jueves, 9 de julio de 2026

FÚTBOL, PETRÓLEO Y TERREMOTOS: LA GEOPOLÍTICA DEL SINSENTIDO

 FÚTBOL, PETRÓLEO Y TERREMOTOS: LA GEOPOLÍTICA DEL SINSENTIDO



De cómo Trump dobla las rodillas de la FIFA por una tarjeta roja mientras Venezuela baila sobre el Arco Minero

¡Paren las prensas y suspendan el raciocinio! Se ha cruzado una línea roja en los anales del cinismo global. Resulta que Donald Trump, ejerciendo sus funciones de director técnico supremo del planeta, llamó directamente a Gianni Infantino para exigirle —con el refinamiento diplomático que lo caracteriza— que le perdonaran una tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun. Y la FIFA, ese bastión inquebrantable de la moral deportiva que suele amenazar con la expulsión sumaria a cualquier país cuyo gobierno ose sugerir un cambio de horario en la liga local, agachó la cabeza, metió la cola entre las patas y dijo: *"Yes, sir"*. Adiós sanción, bienvenido el jugador a los octavos de final del Mundial. Qué oportuno es el *business as usual* cuando las botas del Tío Sam pisan el césped.

La UEFA puso el grito en el cielo, tachando la jugada de injerencia política inédita. Qué ternura. Al parecer, olvidaron que las reglas del juego son sagradas solo para los infelices que no tienen ojivas nucleares ni chequeras del tamaño de un continente. Esta farsa nos remonta a la mítica intervención gubernamental en el Brasil de 1962, confirmando que la historia no se repite, sino que se parodia a sí misma con peor gusto. La doble moral de Zurich brilla con el destello cegador de un diamante de sangre: si eres una federación pequeña, te suspenden por respirar cerca de un ministerio; si eres la Casa Blanca, el reglamento se convierte en papel higiénico de alta gama.

Y mientras Trump arregla el destino de un partido de fútbol con un telefonazo, en el patio trasero la historia se escribe con el sudor de la miseria. Los venezolanos acumulamos 27 años de un padecimiento crónico sazonado con hambre, represión y promesas vacías. Nos quedamos esperando el milagro con el Trump 45 (2017-2021); luego sintonizamos los cuatro años sin pena ni gloria de Joe Biden, un periodo que sirvió de cortina musical para los bailes y burlas televisadas de Nicolás Maduro. Pero la comedia dio un giro de guión digno de Hollywood el 3 de enero de 2026: los muchachos del Delta Force se cargaron a Maduro y a su consorte, empaquetándolos directamente hacia los tribunales de Brooklyn. Cualquiera habría pensado que llegaba la libertad, pero en la geopolítica de Trump, la libertad siempre viene con una factura petrolera adjunta.

Resulta que mientras el discurso oficial hablaba de "transición democrática", la administración Trump ya venía cuadrando la agenda en Qatar y otros rincones discretos. El verdadero interés jamás fue el rescate institucional, sino el reparto de la Faja Petrolífera, los yacimientos auríferos y las tierras raras. Todo fríamente calculado para garantizar una cómoda permanencia "interina" de sus operadores políticos locales hasta el año 2028, sazonada con la oportuna suspensión de las sanciones personales de sus nuevos amigos y camaradas de la recién reciclada dictadura. *America First*, pero el subsuelo venezolano también.

Para aderezar este banquete de cinismo, la naturaleza decidió opinar. El doble terremoto del 24 de junio de 2026 dejó ciudades en ruinas, miles de muertos, desaparecidos y un costo de reconstrucción multimillonario. Y aquí entra la brillante visión de la actual administración técnica: proponen reconstruir las ciudades exactamente en las mismas zonas sísmicas o, peor aún, improvisar asentamientos sin el más mínimo estudio de suelo, ignorando principios básicos de geotecnia, microzonificación y vulnerabilidad estructural. Desde una perspectiva estrictamente ingeniería, levantar infraestructura pesada sobre fallas activas sin diseño sismorresistente severo ni planificación urbana descentralizada es, básicamente, construir el próximo cementerio a plazos. Pero claro, ¿a quién le importa la licuación de suelos cuando el petróleo fluye con tanta liquidez?

