domingo, 16 de agosto de 2026

Redes autorreparables con IA: qué son, cómo funcionan y por qué Venezuela no las tiene (aún)

 Redes autorreparables con IA: qué son, cómo funcionan y por qué Venezuela no las tiene (aún)



Venezuela vive una crisis eléctrica estructural: no es solo falta de megavatios, es un sistema que ha perdido capacidad de reacción ante fallas. Mientras en China y Estados Unidos ya operan redes autorreparables con inteligencia artificial que detectan, aíslan y restablecen el servicio en segundos, en Venezuela las fallas se propagan porque no hay sensores, automatización ni mantenimiento preventivo. La tecnología existe. Lo que falta es voluntad técnica, transparencia y un plan de Estado, no de gobierno.

Qué es una red autorreparable (self-healing grid)

Una red autorreparable no es una máquina que se “repara sola” como un robot; es un sistema de control inteligente que, ante una falla, puede:

Detectar en milisegundos dónde está el problema (cortocircuito, línea caída, transformador fuera de servicio).

Aislar automáticamente el tramo afectado, abriendo interruptores para que la falla no se propague.

Reconfigurar la red, desviando la energía por rutas alternativas para restablecer el servicio a la mayor cantidad de clientes posible.

Restaurar el suministro en segundos o minutos, en lugar de horas, mientras las cuadrillas van al sitio exacto.

Esto se logra con sensores, medidores inteligentes, interruptores automatizados, centros de control (SCADA), telecomunicaciones confiables y algoritmos de IA que predicen fallas y toman decisiones en tiempo real.

Casos reales: China y EE. UU.

China (2025): probó con éxito un sistema de restauración autónoma en una subestación de 110 kV impulsado por IA. Restableció el suministro en 17 segundos durante una falla simulada, una mejora del 95% frente a operaciones manuales.

Duke Energy (EE. UU.): su red autorreparable con IA evitó 1,2 millones de apagones y redujo hasta un 20% el tiempo de restauración. Usa miles de sensores, interruptores automatizados y un modelo predictivo que vigila transformadores y subestaciones para detectar señales tempranas de deterioro.

Por qué Venezuela no tiene esto hoy

No es solo cuestión de comprar software. Una red autorreparable requiere:

Infraestructura moderna: sensores, medidores inteligentes, interruptores automatizados, comunicaciones confiables.

Sistemas de control y telecomunicaciones: SCADA, centros de despacho, fibra óptica o enlaces estables.

Mantenimiento y operación: personal capacitado, repuestos, protocolos, ciberseguridad.

Inversión sostenida: los costos de infraestructura y digitalización son altos y requieren planificación a largo plazo.

En un sistema con líneas envejecidas, subestaciones sin mantenimiento, autotransformadores con fugas, pérdida de personal técnico y escasez de repuestos, la prioridad inmediata es recuperar lo básico: generación disponible, transmisión segura, distribución funcional y mantenimiento preventivo. Sin eso, ni la IA más avanzada puede operar.

El caso de los autotransformadores Alstom en Guri

Según denuncias de trabajadores y fuentes regionales, en el patio de la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar (Guri) habría autotransformadores de la marca Alstom almacenados a la intemperie, esperando sustituir a otros que presentan problemas de recalentamiento y fugas de aceite. Un autotransformador de potencia es una pieza crítica: permite conectar distintos niveles de alta tensión y evacuar la energía de las centrales hacia el Sistema Eléctrico Nacional.

Hasta la fecha, no hay un informe técnico público que confirme de manera verificable el número de equipos, su estado de conservación y el plan de instalación. Esto requiere una auditoría técnica independiente con inventario, fotografías fechadas y cronograma de montaje. Si estos equipos están realmente oxidándose bajo lluvia y sol, no solo se pierde una inversión estratégica: se compromete la capacidad de transmitir miles de megavatios. Antes de instalar un autotransformador almacenado por largo tiempo, se requieren inspección mecánica, pruebas de aislamiento, revisión de boquillas, verificación de sellos, ensayo del aceite dieléctrico y pruebas eléctricas de aceptación.

Termoeléctricas: recuperar lo que puede volver rápido

Ante una emergencia eléctrica, recuperar primero las unidades termoeléctricas que puedan volver al servicio en meses —no en años— es una de las formas más rápidas de incorporar megavatios firmes al sistema, especialmente cerca de las zonas de mayor demanda. Pero debe hacerse junto con la reparación de subestaciones, autotransformadores, líneas y redes: una planta recuperada no resuelve nada si su energía no puede evacuarse ni distribuirse.

Estudios técnicos plantean recuperar unos 2.000 MW termoeléctricos en 18 meses, concentrando trabajos en unidades de turbinas a gas del centro-norte del país; otra propuesta identifica 3.243 MW prioritarios para estabilizar el sistema. Son estimaciones técnicas, no capacidad ya recuperada ni garantía de ejecución. La clave no es anunciar megavatios “instalados”, sino publicar tres cifras verificables:

MW nominales instalados.

MW realmente disponibles y despachables cada día.

MW no disponibles, con causa, plan de reparación, contratista, costo y fecha estimada de retorno.

Generación distribuida: no es la “chatarra de los bolichicos”

La generación distribuida es electricidad producida por múltiples plantas pequeñas o medianas ubicadas cerca de los centros de consumo, conectadas a redes locales o regionales. Su ventaja es que reduce la dependencia de largas líneas de transmisión, disminuye pérdidas y da respaldo a ciudades o regiones ante una falla de la red troncal.

Puede incluir plantas de gas cercanas a ciudades e industrias, motores diésel o fuel oil para respaldo temporal o zonas aisladas, solar con baterías para hospitales, acueductos, telecomunicaciones y servicios esenciales, pequeñas hidroeléctricas, biomasa o cogeneración industrial donde sea viable.

No debe confundirse con una colección de plantas aisladas, sin combustible, sin repuestos y sin mantenimiento. Hubo acusaciones públicas e investigaciones periodísticas relacionadas con contratos de plantas de generación eléctrica otorgados durante la emergencia eléctrica venezolana.

Diversos análisis técnicos y notas de prensa han citado estimaciones según las cuales menos del 5% de las plantas de generación distribuida instaladas permanecía operativo; sin embargo, el informe de Transparencia Venezuela de 2018 sobre el sector eléctrico documenta que, de 17.513 MW de capacidad instalada en 40 proyectos (2000–2014), solo 4.360,5 MW —menos de la cuarta parte— estaban en funcionamiento para esa fecha. De confirmarse con una auditoría independiente que una fracción mínima de esas plantas sigue operativa, sería una evidencia grave de mala planificación, falta de mantenimiento y pérdida de inversión pública.

Hoja de ruta realista para Venezuela

Prioridades inmediatas: recuperar generación y transmisión básicas, estabilizar frecuencia y tensión, rehabilitar subestaciones y autotransformadores.

Mantenimiento preventivo: inventarios públicos, auditorías técnicas, fin de la persecución a trabajadores, salarios dignos para retener personal técnico.

Digitalización progresiva: sensores, medidores inteligentes, interruptores automatizados, centros de control modernos.

Finalmente, IA: algoritmos de predicción de fallas, toma de decisiones en tiempo real, redes autorreparables.

Cierre

La tecnología existe. Lo que falta es voluntad técnica, transparencia y un plan de Estado, no de gobierno. Si queremos self-healing, empecemos por self-honesty: inventarios públicos, auditorías, salarios dignos, fin de la persecución a técnicos y un plan técnico, no político, para el sistema eléctrico. Porque mientras sigamos culpando a todos menos al deterioro real, la única cosa que se va a autorreparar es el discurso oficial.



viernes, 14 de agosto de 2026

El Niño no administra Corpoelec: tres formas de generar electricidad y mil maneras de quedarse sin luz

 El Niño no administra Corpoelec: tres formas de generar electricidad y mil maneras de quedarse sin luz

Por: Juan Linares 




En los países donde la planificación eléctrica no se redacta al calor de una cadena nacional, los fenómenos climáticos son variables previsibles. Sequías, olas de calor, crecidas, tormentas y ciclos como El Niño forman parte de los estudios hidrológicos, de los planes de reserva y de las decisiones de inversión. No son una sorpresa llegada desde Marte ni una conspiración de las nubes contra el gobierno de turno. Cuando bajan los embalses, se activan respaldos térmicos, se administran las reservas de agua y se informa a la población con datos verificables.

En Venezuela, en cambio, cada episodio climático corre el riesgo de convertirse en el nuevo gerente general de la crisis eléctrica. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció un Plan de Ahorro de Energía Eléctrica y Agua ante pronósticos de sequía y altas temperaturas asociados a una intensa fase de El Niño, popularizada como “Súper Niño”. También se ha mencionado el impacto de daños en torres, líneas de transmisión y la planta Termocarabobo tras el doble terremoto del 24 de junio. Pero el venezolano que vive pendiente de cargar el teléfono, llenar los recipientes de agua y proteger sus electrodomésticos de las fluctuaciones sabe que el problema no empezó con una sequía ni con un sismo.

