sábado, 9 de mayo de 2026

¡Sigan Bailando!: La Gran "Discoteca" de Macondia y el Vals Petrolero de Trump

 ¡Sigan Bailando!: La Gran "Discoteca" de Macondia y el Vals Petrolero de Trump

Por: Un espectador indignado desde la pista de baile sin luz



¡Pónganle volumen a la radio! Que suene la Billo’s Caracas Boys a todo timbal. Suban la música para ver si el estruendo de los metales logra tapar el rugido de las tripas de millones, el zumbido de las moscas sobre la basura y el silencio sepulcral de los hospitales a oscuras.

Y es que, según el flamante dueño del trono en Washington, Mr. Donald Trump —quien hoy anda más very happy que de costumbre—, los venezolanos no estamos pasando trabajo. No, señor. Tampoco estamos de luto por los presos políticos que mueren en las mazmorras sin juicio, ni sufriendo por la devaluación vertiginosa de una moneda que se deshace entre los dedos como arena. ¡Qué va! Según el magnate de la cabellera dorada, los venezolanos estamos "bailando en las calles" de pura felicidad. ¡Claro que sí! Cómo no vamos a bailar si, tras la espectacular "extracción" cinematográfica de Nicolás Maduro y su posterior envío a Nueva York, la "Golden Oil Company" y las grandes corporaciones petroleras gringas están metiendo dólares a manos llenas. ¿A manos de quién? Bueno, ese es un detalle sin importancia para la narrativa de Mar-a-Lago. Lo importante es que en la Macondia caribeña el dinero "fluye", el amor respira en el aire y la "girlfriend" venezolana del momento sonríe complacida ante las carantoñas que le lanzan desde el imperio.

¿Dónde es la pista de baile, Mr. President?

Nos encantaría que el presidente Trump nos diera la dirección exacta de ese gran "dancing" nacional que ve a través de sus reportes satelitales. Porque en la Venezuela real, la coreografía es bastante diferente:

La coreografía de la desnutrición: Quizás Trump piensa que el bamboleo de un bebé de seis meses con desnutrición severa y la barriguita hinchada de aire y hambre es un nuevo paso de salsa.

El "Electric Slide" a oscuras: Tal vez cree que los médicos en el Zulia, alumbrando con la luz del celular a un paciente que se queda sin oxígeno a mitad de un apagón de 12 horas, están ensayando un baile contemporáneo.

El vals de la supervivencia: A lo mejor confunde con una elegante danza el movimiento coordinado de las madres y niños que esquivan las moscas para pelear por un pedazo de comida podrida en los contenedores de basura.

La danza de la muerte: Quizás el hacinamiento en las prisiones donde torturan a los presos políticos es, a sus ojos, una coreografía grupal de esas que se hacen virales en redes sociales.

Ver las penurias de un país que sangra desde hace más de un cuarto de siglo y despacharlas diciendo que "hay mucho dinero en la calle y la gente está feliz" no es solo ignorancia geopolítica; es una burla cruel y de muy mal gusto. Es una bofetada en el rostro de la madre que hoy tuvo que elegir cuál de sus hijos come y cuál se acuesta con el estómago vacío.

De "Regime Change" a "Regime Same": El Gran Negocio del Petróleo

La ironía de esta tragicomedia es exquisita. Capturar a Maduro fue un evento histórico, digno de un taquillazo de Hollywood. Pero dejar el control del país en manos de los mismos actores del régimen —ahora bajo la batuta de Delcy Rodríguez— no es una estrategia de liberación: es una traición en cómodas cuotas de barriles de petróleo.

La administración estadounidense justificó su intervención bajo el estandarte de la justicia y la lucha contra el narcotráfico, pero el olor a asfalto fresco y crudo pesado no tardó en inundar la oficina oval. Al final, parece que el plan maestro era simplemente cambiar de socio comercial. Mientras las petroleras norteamericanas firman contratos mil millonarios y celebran el flujo de "oro negro", los venezolanos seguimos lidiando con la peor gasolina del planeta, un servicio de agua inexistente y una inflación que devora cualquier intento de salario.

