martes, 29 de septiembre de 2026

¡El Guinness del hambre! El guiso petrolero de Delcy y Trump mientras el salario viaja a Brooklyn

 ¡El Guinness del hambre! El guiso petrolero de Delcy y Trump mientras el salario viaja a Brooklyn



¡Pónganle salsa que lo que viene es candela, mi pana! Nos quieren seguir metiendo gato por liebre con el cuento de las "tres fases de estabilización, recuperación y transición", pero el pueblo ya no es pendejo. Toda esa palabrería barata y aburrida se quedó varada el 3 de enero y agarró pasaje directo sin retorno para Brooklyn. Nos hablan de socialismo obrero mientras nos aplican un trato más cruel que suegra en ayunas, manteniendo el salario mínimo en unos astronómicos, gigantescos y opulentos... ¡0,15 dólares al mes! Sí, hermano, sacudieron las tablas de los récords mundiales: ¡cinco años con el sueldo congelado!

Las matemáticas de la "Maldad S.A."

Vamos a sacar la cuenta bodeguera para que vean cómo nos están viendo la cara de tontos. Dicen que no hay plata por culpa del bloqueo, pero la realidad es más clara que el caldo de hospital:

• Nos meten el cuento de los bonos diarios que son un insulto al estómago: $6,70 para los activos, $5,60 para los jubilados y la bicoca de $2,33 para los pensionados.

• Mientras tanto, el mismísimo Banco Mundial —en su acostumbrada demagogia de corbata— dice que con $2,78 diarios una persona ya vive en "pobreza extrema". ¡Pana, saquen la cuenta! En Venezuela las familias son de 5 personas. ¡Nos están mandando a vivir debajo de la extrema pobreza en el subsuelo de la miseria!

Y la plata sí está circulando. Actualmente el país produce 1.200.000 barriles diarios, de los cuales la mitad (600.000 b/d) va directito a las manos del Estado. Con el petróleo Brent cotizándose sabroso a 106 dólares por barril, el gobierno se mete al bolsillo la bicoca de 1.908 millones de dólares mensuales. ¡Casi dos mil millones de machacantes verdes al mes! ¿Y dónde están? Bien guardados en el limbo financiero, en ese jueguito de sombras de 13.000 millones de dólares denunciados por Bloomberg, donde la OFAC de Trump y el despacho de Delcy se tiran besitos en secreto mientras el trabajador pasa hambre. ¡ Tremendo dúo del desastre!

De Napoleón a Miraflores: El campeonato del cinismo

Nicolás se la pasa metido en cadena nacional con una sonrisa de oreja a oreja, repartiendo promesas como si fueran caramelos en piñata. Es un verdadero artista de la puesta en escena, especialmente cuando se trata de burlarse de los abuelitos de la tercera edad. ¿Se acuerdan del pomposo "Bono Único Reparador Compensatorio" del 1° de mayo de 2022? Con bombos y platillos el gobierno ofreció 10.000 bolívares para los jubilados, que en ese momento eran unos 2.000 dólares limpiecitos y resplandecientes en la mano. Pero como Delcy Rodríguez es la encargada de picar la torta y aplicó la táctica de pagar por cuotas en doce meses, la inflación hizo su magia delictiva. Con el dólar oficial del BCV montado hoy en la estratosfera de los 857 bolívares, ¡los benditos 10.000 bolívares se derritieron por completo y hoy son apenas 11 miserables dólares! ¡Nos tumbaron casi los 2.000 dólares completos en la taquilla del cinismo y nos dejaron con una guayabera! Ñ

Maduro aplica la de Napoleón Bonaparte: «La mejor manera de cumplir la palabra es no darla jamás». Claro, para el emperador francés la palabra era pura estrategia para no amarrarse las manos, pero aquí la usan para amarrarle el estómago al pueblo. En el patio de los gallos, el hombre que no cumple su palabra verbal no vale un centavo; en el Quijote, el caballero prefiere recibir una paliza antes que faltar a su promesa. Pero en Miraflores, la palabra empeñada vale menos que un billete de dos bolívares.

¡La calle no se calla! Los de 75 no se rinden!

Pero como del dicho al hecho hay un gran trecho —como bien decía Sancho Panza—, los trabajadores no nos chupamos el dedo. Esta no es una lucha de un día ni por una franela de un partido político. Aquí no se defiende ideología ni se le jala a impostores que se autodenominan "presidentes obreros" y terminaron siendo los traidores más egoístas de la historia.

La verdadera dignidad la están dando nuestros viejos. Centenares de extrabajadores públicos con más de 25 años de servicio, que hoy pasan de los 75 años de edad, fueron echados a la calle sin jubilaciones dignas ni prestaciones justas debido a la supresión de sus ministerios e institutos. ¿Y qué hicieron? ¿Se quedaron llorando? ¡Para nada! A punta de constancia y sin desmayar, los voceros de las instituciones suprimidas acaban de sentar al gobierno en la Mesa de Trabajo de la Procuraduría del Trabajo.

La pelea por el Bono Único Compensatorio está más viva que nunca. El llamado es a todos los extrabajadores rezagados: a mantenerse informados, a no comerse los cuentos de pasillo y a respaldar a sus voceros en la mesa. ¡Si la clase política es déspota, la clase obrera es de acero! ¡Salario justo y pensiones dignas ya!

jlrlinares@gmail.com



viernes, 25 de septiembre de 2026

Cómo el régimen usó a Víctor Hugo para bendecir la miseria

 Cómo el régimen usó a Víctor Hugo para bendecir la miseria

Por: Juan Linares 





En el año 2009, las plazas públicas y los ministerios de Venezuela se llenaron de cajas de libros. Bajo el pomposo nombre de "Plan Revolucionario de Lectura", el gobierno de Hugo Chávez imprimió de manera masiva —cerca de un millón de ejemplares— una de las obras más importantes de la literatura universal: Los Miserables, del francés Víctor Hugo.

Para el ciudadano común, regalar un clásico de la literatura parecía un acto noble de masificación de la cultura. Sin embargo, en la política nada es inocente. Aquella edición especial no buscaba despertar el pensamiento crítico ni fomentar la rebeldía contra la injusticia. Al contrario: venía con una contraportada y un prólogo firmados por el propio Chávez. El líder de la llamada "revolución" confesaba allí que ese era el libro que "lo había convertido en socialista".