Si analizamos la arquitectura política del nuevo tutelaje, el desprecio por el ordenamiento jurídico local es absoluto. A la administración Trump le resbala la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el sacrosanto artículo 233 y la obligación de convocar a elecciones presidenciales inmediatas. Lo único que mereció una reforma exprés fueron la Ley Orgánica de Hidrocarburos y la Ley de Minas. Las familias de los más de 300 presos políticos pueden concentrarse a las puertas de los despachos a implorar intervención humanitaria; sus gritos son perfectamente insonorizados por el rugido de las perforadoras norteamericanas listos para instalarse en el Arco Minero del Orinoco.

El descaro es tan explícito que Donald Trump y Marco Rubio ya sacan cuentas en público con el entusiasmo de un pirata del siglo XVII. Declaran, sin un ápice de vergüenza, que ya se han llevado más de 100 millones de barriles de petróleo, generando más de 8 mil millones de dólares, mientras cargan con el oro venezolano. Mientras tanto, el sueldo mínimo en el país se arrastra en unos humillantes 0.20 dólares al mes, complementado con bonos de limosna que ni se asoman a la canasta alimentaria de 800 dólares. Con una inflación anual que supera el 600% y una devaluación feroz del bolívar en este primer semestre de 2026, la única pregunta que queda es: ¿dónde se recogen esos dólares que, según la propaganda de Washington, abundan en las calles?

Las famosas fases de "Estabilización, Recuperación Económica y Transición" resultaron ser el *greatest hit* de las falsas promesas. Trump sigue lanzando declaraciones nefastas, afirmando que en Venezuela la gente pasa los días bailando de felicidad, insultando directamente el dolor de una nación que aún entierra a sus muertos por el terremoto. Nos dejaron las raíces del mal intactas y nos impusieron un triunvirato que maneja el país como una hacienda privada.

Entonces, señor Trump, planteemos la pregunta con el mismo nivel de pragmatismo elemental: si usted tiene el poder divino de levantar el teléfono y normalizar la situación de una tarjeta roja en la FIFA, ¿por qué no levanta el maldito teléfono para normalizar la libertad y la democracia real en Venezuela? Ah, claro, olvidábamos el pequeño detalle: un futbolista en cuartos de final vende derechos de televisión; los derechos humanos de treinta millones de venezolanos no cotizan en la bolsa de Nueva York. Exigimos una reivindicación, pero no del imperio, sino de nuestra propia dignidad. El triunvirato impuesto debe salir, porque las raíces del mal no se eliminan cambiando de capataz, sino demoliendo la estructura colonial.


CARTAS DESDE MACONDIA: EL REALISMO TRÁGICO DE LA SEXTA ECONOMÍA

 CARTAS DESDE MACONDIA: EL REALISMO TRÁGICO DE LA SEXTA ECONOMÍA


Epístola mordaz a Mr. Donald J. Trump y Mr. Marco Rubio, los nuevos 'Papás de los Helados'


Estimados Mr. Donald J. Trump y Mr. Marco Rubio, *the real big bosses*, los auténticos e indiscutibles "Papás de los Helados":

Les escribo desde las brumas atemporales de Macondia, específicamente encaramado en el Tepuy Roraima. Desde esta atalaya mística donde las iguanas arrastran los pies y el tiempo insiste en dar vueltas en redondo, se divisa con escalofriante nitidez toda la extensión del Arco Minero del Orinoco. Ese es el mismísimo edén del cual su administración tomó posesión corporativa a partir del pasado 3 de enero, ratificando su derecho de conquista en junio mediante una oportuna incursión armada del Comando Sur para desalojar al Pranato local y encargar el negocio a nuevos jefes, caciques y capataces. *Welcome to the jungle*, caballeros.

Aquí, lejos del mundanal ruido, padecemos una versión caribeña del realismo trágico. Mientras esperamos sentados a que regrese el gitano Melquíades con sus imanes y sus pergaminos proféticos para que nos aclare mediante la alquimia si habitamos una república o un protectorado de ultramar, la realidad nos abofetea. Unos indígenas venidos de Guyana y Brasil ya reclaman el pedazo de lodo donde levanté mi chabola. Pero no los vengo a fastidiar con nimiedades limítrofes ni con las andanzas de los nuevos burócratas designados para administrar el oro; ese metal maldito que, lejos de traer riqueza a mi gente, solo ha engordado las cuentas bancarias de los amigos de Maduro y Delcy. En Macondia, el oro no brilla: solo mancha.