El Niño puede reducir los aportes de agua a los embalses. Un terremoto puede afectar infraestructura. Una tormenta puede tumbar una línea. Eso es cierto. Lo que no resulta creíble es que esos fenómenos expliquen, por sí solos, un sistema que lleva años castigando a la población con apagones, racionamientos, bajones, subidas de voltaje y la vieja costumbre de mirar al ventilador como si fuera un paciente en terapia intensiva. El clima presiona al sistema; la mala gestión lo deja sin defensa.

Un sistema con tres pilares

Venezuela no depende de una sola tecnología para producir electricidad. En teoría, el Sistema Eléctrico Nacional debería sostenerse sobre tres grandes formas de generación: las hidroeléctricas, las termoeléctricas y la generación distribuida.

Cada una tiene una función distinta. La hidroeléctrica aporta grandes bloques de energía; la termoeléctrica debería servir de respaldo firme, especialmente en periodos secos; y la generación distribuida permite producir electricidad cerca de donde se consume, reduciendo la presión sobre las grandes líneas de transmisión. El problema venezolano no es que carezca totalmente de esas herramientas. El problema es que muchas están deterioradas, subutilizadas, mal mantenidas o cubiertas por la opacidad.

En otras palabras: tenemos un sistema que, sobre el papel, parece una central eléctrica; en la práctica, muchas veces parece una colección nacional de equipos esperando repuestos, combustible, presupuesto, una auditoría o un milagro.

Guri: gigante indispensable

La Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, conocida popularmente como Guri, ha sido durante décadas la columna vertebral de la electricidad venezolana. Su capacidad y su importancia son indiscutibles: ninguna planificación seria puede ignorar que allí se concentra una parte decisiva de la generación nacional.

Pero precisamente por eso Guri no puede cargar, casi en solitario, con el consumo de hogares, industrias, hospitales, acueductos, comercios, telecomunicaciones y servicios públicos de todo el país. Una represa es una fuente estratégica de energía, no un esclavo hidráulico obligado a trabajar sin descanso porque el resto de la familia eléctrica decidió jubilarse antes de tiempo.

Cuando disminuye el caudal de los ríos o bajan los niveles de los embalses, una hidroeléctrica debe ser administrada con prudencia. La energía almacenada en el agua no es infinita. Cada turbina requiere mantenimiento, cada compuerta requiere control y cada unidad tiene límites técnicos. Exigirle a Guri que compense la ausencia de plantas térmicas confiables equivale a pedirle a un solo médico que atienda toda una emergencia nacional mientras los demás consultorios permanecen cerrados.

Por eso la sequía es una amenaza real, pero no una explicación completa. La pregunta necesaria es otra: ¿por qué, después de tantos años de advertencias, Venezuela sigue dependiendo de manera tan riesgosa de una sola gran fuente hidroeléctrica?

Termoeléctricas: el seguro que no responde

Las termoeléctricas son el seguro de vida de un sistema predominantemente hidroeléctrico. Funcionan con gas, diésel, fuel oil u otros combustibles y pueden aportar electricidad cuando los embalses están bajos, cuando una hidroeléctrica requiere mantenimiento o cuando aumenta la demanda.

En países con una matriz energética equilibrada, el funcionamiento es sencillo de entender: si la sequía limita la generación hidráulica, se incrementa la operación térmica. No es magia. Es planificación. Las termoeléctricas existen precisamente para que El Niño no apague un país entero.

Venezuela cuenta con instalaciones de este tipo en distintas regiones: Planta Centro, Tacoa, Termozulia, Termocarabobo y numerosas plantas menores. Sin embargo, la capacidad nominal anunciada y la capacidad real disponible suelen pertenecer a dos universos distintos. En el país de los megavatios de discurso, una planta puede figurar como instalada, inaugurada, recuperada o “en proceso de sincronización”, mientras el ciudadano continúa buscando una linterna debajo de la cama.

Una unidad térmica no vuelve a producir electricidad porque alguien la mencione en televisión. Requiere turbinas operativas, generadores, calderas o equipos asociados en condiciones, sistemas de control, lubricación, enfriamiento, protección eléctrica, repuestos, personal calificado y combustible suministrado con regularidad. También necesita que la energía tenga salida: subestaciones y líneas capaces de recibirla y llevarla hasta los centros de consumo.

La prioridad nacional debería ser recuperar, una por una, las unidades termoeléctricas que puedan volver al servicio en el menor tiempo posible. No todas tendrán la misma condición ni el mismo costo de recuperación. Algunas podrán rehabilitarse; otras requerirán reemplazo; algunas quizá solo sirvan para explicar por qué no se hizo mantenimiento cuando todavía era posible hacerlo.

El país necesita una evaluación técnica pública: potencia instalada, potencia disponible, unidades en mantenimiento, fallas principales, combustible requerido, repuestos críticos, costo de reparación y fecha estimada de incorporación. Sin ese inventario, cada promesa de megavatios corre el peligro de ser un número decorativo: bonito para un titular, inútil para encender una nevera.

Generación distribuida: no es poner una planta y tomarse la foto

La generación distribuida consiste en instalar equipos de generación cerca de los lugares donde se consume la energía. Puede tratarse de plantas a gas, diésel, sistemas solares con almacenamiento, pequeñas centrales, cogeneración industrial o unidades destinadas a respaldar cargas críticas.

Su valor está en que reduce la dependencia de grandes centrales lejanas y de extensas líneas de transmisión. Un hospital, un acueducto, una ciudad o una zona industrial no deberían quedar completamente a merced de una falla ocurrida a cientos de kilómetros de distancia. Si una parte de la energía se produce cerca del consumo, el sistema gana flexibilidad y capacidad de respuesta.

En Venezuela, el concepto de generación distribuida quedó asociado durante años a compras de emergencia, equipos importados, contratos cuestionados y proyectos cuyo estado real no siempre ha sido informado con claridad. La idea técnica no es mala. Lo malo es convertir la emergencia en método de gobierno y el método en negocio.

Una generación distribuida útil no se resume en apilar contenedores con turbinas o motores y anunciar que llegaron cientos de megavatios. Hay que saber cuántos equipos funcionan, qué combustible usan, cuántas horas pueden operar, qué mantenimiento requieren, dónde están instalados, cuál es su disponibilidad efectiva y si tienen conexión segura a la red.

Un grupo electrógeno abandonado, sin combustible o sin repuestos, no es generación distribuida: es escenografía industrial. Puede verse imponente en una fotografía, pero no mantiene encendido un quirófano ni evita que un acueducto se detenga.

No basta generar: hay que transportar



El ciudadano suele escuchar que una planta fue “recuperada” o que entraron determinados megavatios al sistema. Pero la electricidad no aparece por telepatía en los enchufes. Debe viajar desde la central generadora hasta hogares, comercios, industrias, hospitales y servicios públicos.

Ese recorrido exige líneas de alta tensión, subestaciones, transformadores, autotransformadores, interruptores, sistemas de protección, redes de distribución y cuadrillas capaces de detectar y reparar fallas. Si una planta está disponible, pero una línea está caída, una subestación está sobrecargada o un transformador está averiado, la electricidad se queda atrapada antes de llegar a la gente.

Por eso el colapso no puede explicarse solamente hablando de Guri o de las termoeléctricas. También hay que mirar la red. Una red eléctrica es como el sistema circulatorio de un país: no sirve de mucho tener corazón si las arterias están dañadas, obstruidas o sin mantenimiento.

Las fluctuaciones de voltaje que destruyen neveras, aires acondicionados, televisores, computadoras y pequeños negocios revelan que el problema no siempre es solo la falta de generación. También puede haber sobrecarga, fallas de regulación, transformadores insuficientes, conexiones deterioradas, deficiencias en protecciones o redes que operan al límite.

En Venezuela, una persona puede perder un electrodoméstico en segundos y luego escuchar que el sistema “se encuentra estable”. Es una forma bastante particular de estabilidad: la que solamente se percibe desde una oficina con aire acondicionado y planta propia.

El costo de la opacidad

La crisis eléctrica no se resuelve con relatos de sabotaje sin pruebas, anuncios repetidos ni llamados al ahorro como si la población hubiera vivido durante años derrochando electricidad por diversión. El venezolano ya ahorra porque se la quitan. Ahorra agua porque los sistemas de bombeo se detienen. Ahorra alimentos porque se dañan en la nevera. Ahorra batería porque el teléfono puede ser la única vía para saber qué ocurre.

La falta de información confiable agrava la emergencia. Los ciudadanos no conocen con precisión cuánta generación está disponible, cuáles plantas funcionan, qué unidades están en reparación, cuándo culminarán los trabajos, qué zonas tienen mayor vulnerabilidad ni qué medidas se toman para proteger servicios esenciales.

Una política eléctrica seria debe partir de la transparencia. Corpoelec y las instituciones responsables deberían publicar reportes regulares sobre generación, transmisión, demanda, fallas, mantenimientos programados y avances verificables de recuperación. No se trata de entregar secretos de Estado: se trata de explicar por qué un país petrolero, hidroeléctrico y con recursos humanos altamente capacitados sigue viviendo a la luz de la vela.