Detrás de esa dedicatoria se escondía una de las operaciones de manipulación psicológica más perversas de nuestra historia contemporánea: la transfiguración de la miseria.

La psicología del esclavo conforme: "Ser rico es malo"



El artículo de fondo de aquella edición no era erradicar la pobreza, sino santificarla. Fue la misma época en la que se instaló en el discurso oficial la nefasta consigna de "ser rico es malo".

Al utilizar la obra de Víctor Hugo, el aparato de propaganda del Estado ejecutó un giro macabro. Tomaron los padecimientos de los personajes del siglo XIX francés —el hambre, la persecución, la escasez extrema— y los revistieron de una supuesta "nobleza espiritual". El mensaje subliminal para el venezolano era claro: el sufrimiento diario te hace puro; el hambre te hace un héroe revolucionario; la escasez es el precio de la dignidad.

Con este lenguaje manipulador, el régimen no buscaba convertir a Venezuela en una potencia industrial donde los ciudadanos progresaran económicamente. Su meta real era acostumbrar al pueblo a padecer con orgullo. Si el ciudadano asociaba la comodidad material, el libre mercado o el deseo de superación con "maldad capitalista", entonces se conformaría con las migajas del Estado. La pobreza dejó de ser un problema social que el gobierno debía resolver, para convertirse en un requisito ideológico para ser un "buen revolucionario".

La gran traición a Víctor Hugo

Lo más irónico —y que los editores del régimen omitieron con descaro— es que la vida y obra de Víctor Hugo representan todo lo opuesto al autoritarismo centralizado que se instaló en Venezuela.

Víctor Hugo escribió Los Miserables en pleno exilio político, mientras protestaba ferozmente contra el gobierno autocrático, corrupto y represor de Napoleón III en Francia. El genio francés jamás escribió su obra maestra para pedirle a los pobres que se resignaran al hambre o que vieran el desabastecimiento como una medalla de honor. Su libro fue un grito de guerra, una denuncia furiosa contra los sistemas estatales opresores que asfixiaban la iniciativa de la gente, destruían las libertades individuales y condenaban a los ciudadanos a la degradación por culpa de las malas políticas de sus gobernantes.

Hacer que Chávez firmara la contraportada de Los Miserables fue el equivalente a que el opresor pusiera su sello en el diario de su víctima.

Recordar para romper el hechizo

Hoy, con la perspectiva del tiempo y viviendo las consecuencias de ese modelo destructivo, aquella edición de 2009 cobra un significado repulsivo pero revelador. Nos demuestra que el daño infligido a Venezuela no fue solo económico, petrolero o eléctrico; fue, ante todo, un ataque al sistema operativo mental del ciudadano.

Bendecir la miseria fue la estrategia perfecta para que una cúpula se adueñara del país y de sus riquezas mientras le pedían al pueblo, libro en mano, que aplaudiera su propia escasez. Revivir este pasaje de nuestra historia es vital. Recordar la trampa de esa contraportada es el primer paso para asegurar que más nunca, bajo ningún disfraz poético o caritativo, ningún gobernante perverso intente convencernos de que el hambre es sinónimo de virtud. Porque la riqueza de una nación comienza cuando su gente recupera el derecho a prosperar en libertad.

jueves, 24 de septiembre de 2026

Crónica de un gigante sediento: Cómo el petróleo se bebe la luz de los venezolanos

 Crónica de un gigante sediento: Cómo el petróleo se bebe la luz de los venezolanos


Por: Juan Linares 



Imagine que en su casa hay un vecino fuerte, imponente y muy rico. Durante décadas, este vecino tuvo su propio pozo de agua en el patio, se lavaba su ropa, regaba sus plantas y jamás le pidió una gota a la comunidad. Pero un día, por descuido, el pozo del vecino se rompió. En lugar de repararlo, el hombre decidió meter una manguera gigante en el tanque comunitario de la cuadra. Ahora, cada vez que el vecino rico quiere llenar su piscina, todo el barrio se queda sin agua en los grifos.Esa es, explicada de forma simple, la historia oculta de la relación actual entre el petróleo y la electricidad en Venezuela.La gran mayoría de los ciudadanos mira los balancines moverse a lo largo del país o escucha hablar de los miles de barriles que producen las refinerías, sin saber que la industria petrolera actual se mueve devorando la energía que debería iluminar los hogares venezolanos.


El secreto del pasado: El gigante que se mantenía solo.

 Anteriormente, las petroleras eran autosuficientes. Campos petroleros legendarios y colosos como el Centro de Refinación Paraguaná (CRP) contaban con sus propias "centrales eléctricas" internas.Utilizaban equipos de alta ingeniería llamados turbogeneradores a gas, que aprovechaban el mismo gas natural que salía de la tierra para producir electricidad limpia en el sitio. También tenían enormes motores diésel de respaldo y plantas de vapor de ciclo combinado que reciclaban el calor. La industria petrolera no le quitaba un solo megavatio (MW) a la red comercial; al contrario, en algunas ocasiones, sus excedentes ayudaban a los pueblos cercanos. Pero los años de desinversión, la falta de repuestos especializados y el abandono técnico apagaron esos motores internos. Al quedarse a oscuras en sus propios patios, PDVSA tomó una decisión drástica: conectarse directamente a las líneas de transmisión del Complejo Hidroeléctrico del Guri. Hoy, producir la meta de 1.200.000 barriles diarios de petróleo exige una demanda continua de entre 1.000 y 1.200 Megavatios. Esa energía sale directamente del golpeado sistema nacional. Cada vez que las transnacionales y las empresas mixtas necesitan encender sus plantas de extracción o sus refinerías, Corpoelec se ve obligada a aplicar severos racionamientos —los mal llamados "planes de administración de carga"— en las zonas residenciales de Falcón, Zulia o los estados del llano. El petróleo se reactiva sacrificando la luz de la gente.