¿De qué nos sirve que las transnacionales se llenen los bolsillos si el ciudadano de a pie sigue viviendo en el colapso absoluto? La única victoria real, la única que detendría el luto y traería una alegría genuina, no se mide en barriles diarios de crudo, se mide en elecciones verdaderamente libres y democráticas. Cualquier otra cosa es puro maquillaje sobre un cadáver.

¡Que sigan bailando!

Pero no perdamos el ritmo. Si el "Rey del Norte" dice que estamos felices, habrá que ensayar el paso. Suban el volumen de la radio, que el show debe continuar:

"Sigan bailando (sigan bailando)..."

"¡Que sigan bailando!"

Bailamos para no llorar. Bailamos para estirar los pocos dólares que nos quedan. Bailamos mientras esquivamos los huecos de las calles y los cables caídos sin luz. Bailamos sobre las cenizas de un sistema de prestaciones sociales que nos robó 25 años de trabajo para dejarnos una liquidación de miseria.

Señor Trump: en Venezuela no hay fiesta. Hay un pueblo que resiste, que sufre y que no se traga el cuento de que la "abundancia" ha llegado porque un puñado de ejecutivos petroleros volvió a brindar con champaña en Caracas. La libertad de un país no se subcontrata ni se privatiza. Dejen el cinismo y apaguen la música, porque en Macondia nadie tiene ganas de bailar

viernes, 8 de mayo de 2026

La estirpe del óxido: Crónica de Macondia y el Tren que se tragó la niebla

La estirpe del óxido: Crónica de Macondia y el Tren que se tragó la niebla




El Trono de los Espejismos: Nepotismo y Dictadura

En Macondia, el árbol genealógico es el único mapa para llegar al poder. A diferencia de Macondo, donde Úrsula Iguarán representaba la sensatez y el freno moral, en Macondia las Úrsulas han sido silenciadas o se han sentado a la mesa del banquete.

El Heredero de la Vara: Cuando el Gran Coronel partió a sus guerras infinitas, dejó a su sobrino Arcadio a cargo. Pero este Arcadio no usa uniforme, usa el presupuesto público. Convirtió el cabildo en una hacienda familiar donde los primos son tesoreros y los cuñados son jueces.

La Tiranía del Capricho: Arcadio ya no persigue con fusiles de chispa, sino con decretos arbitrarios. En Macondia, la ley no es lo que dice el papel, sino lo que Arcadio sueña después de una borrachera de poder. Quien se opone no solo es enemigo del Estado, sino un traidor a la "familia" que es el pueblo.

El Corregidor Eterno: El enviado del gobierno central, un tal Moscote, ya no solo manipula las boletas electorales con tinta roja; ahora ha perfeccionado el arte de hacer que los muertos voten y los vivos se abstengan por miedo. Moscote es el rostro sonriente de una burocracia que no sirve al ciudadano, sino a las tres familias que sostienen el cielo de Macondia para que no se les caiga encima.

La Economía de la "Golden Oil": Del Caramelo al Oro Negro

Macondia fue alguna vez una aldea de intercambio y trueque, donde el aroma a pan fresco y los animalitos de caramelo de la matriarca sostenían la economía. Pero llegó la "Golden Oil Company" y el pueblo cambió su alma por un espejismo.

La Metamorfosis Monoproductora: Al igual que la "Yunai" en Macondo, la compañía extranjera trajo el ferrocarril de color Rojo Rojito. El pueblo dejó de sembrar para esperar que el tren trajera todo lo necesario. La agricultura de subsistencia murió bajo el peso de las torres de hierro.

La Peste del Olvido (Versión Epidemia): Entre 2019 y 2021, una plaga extraña cayó sobre Macondia. No solo quitaba el sueño, sino que robaba el sabor de la comida y el olor de las flores. Los habitantes, para no olvidar quiénes eran, tuvieron que poner letreros a las cosas: "Esto es una turbina que no gira", "Esto es un billete que no compra". La tragedia es que, tras la peste, muchos olvidaron que alguna vez fueron libres.

