lunes, 13 de julio de 2026

¡Abran paso a las "Fuerzas Vivas"! Chupi-Chupis de Estado y Viviendas en el Aire

 ¡Abran paso a las "Fuerzas Vivas"! Chupi-Chupis de Estado y Viviendas en el Aire



¡Alégrense, compatriotas! Que la desgracia de los sismos de 2026 no nos quite el entusiasmo caribeño, porque el ingenio gubernamental ha vuelto a encender sus motores. Bueno, es un decir, porque los famosos "18 motores" de la economía nacional siguen igualitos a los vehículos oficiales: trancados por falta de gasolina, sin batería y con el relé de arranque robado por el sargento de guardia para resolver el almuerzo.

Pero como soñar es gratis—un proverbio chino que nuestra geopolítica aplica a la perfección—se ha anunciado con bombos, platillos y cadenas obligatorias el nacimiento de la Gran Misión Venezuela Renace. ¿Y quién creen que es la elegida para liderar esta magna obra de reconstrucción en La Guaira? Nada más y nada menos que Jacqueline Faría, la legendaria "Reina del Guaire". Aquella visionaria que en 2005 nos prometió que para estas fechas estaríamos haciendo kayak y pesca deportiva de truchas socialistas en medio de las aguas cristalinas de la autopista Francisco Fajardo. Poner a la experta del Guaire a reconstruir zonas de desastre es el equivalente exacto a nombrar a un cardumen de zamuros para que custodien la carnicería municipal, o contratar a un zorro hiperactivo para que haga el inventario del gallinero.



Mención aparte merece la vanguardia tecnológica desplegada en la zona de la tragedia. Mientras los rescatistas internacionales eran rechazados en la frontera porque el orgullo ideológico no permite ayuda de afuera, los habitantes de La Guaira contemplan con asombro la ingeniería militar argentina.  Inspirados en los contingentes aliados, han descubierto el agua tibia: embolsar agua potable en bolsitas plásticas. La comunidad ya tiembla de la emoción; los vecinos comentan que si el alto mando llega a comprar esas máquinas embolsadoras, en menos de una semana los generales las habrán expropiado para montar una fábrica clandestina de helados Chupi Chupi y sabor a desastre, vendidos a un dólar la pieza en el mercado negro. Al fin y al cabo, es la evolución natural de Mercal y PDVAL, aquellas corporaciones benéficas donde los pollos y los huevos tenían la extraña propiedad física de desaparecer de los anaqueles populares y materializarse mágicamente en los bodegones del este de Caracas.

Y para coronar este sancocho de generosidad, aparece la plana mayor de los economistas de Wall Street firmando cartas con ojos llorosos. Lloran por el pueblo, por supuesto... y por los cupones vencidos de los bonos PDVSA 2020. Exigen que les devuelvan el oro de Londres a los mismos muchachos que evaporaron 600 toneladas del BCV y las mandaron a Estambul y La Habana convertidas en finas joyas de exportación. Es la magia de la piñata socialista: se caen las casas, tiembla la tierra, pero las cuentas en los paraísos fiscales de Andorra y las mansiones compradas con los dólares de Odebrecht y Tareck El Aissami se mantienen firmes, antisísmicas y bendecidas por la fortuna del prójimo... de su propio bolsillo.ee




La "Piñata" Financiera: El Lobby de los Bonistas tras la Tragedia de La Guaira


La "Piñata" Financiera: El Lobby de los Bonistas tras la Tragedia de La Guaira (I)


El sismo como oportunidad de mercado

El pasado mes de junio de 2026, una serie de fuertes sismos sacudió el estado Vargas (La Guaira), dejando una estela de destrucción y una crisis humanitaria que conmovió al mundo. Sin embargo, en los centros financieros internacionales, la tragedia parece haber reactivado otros intereses. El 7 de julio de 2026, una carta abierta firmada por más de 113 economistas y académicos internacionales—encabezados por Francisco Rodríguez junto a figuras como Jeffrey Sachs, Mark Weisbrot y Luis Vicente León—exigió al gobierno de Estados Unidos y al Fondo Monetario Internacional (FMI) el levantamiento de sanciones, el acceso a Derechos Especiales de Giro por 5.000 millones de dólares y una reestructuración de la deuda externa venezolana.

Para los analistas críticos, este movimiento no responde al altruismo ni a una súbita conmoción por las víctimas de La Guaira. Debajo de la narrativa humanitaria se esconde un viejo "sancocho" de intereses económicos donde banqueros, fondos de inversión y tenedores de bonos ven la oportunidad perfecta para reestructurar la multimillonaria deuda externa venezolana. El objetivo real: que haya reparto para todos, convirtiendo la crisis en una piñata de cumpleaños donde los operadores financieros buscan llenar sus chequeras.