Los invitados internacionales en el banquete del Guri



En esta manguera conectada al tanque común no está sola PDVSA. En el tablero actual de la economía venezolana operan empresas transnacionales gigantescas bajo la figura de empresas mixtas. Nombres como Chevron (Estados Unidos), Repsol (España), Eni (Italia) y CNPC (China) lideran los proyectos más importantes del país (como Petropiar, Petroboscán o Petroindependencia).Estas corporaciones multinacionales, que en sus países de origen o en otras latitudes operan bajo estrictas normas de ecoeficiencia y autogeneración, en Venezuela dependen por completo de la Red Troncal de Transmisión que viene de Bolívar. Sus taladros, sus sistemas de bombeo electrosumergible y los complejos "Mejoradores" de la Faja Petrolífera del Orinoco necesitan energía constante, limpia y sin fluctuaciones. Para que los taladros extranjeros no se detengan y las licencias internacionales sigan siendo rentable$, el flujo eléctrico se desvía de los circuitos urbanos hacia los campos petroleros, convirtiendo a las corporaciones globales en beneficiarias indirectas del sacrificio energético de los ciudadanos comunes.


La paradoja de un parque eléctrico en ruinas

Venezuela posee una infraestructura eléctrica que sobre el papel es colosal, un parque mixto diseñado por ingenieros visionarios para que el país jamás sufriera por apagones:

Hidroeléctricas (Guri, Caruachi, Macagua): Entre 15.000 MW y 17.000 MW instalados.

Termoeléctricas (Plantas a gas/diésel): Cerca de 16.000 MW instalados.

La realidad detrás de los interruptores es muy distinta. De los 16.000 MW térmicos instalados (como Planta Centro o Tacoa), la producción real actual apenas se ubica entre el 10% y el 15% (unos 1.500 a 2.000 MW). Al estar las termoeléctricas casi apagadas, el Guri se ve obligado a cargar con más del 85% de la demanda de todo el país. El titán de agua está sobreexplotado y trabajando al límite.


El mapa de la reconstrucción: Más allá de "encender las plantas"


Cuando los expertos del Colegio de Ingenieros de Venezuela analizan el futuro, advierten que el daño no se repara únicamente comprando plantas eléctricas nuevas. El Sistema Eléctrico Nacional es una cadena de tres eslabones, y los tres están oxidados:

Generación: Volver a encender las termoeléctricas y hacer mantenimiento mayor a las turbinas del Guri.

Transmisión: Reparar y modernizar las autopistas eléctricas (las líneas de alta tensión de 765 kV) que viajan miles de kilómetros desde el estado Bolívar hasta el resto del país. Si estas autopistas fallan, la energía se queda atrapada.

Distribución: Cambiar los transformadores quemados en las esquinas de los barrios, sustituir el cableado viejo de las urbanizaciones y digitalizar las subestaciones locales para que la luz llegue con un voltaje estable y seguro a su nevera o a la maquinaria de una industria.

¿Cuánto cuesta este rescate financiero?

Los ingenieros estiman una hoja de ruta dividida en plazos económicos rigurosos:

 De 1 a 3 años (Estabilización urgente): 

Entre $9.000 y $15,000 millones de dólares solo para detener los apagones diarios.

De 5 a 15 años (Recuperación integral): 

Entre $20.000 y $40,000 millones de dólares para robustecer toda la red de transmisión y distribución nacional.


El imperativo de la sensatez: Exigir para construir

En cualquier nación con un gobierno serio, instituciones robustas y verdadera seguridad jurídica, la solución a este conflicto no sería una utopía, sino una exigencia legal inmediata. Un Estado responsable no subsidia la operación de corporaciones multimillonarias a costa del racionamiento de sus ciudadanos; por el contrario, establece en los contratos de explotación petrolera la obligación estricta de que cada empresa transnacional traiga e instale su propia infraestructura de autogeneración. Gigantes como Chevron o Repsol poseen los recursos y la tecnología de punta para encender sus taladros utilizando el mismo gas natural que hoy se quema y se desperdicia en los campos orientales. Obligar a las petroleras a ser autosuficientes no solo blindaría sus operaciones contra los altibajos de la red pública, sino que representaría un acto de soberanía real: obligar al capital extranjero a respetar el sistema eléctrico nacional, permitiendo que la energía del Guri regrese de forma exclusiva a las escuelas, hospitales y hogares venezolanos.


El camino hacia la luz: Soluciones desde la raíz



La oscuridad actual no es un destino permanente, sino las consecuencias de un sistema centralizado y descapitalizado. Para revertir este ciclo, los planes de reestructuración técnica apuntan a soluciones definitivas que devuelvan el equilibrio a la nación.La primera medida indispensable es la descentralización del sistema, permitiendo que las gobernaciones, las alcaldías y las cooperativas industriales gestionen redes locales de distribución autónomas. En paralelo, es urgente la aprobación de un marco legal moderno que fomente las micro-redes de energías renovables, abriendo las puertas a la inversión privada para la instalación masiva de parques solares en regiones óptimas como el Zulia y Falcón, y energía eólica en la península de Paraguaná.Finalmente, la industria petrolera de debe ser obligada por ley a financiar la reconstrucción de sus propias plantas de cogeneración a gas, liberando los megavatios comerciales del Guri para que retornen a su destino original. Solo rompiendo este cordón umbilical que ata el petróleo a la red civil, las familias venezolanas podrán recuperar la estabilidad de sus electrodomésticos, la normalidad de sus jornadas y la certeza de que la luz eléctrica dejará de ser un privilegio para volver a ser un derecho.

jlrlinares@gmail.com 


lunes, 21 de septiembre de 2026

Los Quijotes de Angostura: Andanzas de la libertad en un trópico en penumbras

 Los Quijotes de Angostura: Andanzas de la libertad en un trópico en penumbras



Prólogo:

 El libreto de la mentira y las andanzas del Trópico este escrito no nace del capricho, sino de la urgencia del testigo. Nace del dolor acumulado en veintisiete años de ver cómo una nación entera es desvalijada ante los ojos del mundo, mientras sus verdugos ensayan un cínico simulacro de normalidad. Lo que el lector encontrará en estas páginas no es una simple enumeración de carencias, sino la radiografía de un secuestro colectivo; un thriller desolador de la vida real donde la perversión y la mentira se han elevado a la categoría de política de Estado. En esta crónica, el periodismo se funde con el espíritu de Don Quijote y Sancho Panza en sus desventuradas andanzas por el trópico. Prestamos los ojos del Caballero de la Triste Figura para contemplar la belleza marchita del Casco Histórico y la quijotesca dignidad de los maestros que aún defienden las aulas vacías; pero también asumimos la cruda e inmediata sensatez de Sancho para aterrizar la implacable matemática del hambre, contando los centavos necesarios para comprar un camión de agua o rindiendo las pensiones de miseria frente a los monstruosos gigantes de la corrupción estatal. Escribir sobre esta realidad es un ejercicio repetitivo porque la destrucción misma es un bucle infinito que se replica en cada escuela desvalijada, en cada hospital en penumbras y en cada grifo seco. Es la letanía de un pueblo que mastica su rabia en la oscuridad, contemplando cómo los destructores del futuro pretenden sepultar la verdad bajo luces de neón y propaganda. Pero el silencio no será su cómplice. Dejar constancia del colapso es el primer acto de resistencia contra el olvido.