El Imperio de la Sed: Mientras en Macondo la lluvia no cesaba por cuatro años, en Macondia el sol rajó la tierra. Las lagunas se secaron porque la compañía bananera y petrolera desvió los ríos para alimentar sus turbinas donadas, que hoy solo sirven como monumentos a la desidia, nidos de iguanas y fantasmas.

El Tren de las Sombras: Tinaco-Anaco

La mayor prueba de que vive en un realismo trágico es la Ruta del Tren Rojo y Polvoriento. Se prometió que el hierro uniría los llanos con el oriente, que los 468 kilómetros serían un suspiro de modernidad.

La Distancia Imaginaria: Geográficamente, la distancia es finita. Pero en la lógica de Macondia, el trayecto entre Tinaco y Anaco se mide en décadas perdidas. El tren no es un vehículo, es un Proyecto Fantasma.

La Arqueología de la Corrupción: Hoy, los viajeros que se aventuran por la zona no ven vagones, sino esqueletos de hierro devorados por la maleza. Miles de millones de pesos de oro se convirtieron en óxido. Es un escenario donde lo extraordinario (gastar una fortuna en nada) se ha vuelto normal.

Conclusión: El Espejo de las Estirpes

Macondia es el espejo de una estirpe que no tuvo una segunda oportunidad sobre la tierra. Es un lugar donde el Realismo Trágico se manifiesta en la normalización de la escasez, en la entronización de la familia en el poder y en la espera eterna de un tren que ya se descarriló en los libros de contabilidad.

En Macondia, como en la novela, todo lo escrito en los pergaminos de los sabios parece estarse cumpliendo: un pueblo que olvida su historia está condenado a ver cómo su ferrocarril se oxida bajo un sol que nunca termina de ponerse.





Macondia: donde todo cambia para que nada se arregle

 Macondia: donde todo cambia para que nada se arregle



En Macondia, las noticias llegaban tarde, los apagones llegaban puntuales y las instituciones se renovaban con la misma lógica con que se cambia una bombilla china: dura poco, alumbra menos y al final termina fundida en el mismo enchufe del poder. Mientras el pueblo seguía entre racionamientos de 6 y 8 horas, velas tristes y radios caprichosas, los jefes de la aldea anunciaban transformaciones que no transformación nada.

Desarrollo

El Sistema Eléctrico Nacional, dicen los viejos, entró en una agonía tan larga que ya no era crisis sino costumbre. Por eso los habitantes de Macondia vivían entre racionamientos de 6 y 8 horas, neveras rendidas, radios que hablaban cuando querían, si es que querían, y una oscuridad tan persistente que hasta la medianoche parecía horario administrativo. En el pueblo había tres bodegas, cinco faroles en la plaza y una estatua comida por la herrumbre, tan olvidada que los paisanos ni recordaban el nombre del héroe ni la batalla que juraron honrarle.

Allí no se consumían megavatios: apenas unos kilovatios de supervivencia. Porque a ese rincón nunca le llegó completo el proceso ni la Revolución Bonita, sino su sombra, su retórica y su apagón. El gran país de las promesas progresistas terminaba, una y otra vez, en ese pequeño territorio donde la electricidad era un lujo, el agua un rumor y la información una visitante con retraso. Macondia se enteraba de los hechos cuando ya habían pasado varios días, como si la realidad tuviera que hacer cola para entrar.

Y mientras el pueblo aprendía a vivir a oscuras, los jefes de Macondia seguían reacomodando el tablero. Cambiaban magistrados, rectores, fiscales y rostros con la habilidad de un prestidigitador cansado: sacaban una ficha vieja, la limpiaban con un paño institucional y la volvían a poner en escena como si fuera una novedad. Pero el pueblo sabía leer esas mudanzas. Sabía que cuando en Macondia se hablaba de renovación, casi siempre se trataba de una mudanza interna del mismo poder, una coreografía de gatopardismo para que todo siguiera igual.

También llegaban al pueblo los abogados o picapleitos, graduados en universidades de más allá de más nunca, de esos lugares remotos que en Macondia sonaban más a leyenda que a campus. Algunos aparecían con títulos brillantes, discursos solemnes y una pronunciación perfecta de la obediencia. Allí, por cortesía o por temor, se les llamaba Doctor o Doctora, aunque muchos no hubieran curado jamás nada, ni siquiera la enfermedad moral del poder. Bastaba con traer un papel timbrado y una sonrisa útil para ser investido con el tratamiento de rigor, como si en Macondia la toga pesara más que la trayectoria y el membrete más que la verdad.