También es indispensable proteger a los trabajadores técnicos y a quienes alertan sobre fallas. Un sistema eléctrico no mejora persiguiendo al ingeniero, silenciando al operador o convirtiendo la denuncia laboral en delito. La electricidad requiere conocimiento, experiencia, debate técnico, mantenimiento y planificación. Un cable no se repara con consignas; una turbina no se recupera con aplausos; una subestación no se estabiliza acusando al transformador de conspirador.

Recuperar la luz

La recuperación del sistema debe comenzar por lo urgente: rehabilitar las unidades termoeléctricas que puedan incorporar potencia firme en meses, asegurar combustible y repuestos, reparar subestaciones y líneas críticas, atender transformadores sobrecargados y proteger las instalaciones existentes.

Al mismo tiempo, debe ejecutarse un plan de mediano plazo para modernizar las grandes hidroeléctricas, diversificar la matriz energética y ordenar una generación distribuida real, especialmente para hospitales, acueductos, telecomunicaciones, industrias y ciudades con mayor vulnerabilidad. No se trata de abandonar a Guri; se trata de dejar de condenarlo a ser el único adulto responsable de una familia energética en ruinas.

El país posee profesionales, experiencia acumulada, infraestructura recuperable y necesidades que no admiten más improvisación. Lo que falta no es un nuevo eslogan ni una explicación climática más elaborada. Falta gestión técnica, control público, mantenimiento continuo, inversión transparente y respeto por quienes saben cómo funciona el sistema.

Porque El Niño podrá traer sequía, altas temperaturas y presión sobre los embalses. Pero El Niño no administra Corpoelec, no es corrupto que se roba el dinero para el mantenimiento y adecuación Tecnológica, no firma contratos, no deja vencer repuestos, no abandona una turbina y no decide que la opacidad es una política de Estado.

Y mientras no se diga esa verdad, el venezolano seguirá viviendo en un país donde la electricidad viaja a velocidad de la luz, pero su recuperación avanza a velocidad de burocracia: días, meses, años… o nunca.

La Reclamación Institucional y la Viabilidad Legal de un Mecanismo Internacional de Repatriación de Activos para Venezuela

 La Reclamación Institucional y la Viabilidad Legal de un Mecanismo Internacional de Repatriación de Activos para Venezuela

Un análisis sobre los desafíos del rastreo de fondos, la jurisdicción penal internacional y la reconstrucción económica.



1. El Dilema de la Negociación Políticas e Infraestructura Crítica

Las negociaciones políticas en torno a Venezuela han mantenido históricamente un marcado desequilibrio entre las demandas de control de activos exteriores (como las reservas de oro en el Banco de Inglaterra o las acciones de CITGO) y las concesiones en materia de derechos humanos, reinstitucionalización del Poder Judicial y garantías electorales. La exigencia gubernamental sobre los activos en el extranjero choca directamente con la desconfianza institucional generada por años de opacidad en la gestión pública, señalada detalladamente en diversos informes de organizaciones de transparencia.

El deterioro de servicios básicos e infraestructura estratégica —con estimaciones de pérdidas e ineficiencias en el sector eléctrico que superan los decenas de miles de millones de dólares— evidencia que cualquier proceso de recuperación económica requerirá no solo liquidez, sino un marco estricto de gobernanza y control externo.

2. ¿Por qué no existe un mecanismo judicial automático de devolución?



Frente a la interrogante de por qué no se crea un mecanismo legal directo para capturar e repatriar los fondos provenientes de la corrupción y el lavado de dinero, la respuesta técnica reside en la complejidad del Derecho Internacional Privado y la Jurisdicción Penal Extranjera:

Soberanía Legal y Contradicción Institucional: Para que un tribunal extranjero (en EE. UU., la Unión Europea o Suiza) confisque y devuelva un activo, debe existir un Estado solicitante con instituciones legítimas y reconocidas. Cuando el propio Estado emisor está bajo investigación por dichos desfalcos, los tribunales internacionales congelan los fondos para evitar que regresen a las manos de los perpetradores.

Procesos de Extinción de Dominio (Asset Recovery): Países como Estados Unidos o miembros de la UE aplican procesos de incautación civil y penal (Civil Forfeiture). Sin embargo, estos procesos requieren probar judicialmente el origen ilícito de cada cuenta, propiedad o empresa fachada en jurisdicciones de baja tributación (Luxemburgo, Malta, Caimán, entre otros). Es un proceso lento que dura años por cada caso individual.

Mecanismos Custodios y Trust Funds: La tendencia técnica propuesta por organismos multilaterales es la creación de fideicomisos internacionales gestionados por las Naciones Unidas o el Banco Mundial. Bajo este esquema, los activos recuperados no entran a las arcas del Tesoro de forma directa, sino que se liberan de manera auditable y parametrizada para proyectos específicos de infraestructura (salud, SEN, agua potable)..

3. Auditoría y Trazabilidad: El Requisito Ineludible



El involucramiento de firmas internacionales de auditoría en la verificación de activos requiere cláusulas de independencia absoluta y veeduría ciudadana multiestatal. La experiencia histórica en empresas estatales como PDVSA demuestra que sin un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y un Consejo Nacional Electoral (CNE) conformados por perfiles idóneos, independientes y de comprobada trayectoria, cualquier esfuerzo de repatriación corre el riesgo de revertirse o diluirse en redes de opacidad financiera.

La reconstrucción del tejido industrial y energético del país depende, en última instancia, de la articulación de una estrategia legal transnacional articulada con multilaterales, donde la devolución del patrimonio público no sea una concesión política de micrófono, sino un mandato judicial riguroso e innegociable.


El Gran Manual del Clima y la Ilusión: Cómo Negociar el Oro de la Corona mientras nos Quedamos a Oscuras

 El Gran Manual del Clima y la Ilusión: Cómo Negociar el Oro de la Corona mientras nos Quedamos a Oscuras

Por: El Negociador Satirico 



Hay que reconocerle algo al régimen: su capacidad para negociar es digna de un premio de actuación. Mientras en las casas del venezolano promedio la nevera sirve como mueble para colocar fotos y el Sistema Eléctrico Nacional opera con el poder de la fe y un par de cables pelados, en las mesas internacionales el libreto es una obra de arte.

"Oigan, devuélvannos el oro del Banco de Inglaterra. Prometemos solemnemente que esta vez la auditoría la hará una firma de altísimo prestigio... sí, como esas que en su momento vieron pasar los desfalcos de PDVSA y pensaron que eran simples ajustes de caja chica."

Es fascinante. La estrategia negociadora del oficialismo es impecable: piden el oro de Londres, exigen CITGO, solicitan la bendición del Rey Carlos III mediante carta formal y, si se descuida la contraparte, piden hasta los derechos de autor del mismísimo Rey del Dilate. ¿Y a cambio de qué? Bueno, a cambio de sentarse en la mesa número nueve (o veinticinco, ya perdimos la cuenta), tomar café importado y prometer que "esta vez sí vamos a revisar lo del CNE".

Mientras tanto, en las verdaderas mazmorras de la burocracia, la Asamblea Nacional del 2015 intenta hacer malabares sin caer en la trampa del eterno retorno. Es el ciclo sin fin: se convoca a la mesa, van reyes, emires, jeques y presidentes con toda la buena intención, y salen de allí habiendo pagado el almuerzo y sin entender en qué momento los volvieron a marear.

Con todo lo que ha "desaparecido" entre trenes que nunca arrancaron (saludos al tramo Tinaco-Anaco), obras inconclusas de Odebrecht y toneladas de metal precioso de viaje por Dubái, Turquía y paraísos fiscales de nombre exótico, Venezuela no solo podría reconstruir La Guaira. Podríamos construir una La Guaira de cristal, tres siderúrgicas de repuesto y un sistema eléctrico tan potente que encendería la Luna. Pero no se preocupe: la próxima mesa de negociación seguro resolverá todo... apenas se pongan de acuerdo en quién paga el estacionamiento.

miércoles, 12 de agosto de 2026

La Carta de la sufrida Encargada

 La Carta de la sufrida Encargada



Tomo este lápiz entre mis manos para escribirte estas cortas líneas de mi puño y letra, con el fin de decirte que comparto tu tristeza ante cada niño que se acuesta sin cenar ni merendar por el escaso salario que les dejó Nicolás. Pero no solo eso: también heredamos las deficiencias del servicio eléctrico,  por las cuales padezco de insomnio en las noches al verme reflejada en mi pueblo amado del Zulia. ¿Cómo pueden dormir allá con una temperatura de 40 °C y una sensación térmica de 45 °C? Esto no es vida.

Aquí en Miraflores tengo el aire a 15 °C y, aun así, pensando en ustedes, mis noches son difíciles. Aflora en mi memoria el malestar que deben sentir los habitantes de Sucre y Nueva Esparta, quienes padecen todos los males anteriores por la desidia e irresponsabilidad de Nicolás Maduro y de quien ocupaba el cargo de Vicepresidenta de la República, al no presupuestar recursos para el mantenimiento de las represas de Los Clavellinos y Turimiquire.