Acto I: El banquete de los verdugos

Veintisiete años y el hambre hoy tiene cara de niño. Dicen los jerarcas en la televisión que el país se arregló, pero la verdad es un hueso de pollo seco en el plato de un niño de primaria. En las escuelas de los sectores más vulnerables, donde hace un lustro el eco de quinientos alumnos llenaba los pasillos de futuro, hoy solo quedan ochenta sombras desnutridas. Las aulas no se vaciaron porque las mujeres dejaran de parir; se vaciaron porque el país se desangra por las fronteras ante la falta absoluta de calidad de vida. En los barrios, la inocencia muere temprano: niñas de trece años, desamparadas y desnutridas, dan a luz a la próxima generación del éxodo. Mientras tanto, el personal administrativo y los maestros —héroes con los zapatos rotos— intentan mitigar el llanto escolar cocinando milagros con carapachos y una chicha aguada. Eso no es alimento; es el menú de un cautiverio impuesto.

Veintisiete años y la patria se parece a una postal de la Habana Vieja. No por la belleza de su historia, sino por el crujir de sus paredes y el cinismo de su fachada. Las empresas básicas que un día fueron el motor del territorio hoy son cementerios de metal. Las escuelas, los liceos y los acueductos se caen a pedazos a plena luz del día. Las universidades languidecen en la penumbra de un presupuesto de miseria. El descaro tiene impunidad total: en Ciudad Bolívar, clausuraron el Hospital Psiquiátrico, pero no para salvar vidas, sino para desalojar a los enfermos y sembrar allí a los colectivos, amigos de la corona regional. Es la descomposición social hecha decreto. El olvido se convirtió en la política oficial de los verdugos de los sueños.

Veintisiete años y los campos huelen a fogata de malandros. Lo que costó décadas construir con el sudor de productores y ganaderos honrados fue borrado por el pillaje del uniforme y el fusil. Las fincas productivas y los hatos ganaderos fueron expropiados bajo la bandera de una falsa soberanía, solo para terminar convertidos en el asado de fin de semana de los delincuentes y los colectivos. Devoraron el ganado, quemaron las tierras y destruyeron la propiedad privada. En este thriller de la vida real, a los policías y a los militares no se les enseñó a defender la ley, se les inculcó el negocio del saqueo. Enterraron la moral y la patria en la misma fosa común. Mientras el régimen maquilla el ghetto con luces de neón y vende nuestras riquezas al mejor postor, la mentira brilla con un destello de oro falso. Pero en la oscuridad del pueblo, la verdad sigue viva, masticando su rabia.

Acto II: La sala de espera de la morgue



Veintisiete años y enfermarse es firmar una sentencia anticipada. En los pasillos de los hospitales públicos la piedad fue desterrada; el horror es tan cotidiano que la consulta médica se ha convertido en el prólogo de la morgue. El éxodo también viste de bata blanca: los médicos especialistas huyeron del colapso migratorio o se refugiaron en los quirófanos de las clínicas privadas, porque la vocación no se puede alimentar con la limosna de un Bono de Guerra. En su lugar, el sistema colocó a médicos comunitarios en la primera línea de contención, improvisando diagnósticos en salas donde escasea lo más elemental. Si entras a una emergencia buscando alivio, te topas con el vacío absoluto: no hay gasas, no hay curitas, no hay compasión institucional. El derecho a la salud quedó reducido a la nada.

Veintisiete años y el quirófano cuesta la comida de una familia. Someterse a una intervención quirúrgica —incluso para algo tan común como una hernia— es iniciar un calvario de supervivencia. Los cirujanos, atrapados en la misma desolación que sus pacientes, se ven obligados a entregar listas interminables e inhumanas de insumos: desde el material quirúrgico, los medicamentos y las soluciones, hasta las propias batas médicas que usarán en la operación. La humillación se ha vuelto el pan de cada día, llegando al punto extremo donde los médicos deben pedir a los familiares que les garanticen el desayuno o el almuerzo para poder resistir las largas horas de la jornada de intervenciones. Es el sálvese quien pueda financiado por la angustia del pueblo.

Veintisiete años y el descaro se mide en toneladas de despojo. Mientras el ciudadano común empeña lo poco que le queda para comprar una jeringa, las altas esferas del régimen ejecutan el saqueo sistemático de la ayuda asistencial. Las denuncias contra ministros por desviar presupuestos y vaciar almacenes médicos saturan el clamor público. El ejemplo más obsceno quedó registrado en la desaparición de 71 toneladas de medicamentos e insumos quirúrgicos, un cargamento vital destinado a los pacientes en cuidados críticos que ingresó formalmente al país. Aunque los jerarcas ensayaron excusas de distribución, los gremios médicos confirmaron el fraude: los insumos jamás llegaron a la red hospitalaria de los estados. Se robaron la vida en cajas selladas. En este thriller de impunidad, mientras los verdugos engordan sus cuentas, los hospitales siguen siendo el escenario donde la verdad se desangra y la mentira brilla con total impunidad.

Acto III: Las arterias secas del ghetto y el eclipse de Angostura

Veintisiete años y sobrevivir exige resolver un dilema inhumano: te bañas o comes. El colapso de los servicios públicos no es una falla técnica; es un método de sometimiento que mantiene al ciudadano ocupado en no morir. Los acueductos del país son hoy tuberías muertas. Las estadísticas del desespero confirman que más del 80% del territorio nacional no recibe agua potable por tuberías, con estados en situación de colapso crítico absoluto como Sucre, Nueva Esparta y Cojedes. En estas regiones, abrir el grifo es una fantasía del pasado. Y cuando por milagro llega algo, lo que brota es agua cruda, turbia y sin ningún tratamiento potabilizador, obligando a los seres humanos a jugar a la ruleta rusa con hepatitis, parásitos y fiebres virales.Esta sequía institucional muerde con saña el corazón de Ciudad Bolívar. Su Casco Histórico, aquella joya de arquitectura colonial que estuvo a las puertas de ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, hoy se encuentra completamente abandonado a su suerte, con sus habitantes cargando tobos de agua cruda entre fachadas históricas que se caen a pedazos. La desidia borró el asfalto de las grandes avenidas de la capital, transformándolas en polvorientas calles de tierra que reflejan el retroceso de más de un siglo.

