CARTAS DESDE MACONDIA: EL REALISMO TRÁGICO DE LA SEXTA ECONOMÍA
Epístola mordaz a Mr. Donald J. Trump y Mr. Marco Rubio, los nuevos 'Papás de los Helados'
Estimados Mr. Donald J. Trump y Mr. Marco Rubio, *the real big bosses*, los auténticos e indiscutibles "Papás de los Helados":
Les escribo desde las brumas atemporales de Macondia, específicamente encaramado en el Tepuy Roraima. Desde esta atalaya mística donde las iguanas arrastran los pies y el tiempo insiste en dar vueltas en redondo, se divisa con escalofriante nitidez toda la extensión del Arco Minero del Orinoco. Ese es el mismísimo edén del cual su administración tomó posesión corporativa a partir del pasado 3 de enero, ratificando su derecho de conquista en junio mediante una oportuna incursión armada del Comando Sur para desalojar al Pranato local y encargar el negocio a nuevos jefes, caciques y capataces. *Welcome to the jungle*, caballeros.
Aquí, lejos del mundanal ruido, padecemos una versión caribeña del realismo trágico. Mientras esperamos sentados a que regrese el gitano Melquíades con sus imanes y sus pergaminos proféticos para que nos aclare mediante la alquimia si habitamos una república o un protectorado de ultramar, la realidad nos abofetea. Unos indígenas venidos de Guyana y Brasil ya reclaman el pedazo de lodo donde levanté mi chabola. Pero no los vengo a fastidiar con nimiedades limítrofes ni con las andanzas de los nuevos burócratas designados para administrar el oro; ese metal maldito que, lejos de traer riqueza a mi gente, solo ha engordado las cuentas bancarias de los amigos de Maduro y Delcy. En Macondia, el oro no brilla: solo mancha.
Nobleza obliga, y debo reconocerles el único acto digno de guión cinematográfico que han ejecutado por este suelo: empaquetar a Nicolás y a su consorte Cilita con boleto directo y sin escalas hacia los tribunales de Brooklyn. ¡Un aplauso por ese *plot twist* de Hollywood! Sin embargo, ya han pasado seis meses de aquella hazaña y el pueblo venezolano sigue flotando en el limbo, nadando fatigosamente en una inmensa piscina de gelatina sin sabor. Imagino que al leer estas líneas, ustedes arquearán las cejas con fastidio y dirán que este mensajero es más molesto que el senador Rick Scott o los congresistas de Florida exigiendo libertad dominical. Dirán, en su impecable inglés corporativo, que los nativos simplemente *"didn't get the play, they didn't understand the deal"* (no entendieron la jugada ni el negocio). Se preguntarán qué hace este "pobre diablo" pretendiendo fungir como consejero, invitándolos a romper con el *established system* y con su sacrosanta "Sexta Economía Mundial".
Durante este semestre, Washington se ha desgastado en cadenas informativas asegurando que en Venezuela bailamos de felicidad, que la crisis se esfumó y que nuestras calles agrietadas están inundadas de billetes verdes de forma mágica. Ese es el pulcro reporte que les transmite John Barrett, el nuevo mejor amigo del clan Rodríguez; no me extrañaría que como premio por sus servicios de traducción ya le hayan adjudicado la mina en El Callao que antes pertenecía a Rodríguez Zapatero. Si antes cargábamos con las Siete Plagas de Egipto, ahora la naturaleza y la geopolítica se aliaron para enviarnos a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis en un solo combo. Como solemos sentenciar en Macondia: *"Here, you have made a total mess"* (aquí han puesto una gran cagada). La miseria, el hambre y la represión siguen siendo nuestro pan diario, un castigo divino que nos devasta entre la incompetencia humana y la furia de los elementos.
Miren el panorama con un poco de óptica trágica: tenemos una diáspora que desborda los 8 millones de almas. Ya en los Estados Unidos hay una inmensa comunidad de venezolanos honestos, trabajadores y devotos de la ley que claman por la renovación del TPS. Por favor, dejen de alimentar la paranoia electoral creyendo que cualquiera que empaca su vida en una mochila es un miembro convicto del Tren de Aragua o un agente encubierto enviado por el antiguo dictador para sabotear su gran nación.
Hablemos de números, que es el idioma que verdaderamente domina Mr. Trump. De la mano de Chevron —la eterna amiga de todas las ideologías— y escoltados por buques misteriosos varados en nuestras aguas, se han llevado ya unos 30 tanqueros repletos de crudo. Ustedes mismos declararon en sus grandes cadenas de noticias que han extraído más de 100 millones de barriles rumbo a las refinerías gringas, facturando la bicoca de 8.500 millones de dólares. Por estricta justicia aritmética, cálculo que al menos la mitad nos corresponde a los locales... eso, por supuesto, si no deciden cobrarse unas 32 veces los gastos operativos de la misión "Espada del Sur" ejecutada por el Comando Sur. Para no quedarse atrás en el torneo de la sumisión, Delcy —la obediente presidenta interina de facto— les entregó en bandeja de plata 100 kilos de oro puro a principios de año, y tras la incursión militar de junio en el Arco Minero, procedieron a instalar a sus empresas contratistas predilectas. Para complacer al Coloso del Norte, reformaron las leyes orgánicas de Hidrocarburos y de Minas, privatizando legalmente hasta nuestros sueños dominicales.