¿Cómo se puede tener paz y sosiego cuando aquí en Miraflores bebemos las mejores aguas del mundo, como San Pellegrino y Perrier? Es tanta la que hay en los depósitos del palacio que hasta podemos ducharnos con ese costoso líquido vital.

Yo pido perdón al pueblo venezolano de todo corazón. Recuerden mis sentimientos hacia ustedes; recuerden que la Peregrinación por la Paz y contra las Sanciones fue todo un éxito, pues el adorado y querido Trump me levantó algunas sanciones. Así pude ver crecer un «guardadito» que tenía en Andorra, en una humilde cuenta. Claro, no puedo ahorrar en el BDT (antes Banco Bicentenario) ni en el Banco del Tesoro, porque ahí no pagan intereses en las cuentas de ahorro.

Todo es tristeza en mi corazón y en mi mente al pensar en nuestros ancianos ante la miserable pensión que les dejó Nicolás, quien para lo único que servía era para bailar en la tarima y despotricar de nuestro afable y querido amigo Donald. Lo mejor que hizo este último fue llevarse a ese bicho, que lo único que nos inculcaba era que "la corrupción no es mala cuando se reparte en familia".

Me voy a despedir, porque estoy segura de que mi pueblo se siente en el país de la felicidad y el amor, y de que deben estar bailando al son de esa canción que dice así:

«Yo tenía una luz que a mí me alumbraba,

yo tenía una luz que a mí me alumbraba,

y venía la brisa, ¡fuá!… y me la apagaba,

y venía la brisa, ¡fuá!… y me la apagaba.

Como algo invisible, venía y la apagaba…»

Se despide de ustedes, mi pueblo amado. Recuerden y tengan presente que para el año 2030 les arreglo la luz... y ya se podrán bañar en el río Guaire.

Atentamente,

La Interina

sábado, 8 de agosto de 2026

Macondia y la Eternidad del Garrote: Crónicas de un Realismo Trágico

 Macondia y la Eternidad del Garrote: Crónicas de un Realismo Trágico



En esta Venezuela Macondiana ocurren fenómenos que ni el mismísimo alquimista Melquíades ha logrado descifrar, a pesar del inmenso conocimiento adquirido en sus viajes por el mundo y sus tertulias con sabios, físicos y filósofos naturales. En los regímenes de Macondia no existe la alternancia, ni el pluralismo, ni esa extravagancia llamada democracia. Aquí todo está sellado por la eternidad y la obsesión por el poder: nada cambia, solo hay enrosque, rotación y momificación en el cargo.

Gracias a las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia, el tiempo quedó congelado justo después de la plaga de langostas anunciada en las Santas Escrituras (la cual ningún dictador pudo descifrar porque, para colmo de males, estaba redactada en arameo). Desde entonces, los nombramientos se volvieron infinitos.

En Macondia, para que un funcionario garantice una permanencia atemporal no bastan el amiguismo ni el nepotismo; el secreto de la inmortalidad política radica en la obediencia ciega y la utilidad estratégica para el sátrapa de turno.

La estirpe de los eternos

A la cabeza de esta estirpe destaca Delcyna Buendía, hija insigne de José Aurelio y Pilar Ternera. Acumuló nada menos que 130 meses ininterrumpidos en la cúspide del Palacio de las Flores, desde su primer nombramiento en agosto de 2013 hasta el cierre de 2025. Cumplió 13 años después del Galáctico (13 d.G.) y ya suma su primer año después de la Súper Bota (1 d.S.B.).

A Delcyna solo la supera en veteranía el generalísimo Padrino, quien ha combatido en más frentes que el propio coronel Aureliano Buendía. En su Hoja de Servicios destacan batallas homéricas como:

La Guerra de los Huevos.

La Guerra de los Sexos.

La cruenta Guerra de las Minitecas.

Agotado de tanto heroísmo, al general lo mandaron finalmente a La Ciénaga a sembrar arroz y papas para que no moleste.

Mientras tanto, Delcyna sigue bailando dichosa al ritmo que le tocan los musiúes del norte, enviados por la United Fruit Company y la Oil Golden Company. Los gringos acuden con frecuencia a supervisar un sistema eléctrico que destruye la producción de betún y pirita, haciendo que de la Faja salgan cada día menos barriles y menos kilos de falso oro. Pero con estos visitantes no se puede andar con embustes: vienen custodiados por sus lobbyistas, Mr. Carrone y Mr. Barrett, a quienes se les ha visto bailando pegado con Delcyna en el negocio de Catarino y a lo largo de la calle de los Siete Bares.

La lupa de Ámsterdam y la Diplomacia del Dólar

Para revisar los acuerdos y cartas de entendimiento, los magnates trajeron una lupa gigante traída directamente de los laboratorios de Ámsterdam —la misma que usó José Arcadio en su intento fallido por inventar un sistema de energía solar—.

La histeria es colectiva. Washington amenaza con una segunda ola de intervención al estilo del Big Stick (el "Gran Garrote") que impulsó Theodore Roosevelt o la rigidez de Calvin Coolidge durante la trágica Masacre de las Bananeras. En los pasillos del poder, la cúpula tiembla de pánico pensando que serán extraídos de sus despachos como la raíz cuadrada de cero. La Armada de EE. UU. ya calienta motores y sus marines toman sol en las playas del Caribe.

Por su parte, la oposición e interinato de turno están "más chorreados que palo de gallinero". Incapaces de rendir cuentas sobre más de 13 mil millones de dólares en ingresos petroleros, prefieren mantener a la población mendigando bonos y vales corporativos para burlar el salario mínimo. Ante esta asfixia, se ha desatado un éxodo bíblico hacia Brasil y el resto del continente, huyendo de la famosa Ley del Gran Mazo.

Ojalá a la administración en Washington no se le ocurra revivir la Diplomacia del Dólar de William Howard Taft, aquella fina arte de comprar deudas soberanas para adueñarse de las economías locales desde Wall Street y convertir a las corporaciones petroleras en repúblicas independientes.

Ciegos, gallinas y el sazón caribeño

En medio de este sainete Macondiano no podía faltar el toque contable de la firma KPMG, auditores estelares que custodiaron los libros de PDVSA durante más de dos décadas sin enterarse de que la industria estaba siendo saqueada hasta los tequeños. Aplicaron al pie de la letra el remedio ancestral: pusieron al zorro a cuidar las gallinas. O, en el mejor de los casos, reconfirmaron que no hay peor ciego que el que no quiere ver, sobre todo cuando los honorarios se pagan en divisas.

Y así transcurren los días en Macondia: entre apagones de cien años, discursos oxidados que suenan a tambor destemplado y una comparsa de dirigentes que se niegan a envejecer. Mientras la masa migra a pie cruzando selvas y fronteras con una mano adelante y otra atrás, la élite gobernante destapa botellas de escocés importado para brindar por la "soberanía", celebrando que en esta tierra mágica y trágica, la miseria es lo único que se reparte con absoluta igualdad.

jueves, 6 de agosto de 2026

“Petrodólares en el escenario, pueblo en el basurero: una viñeta de los 13 millardos”

 “Petrodólares en el escenario, pueblo en el basurero: una viñeta de los 13 millardos”

 


En la caricatura, dos figuras bailan un tango financiero sobre un escenario iluminado con letrero neón: $13 BILLION PETRO DOLLARS. Arriba, una mujer de traje negro y un hombre con sombrero de copa y bandera de EE. UU. Tiran cada uno para su lado de un montón de bolívares y oro. Abajo, en sombra, un pueblo venezolano revuelve una basura marcada “BASURA – SIN COMIDA”. La imagen es casi un diagrama de flujo de la Venezuela de 2026. 

Según reportes del Congreso estadounidense, Washington ha recaudado más de 13 millardos de dólares por ventas de petróleo venezolano desde que asumió el control de las exportaciones tras la captura de Maduro. Ese dinero no desapareció en un agujero negro: está en cuentas del Tesoro de EE. UU., en una cuenta en Citibank bajo custodia estatal, con auditoría de KPMG y una investigación del GAO que apenas empieza.  La pregunta no es si el dinero existe, sino para qué sirve si el país sigue colapsando.

Parte de esos fondos, unos 3 millardos, ya fueron desembolsados para “mantener funcionando el país”: salarios de funcionarios del régimen interino y suministros para la industria petrolera, entre otros usos aprobados por la orden ejecutiva de Trump.  El resto, alrededor de 10 millardos, sigue en el limbo del Tesoro gringo, como un colchón de seguridad geopolítica que no se traduce en luz, agua o comida para la mayoría. 

Mientras tanto, el sistema eléctrico venezolano sigue siendo un paciente en UCI con médico de guardia ausente. En 2026, el gobierno de Delcy Rodríguez anunció nuevos planes de racionamiento (45 días de “ahorro energético”) ante apagones recurrentes en Zulia, Táchira, Mérida, Trujillo y hasta Caracas.  Los 13 millardos no han financiado una rehabilitación masiva de generación, transmisión y distribución; apenas parches y protocolos contra el aire acondicionado.