Veintisiete años y la sed es un negocio de camiones. El vacío del Estado lo llenan los mercaderes de la necesidad. Para una familia promedio de Pipas (cinco personas), la higiene se ha convertido en un artículo de lujo inalcanzable. Racionando el líquido hasta la última gota, el presupuesto familiar se desangra a un ritmo de 24 dólares mensuales, pagados a camiones cisterna privados que venden el tanque de mil litros a 6 dólares. En un país con salarios pulverizados, gastar cuatro tanques al mes implica mutilar el presupuesto de la comida. La lógica del verdugo es perfecta: si pagas por el agua para no enfermarte, dejas el plato vacío; si compras comida, te condenas a la suciedad y la infección.

Veintisiete años y el movimiento se detuvo en el apagón. El transporte y el sistema eléctrico nacional guardan material suficiente para redactar una enciclopedia del horror institucional. Las calles se poblaron de camiones de carga y vehículos improvisados donde la gente viaja hacinada, arriesgando la vida solo para llegar a unos puestos de trabajo que no pagan ni el pasaje. En la otrora pujante tierra del oro y el diamante, la parálisis es total: el Aeropuerto Nacional General Tomás de Heres yace en el olvido absoluto, convertido en un desierto de maleza y pistas desoladas. Sobre esta inmovilidad cae, como una guillotina diaria, el racionamiento eléctrico criminal. Pero en Ciudad Bolívar el castigo tiene su propio sello de crueldad: alimentada desde subestaciones locales colapsadas e independientes de otros flujos regionales, la capital sufre un ensañamiento eléctrico que no coincide con los cronogramas nacionales. Los cortes de luz en los barrios no avisan, duran horas interminables y hunden a comunidades enteras en una oscuridad total y peligrosa. En este thriller sin fin, las plantas eléctricas de los jerarcas zumban con opulencia, mientras el pueblo de Angostura cocina con leña y espera, a la luz de una vela, el amanecer de un país que se quedó a oscuras.

Acto IV: El purgatorio de las canas


Veintisiete años y la vejez se convirtió en un crimen de Estado. El libreto de mentiras, manipulación y promesas rotas ha tenido como víctima fija a la generación que construyó el país. El supuesto "presidente obrero" y su maquinaria ensayaron una coreografía de engaños perfecta: si la primera voz fallaba en su promesa, la segunda salía a rematarla en el canal oficial. Prometieron bonos de medicina, subsidios de recreación y un bienestar de cartón que solo existe en sus pantallas. La burla máxima quedó sellada cuando el régimen seleccionó a un centenar de allegados de la tercera edad, los montó en un avión y los llevó a pasar un fin de semana en Los Roques para simular un programa turístico nacional. Mientras tanto, cinco millones de pensionados condenados a la miseria siguen esperando un turno que jamás llegará, viendo cómo su vejez se evapora en las colas del banco.

Veintisiete años y las deudas históricas se pagan con limosnas digitales. En el año 2022, la vicepresidencia ejecutiva de la mano de los portavoces del régimen empeñó su palabra en televisión nacional para anunciar un "bono único reparador" destinado a resarcir las prestaciones devoradas por la hiperinflación a los jubilados entre 2018 y 2021. Prometieron un equivalente a 2000 dólares pagaderos en cuotas a través del Sistema Patria. Al final, el tramo diluido por la devaluación convirtió aquella "justicia social" en una migaja humillante que hoy apenas roza los 10 dólares. Cada promesa económica del régimen se deshace en las manos de los abuelos como sal en el agua, dejando solo el rastro de la estafa institucional.

Veintisiete años y el éxito oficial equivale a menos de un dólar. Cada mes, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales anuncia con bombos y platillos el depósito de la pensión mensual. El monto es un insulto a la dignidad humana: 130 bolívares. Una cifra que en el mercado real no alcanza ni para comprar un caramelo y que representa apenas unos centavos de dólar tras el colapso de la moneda. Con tres o más enfermedades crónicas a cuestas —hipertensión, diabetes, artrosis—, los ancianos se enfrentan al mismo dilema de muerte que acecha en cada rincón del ghetto: compras la pastilla para el corazón o compras el medio kilo de harina. Los viejos mueren a mengua, en silencio y en la más absoluta soledad, convertidos junto a los niños en la zona cero del abandono de un país desmantelado.

Acto V: El biocidio del conocimiento y la soberanía

Veintisiete años y las cenizas de los libros sustituyen al futuro. El desmantelamiento de la nación no es solo de cemento y cables; es un ataque sistemático contra la mente de sus jóvenes. El abandono de las universidades públicas pasó de ser desidia presupuestaria a convertirse en un ensañamiento planificado. El símbolo más atroz de esta barbarie quedó grabado en el fuego provocado que consumió la Biblioteca Central de la Universidad de Oriente (UDO), núcleo Sucre. Allí, 120.000 textos e investigaciones científicas se convirtieron en humo y cenizas; un crimen contra el saber que coronó años de asfixia institucional y que se extiende como un cáncer por los cinco núcleos de la llamada "casa más alta". En Ciudad Bolívar, el libreto de la decadencia muerde los espacios académicos con total impunidad. La Escuela de Ciencias de la Tierra, ubicada en el sector La Sabanita, hoy no es más que un esqueleto de concreto desvalijado. Mucho antes de la pandemia, la delincuencia amparada por la oscuridad de la zona comenzó un desmantelamiento feroz: se llevaron las rejas, las ventanas, la cerca perimetral y hasta los techos de las edificaciones. En plena campaña electoral, el régimen prometió con bombos y platillos una rehabilitación total que jamás llegó; otra mentira televisada que contrasta con la realidad de la Escuela de Ciencias de la Salud en el barrio Ajuro, también sumergida en el abandono. Mientras las bibliotecas y laboratorios son vandalizados o incendiados, los profesores y trabajadores de la UDO resisten con las uñas en salones en penoso estado, negándose a que el archivo literario y científico de su alma máter desaparezca bajo las garras de los verdugos del pensamiento. Mientras el pueblo padece a oscuras, cocinando con leña y estirando los centavos, los verdugos del régimen despachan las riquezas nacionales desde despachos con aire acondicionado. La soberanía, aquella palabra que tanto gritaron en sus discursos encendidos, fue entregada al mejor postor en un mercado negro de geopolítica y entreguismo. El subsuelo —el oro del Arco Minero, el petróleo, el gas— ya no pertenece al futuro de los niños de las escuelas públicas; ahora financia los lujos de potencias extranjeras y mafias corporativas que sostienen el andamiaje del ghetto. Los "malos" parecen imponerse con total impunidad, firmando concesiones en la sombra mientras convierten el territorio nacional en una mina a cielo abierto. Nos ofrecieron una supuesta independencia, pero terminaron subastando la patria pedazo a pedazo.