Disculpen la extensión de este pergamino, pero es que ustedes son los directores de este vía crucis. ¿Recuerdan cuando el Comando Sur se llevó a Nicolás con su rumba flamenca a cuestas? El dólar cerró el año 2025 en 298,1431 Bs/USD. Ustedes prometieron vigilar, fiscalizar y enderezar el Banco Central de Venezuela. Pues bien, la sumisa Delcy nombró a un Licenciado en Puericultura para dirigir la alta política monetaria del BCV. ¿El resultado? El dólar ya rasguña los 700 bolívares, la inflación anual cabalga cómoda por encima del 600%, la devaluación semestral supera el 100% y el salario mínimo se mantiene congelado en unos astronómicos e hiperbólicos 0.20 dólares al mes. Hoy en día es infinitamente más barato tomar un avión, hacer el mercado de víveres, comprar ropa y zapatos en los almacenes de Nueva York que intentar sobrevivir en un abasto de Macondia, mientras un paisano de ustedes gana más de 4.000 dólares mensuales.
Por si fuera poco el descalabro financiero, el realismo trágico nos regala apagones diarios de hasta seis horas continuas. El Sistema Eléctrico Nacional colapsó en el año 2008 gracias a una herencia invencible de corrupción y negligencia, y ahora, bajo el iluminado tutelaje norteamericano, nuestra calidad de vida ha alcanzado niveles subterráneos. Acudir a un hospital público sin insumos, sin médicos especialistas y sin luz es firmar un boleto de ida a la morgue. Y en el ámbito educativo, la comedia se vuelve macabra: tras el doble terremoto del 24 de junio, las escuelas exhiben severas fracturas estructurales. Lejos de llamar a expertos, las directoras de las instituciones han decidido autoproclamarse ingenieras sismorresistentes y especialistas estructurales, decretando a ojo de buen cubero que las aulas son seguras. ¡Por Dios! La evaluación de las escuelas golpeadas debe ser un proceso estrictamente técnico y científico, no una inspección visual basada en la fe. Los padres y representantes tienen la obligación sagrada de velar por sus hijos; este Estado delincuente y ausente jamás va a cuidar de la descendencia de Macondia.
Lo verdaderamente criminal es la farsa de las pomposas "Tres Etapas": Estabilización, Recuperación Económica y Transición Democrática. Su conducta y sus flagrantes contradicciones evidencian que el verdadero plan maestro es el "Interinato Eterno". Se pasan por el forro el artículo 233 de nuestra Constitución Nacional sobre la Falta Absoluta. El régimen heredado por Delcy Rodríguez es nulo, ilegal e írrito; una costra de facto instalada desde el 10 de enero de 2025 tras la absurda autoproclamación dictatorial de Maduro. En Venezuela no ha comenzado ninguna transición; lo que hay es un califato petrolero manejado por control remoto desde Washington. Trump y Rubio se burlan abiertamente del pueblo: el gobierno títere de Delcy apenas goza de un 6% de popularidad frente a un 94% de repudio nacional. Al final del día, la única certeza mágica que nos queda en este rincón del olvido es que ustedes mantienen una conspiración activa para cortarle las alas al liderazgo legítimo de María Corina Machado, la única que cuenta con la fe de los habitantes de esta estirpe condenada a cien años de cinismo.
P.D. Just one more thing, místeres... Mientras terminaba de sellar este pergamino con cera y lágrimas devaluadas, nos llega desde Washington el último breaking news que termina de coronar este circo. Resulta que ayer, ante la pregunta incisiva de un reportero sobre si usted, Mr. Trump, le había ordenado a María Corina Machado mantenerse convenientemente alejada y no regresar a Venezuela, usted respondió con esa magistral ligereza que lo caracteriza: "No, yo no le dije eso". Y para rematar la jugada con el sutil tacto de un elefante en una cristalería, la elogió diciendo que es "una persona fantástica" porque... ¡atención, Macondia!... "She gave me the Nobel Peace Prize" (Ella me dio el Premio Nobel de la Paz
¡Por los clavos de Cristo y los imanes de los gitanos! Qué generosa es la memoria geopolítica. El Nobel de la Paz, ese galardón que otorga un comité en la fría Oslo, Noruega, ahora resulta que se reparte de forma mágica en los mitines de la oposición venezolana como si fuera un cotillón dominical. Con aliados así, que confunden un premio internacional con un cumplido de campaña mientras nos imponen un triunvirato ilegal, ¿quién necesita enemigos? Definitivamente, en la Sexta Economía Mundial los dólares no abundarán en las calles, pero los delirios de grandeza cotizan al alza. God bless America, and God help Macondia!

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