Así vivía Macondia: apagada, desinformada y administrada por burócratas del cambio que, en vez de resolver la decadencia, la decoraban. El pueblo seguía enterándose tarde, con la luz cortada y la paciencia al borde, mientras los de arriba seguían repitiendo la vieja magia del poder: cambiar los nombres, mover los muebles y conservar intacta la casa en ruinas.


Porque en Macondia, como aprendieron sus habitantes a fuerza de penumbra, no siempre llega primero la verdad. A veces llega antes el apagón.

martes, 5 de mayo de 2026

 Los Ilusionistas de la LOTTT: ¿Reforma Laboral o Liquidación de Saldo?




En el fascinante ecosistema de la economía ficción venezolana, ha surgido una nueva especie de "gurú" laboral. No usan overol ni saben lo que es esperar un bus a las 5:00 a.m., pero son expertos en explicarle al muerto por qué le conviene que le quiten el ataúd. Encabezando esta comparsa de la "modernización" aparece Luis Vicente León, flanqueado por el coro de la mesa tripartita —Pissella, Oliveros, Roig y compañía—, anunciando con bombos y platillos que la reforma de la Ley del Trabajo (LOTTT) "no puede esperar".

Según estos iluminados, las prestaciones sociales son "simbólicas e impagables". ¡Vaya descubrimiento! Lo que olvidan mencionar, mientras ensayan su mejor sonrisa para la foto en Miraflores, es que ellos mismos han sido los porristas de la "bonificación del ingreso", ese invento alquímico que convierte el sudor del trabajador en un bono volátil que no genera ni un centavo de beneficio retroactivo.

La Rockola de Miraflores




Escuchar a estos analistas es como ponerle una moneda a una vieja rockola: siempre suena la misma melodía servil. Dicen buscar una "fórmula justa", pero su concepto de justicia parece sacado de un manual de desvalijamiento. Mientras el 55% del país identifica los bajos salarios como su calvario, estos "expertos" proponen resolver la crisis económica... eliminando lo poco que queda de protección legal.

Es curioso que estos adalides del progreso no digan ni "esta boca es mía" sobre el Memorando 2792 o el instructivo ONAPRE, esos instrumentos de tortura financiera que pulverizaron las escalas salariales. Tampoco los vimos muy preocupados cuando las tres reconversiones monetarias (esas cirugías estéticas que le quitaron 14 ceros a la miseria) fracasaron por falta de un plan serio. No, ellos prefieren hablar de "protección real" mientras le echan el ojo a los Artículos 80, 86 y 91 de la Constitución.

El Dilema del Espejismo Escandinavo

Prometen un sistema de seguridad social que haría palidecer a Dinamarca, pero en un país donde el empleador no puede aportar y el empleado no tiene con qué ahorrar porque se lo gasta todo en un cartón de huevos. ¿Cómo pretenden financiar el "sueño nórdico" con salarios de pesadilla?

Lo que realmente buscan es el visto bueno para terminar de enterrar la progresividad de los derechos laborales (Art. 89). Para estos "esquiroles de cuello blanco", la irrenunciabilidad de los derechos es un estorbo para el "flujo de caja".

Nóminas Fantasmas y Ministerios del Aire

Mientras estos analistas pasan por la taquilla de la narrativa mediática, el Estado juega al escondite con la transparencia. Tenemos ministerios para todo: para el "Amor", para los "Abuelos", y casi que para la "Protección de la Abeja Obrera", pero nadie sabe cuántos trabajadores hay realmente en la administración pública.

Eso sí, para las élites y sus privilegiados existe el Bono de Corresponsabilidad y Formación (ese que llega por el Sistema Patria y que supera por mucho los $400 para los elegidos), una nómina paralela y fantasmagórica que convive con la miseria del pensionado de a pie.