Epílogo: 

El eclipse del cinismo y el despertar del mañana

La maldad y la perversión en este thriller real no son excesos individuales; son el manual de política de Estado. El cinismo es la ley: se expropia la propiedad privada para destruirla, se roban los dólares de la nación para atesorarlos en paraísos fiscales, y luego se culpa a fantasmas externos. Es la distorsión absoluta de la verdad, donde la mentira oficial brilla con descaro y la realidad se castiga.Ante tanta desolación, ante el llanto de los abuelos que mueren a mengua y las niñas que paren en la miseria, pareciera que Dios nos dejó olvidados en algún bosque de la historia. Nos invade el eco del profeta Jeremías en el libro de Lamentaciones 5:2-5, cuando clamaba al cielo una verdad que hoy se siente propia: "Nuestra heredad ha pasado a extraños, nuestras casas a forasteros. Huérfanos somos sin padre; nuestras madres son como viudas. Nuestra agua bebemos por dinero; nuestra leña compramos por precio. Padecemos persecución sobre nuestros cuellos; estamos cansados, y no hay para nosotros reposo".

Prometieron un mar de felicidad y libertad, pero el resultado ha sido el despojo absoluto de nuestros sueños y el secuestro del subsuelo. Bien le advertía Don Quijote a su fiel escudero: «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres». Hoy la tierra y el mar de esta nación están empeñados, y sus hijos viven el cautiverio de la miseria. Sin embargo, en el fondo de esta noche oscura, la rabia y el llanto mutan en algo indestructible. La ignorancia y la maldad, por más que se revistan de decretos, bayonetas y propaganda, son intrínsecamente estériles: pueden quemar ciento veinte mil libros, pero no pueden borrar el hambre de saber; pueden desmantelar las aulas de Ciencias de la Tierra en La Sabanita, pero no pueden expropiar el conocimiento acumulado en el espíritu de sus maestros.La verdad está comprimida, pero no extinta. Este thriller no terminará con la victoria perpetua de los verdugos, porque la tiranía de la mentira necesita de la fuerza para sostenerse, mientras que la dignidad solo necesita recordar quién es para ponerse en pie. El futuro no se ha perdido; está en el limbo, esperando que la luz de la conciencia colectiva disipe la penumbra. Cuando el gigante despierte, la ignorancia caerá por su propio peso de ruina y ceniza, y sobre los cimientos de la verdad pisoteada se levantará una patria libre, limpia y luminosa.

martes, 15 de septiembre de 2026

Qué bello es el progreso! De las carabelas de Colón al «Pranato S.A.» de Johnny Trump Bravo

 Qué bello es el progreso! De las carabelas de Colón al «Pranato S.A.» de Johnny Trump Bravo

Por: El Cronista del Guaguancó Intergaláctico



Así cierra este nuevo capítulo de nuestra historia: entre espejitos de oro en 1492 y billetes verdes en el 2026. Al menos Cristóbal Colón nos dejó el idioma; Johnny Trump Bravo y sus muchachos solo nos dejan el guaguancó, las calles a oscuras y la certeza de que, para la mafia global, seguimos siendo la misma tribu ingenua dispuesta a cambiar su futuro por un puñado de aplausos.

Hay que rendirse ante la evidencia: el progreso es una cosa maravillosa. En los tiempos de la cibernética, la robótica y la inteligencia artificial, las dinámicas globales se han modernizado tanto que ya no hacen falta carabelas ni armaduras oxidadas para venir a «descubrir» las riquezas de esta Tierra de Gracia de 912.050 kilómetros cuadrados. Ahora todo se maneja con mayor eficiencia, a través de videollamadas encriptadas y con un nivel de interconexión global que ya quisieran los antiguos imperios. Haciendo un balance histórico con cabeza fría, dan ganas de mirar al cielo y gritar: «¡Perdónanos, Cristóbal, que no te entendimos!». Y es que, puestos a comparar, nuestros antepasados indígenas de 1492 recibieron un trato que hoy parece de categoría cinco estrellas en comparación con las sutilezas de la diplomacia transaccional del siglo XXI.

El Almirante romántico vs. El Don Corleone de la Quinta Avenida

Cuando Cristóbal Colón pisó estas playas, se puso casi poético. Dejó escrito para la posteridad que los nativos eran «tan ingenuos y tan generosos con todo lo que poseen... que invitan a cualquiera a compartirlo y muestran tanto amor como si fueran a dar sus corazones». Un romántico empedernido, el viejo Cris. Sí, es verdad que después el Reino de España se cargó algunas toneladas de oro en galeones de madera, pero seamos justos: esa mudanza colonial fue una total minucia, superada con creces —¡por más de cien veces!— por la confiscación intergaláctica del régimen chavista. Aquello fue un saqueo artesanal; lo de este siglo ha sido una obra de ingeniería financiera digna de la NASA.

En el rincón opuesto de la historia tenemos al introvertido, modesto y para nada prepotente Johnny Trump Bravo, un gobernante que opera bajo la firme convicción de que todo lo que gira alrededor del Sol tiene su firma estampada en letras doradas. Para Trump, el subsuelo venezolano no es geografía, es simplemente una extensión de los cimientos de la Trump Tower.