Nobleza obliga, y debo reconocerles el único acto digno de guión cinematográfico que han ejecutado por este suelo: empaquetar a Nicolás y a su consorte Cilita con boleto directo y sin escalas hacia los tribunales de Brooklyn. ¡Un aplauso por ese *plot twist* de Hollywood! Sin embargo, ya han pasado seis meses de aquella hazaña y el pueblo venezolano sigue flotando en el limbo, nadando fatigosamente en una inmensa piscina de gelatina sin sabor. Imagino que al leer estas líneas, ustedes arquearán las cejas con fastidio y dirán que este mensajero es más molesto que el senador Rick Scott o los congresistas de Florida exigiendo libertad dominical. Dirán, en su impecable inglés corporativo, que los nativos simplemente *"didn't get the play, they didn't understand the deal"* (no entendieron la jugada ni el negocio). Se preguntarán qué hace este "pobre diablo" pretendiendo fungir como consejero, invitándolos a romper con el *established system* y con su sacrosanta "Sexta Economía Mundial".

Durante este semestre, Washington se ha desgastado en cadenas informativas asegurando que en Venezuela bailamos de felicidad, que la crisis se esfumó y que nuestras calles agrietadas están inundadas de billetes verdes de forma mágica. Ese es el pulcro reporte que les transmite John Barrett, el nuevo mejor amigo del clan Rodríguez; no me extrañaría que como premio por sus servicios de traducción ya le hayan adjudicado la mina en El Callao que antes pertenecía a Rodríguez Zapatero. Si antes cargábamos con las Siete Plagas de Egipto, ahora la naturaleza y la geopolítica se aliaron para enviarnos a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis en un solo combo. Como solemos sentenciar en Macondia:  *"Here, you have made a total mess"* (aquí han puesto una gran cagada). La miseria, el hambre y la represión siguen siendo nuestro pan diario, un castigo divino que nos devasta entre la incompetencia humana y la furia de los elementos.

Miren el panorama con un poco de óptica trágica: tenemos una diáspora que desborda los 8 millones de almas. Ya en los Estados Unidos hay una inmensa comunidad de venezolanos honestos, trabajadores y devotos de la ley que claman por la renovación del TPS. Por favor, dejen de alimentar la paranoia electoral creyendo que cualquiera que empaca su vida en una mochila es un miembro convicto del Tren de Aragua o un agente encubierto enviado por el antiguo dictador para sabotear su gran nación.

Hablemos de números, que es el idioma que verdaderamente domina Mr. Trump. De la mano de Chevron —la eterna amiga de todas las ideologías— y escoltados por buques misteriosos varados en nuestras aguas, se han llevado ya unos 30 tanqueros repletos de crudo. Ustedes mismos declararon en sus grandes cadenas de noticias que han extraído más de 100 millones de barriles rumbo a las refinerías gringas, facturando la bicoca de 8.500 millones de dólares. Por estricta justicia aritmética, cálculo que al menos la mitad nos corresponde a los locales... eso, por supuesto, si no deciden cobrarse unas 32 veces los gastos operativos de la misión "Espada del Sur" ejecutada por el Comando Sur. Para no quedarse atrás en el torneo de la sumisión, Delcy —la obediente presidenta interina de facto— les entregó en bandeja de plata 100 kilos de oro puro a principios de año, y tras la incursión militar de junio en el Arco Minero, procedieron a instalar a sus empresas contratistas predilectas. Para complacer al Coloso del Norte, reformaron las leyes orgánicas de Hidrocarburos y de Minas, privatizando legalmente hasta nuestros sueños dominicales.

Disculpen la extensión de este pergamino, pero es que ustedes son los directores de este vía crucis. ¿Recuerdan cuando el Comando Sur se llevó a Nicolás con su rumba flamenca a cuestas? El dólar cerró el año 2025 en 298,1431 Bs/USD. Ustedes prometieron vigilar, fiscalizar y enderezar el Banco Central de Venezuela. Pues bien, la sumisa Delcy nombró a un Licenciado en Puericultura para dirigir la alta política monetaria del BCV. ¿El resultado? El dólar ya rasguña los 700 bolívares, la inflación anual cabalga cómoda por encima del 600%, la devaluación semestral supera el 100% y el salario mínimo se mantiene congelado en unos astronómicos e hiperbólicos 0.20 dólares al mes. Hoy en día es infinitamente más barato tomar un avión, hacer el mercado de víveres, comprar ropa y zapatos en los almacenes de Nueva York que intentar sobrevivir en un abasto de Macondia, mientras un paisano de ustedes gana más de 4.000 dólares mensuales.