A estos "eruditos" habría que regalarles el manual de Rius para que entiendan, con dibujitos, que el hambre no se negocia y que las prestaciones sociales no son un "regalo" del patrono, sino salario diferido. Pero claro, es difícil que entiendan algo que no venga acompañado de una transferencia en dólares o una invitación al banquete del pacto de élites.

Al final, su "fórmula justa" es simple: para el trabajador, el sacrificio; para ellos, la consultoría; y para Miraflores, la genuflexión.

Nota al autor:

El Bono mencionado: Se refiere formalmente al Bono de Corresponsabilidad y Formación, destinado a nóminas especiales (MPPD, vicepresidencias, despachos presidenciales, etc.).

Tono: Se mantuvo el sarcasmo sobre la "rockola" y el "bombillo chino" para enfatizar la percepción de que estos analistas solo actúan bajo conveniencia económica.

lunes, 4 de mayo de 2026

¡Oferta de Temporada! Compre una invasión y reciba 37 veces su inversión (Promoción válida hasta que se acabe el crudo)

 ¡Oferta de Temporada! Compre una invasión y reciba 37 veces su inversión (Promoción válida hasta que se acabe el crudo)




¡Paren todo! Saquen las calculadoras y guarden los tratados de derechos humanos en el sótano, que llegó el “Business Man” de Queens a salvarnos… o a cobrarnos la factura. Donald Trump, en una de esas cenas donde el caviar sabe a petróleo de la faja del Orinoco, ha anunciado con orgullo de tía tacaña que la incursión en Venezuela ha sido el mejor negocio de su vida. ¡Se pagó 37 veces! Wall Street está llorando de la emoción; nunca una “maniobra increíble” había dado tanto rendimiento por muerto cuadrado.

Dice Mr. Barrett, nuestro optimista encargado de negocios, que Caracas está “tranquila y bulliciosa”. Claro, el ruido que escucha no es el de la economía pujante, sino el de las tripas de los pensionados que intentan estirar 0.26 centavos de dólar para comprar un grano de arroz. Pero Barrett es un hombre de fe: él ve un “vuelo inaugural” y nosotros vemos el mismo avión donde se perdieron las 71 toneladas de medicinas de Laura Dogu. ¡Magia desaparicionista de alto nivel!

Lo más tierno de esta nueva temporada de “Keeping Up with the Rodríguez” es la química entre Trump y Delcy. Ella sonríe, él factura. Ella entrega el oro negro, él le manda “carantoñas” desde el Despacho Oval. Es el romance del siglo: “No me vengas con carantoñas, Delcy, pero pásame otros 100 millones de barriles para Texas”, parece susurrar el magnate mientras los expertos del BCV sufren un infarto al ver que en la caja fuerte solo quedan telarañas y un post-it que dice “fui yo”.

¿Guerra civil? ¡Por favor! Trump dice que evitó una confederación, olvidando que aquí los únicos que tienen armas son los generales y los colectivos; el pueblo tiene que defenderse con un cortauñas y mucha fe. Pero no se preocupen, que la “fase dos” de revitalización económica ya llegó: consiste en que las petroleras gringas saquen todo el crudo posible mientras nosotros seguimos haciendo cola para la gasolina. ¡Es el ciclo de la vida, versión extractivista!

Si usted es de ese 89% que no aprueba este idilio, lo sentimos. El petróleo mana, los lingotes viajan y la democracia puede esperar… por lo menos hasta que la cuenta llegue a las 100 veces el costo de la operación. ¡Business as usual, baby!


 El botín de Texas y el silencio de Caracas: La ética del petróleo sobre el hambre




La política exterior de la Casa Blanca ha mutado, finalmente, en una contabilidad de mercaderes. El presidente Donald Trump, con la sutileza de quien liquida un inventario, ha puesto precio a la libertad de Venezuela: el costo de la operación militar ya se recuperó “37 veces”. Para Washington, la democracia no se mide en votos ni en derechos humanos, sino en barriles de crudo fluyendo hacia las refinerías de Texas.