La base misma de su imperio en Nueva York se levantó gracias al hormigón de la empresa S&A Concrete, controlada en los años 80 por los legendarios capos de la Cosa Nostra Anthony "Fat Tony" Salerno y Paul Castellano. Como bien señala el escritor Eric Dezenhall en su libro Los Reyes Magos y la Casa Blanca, Trump es el único presidente que, lejos de huir del contexto criminal, lo utiliza como parte de su marca comercial. Ya en 2013, sentándose con David Letterman, admitió con una sonrisa que había conocido a varios de esos personajes en el camino del negocio inmobiliario y soltó una perla que hoy resuena en el Orinoco: «Resultaron ser muy buenas personas».

Esos dos estaban separados al nace¡r! El delirio intergaláctico vs. El dueño del Sol

Si ponemos a Hugo Chávez y a Donald Trump en un espejo retrovisor de la historia, nos damos cuenta de que padecen del mismo síndrome: el complejo de "Capitán Planeta". Por un lado, el Comandante Eterno vivía atrapado en su propio Viaje a las Estrellas criollo. Su ambición por el poder no cabía en este planeta, por lo que decidió expandir el socialismo a un nivel intergaláctico. Estaba convencido de que su voz retumbaba en la Nebulosa de Orión y que los marcianos aplaudían sus discursos de ocho horas. Por el otro lado del ring, tenemos al magnate neoyorquino, quien no se queda atrás en el delirio. Trump opera bajo el humilde supuesto de que el Sol es una bombilla de su propiedad y que el universo entero gira alrededor de su jopo dorado. Si Chávez quería colonizar el espacio exterior con comunismo sideral, Trump ya le puso un cartel de "Se vende, propiedad de Trump" a la Vía Láctea, asegurando que el subsuelo de nuestra "tierra de gracia" es simplemente el sótano de uno de sus hoteles. Ambos comparten ese amor desmedido por el aplauso, la riqueza, el egocentrismo galáctico y la convicción de que las leyes de la física y la democracia solo aplican para los mortales comunes.

En conclusión: cambian los imperios, cambian los capos y se modernizan los métodos, pero el chiste se cuenta solo. Mientras Chávez buscaba el poder intergaláctico y Trump se adueña del Sol, a los venezolanos nos queda el consuelo de seguir asistiendo al circo mensual de las negociaciones, aplaudiendo como "happy people" un libreto extranjero que nos condena a la pista de baile mientras los nuevos padrinos se reparten el subsuelo.

Delcy es «estupenda» y el Orinoco tiene nuevos padrinos

Ese mismo diccionario de la alta alcurnia neoyorquina es el que se aplica hoy en el Caribe. Tras los drásticos giros políticos que dejaron la silla de Miraflores vacía, la Casa Blanca ha descubierto que el clima de negocios es fantástico. ¿Para qué hablar de aburridos conceptos occidentales como la institucionalidad o la transición aprobada por los ciudadanos cuando se puede practicar la poesía del beneficio económico?Por eso, Trump no ha escatimado en piropos formales ante la prensa para describir a Delcy Rodríguez como una persona «fantástica» y «estupenda», asegurando que su administración trabaja con ella «muy bien». Es el refinado Código de Negociación Pragmática: si antes te llamaba miembro de una estructura criminal, pero hoy me firmas 17 concesiones petroleras en la Faja del Orinoco, automáticamente te conviertes en "buena gente" y nos enamoramos, tal como pasó en las cartas con Kim Jong-un.

La modernización ha redefinido los roles de la colonia: 

Los Fixers del Departamento de Estado: Los que antes eran rústicos cabilderos coloniales, hoy son elegantes intermediarios con conexiones en el Pentágono. Personajes con prontuarios criminales de lavado de dinero en Suiza, España y Miami actúan como el puente perfecto para desplazar a rusos y chinos de los pozos estratégicos.

La Alianza Global de las "Five Families": Los Pranatos del Arco Minero del Orinoco finalmente han encontrado su contraparte corporativa en las dinastías de la mafia estadounidense. Es la fusión perfecta entre el pragmatismo de Nueva York y la administración local. El enfoque de Don Corleone que ya ensayaron en Ucrania ahora se aplica con sabor tropical.

El gran show del circo mensual: Más lento que un carrito de popsicle

Y para que la masa no se aburra mientras ellos se reparten el petróleo, el oro y las cotizadas tierras raras, nos han montado el mejor espectáculo de entretenimiento de la región: La Mesa de Diálogo y Negociación por la Transición Demorada.

Hay que decirlo con honestidad: este proceso de transición avanza más lento que una carrera de carritos de helados de palito (popsicle) en una subida de tierra. Es un evento de alta costura diplomática donde los integrantes de las delegaciones viajan religiosamente una vez al mes. Mientras el país sufre en un calvario de hospitales sin insumos, transporte colapsado y cortes de Corpoelec que te apagan la computadora a mitad de una frase inspirada, ellos se sientan muy cómodos.De hecho, cada vez que entran al salón de reuniones da la impresión de que ponen de fondo la famosa cumbia de Pastor López, «La Mesita de Noche». Sí, esa que dice: «Te guardé... en la mesita de noche». Ahí metieron las urgencias de los ciudadanos: engavetadas junto a la lámpara, bien resguardadas del polvo de la realidad, esperando a que pase otro ciclo de conversaciones en Caracas o en Madrid. Lo divertido es ver cómo llegan a los encuentros con sus carpetas bajo el brazo, cual alumnos aplicados, repitiendo de memoria las lecciones aprendidas en el salón de clases del Norte. En la sesión de este mes, la encargada de deslumbrar con su retórica fue Dinorah Figuera. Tras bajarse del avión en Maiquetía y repasar el guion que le mandaron los nuevos padrinos de la Cosa Nostra corporativa, se paró frente a los micrófonos para pedirle paciencia a la gente que exige un cambio real. Con una calma digna de un monje budista que no vive en carne propia este martirio, soltó la joya académica del año: «Miren, muchachos, hay que entender los tiempos... Venezuela aún no necesita elecciones presidenciales ya, primero hay que acomodar los papeles».

¡Brillante! ¿Para qué apurar unas elecciones presidenciales que la gran mayoría de los venezolanos pide a gritos? ¿Para qué gastar tinta imprimiendo tarjetitas electorales si ya tenemos a Delcy siendo «estupenda», a los fixers del Departamento de Estado cobrando sus comisiones en el Pentágono y a Dinorah pidiendo calma desde el aire acondicionado? La democracia está sobrevalorada; lo que está de moda es el pragmatismo transaccional. En su mentalidad, lo nuestro no es el voto libre o la seguridad jurídica. No señor. Lo nuestro es la danza, el tambor y el guaguancó. Somos, oficialmente, la sucursal de la felicidad: "happy people" con los bolsillos llenos de dólares celebrando que los nuevos conquistadores cuidan de nuestro oro, nuestro petróleo y nuestras cotizadas "tierras raras" mientras esperamos que regrese la luz de Corpoelec. Ni la Reina Isabel la Católica se atrevió a soñar con un negocio tan redondo.

