¡Abran paso a las "Fuerzas Vivas"! Chupi-Chupis de Estado y Viviendas en el Aire
¡Alégrense, compatriotas! Que la desgracia de los sismos de 2026 no nos quite el entusiasmo caribeño, porque el ingenio gubernamental ha vuelto a encender sus motores. Bueno, es un decir, porque los famosos "18 motores" de la economía nacional siguen igualitos a los vehículos oficiales: trancados por falta de gasolina, sin batería y con el relé de arranque robado por el sargento de guardia para resolver el almuerzo.
Pero como soñar es gratis—un proverbio chino que nuestra geopolítica aplica a la perfección—se ha anunciado con bombos, platillos y cadenas obligatorias el nacimiento de la Gran Misión Venezuela Renace. ¿Y quién creen que es la elegida para liderar esta magna obra de reconstrucción en La Guaira? Nada más y nada menos que Jacqueline Faría, la legendaria "Reina del Guaire". Aquella visionaria que en 2005 nos prometió que para estas fechas estaríamos haciendo kayak y pesca deportiva de truchas socialistas en medio de las aguas cristalinas de la autopista Francisco Fajardo. Poner a la experta del Guaire a reconstruir zonas de desastre es el equivalente exacto a nombrar a un cardumen de zamuros para que custodien la carnicería municipal, o contratar a un zorro hiperactivo para que haga el inventario del gallinero.
Mención aparte merece la vanguardia tecnológica desplegada en la zona de la tragedia. Mientras los rescatistas internacionales eran rechazados en la frontera porque el orgullo ideológico no permite ayuda de afuera, los habitantes de La Guaira contemplan con asombro la ingeniería militar argentina. Inspirados en los contingentes aliados, han descubierto el agua tibia: embolsar agua potable en bolsitas plásticas. La comunidad ya tiembla de la emoción; los vecinos comentan que si el alto mando llega a comprar esas máquinas embolsadoras, en menos de una semana los generales las habrán expropiado para montar una fábrica clandestina de helados Chupi Chupi y sabor a desastre, vendidos a un dólar la pieza en el mercado negro. Al fin y al cabo, es la evolución natural de Mercal y PDVAL, aquellas corporaciones benéficas donde los pollos y los huevos tenían la extraña propiedad física de desaparecer de los anaqueles populares y materializarse mágicamente en los bodegones del este de Caracas.
Y para coronar este sancocho de generosidad, aparece la plana mayor de los economistas de Wall Street firmando cartas con ojos llorosos. Lloran por el pueblo, por supuesto... y por los cupones vencidos de los bonos PDVSA 2020. Exigen que les devuelvan el oro de Londres a los mismos muchachos que evaporaron 600 toneladas del BCV y las mandaron a Estambul y La Habana convertidas en finas joyas de exportación. Es la magia de la piñata socialista: se caen las casas, tiembla la tierra, pero las cuentas en los paraísos fiscales de Andorra y las mansiones compradas con los dólares de Odebrecht y Tareck El Aissami se mantienen firmes, antisísmicas y bendecidas por la fortuna del prójimo... de su propio bolsillo.ee


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