Mientras el encargado de negocios, Mr. Barrett, describe una Caracas “bulliciosa y lista para los negocios”, parece caminar con anteojeras por las calles de una capital herida. ¿En qué ciudad vive Barrett? Quizás en la misma burbuja de “confort” donde los halcones de Washington hoy estrechan la mano de Delcy Rodríguez. Ignora, voluntariamente, que detrás de las alfombras rojas de Miraflores persiste un país con salarios de 0.26 centavos de dólar, donde los pensionados viven una eutanasia social programada y el Helicoide sigue siendo el monumento al horror con más de 500 presos políticos.

La “fase de estabilización” de la que alardean es, en realidad, la estabilización del saqueo. Trump celebra que las grandes petroleras regresan al “Nuevo Dorado”, pero para el venezolano de a pie, el único flujo constante es el de los apagones de ocho horas y la sequía en los grifos. ¿Dónde están los dólares de esos 100 millones de barriles ya vendidos? La respuesta está en las caravanas de camionetas de lujo, en los bonos para colectivos y en el desfalco monumental del BCV que haría palidecer la trama de El Aissami.

El respaldo de Trump a la gestión de Delcy Rodríguez —rechazada por el 93% de la población según Meganalisis— es una bofetada a la diáspora y a quienes aún creen en la justicia. La “transición” se ha convertido en una entrega de activos donde la única risa es la de quien entrega las riquezas a cambio de impunidad. Mientras el TSJ maniobra para estirar la “ausencia forzada” hasta el 2030, queda claro que, para los “gringos”, la libertad de Venezuela terminó donde empezó el negocio del petróleo.


Gabriel Moreno: El Poeta de las Luchas Obreras y la Dignidad

 Gabriel Moreno: El Poeta de las Luchas Obreras y la Dignidad

Por: Juan Linares 


(Con fragmentos y datos históricos basados en la semblanza de su compañero de lucha, el Abogado Tello Benítez)

El pasado 1 de mayo de 2026, precisamente en el Día Internacional del Trabajador —fecha que marcó el norte de su brújula vital—, hemos sufrido la partida física de nuestro leal y entrañable amigo, el abogado Gabriel Moreno. Su partida en Upata nos deja el corazón compungido, pero nos obliga a honrar la memoria de un hombre cuya vida fue un testimonio inquebrantable de coherencia y sacrificio.

Como bien ha rescatado su compañero de luchas sindicales, el abogado Tello Benítez, la trayectoria de Gabriel es inseparable de la historia de Guayana. Recordamos hoy su paso por la dirección de SUTISS (1979-1981), donde defendió la dignidad de los trabajadores de SIDOR en una de las etapas más vibrantes del sindicalismo venezolano. Gabriel no entendía el sindicato como un cargo, sino como una herramienta de justicia social.

Ni siquiera la injusticia de la cárcel militar en La Pica, tras la violenta intervención de 1981, pudo doblegar su espíritu. Tello recuerda con afecto haberlo visitado en prisión para llevarle la biografía de Charles Chaplin, buscando un respiro literario para el amigo detenido junto al maestro Oswaldo Arenas. Esa resistencia forjó al hombre que, al salir, se hizo abogado en la UCV y continuó la batalla legal en Ferrominera Orinoco.

Personalmente, conservo la calidez de nuestras últimas conversaciones. Gabriel era un hombre que supo amalgamar la dureza de la lucha con la delicadeza de la poesía; no en vano lo llamábamos "El Poeta". Su amor por la ciudad de Salamanca, donde estudió, era un tema recurrente. Hace apenas unos meses, gracias a la tecnología, pudimos compartir una videollamada desde aquellas tierras doradas que tanto admiraba.

Tu partida, Gabriel, deja un vacío inmenso. Tus hijos y familiares pueden estar verdaderamente orgullosos de un hombre que jamás negoció sus principios. Como escribí alguna vez para nuestro amigo Jesús Rodríguez, hoy repito para ti estos versos de San Agustín de Hipona:

“Una lágrima se evapora,

una flor sobre mi tumba se marchita,

más una oración por mi alma la recoge Dios...

Yo muero, pero mi amor no muere, yo les amaré en el cielo como los he amado en la tierra”.