En alimentación, la tragedia es más silenciosa pero igual de brutal: el salario mínimo oficial sigue en 130 bolívares (menos de 1 dólar), y muchos trabajadores públicos y privados apenas sobreviven con ingresos muy por debajo de la canasta básica, que supera los 500 dólares.  No hace falta que no haya comida en los anaqueles; basta con que la gente no tenga con qué comprarla. El “racionamiento” es, en buena medida, un eufemismo de pobreza extrema y salarios de miseria. 

La caricatura, entonces, no es exagerada: es un mapa de prioridades. En el escenario, la coreografía del poder: una mujer de Estado que representa el “delcynismo” y un muñeco blanco con sombrero de copa y bandera de EE. UU. Que representa el tutelaje imperial. Abajo, el pueblo venezolano, excluido del reparto, buscando en la basura lo que arriba se disputa como botín.

Si el Congreso de EE. UU. Quiere saber “cuánto ha llegado al régimen de Delcy y por qué canales”, también debería preguntar: ¿cuánto ha llegado realmente al pueblo que paga los apagones y la carestía?  Porque los 13 millardos pueden estar muy bien auditados en papel, pero en la calle venezolana el balance es otro: más horas sin luz, más colas, más hambre y más rabia contenida.

Al final, la viñeta resume la paradoja: Venezuela sigue siendo un país rico con un pueblo empobrecido, donde los petrodólares se negocian en un escenario lejano y la realidad se vive en el basurero.

Y como dice el refrán venezolano: “La culpa no es del cochino, sino del que le da el maíz”. Al final, el verdadero responsable no es el inquilino de Brooklyn que fue evacuado VIP, sino quien se lo llevó y dejó en el palacio a los más perversos y cínicos: esos que sienten odio hacia un pueblo que los rechaza en más de un 90% y que, sin embargo, siguen gobernando con el aval de Washington.

Trump no solo se llevó a Maduro; se llevó el maíz y dejó a los mismos cochinos de siempre, ahora con chaleco antibalas y discurso de “transición”. Y mientras el escenario de los petrodólares brilla con luces de neón, el pueblo sigue en el basurero, comiendo del maíz que nunca llegó.



"Agosto o colapso: la ventana crítica para salvar el sistema eléctrico venezolano"

 "Agosto o colapso: la ventana crítica para salvar el sistema eléctrico venezolano"



El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de Venezuela atraviesa su momento más crítico desde que se registran fallas masivas. Expertos del sector advierten que, si los trabajos de recuperación no inician formalmente entre agosto y septiembre de 2026, el país podría enfrentar un colapso generalizado del sistema en los próximos meses.

La advertencia no es especulativa. Se basa en el estado actual de la infraestructura, los cronogramas técnicos de las empresas involucradas y la capacidad operativa residual de las principales plantas generadoras. Con más del 60% del sistema fuera de servicio o operando por debajo de su capacidad, cualquier falla mayor podría desencadenar un apagón nacional de duración indeterminada.

Los acuerdos en el papel

Hasta la fecha, el gobierno interino ha anunciado tres acuerdos estratégicos:

GE Vernova (EE. UU.): Memorando de entendimiento firmado en junio para recuperar 1.000 MW en 24 meses y más de 5.000 MW en cuatro años. La empresa ya tiene equipos técnicos en el país realizando diagnósticos, pero los contratos definitivos aún están en fase de borrador.

IMPSA (Argentina/EE. UU.): Acuerdo firmado el 13 de junio para reactivar Tocoma y Macagua, con una meta inicial de 672 MW en 14-19 meses y un plan a cinco años de hasta 2.640 MW. La empresa afirma que el 90% de los componentes técnicos y financieros están acordados, pero faltan detalles de entrega y pago.

INSA (Rusia): Convenio anunciado el 16 de julio para incorporar 2.400 MW mediante la culminación de Tocoma y optimización de Macagua, incluyendo el traslado de turbinas ya fabricadas en Rusia. No se ha divulgado si esta decisión fue coordinada con Washington.

El problema: memorandos, no contratos

El denominador común de estos acuerdos es que todos están en fase de memorandos de entendimiento o adendas contractuales, no en ejecución operativa. Esto significa que, hasta ahora, no ha comenzado ningún trabajo sustantivo de rehabilitación en termoeléctricas ni hidroeléctricas.

Las empresas internacionales han exigido garantías financieras claras antes de desplegar operaciones mayores. El nuevo marco legal venezolano permite esquemas de inversión mixta y ajustes tarifarios, pero los documentos definitivos de pago aún no se han finiquitado. Mientras las negociaciones continúan, el sistema se deteriora.

La ventana de agosto-septiembre

Fuentes del sector eléctrico consultadas por medios especializados señalan que agosto y septiembre son los últimos meses viables para iniciar trabajos de campo significativos. Después de ese punto, el riesgo de un colapso cascada incrementa drásticamente.

Las razones son técnicas y operativas:

Capacidad residual agotada: El Guri, que suministra aproximadamente 70% de la electricidad nacional, opera con unidades envejecidas y sin mantenimiento preventivo adecuado. Cualquier falla estructural podría dejar fuera de servicio cientos de MW de forma permanente.

Termoeléctricas inoperativas: Las plantas térmicas, que deberían suplir la demanda en épocas de baja pluviometría, están mayormente paralizadas por falta de mantenimiento, combustible y repuestos.

Tiempo de ejecución: Incluso si los contratos se firmaran mañana, las primeras unidades de Macagua tardarían entre 90 y 100 días en reoperar. Tocoma requeriría entre 14 y 19 meses para sus primeras dos unidades. Eso significa que, en el mejor de los casos, no habría MW nuevos antes de finales de 2026 o principios de 2027.

El riesgo del colapso

Un colapso del SEN no sería un apagón convencional de 8-12 horas. Sería una falla sistémica que podría dejar al país sin electricidad por semanas o meses, con consecuencias humanitarias catastróficas:

Hospitales: Equipos médicos, refrigeración de medicamentos, quirófanos.

Agua: Las plantas de bombeo requieren electricidad para distribuir agua potable.

Alimentos: Refrigeración, cadena de frío, distribución.

Comunicaciones: Redes móviles, internet, sistemas bancarios.

Seguridad: Iluminación pública, sistemas de vigilancia, control de tráfico.

La pregunta incómoda

Mientras las negociaciones se alargan, surge una pregunta que nadie responde públicamente: ¿Están priorizando las garantías financieras sobre la urgencia humanitaria?

Las empresas exigen seguridades de pago, lo cual es comprensible desde una lógica comercial. El gobierno interino busca esquemas de inversión mixta que no comprometan la soberanía energética, lo cual también es legítimo. Pero en el medio está la población venezolana, que lleva años viviendo con racionamientos de 8, 10, 12 horas diarias, y que no puede esperar más.

Si los trabajos no arrancan en agosto-septiembre, no habrá segunda oportunidad. El sistema no aguanta más prórrogas.

Conclusión

Venezuela está en una encrucijada técnica y política. Los acuerdos con GE Vernova, IMPSA e INSA representan una oportunidad histórica para recuperar el SEN, pero solo si se traducen a en acciones concretas de inmediato. Los memorandos no encienden turbinas. Los contratos en borrador no iluminan hogares.

El reloj corre. Y esta vez, no hay margen para otro error.

“Delcy, Trump y el oso ruso: el trío que baila tango sobre Venezuela a oscuras”

 “Delcy, Trump y el oso ruso: el trío que baila tango sobre Venezuela a oscuras”



En Venezuela la realidad dejó de ser absurda para convertirse en competencia olímpica de cinismo. El 3 de enero se llevaron al “presidente”, pero el poder no se fue con él, porque el poder nunca fue él. Era apenas el muñeco: una mezcla de Chucky con discurso, Freddy Krueger con bigote y payaso de cadena nacional.

La verdadera dirección siempre estuvo detrás del telón, y ahora ni siquiera se oculta. Delcy Rodríguez pasó de operadora a “interina”, una figura jurídica tan elástica que ya no es derecho constitucional sino yoga institucional. El TSJ, fiel a su tradición de realismo fantástico, decidió que 180 días pueden durar lo que convenga, porque en Venezuela el tiempo no lo mide el calendario sino el poder.

Y como en toda buena telenovela, llegó el giro inesperado: la “interina” anunció acuerdos con una empresa rusa, INSA, para “salvar” el sistema eléctrico. Sí, la misma Rusia que durante años fue el amor prohibido del régimen, vetado por Trump como si fuera un romance de adolescentes con padres estrictos.

El 3 de enero se interrumpió el idilio rojo, pero parece que el amor verdadero nunca muere, solo se reconfigura. Ahora, en lugar de misiles y discursos, hay turbinas y memorandos. El Kremlin dijo que “conoce bien” a Delcy, y uno se pregunta si también le conoce la cuenta bancaria.

Mientras tanto, el país real —no el de los discursos ni el de Trump— funciona con electricidad intermitente, salarios microscópicos y hambre estructural. Pero desde la Casa Blanca insisten en que aquí estamos “nadando en dólares”. Debe ser en modo submarino, porque nadie los ve, nadie los toca y nadie come con ellos.

