 8 millones de venezolanos han salido; los que quedamos, sobrevivimos entre apagones, promesas y repeticiones mentales de jugadas que nunca vimos.

No pedimos mucho: solo luz, señal y un poco de dignidad futbolera.

Atentamente,

Un pueblo que todavía grita “¡gol!”… aunque no sepa exactamente cuándo ocurrió.

1 comentario:

  1. Una irreverente sátira de nuestra cruda y amarga realidad.

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