Por si fuera poco el descalabro financiero, el realismo trágico nos regala apagones diarios de hasta seis horas continuas. El Sistema Eléctrico Nacional colapsó en el año 2008 gracias a una herencia invencible de corrupción y negligencia, y ahora, bajo el iluminado tutelaje norteamericano, nuestra calidad de vida ha alcanzado niveles subterráneos. Acudir a un hospital público sin insumos, sin médicos especialistas y sin luz es firmar un boleto de ida a la morgue. Y en el ámbito educativo, la comedia se vuelve macabra: tras el doble terremoto del 24 de junio, las escuelas exhiben severas fracturas estructurales. Lejos de llamar a expertos,  las directoras de las instituciones han decidido autoproclamarse ingenieras sismorresistentes y especialistas estructurales, decretando a ojo de buen cubero que las aulas son seguras. ¡Por Dios! La evaluación de las escuelas golpeadas debe ser un proceso estrictamente técnico y científico, no una inspección visual basada en la fe. Los padres y representantes tienen la obligación sagrada de velar por sus hijos; este Estado delincuente y ausente jamás va a cuidar de la descendencia de Macondia.

Lo verdaderamente criminal es la farsa de las pomposas "Tres Etapas": Estabilización, Recuperación Económica y Transición Democrática. Su conducta y sus flagrantes contradicciones evidencian que el verdadero plan maestro es el "Interinato Eterno". Se pasan por el forro el artículo 233 de nuestra Constitución Nacional sobre la Falta Absoluta. El régimen heredado por Delcy Rodríguez es nulo, ilegal e írrito; una costra de facto instalada desde el 10 de enero de 2025 tras la absurda autoproclamación dictatorial de Maduro. En Venezuela no ha comenzado ninguna transición; lo que hay es un califato petrolero manejado por control remoto desde Washington. Trump y Rubio se burlan abiertamente del pueblo: el gobierno títere de Delcy apenas goza de un 6% de popularidad frente a un 94% de repudio nacional. Al final del día, la única certeza mágica que nos queda en este rincón del olvido es que ustedes mantienen una conspiración activa para cortarle las alas al liderazgo legítimo de María Corina Machado, la única que cuenta con la fe de los habitantes de esta estirpe condenada a cien años de cinismo.

P.D. Just one more thing, místeres... Mientras terminaba de sellar este pergamino con cera y lágrimas devaluadas, nos llega desde Washington el último breaking news que termina de coronar este circo. Resulta que ayer, ante la pregunta incisiva de un reportero sobre si usted, Mr. Trump, le había ordenado a María Corina Machado mantenerse convenientemente alejada y no regresar a Venezuela, usted respondió con esa magistral ligereza que lo caracteriza: "No, yo no le dije eso". Y para rematar la jugada con el sutil tacto de un elefante en una cristalería, la elogió diciendo que es "una persona fantástica" porque... ¡atención, Macondia!... "She gave me the Nobel Peace Prize" (Ella me dio el Premio Nobel de la Paz

¡Por los clavos de Cristo y los imanes de los gitanos! Qué generosa es la memoria geopolítica. El Nobel de la Paz, ese galardón que otorga un comité en la fría Oslo, Noruega, ahora resulta que se reparte de forma mágica en los mitines de la oposición venezolana como si fuera un cotillón dominical. Con aliados así, que confunden un premio internacional con un cumplido de campaña mientras nos imponen un triunvirato ilegal, ¿quién necesita enemigos? Definitivamente, en la Sexta Economía Mundial los dólares no abundarán en las calles, pero los delirios de grandeza cotizan al alza. God bless America, and God help Macondia!

lunes, 6 de julio de 2026

Trump, Venezuela y el negocio del poder

 Trump, Venezuela y el negocio del poder



La relación de Donald Trump con Venezuela no parece guiada por un compromiso real con la democracia, sino por una lógica de conveniencia estratégica y económica. En el discurso público se habla de libertad, presión contra el autoritarismo y defensa de la estabilidad regional, pero en la práctica lo que aparece es una política marcada por el petróleo, la influencia geopolítica y los beneficios que pueden derivarse de una eventual reconfiguración del país. Venezuela, en ese esquema, deja de ser un problema democrático para convertirse en una pieza de negociación.

Por eso resulta tan significativo el modo en que la administración Trump ha manejado el caso venezolano. Más que impulsar una transición auténticamente democrática, parece interesada en controlar el ritmo y el alcance del cambio, evitando que surja una salida que escape a sus propios cálculos. En ese contexto, la figura de María Corina Machado adquiere una dimensión especial: su liderazgo, legitimidad opositora y proyección internacional podrían alterar un tablero que Washington prefiere administrar desde arriba, con márgenes limitados de autonomía para los actores venezolanos.