La Guaira terminó de confirmar que en Venezuela la tragedia también tiene jerarquías: primero se rescata el dinero, después —si queda tiempo— a la gente. Las “caletas” se convirtieron en prioridad nacional, una especie de Plan República pero para billetes enterrados.



Y como en todo buen negocio, llegaron los nuevos socios: turbinas prometidas, megavatios en PowerPoint y contratos en borrador eterno. GE Vernova, INSA y el fantasma del pasado ruso aparecen como salvadores eléctricos en un país donde la oscuridad ya es política de Estado.

Y el 30 de julio, mientras el país se desplomaba, sale la noticia: el Congreso de Estados Unidos investiga el destino de más de $13.000 millones del petróleo venezolano que administra Trump. Cuatro legisladores exigen auditoría. La GAO ya está revisando cuentas, comisiones y mecanismos de control. ¿Dónde está ese dinero? ¿Quién lo maneja? ¿A quién beneficia? Nadie sabe. Solo se sabe que de esa montaña de dólares, apenas $300 millones llegaron para salarios públicos. El resto… misterio.

El resultado es un híbrido grotesco: un gobierno que no eligió nadie, unas elecciones que no llegan, una economía que no existe y una narrativa internacional que roza la burla. Todo sostenido por una pregunta incómoda que nadie responde en voz alta:

¿Esto es una transición… o simplemente un cambio de administradores del desastre?

Porque al final, lo único que sí funciona sin fallas en Venezuela es el reciclaje del poder.



martes, 4 de agosto de 2026

¡Acaramela’itos en Miraflores! De "Leales Siempre" a la Telenovela del Delcynato

 ¡Acaramela’itos en Miraflores! De "Leales Siempre" a la Telenovela del Delcynato


(Escribiendo a oscuras, con la batería en 12%, el teléfono en la ventana a ver si agarra señal y el calor apretando)



1. ¡Lunes de Negociación... si no hay playa!

¡Última hora! Suspendieron el arranque de las negociaciones que estaban pautadas para hoy. ¿La razón? Hombre, ¡que era fin de semana! ¿Quién en su sano juicio se va a poner a discutir la restitución de la libertad y el rescate institucional un sábado por la tarde cuando hay piscina, barbacoa o golf? La democracia en Venezuela lleva 25 años esperando; que aguante un par de días más mientras se tuestan al sol no le hace daño a nadie.

Y al frente de la mesa, el ilustre, el inamovible, el invicto Jorge Rodríguez. El Rey del Dilate ¡Ocho procesos de negociación lleva el hombre! Ocho. Es un titán. Jorge es capaz de venderle un carro sin ruedas a un ciego, convencerlo de que el motor ruge precioso, sacarle la inicial en dólares y lograr que el tipo le dé las gracias por la cola. En Washington entra un presidente nuevo, sale otro, Biden se vuelve senil, Trump se vuelve pragmático, ¡pero Jorge sigue ahí! Sonriente, viéndolos llegar con aire de estadistas para terminar metiéndolos en el bolsillo junto con las llaves del vehículo.


2. Pico con Pico, Beso con Beso: ¡Llegó el Amor a la Casa Blanca!


Todavía resuenan en los cuarteles aquellos gritos feroces de bravuconería: "¡Entrarán pero saldrán en bolsas negras!" o el famoso "¡Aquí los espero, cobardes!". ¡Qué épica! ¡Qué coraje! Lástima que el lema de "Leales siempre, traidores nunca" duró exactamente lo que tardó en llegar el primer portaaviones al Caribe. A mediados de 2025, mientras los fanáticos de base marchaban bajo el sol, la alta cúpula ya estaba cuadrando el paquete de entrega en Qatar, España y las Antillas. Se llevaron al "camarada" y aquí no ha pasado nada. Todos felices, sonrientes y cobrando.

Y ahora, ¡agárrense de la brocha que se llevaron la escalera! El muchacho de la serie, el propio Donald Trump, anda hablando de Delcy Rodríguez con un tufo de telenovela vespertina que da vergüenza ajena:

👉 "¡Está haciendo un trabajo fantástico!"

👉 "¡Es una persona estupenda!"

👉 "¡Ha sido increíble!"

A este ritmo, la banda sonora de la transición no va a ser el Himno Nacional ni la Marcha de Riego, sino la guaracha de la Coqueta a todo volumen en Miraflores:

Ay, acaramela'itos, pico con pico, beso con beso...

Ay, me tienes en embeleso, ya falta un pelo pa' enamorarme, Coqueta...

Suave, que no resisto tanto cariño, no me hagas cucharita en la madrugada...”

¡Qué belleza de romance! Es que es imposible no enamorarse cuando te ponen por delante más de 13.000 millones de dólares en petróleo sin auditar, tanqueros fantasma vendiendo con el 30% de descuento y regalitos en lingotes de oro. ¡A cualquiera se le ablanda el corazón imperialista con semejante cariñito!


3. Los "Bolichicos" y la Varita Mágica


A la dictadura hay que reconocerle un talento único: no graduaron a nadie en ética ni en economía, pero en la materia de corromper al que se ponga de pechito merecen un Doctorado Honoris Causa otorgado por Harvard y Oxford.

Miren nomás el show de Mauricio Claver-Carone y el "bolichico" Alejandro Betancourt. El tipo con expediente abierto en la Fiscalía Anticorrupción de España por lavado de dinero, órdenes de captura e investigaciones de la Audiencia Nacional, y resulta que era el "puente político" y el hombre de confianza para chatear directo entre Washington y Caracas.

Es la diplomacia del cibercrimen de alto nivel. Para qué enviar embajadores con corbata y carta de credencial si puedes mandar a un operador en jet privado con un maletín lleno de licencias de PDVSA. Tocaron a congresistas demócratas, enamoraron a republicanos, compraron lobbystas en el Capitolio y el Parlamento Europeo, y terminaron haciéndoles creer a todos que ellos eran los verdaderos "demócratas de carta cabal".

Moraleja de la Jornada (Antes de que se vaya la luz otra vez)

Aquí el ciudadano de a pie se come un cable adivinando si los alimentos se le van a dañar en la nevera porque se fue la fase, mientras en los altos mundos se reparten el coltán, el uranio para Irán, el petróleo para los magnates y los abrazos para la foto.

Definitivamente, el Delcynato no es un régimen político: es un circo de magos donde desaparecen miles de millones de dólares en la cara de la CIA, la DEA y el Tesoro estadounidense... ¡y los gringos terminan pidiendo otra función!

Crónica de una negociación que se suspendió por “cosas más importantes”

 Crónica de una negociación que se suspendió por “cosas más importantes”



En Venezuela, las negociaciones políticas no fracasan: se “reprograman”. Esta vez, la esperada cita del lunes 3 de agosto parece haber sido víctima de un poderoso factor geopolítico: el fin de semana.

Fuentes no oficiales —es decir, las únicas que suelen existir— sugieren que las partes involucradas decidieron posponer el encuentro porque, al parecer, salvar la democracia compite duramente con compromisos más urgentes como descansar, viajar o, en el peor de los casos, pensar.

Jorge Rodríguez, sobreviviente de ocho procesos de negociación sin resultados verificables, vuelve al escenario con la serenidad de quien sabe que negociar no es resolver, sino estirar. Un experto en convertir crisis en maratones diplomáticos donde la meta nunca aparece.

Desde Washington, la confusión parece estructural. A estas alturas, aún hay quienes creen que están dialogando con demócratas en el sentido clásico del término, cuando en realidad participan en una especie de teatro político donde los roles cambian, pero el guión siempre favorece al mismo elenco.

Democracia (no incluida en la negociación)

Si algo ha quedado claro, es que la democracia no está entre las prioridades urgentes. Está en la lista, sí, pero probablemente debajo de “intereses energéticos”, “estabilidad conveniente” y “no complicarse demasiado la vida”.

Mientras tanto, el misterio sobre quiénes integran oficialmente la delegación del gobierno sigue intacto. Una negociación sin negociadores visibles: el equivalente político a una empresa sin empleados, pero con ganancias.

Delcynismo mágico: diplomacia con encanto

En el universo paralelo de la política venezolana, emerge una figura que parece dominar el arte de la persuasión internacional: Delcy Rodríguez, protagonista de lo que podríamos llamar “realismo mágico diplomático”.

De acuerdo con ciertas señales públicas, ha logrado algo que parecía imposible: generar elogios entusiastas desde sectores que, en teoría, deberían ser críticos. Frases como “fantástica”, “increíble” y “estupenda” empiezan a sonar menos como análisis político y más como reseñas de producto.

Aquí no hay ideología, hay química. Y quizás algo más: contratos, petróleo y una capacidad extraordinaria para convertir sanciones en oportunidades.

Petróleo con descuento y conciencia incluida

Durante años, el negocio fue simple: petróleo venezolano con descuento, transporte en modo fantasma y preguntas incómodas opcionales.

Tanqueros invisibles, rutas discretas y un mercado paralelo donde el crudo no solo lubricaba motores, sino también voluntades. Porque si algo ha demostrado esta historia es que el verdadero recurso estratégico no es el petróleo, sino la flexibilidad moral.