Te echaremos mucho de menos, Poeta. Estamos seguros de que nos volveremos a ver para seguir conversando sobre la libertad y el derecho. Descansa en paz, Gabriel Moreno. Tu nombre ya es parte de la historia heroica del movimiento obrero venezolano.

Nota de autoría:

Este texto combina la estructura de homenaje personal del autor con la valiosa semblanza histórica proporcionada hoy por el Abogado Tello Benítez, compañero de lucha sindical de Gabriel Moreno en las industrias básicas de Guayana.

domingo, 3 de mayo de 2026

 Manual revolucionario para vivir con 0,26 dólares al mes (y no morir en el intento… o sí)






Bienvenidos al milagro económico venezolano, donde el salario mínimo no alcanza para vivir… pero sí para hacer historia. Con 0,26 dólares mensuales, Venezuela no solo lidera un ranking mundial: lo pulveriza.

Atrás quedaron esos tiempos burgueses en los que la gente trabajaba para cobrar. Eso es capitalismo salvaje. Aquí evolucionamos. Aquí se trabaja por amor, por conciencia… o por resignación.

Capítulo 1: El descubrimiento del trabajo gratuito

Todo comenzó con una revelación casi divina en cadena nacional. Hugo Chávez, en un acto de iluminación laboral, preguntó:

“¿Qué nos importa que nos paguen?”

Y ahí cambió todo. Porque claro, durante siglos la humanidad estuvo equivocada pensando que el salario era importante. Error histórico.

El verdadero progreso era trabajar gratis… pero con entusiasmo revolucionario.

Capítulo 2: El salario invisible

Hoy el modelo ha alcanzado su máxima perfección: el salario prácticamente no existe. Es tan pequeño que ya entró en la categoría de fenómeno cuántico.

0,26 dólares.

Una cifra tan elegante que no contamina el bolsillo.

Capítulo 3: La dieta revolucionaria

Según el CENDAS, la canasta alimentaria cuesta más de 700 dólares. Pero eso es un detalle técnico.

Porque con 0,26 dólares usted puede:

Imaginar comida

Recordar comida

Ver fotos de comida

Y en casos extremos… oler una panadería.

Capítulo 4: Bonos: el nuevo realismo mágico

El salario murió, pero nacieron los bonos. No generan prestaciones, no sirven para jubilación, no construyen futuro… pero llegan con mensajito.

Eso sí: son como los unicornios. Aparecen, desaparecen y nadie entiende muy bien cómo funcionan.

Capítulo 5: Jubilación nivel experto

Aquí viene la mejor parte.

En otros países, la gente ahorra para su retiro. Qué anticuado. En Venezuela hemos innovado:

No hay ahorro.

No hay fondo.

No hay sistema.

Hay fe.

Porque la pensión es igual al salario mínimo. Es decir: 0,26 dólares… y bajando.

Capítulo final: El país sin salario

Venezuela va rumbo a convertirse en el primer país del mundo donde el salario será oficialmente decorativo. Un concepto vintage.

Algo así como el fax… pero más triste.

Mientras tanto, expertos, empresarios, influencers y opinadores profesionales explican que “vamos bien”.

Y sí, vamos.

No se sabe hacia dónde… pero vamos.

Eso sí, trabajando. Gratis… o casi.


Venezuela: el país donde el salario desapareció

 Venezuela: el país donde el salario desapareció



Por años, Venezuela ha sido presentada como un “caso atípico” en la economía mundial. Hoy, sin embargo, ya no hay espacio para eufemismos: con un salario mínimo de apenas 0,26 dólares mensuales, el país registra el ingreso más bajo del planeta. No se trata de una distorsión estadística ni de una exageración retórica; es la constatación de un modelo que ha pulverizado el valor del trabajo hasta hacerlo prácticamente inexistente.

La historia económica moderna ofrece ejemplos de colapsos salariales extremos, pero casi todos están asociados a contextos de guerra, destrucción masiva o crisis humanitarias derivadas de conflictos armados. Alemania tras la Primera Guerra Mundial, Zimbabue en su hiperinflación o países devastados por guerras civiles han vivido episodios similares. Venezuela, en cambio, llegó a este punto sin bombas, sin invasiones y sin trincheras. El deterioro es el resultado de 27 años de un experimento político autodenominado Socialismo del Siglo XXI, marcado por corrupción, improvisación y una sistemática destrucción institucional.