La cautela frente a su regreso a Venezuela puede interpretarse, entonces, no solo como una preocupación por su seguridad, sino también como parte de una estrategia más amplia. Una dirigente con capacidad de movilización y legitimidad podría abrir el escenario político a una reorganización más profunda de fuerzas, algo que no siempre coincide con los intereses de quienes buscan una transición controlada. Si la prioridad real fuera la democracia, no habría tanta ambigüedad en torno a una figura que representa una posibilidad concreta de cambio político.



Desde una perspectiva venezolana, este comportamiento confirma una vieja desconfianza: cuando el discurso de libertad se combina con intereses petroleros, oro, geopolíticos y empresariales, la democracia corre el riesgo de quedar reducida a un recurso retórico. La crisis nacional no se resolverá con tutelas externas ni con arreglos entre élites, sino con una salida que respete la soberanía, recupere la institucionalidad y enfrente de manera efectiva la corrupción y la represión. Sin esos elementos, cualquier transición será apenas una administración temporal del conflicto.

Al final, el caso venezolano vuelve a mostrar que la política internacional rara vez se mueve solo por principios. Casi siempre hay intereses materiales, cálculos de poder y conveniencias de corto plazo. Y cuando eso ocurre, los pueblos terminan pagando el costo más alto. Venezuela no necesita ser administrada como un negocio; necesita una reconstrucción política real, con legitimidad, justicia y soberanía.

domingo, 5 de julio de 2026

La falsa normalidad tras los sismos: escuelas, riesgo y responsabilidad

 

La falsa normalidad tras los sismos: escuelas, riesgo y responsabilidad



El discurso de “normalidad” tras un evento sísmico no es una consigna política: es una responsabilidad técnica que exige evidencia verificable. En Venezuela, tras los recientes movimientos telúricos que afectaron múltiples estados —Aragua, Carabobo, Falcón, La Guaira, Miranda y Caracas—, la prisa por retomar actividades escolares contrasta con la ausencia de información pública detallada sobre la evaluación estructural de los planteles educativos.

Los terremotos no solo dejan escombros visibles; también generan daños internos que no pueden detectarse mediante inspecciones superficiales. La literatura técnica y la experiencia acumulada en eventos sísmicos anteriores, como el de Cariaco en 1997, coinciden en un punto clave: las revisiones post-sismo no deben limitarse a observaciones visuales cuando existen grietas perceptibles. La integridad de columnas y vigas —elementos críticos que sostienen la estructura— puede estar comprometida incluso cuando el daño no es evidente.



De acuerdo con criterios recogidos por la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat, las grietas en concreto armado deben evaluarse con precisión: fisuras menores a 1 mm pueden considerarse leves, pero el desconchado del concreto o la exposición del acero de refuerzo indican daños severos o incluso riesgo inminente de colapso. En vigas, grietas superiores a 2 mm, deformaciones o desplazamientos visibles constituyen señales de alerta mayor que requieren intervención inmediata.

En este contexto, surge una pregunta fundamental: ¿quién certificó la habitabilidad de las escuelas? En condiciones normales, esta responsabilidad recae en instancias como las Direcciones Regionales de Educación, Protección Civil, el Ministerio de Educación (a través de FEDE) y el Colegio de Ingenieros de Venezuela. Sin embargo, la capacidad operativa de estos organismos ha sido históricamente limitada, lo que hace indispensable la participación de especialistas calificados.

La evaluación estructural rigurosa no es un trámite administrativo, sino un proceso técnico que requiere ingenieros civiles especializados en sismorresistencia, geotécnicos que analicen el comportamiento del suelo, y arquitectos que identifiquen riesgos en elementos no estructurales. Asimismo, implica el uso de equipos específicos como esclerómetros, ultrasonido estructural, detectores de metales y tecnologías de inspección no destructiva que permitan diagnosticar daños internos sin comprometer la estructura.

Acelerar el retorno a clases sin la debida certificación técnica no es un acto de eficiencia, sino una potencial negligencia. La gestión de riesgo no puede subordinarse a narrativas de estabilidad ni a la necesidad de proyectar normalidad ante actores externos. La vida de niños y adolescentes no puede reducirse a estadísticas ni a decisiones apresuradas.

En escenarios post-desastre, la verdadera normalidad no se decreta: se construye sobre diagnósticos transparentes, responsabilidad institucional y respeto por la vida humana.

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