Lobby, lobby… ¿quién está ahí?

Mientras tanto, en los pasillos del poder global, se habla de cabilderos, operadores y puentes “informales” que conectan Caracas con Washington.

El episodio de Claver-Carone y el empresario Alejandro Betancourt parece sacado de una serie: intermediarios con expedientes abiertos, conversaciones discretas y funcionarios incómodos preguntándose en qué momento la política exterior se convirtió en una reunión de negocios sin acta.

Ejemplo práctico: si necesitas hablar con un gobierno sancionado, ¿usas diplomáticos… o llamas a alguien investigado por lavado de dinero? La respuesta, al parecer, depende del nivel de urgencia… o de pragmatismo.

Geopolítica o telenovela premium

La narrativa reciente incluye amenazas épicas, despliegues militares en el Caribe y frases dignas de tráiler cinematográfico: “Vengan por mí”, “no saldrán sino en bolsas negras”.

Spoiler: nadie vino, nadie salió, pero todos siguieron negociando.

Porque al final, detrás del ruido, lo que existe es una negociación constante donde enemigos públicos pueden convertirse en socios discretos, y donde los discursos encendidos funcionan más como espectáculo que como estrategia.

El país que no fue invitado

En toda esta historia hay un ausente recurrente: el ciudadano venezolano.

Mientras se discuten millones, contratos y alianzas, el país real sigue atrapado entre apagones, salarios simbólicos y servicios colapsados. La electricidad se va, pero las negociaciones siguen… aunque a veces se tomen el fin de semana libre.

Y así, entre rumores, elogios inesperados y acuerdos invisibles, Venezuela continúa siendo ese lugar donde todo cambia… para que todo siga exactamente igual.

domingo, 2 de agosto de 2026

El Delcynato y la Diplomacia del Cinismo: Anatomía de la Cleptocracia Transnacional

El Delcynato y la Diplomacia del Cinismo: Anatomía de la Cleptocracia Transnacional




Resumen

El escenario político venezolano ha completado su metamorfosis: de la épica revolucionaria de micrófono al pragmatismo de chequera del "Delcynato". Mientras la ciudadanía sobrevive a oscuras entre bloques de racionamiento, la cúpula gobernante perfecciona su mayor exportación: la cooptación de diplomáticos, lobbystas y mandatarios en ambos extremos del espectro ideológico global.

I. La Comedia de las Negociaciones: El Método Jorge Rodríguez

La suspensión a última hora de las conversaciones pautadas para este inicio de agosto no es un accidente operativo; es una técnica de desgaste. Jorge Rodríguez —veterano e invicto en más de ocho mesas de diálogo fallidas— ha elevado la dilación a la categoría de bellas artes.
Mientras Washington envía delegados con la ilusión de tratar con demócratas clásicos, el régimen aplica la misma cartilla de siempre: ganar semanas, oxigenar finanzas y mirar el reloj. Para la cúpula, la democracia no es una meta ni una prioridad; es un fusible que se cambia según la conveniencia del tablero económico.

II. Tanqueros Fantasma y la Cleptocracia Global
La supervivencia de esta dictadura debe estudiarse en las escuelas de ciencias políticas y criminología de las universidades más prestigiosas del mundo. No solo lograron someter a su propia militancia transformándola en un fanaticado ciego mediante persecución, cárcel y tortura, sino que extendieron sus tentáculos por cinco continentes.

La Red de Cooptación Transnacional del Régimen

Para comprender la capacidad de supervivencia y penetración del régimen venezolano, es necesario analizar los cuatro pilares que sostienen su red de cooptación a nivel internacional:
El Manejo Subterráneo de Recursos: La cúpula gobernante ha estructurado un mecanismo de financiamiento paralelo basado en la comercialización de crudo con descuentos de hasta el 30 %, además de la extracción y tráfico de minerales estratégicos como oro, coltán y uranio.
Las Rutas de Evasión: Para esquivar los radares y las sanciones financieras impuestas por la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros de EE. UU.), el régimen utiliza flotas de «tanqueros fantasma» que navegan con transpondedores apagados y realizan trasbordos de crudo en alta mar.
Los Socios Estratégicos: La red se apoya en una arquitectura geopolítica y financiera integrada por países y actores clave como Irán, China, Rusia, Qatar e India, sumados a complejas redes de intermediación financiera en Europa.
La Operación de Lobby Internacional: El régimen destinó millones de dólares a la contratación de cabilderos y lobbystas profesionales, cuyo objetivo central ha sido penetrar e influir en los pasillos de toma de decisión del Capitolio en Washington y del Parlamento Europeo.

III. El Gran Remate: Del "Saldrán en Bolsas Negras" al Romance en Washington

A mediados de 2025, el mar Caribe parecía una película de Hollywood: destructores, portaaviones y el Comando Sur interceptando cargamentos. Mientras en televisión la retórica oficial gritaba "¡Vengan por mí, cobardes!" y juraba lealtades inviolables de "Leales siempre, traidores nunca", en los pasillos discretos de Qatar, España y las islas del Caribe se negociaba el precio y la entrega del propio Nicolás Maduro.
Hoy, el guion superó a cualquier telenovela dramática. Washington habla con devoción de la eficiencia de Delcy Rodríguez, elogiando la "extraordinaria cooperación" en materia de oro y petróleo, confirmando que en la alta política no hay principios, sino facturas por cobrar.

IV. "Bolichicos" en el Ciberespacio: El Caso Claver-Carone

Las filtraciones sobre el uso de intermediarios como Alejandro Betancourt por parte del exasesor norteamericano Mauricio Claver-Carone demuestran que la cleptocracia venezolana no solo sobrevive: contamina. Con expedientes abiertos en la Audiencia Nacional de España por blanqueo de capitales y desvío de fondos de PDVSA, la "Banda de los Bolichicos" ha demostrado que el dinero sucio no tiene ideología y que siempre hay un funcionario dispuesto a dejarse convencer.



miércoles, 29 de julio de 2026

Esa vaina no vale nada: el timo de la deuda externa venezolana

 Esa vaina no vale nada: el timo de la deuda externa venezolana

Economía forense y denuncia



La indignación frente a la supuesta reestructuración financiera que pretende asomar el régimen no es para menos. Lo que está en juego no es una simple operación técnica, sino el intento de darle forma legal a una deuda externa que ya se estima en 240.000 millones de dólares, una cifra que desnuda la magnitud del desastre económico acumulado por años de opacidad, endeudamiento irresponsable y destrucción institucional.

El economista Miguel Rodríguez Fandeo no se guardó adjetivos al calificar el proceso como una “basura de contrato”. En su lectura, la firma estadounidense elegida para manejar la negociación no responde a criterios de excelencia técnica, sino a una lógica de contactos políticos y cercanía con actores influyentes de Washington. La empresa señalada es Centerview Partners, una boutique financiera de Wall Street que, según reportes recientes, fue contratada para asesorar al Estado venezolano y a PDVSA en la reestructuración de su deuda externa.  Para colmo, la asesoría podría costarle al país alrededor de 150 millones de dólares .

Pagar semejante suma en comisiones para renegociar papeles destruidos es, en sí mismo, una señal de alarma. No se trata de salvar el crédito de la República, sino de organizar una operación financiera donde los grandes beneficiarios no serían precisamente los venezolanos. En este tipo de maniobras, la pregunta esencial no es solo cuánto se debe, sino a quién, por qué, bajo qué condiciones y con qué grado de legitimidad.

Rodríguez Fandeo fue todavía más tajante al afirmar que buena parte de esa deuda no tiene sustento real de mercado y que su valor efectivo está muy por debajo del nominal. Esa afirmación, aunque polémica, abre una discusión obligatoria: la diferencia entre una deuda contable, una deuda litigiosa y una deuda efectivamente cobrable. En Venezuela, esa frontera se ha vuelto deliberadamente borrosa por años de sanciones, impagos, arbitrajes, cesiones opacas y contratos firmados en medio del derrumbe institucional.

La deuda como chatarra financiera



Si la deuda real de mercado está pulverizada por debajo de su valor nominal, pretender reconocerla al 100% equivale a legitimar una estafa histórica. Los bonos de la República han sido llevados al suelo por la combinación de incumplimiento, default, pérdida de confianza y aislamiento financiero. En ese escenario, solo los fondos litigantes, algunos intermediarios y los operadores políticos de la reestructuración tienen incentivos para inflar artificialmente su valor.

Lo que se intenta vender como una “normalización” financiera puede terminar siendo una capitulación. En vez de auditar, depurar y discriminar obligaciones legítimas de pasivos tóxicos, el país corre el riesgo de sentarse a negociar como si toda la deuda fuera moral, legal y económicamente exigible por igual. Ese sería el verdadero fraude: convertir una ruina financiera en una nueva fuente de comisiones, negocios cruzados y favores entre élites.

El caso de la deuda rusa

La porción vinculada a compras militares con Rusia también merece revisión forense. No toda obligación firmada en papel tiene el mismo peso jurídico o político. Cuando un Estado adquiere armamento en condiciones opacas, sin beneficio social verificable y en un contexto de deterioro institucional, surge la discusión sobre la llamada deuda odiosa, un concepto discutido en el derecho internacional pero útil para examinar estos compromisos.