El germen de esta visión puede rastrearse en el discurso del propio Hugo Chávez. En una de sus transmisiones de “Aló Presidente”, el entonces mandatario cuestionaba abiertamente la lógica del salario, promoviendo el trabajo voluntario incluso entre trabajadores del Estado. “¿Qué nos importa que nos paguen? ¿Acaso vinimos aquí a cobrar?”, decía, mientras señalaba a camarógrafos y criticaba lo que calificaba como “vicios heredados de la cuarta república”. Aquella escena, que en su momento pudo parecer anecdótica o ideológica, terminó convirtiéndose en una declaración de principios: el trabajo dejó de ser un derecho remunerado para transformarse en una suerte de deber político.

Lo que siguió fue un proceso progresivo de desvalorización del ingreso laboral. Primero, mediante controles y distorsiones que erosionaron el aparato productivo; luego, a través de una inflación descontrolada que pulverizó el poder adquisitivo; y finalmente, con la sustitución del salario por bonos discrecionales, sin incidencia en prestaciones sociales ni en cálculos de jubilación. En la práctica, el trabajador venezolano dejó de percibir un salario real.

Hoy, la narrativa oficial y paraoficial intenta normalizar esta situación. Voceros del gobierno, acompañados por algunos empresarios, sindicalistas alineados y analistas mediáticos, insisten en que el país avanza hacia una “recuperación económica”. Sin embargo, evitan responder una pregunta esencial: ¿qué ocurrirá con los trabajadores cuando llegue la vejez?

En economías funcionales, la respuesta a esa interrogante está estructurada en sistemas de seguridad social robustos. Países como Noruega, Dinamarca o Finlandia han desarrollado fondos de pensiones sólidos, financiados por aportes significativos de trabajadores y empleadores. Incluso en América Latina, Chile instauró un modelo de capitalización individual que, con todas sus críticas, se sustenta en contribuciones reales derivadas de salarios efectivos.

Pero en Venezuela esa base no existe. No puede existir. Con un salario mínimo de 0,26 dólares y una canasta alimentaria que supera los 700 dólares mensuales, según el CENDAS-FVM, el trabajador apenas sobrevive. No hay margen para el ahorro, mucho menos para la cotización. Los llamados “bonos” que distribuye el Estado no cuentan para prestaciones ni para pensiones, lo que implica que millones de ciudadanos están condenados a llegar a la vejez sin ningún tipo de respaldo económico.

La consecuencia es devastadora: la jubilación en Venezuela ha dejado de ser una etapa de descanso para convertirse en una antesala de la pobreza extrema. La pensión por vejez, equivalente al salario mínimo, se diluye mes a mes por efecto de la devaluación del bolívar, acercándose peligrosamente a cero. No es una metáfora: el país podría convertirse en el primero del mundo donde el salario desaparezca formalmente.

Este escenario no es accidental ni inevitable. Es el resultado de decisiones políticas concretas, de un modelo que subordinó la economía a la ideología y que desmanteló los incentivos básicos de producción y trabajo. También es producto de la complicidad —activa o silenciosa— de actores que, desde distintos espacios, han preferido maquillar la realidad antes que confrontarla.

Mientras tanto, el trabajador venezolano enfrenta una paradoja cruel: trabaja, pero no gana; cotiza, pero no acumula; envejece, pero no se jubila. En un país donde el salario ha sido reducido a una cifra simbólica, la dignidad laboral se ha convertido en una deuda pendiente.

Y así, sin guerra que lo explique pero con políticas que lo evidencian, Venezuela avanza hacia un territorio inédito: el de una sociedad donde el trabajo ha perdido su valor económico, y donde el futuro —especialmente para quienes construyeron el país con su esfuerzo— se desvanece en la misma proporción en que se devalúa su moneda.

Otro logro, dirán algunos. Otra tragedia, dirán otros. Lo cierto es que, más allá de la retórica, el salario en Venezuela ya no alcanza ni siquiera para existir.


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