El hilo conductor: De Torino Capital al activismo político

Este fenómeno no es nuevo; responde a un patrón de cabildeo financiero que tiene antecedentes claros:

El antecedente de 2016: En junio de ese año, Torino Capital—banco de inversión con sede en Nueva York fuertemente expuesto en el mercado de bonos de PDVSA—patrocinó una "presentación en sociedad" en el Consejo de las Américas para el entonces gobernador de Lara, Henri Falcón, posicionándolo como una tercera vía política.

La doble función de los asesores: Francisco Rodríguez, quien pasó de ser economista jefe del Bank of America a jefe de investigaciones de Torino Capital, se convirtió posteriormente en el principal asesor económico de la campaña presidencial de Falcón en 2018.

El negocio de la deuda: Mientras calificadoras internacionales advertían sobre el alto riesgo del canje de bonos PDVSA con vencimiento a 2020, firmas como Torino presionaban por la reestructuración. El negocio siempre ha sido medrar de los papeles financieros venezolanos, utilizando los fondos de pensiones de las Fuerzas Armadas o estructurando salvavidas financieros para el régimen a cambio de jugosas comisiones.

Hoy, bajo la excusa de los sismos de 2026, el lobby financiero internacional vuelve a la carga, intentando capitalizar la flexibilización de sanciones para reanimar unos bonos que consideraban perdidos.


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Jacqueline Faría y el eterno retorno del fracaso estructural

Mientras los economistas presionan en Washington y Nueva York, en Caracas el poder político recicla los nombres que simbolizan el colapso de los servicios públicos. El anuncio del nombramiento de Jacqueline Faría como presidenta de la recién creada Gran Misión Venezuela Renace (adscrita a la Presidencia de la República para la reconstrucción de La Guaira) ha despertado profunda indignación.

La historia se repite como un bucle de ignorancia y cinismo:

La promesa del Guaire (2005): En marzo de 2005, Hugo Chávez aseguró en cadena nacional que el río Guaire se convertiría en un balneario tropical con peces de colores, invitando incluso a Daniel Ortega a bañarse en él. Se aprobaron más de 103 millones de dólares bajo la gestión ambiental de Faría. El resultado hoy sigue siendo un cauce pestilente y contaminado.

El informe de Japón (JICA) engavetado: En el mismo año 2005, la Agencia de Cooperación Internacional de Japón entregó el "Estudio sobre el Plan Básico de Prevención de Desastres en el Distrito Metropolitano de Caracas". Este documento clave recomendaba el reforzamiento estructural, la actualización normativa y, críticamente, la construcción de presas Sabo (estructuras de retención de lodo y escombros) en las cuencas montañosas del Ávila que bajan hacia Vargas.

Prioridades ideológicas sobre la vida: El plan japonés fue engavetado. El dinero público se desvió hacia la exportación del Socialismo del Siglo XXI: financiamiento al ALBA, petróleo gratis para Cuba y el CARICOM, expropiaciones, compras masivas de armamento a Rusia, China e Irán, y el sostenimiento de una hegemonía comunicacional.

El dato: Informes judiciales internacionales de la Corte Federal de EE. UU. estiman que el desfalco al erario venezolano supera los $70.000 millones de dólares, distribuidos en tramas como PDVSA-Andorra (Rafael Ramírez y Diego Salazar), el caso Odebrecht (Novonor) con más de 300 obras inconclusas, y el monumental fraude del tren Tinaco-Anaco ($7.500 millones de dólares).

El saqueo del oro y la falsa moral humanitaria

Recientemente, la vicepresidenta del régimen, Delcy Rodríguez, envió una misiva al Rey Carlos III del Reino Unido exigiendo la devolución de las 31 toneladas de oro retenidas en el Banco de Inglaterra, argumentando fines humanitarios para atender la emergencia del terremoto.

La exigencia carece de toda credibilidad cuando los hechos demuestran que el aparato estatal desvaneció más de 600 toneladas de oro de las reservas del Banco Central de Venezuela (BCV), dejando las arcas con escasas 30 a 60 toneladas. El grueso del oro venezolano fue enviado a Turquía, Rusia, Cuba, Qatar e Irán—con la supuesta intermediación política de figuras como Rodríguez Zapatero—.

La sociedad civil y los organismos anticorrupción sostienen que dichos activos deben permanecer protegidos bajo jurisdicción internacionales hasta que exista un gobierno legítimo y democrático, impidiendo que caigan en manos de los sancionados por la lista SDN de la OFAC.


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