No se trata solo de armas defectuosas o de sistemas militares sobredimensionados para la realidad del país. Se trata de determinar si esos recursos fueron utilizados para sostener una estructura de poder contra la población, sin rendición de cuentas ni retorno social. En ese caso, la discusión no debe limitarse a “cuánto se debe”, sino a si esa deuda tiene realmente legitimidad para ser exigida al conjunto de la nación.

El Fondo Chino y los proyectos fantasma

El capítulo chino tampoco puede quedar fuera de una auditoría seria. Durante años, el mecanismo de financiamiento con Pekín operó bajo esquemas en los que el dinero llegaba condicionado a la contratación de empresas chinas, muchas veces con poca transparencia y escaso control sobre la ejecución de obras. El resultado está a la vista: proyectos inconclusos, sobrecostos, infraestructura abandonada y una larga lista de promesas convertidas en elefantes blancos.

En términos forenses, ese tipo de deuda exige una revisión minuciosa. No basta con contabilizar el monto principal; hay que rastrear quién ejecutó cada obra, cuánto se pagó, qué se entregó realmente y qué parte del dinero terminó diluyéndose entre intermediarios, sobreprecios y contrataciones dudosas. Si hubo corrupción de origen, negligencia compartida o incumplimiento sustancial, entonces la deuda no puede tratarse como si fuera moralmente neutra.

La sombra política en Washington

La elección de Centerview Partners también levanta interrogantes políticas. Reuters reportó que la selección de la firma estuvo rodeada por la intervención de Mauricio Claver-Carone, exfuncionario de la primera administración Trump, quien habría recomendado el nombre de Centerview en conversaciones vinculadas al proceso venezolano.  Además, la firma contrató en 2025 a Reince Priebus, exjefe de gabinete de Donald Trump, como asesor senior, lo que refuerza la percepción de proximidad con el entorno político republicano de Estados Unidos.

Eso no prueba por sí solo una operación partidista, pero sí coloca la negociación en un terreno donde la técnica financiera y la influencia política se entrecruzan. En un caso tan delicado como la deuda venezolana, esa mezcla es explosiva. Cuando la renegociación de un país devastado termina rodeada de operadores con conexiones partidistas en Washington, el margen para la sospecha se multiplica.

Una estafa con lenguaje técnico

La urgencia de la cúpula no responde a salvar el crédito de una Venezuela devastada. Responde, más bien, a legalizar una arquitectura de deuda que permita repartir comisiones, consolidar intermediaciones y reordenar negocios sobre los restos del Estado. El lenguaje técnico, en estos casos, suele servir para esconder una decisión política: quién cobra, quién negocia, quién firma y quién se queda con la última palabra.

Por eso este no es solo un debate financiero. Es una disputa sobre soberanía, legitimidad y memoria histórica. Si el país va a renegociar su deuda, debe hacerlo con una auditoría completa, con transparencia pública y con la identificación precisa de cuáles obligaciones son legítimas y cuáles nacieron contaminadas por corrupción, abuso o nulidad de origen.

La deuda externa venezolana no puede tratarse como un simple trámite de escritorio. Es una herida abierta de la economía nacional. Y si la solución consiste en entregar el país otra vez a intermediarios caros, conexiones políticas y contratos inflados, entonces no habrá reestructuración posible: solo otro capítulo del mismo saqueo, esta vez con traje, corbata y lenguaje de Wall Street.

De la Demagogia a la Ingeniería: El Reordenamiento Territorial Impostergable de Venezuela

 De la Demagogia a la Ingeniería: El Reordenamiento Territorial Impostergable de Venezuela

Por: El Constructor Antisísmico 



Venezuela no puede seguir gobernada por la improvisación ni por el analfabetismo técnico. El desastre de La Guaira en 1999 dejó lecciones científicas claras y dolorosas que los expertos documentaron con precisión, advirtiendo dónde nunca más se debía volver a levantar una vivienda. Sin embargo, la conducta demagógica de quienes se asumen dueños del destino del país ha ignorado de forma sistemática estas recomendaciones. La vulnerabilidad de nuestras ciudades no es solo un fenómeno de la naturaleza; es el resultado directo de un caos constructivo permitido por la complicidad, la ignorancia partidista y la debilidad institucional.

Para fundar un Estado moderno y seguro, es urgente arrebatarle el control de la planificación urbana a la militancia ideológica y devolvérselo a la ciencia. Este llamado es un imperativo legal y moral dirigido a gobernantes, alcaldes y, de manera muy especial, a los concejales. Los cuerpos edilicios locales, a menudo considerados el eslabón más débil del poder público frente a las presiones centralistas, tienen hoy la responsabilidad histórica de plantarse firmes. No se puede legislar ni otorgar permisos con el miedo a la línea partidista cuando lo que está en juego es la vida de los ciudadanos.

El Cáncer de la Permisología Comunal y la Ignorancia Técnica

El primer paso para sanear el urbanismo en Venezuela es apartar de plano la intromisión de estructuras políticas sin calificación, como jefes de calle o consejos comunales, en decisiones de ingeniería estructural. Permitir que "mesas técnicas" vecinales decidan dónde y cómo se construye ha abierto la puerta a la autoconstrucción irresponsable, a las "columnas de anime con cemento" y al uso de materiales sin especificaciones técnicas básicas.

Los municipios deben centralizar y blindar la competencia técnica exclusivamente en profesionales colegiados y auditados por el Colegio de Ingenieros de Venezuela. Legislar a nivel municipal para tipificar como delito la usurpación de funciones de ingeniería en la permisología urbana es una tarea urgente para los concejales. La ignorancia no puede seguir cobrando vidas.

El Escudo Científico: Los Cinco Estudios Obligatorios



Ningún alcalde ni director de control urbano debería estampar su firma en una variable urbana sin la exigencia rigurosa de un expediente que contenga:

1. Estudios de Geotecnia y Mecánica de Suelos: Para acabar con las fundaciones deficientes mediante ensayos de penetración (SPT) que midan la resistencia real del terreno.

2. Estudios Hidrológicos e Hidráulicos: Con modelos que calculen períodos de retorno de lluvias a 50 y 100 años, delimitando zonas de exclusión absoluta en márgenes de ríos y torrenteras.

3. Estudios Geológicos y de Estabilidad de Taludes: Obligatorios en el eje costero-montañoso (como La Guaira y la Cordillera de la Costa) para prever flujos de lodo y deslizamientos de masa.

4. Ingeniería Estructural Sismorresistente: Bajo el cumplimiento estricto y auditable de la Norma COVENIN 1756.

5. Evaluación de Impacto Ambiental: Que demuestre que la obra no colapsará las ya deterioradas redes de servicios públicos (agua, luz, cloacas).

Reinstitucionalización y Modernización Tecnológica

Un marco legal moderno es letra muerta sin organismos dotados y despolitizados. El Estado venezolano debe rescatar a sus instituciones de vanguardia de la desidia y el adoctrinamiento:

FUNVISIS debe ser refundada como un ente autónomo, presupuestariamente blindado, con sismómetros de banda ancha y telemetría satelital conectados a redes internacionales de alerta temprana.

Protección Civil debe abandonar los esquemas de adoctrinamiento y profesionalizar a sus cuadros en rescate en estructuras colapsadas (USAR) y gestión de riesgos bajo estándares globales.

El Cuerpo de Bomberos —la institución más noble y abandonada del país— requiere urgentemente camiones bomba, unidades de escala para alturas, quijadas de la vida y equipos de protección normados, financiados a través de tasas municipales transparentes y auditables.

Inspección Rigurosa y Responsabilidad Penal

• La corrupción y el descuido no se detienen en el papel; se combaten en la obra. El proceso de inspección debe modernizarse mediante la figura del Revisor Independiente, un ingeniero externo que certifique cada fase del vaciado de concreto y la tracción del acero.

• Asimismo, es imperativo establecer un régimen de sanciones penales severas para los funcionarios públicos. Todo alcalde, concejal o director de ingeniería municipal que firme, autorice o valide un permiso de construcción omitiendo los estudios de riesgo geológico o estructural debe ser penalmente imputable por negligencia criminal y dolo eventual si ocurre una tragedia. La firma de un funcionario no puede ser una patente de corso para jugar con la vida humana.

Un Mensaje a los Concejales Venezolanos

• Señores concejales: ustedes son la primera línea de defensa del ciudadano. Sabemos que la presión del gobierno central y del partido oficialista es asfixiante, pero ceder ante ella para validar el caos urbano los convierte en coautores de la próxima tragedia natural evitable.

Las leyes municipales deben redactarse y aprobarse con premura. El reordenamiento territorial de sus municipios no es un debate ideológico de izquierda o derecha; es un asunto de física, geología y derecho a la vida. Es hora de legislar con la mirada puesta en la ciencia y en el mapa de fallas tectónicas, no en los intereses de un partido político. La historia y el suelo de Venezuela no perdonarán otra omisión.





Chat gratis