Definitivamente, la historia es una comedia repetida: ayer fuimos la Tierra de Gracia de una Reina Católica; hoy somos el sótano petrolero del Don Corleone de la Quinta Avenida. ¡Que no pare el guaguancó, muchachos, que para votar siempre habrá tiempo en el próximo siglo!

jlrlinares@gmail.com 


domingo, 13 de septiembre de 2026

El Reino de la Maula de Alta Gama: Delcy, Narnia y la Cuenta de la Miseria

 El Reino de la Maula de Alta Gama: Delcy, Narnia y la Cuenta de la Miseria




"Podrán llevarse al mentiroso y al manipulador, pero las malas ideas quedan sembradas en sus discípulos y seguidores"


La presidenta  Encargada Delcy Rodríguez afirmó que el 91% del ingreso estatal se destina a protección social y reivindicaciones salariales. Sin embargo, la bonificación de inicio del año escolar recibida por los docentes venezolanos —12,50 bolívares, equivalentes a 0,015 dólares— contradice esa cifra: el monto es insuficiente incluso para comprar un caramelo, y evidencia una brecha entre el discurso oficial y la realidad que enfrentan los trabajadores de la educación. Está monumental mentira es más grande que  la Estatua de la Unidad , en la India en la isla de Sandhu Bet .


El cinismo macroeconómico tiene patas cortas en la Venezuela de 2026. Pretender sostener la ficción de una "trayectoria de crecimiento progresivo" desde los micrófonos oficiales exige un nivel de perversidad y mitomanía que raya en lo criminal. Para la presidenta (E) Delcy Rodríguez, el libreto no cambia: declarar con prepotencia que el 91% de los ingresos de la República se destina a la protección social y a las reivindicaciones laborales. Es una manipulación psicológica y una quimera contable ejecutada por voceros que se creen la tapa del frasco —pero de un color amarillo traición—, diseñada para que la crea algún burócrata neófito en la Casa Blanca o el mismísimo Johnny Trump Bravo desde su despacho, pero que se estrella de frente contra el bolsillo del humilde labrador venezolano.Saquemos la cuenta real, esa aritmética de supervivencia que los ratones de la censura oficial pretenden borrar. Al cierre de diciembre de 2025, el tipo de cambio oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) clausuró el año en 301,37 bolívares por dólares, sellando una devaluación acumulada de nuestra moneda del 82,7% (un alza del dólar de 479,26% en doce meses). Para esa fecha navideña, la Canasta Alimentaria Familiar del CENDAS se ubicaba en 498,47 dólares, mientras que el personal activo de la administración pública recibía un Bono de Guerra de 32.400 bolívares, equivalentes a 119,65 dólares indexados.


Transcurridos ocho meses del interinato o tutelaje de Donald Trump en la geopolítica nacional, el cuadro es infinitamente más dantesco. Hoy, en septiembre de 2026, con el dólar oficial superando la barrera de los 820 bolívares, el poder adquisitivo real es ostensiblemente menor que el año pasado. El ajuste del Bono de Guerra a 200 dólares es un cascarón vacío; la inflación real en divisas ha pulverizado los salarios mientras el BCV continúa ejecutando su política monetaria criminal: emitir montañas de bolívares sin respaldo para financiar el gasto público y sostener la descomunal e ineficiente burocracia de cuello rojo. No es que Maduro sea mejor; Delcy es la continuación exacta de ese modelo corrupto y megalómano. En la balanza de la maldad, el cinismo y la perversidad, el fiel se mantiene en el centro perfecto entre Delcy y Miraflores. Las pesas están parejitas. Mientras la prensa estadounidense ventila el escándalo de los 13.000 millones de dólares en el limbo financiero y reporta una producción que supera el 1,2 millones de barriles diarios, el ciudadano de a pie se pregunta dónde está el dinero de ese nefasto Acuerdo Petrolero "por 100 o 500 años" del que alardea Trump. Al parecer, nos expropiaron el subsuelo en una mesa de negociación transatlántica. La supuesta "hoja de ruta equilibrada" acordada por los gremios y las cúpulas corporativas es otra lisonja de televisión, una estafa y un fraude verbal continuo. Cada vez que estos señores abren la boca, demuestran su caradura y su absoluta falta de sensibilidad humana y social. Delcy Rodríguez ordena ahora a Héctor Rodríguez mentirle a los incautos y a los pocos chavistas que quedan, montando el show de que los maestros tienen sueldos de 506 dólares. Es una gigantesca mentira: los docentes venezolanos no ganan 506 dólares ni sumando los bonos IIT más sus salarios de escala básica.

La realidad material desmiente la manipulación televisada: el salario mínimo nacional está congelado en unos pírricos 0.15 dólares y acumula más de 4 años y seis meses sin recibir aumento. El régimen sustituyó el sueldo por bonificaciones sin incidencia legal que no impactan en prestaciones sociales, vacaciones ni utilidades. El ensañamiento contra la base trabajadora roza el sadismo institucional: cuando calculan las prestaciones de un empleado público tras 30 años de servicio ininterrumpido, la cuenta se basa en el salario mínimo congelado, traduciéndose en que miles de jubilados reciben un miserable dólar por más de dos décadas de su vida entregadas al país. Nunca han honrado su palabra; en la memoria viva de los educadores aún sangra el recuerdo de aquellos infames bonos de inicio de año escolar de 12,50 bolívares, el equivalente a 0,015 dólares. Si Delcy Rodríguez gasta todo el dinero del Estado en protección social, ¿por qué los docentes marchan con los zapatos rotos y las taquillas de Hidrocentro exhiben carteles arrugados que dicen "No trabajamos por falta de luz"? La realidad material de las regiones es el desmentido definitivo a sus mitomanías macroeconómicas: bloques criminales de racionamiento eléctrico, escasez crónica de agua por tuberías que obliga a más del 80% de la población y a las familias en Cojedes, Sucre y Nueva Esparta a comprar tanques de mil litros por seis dólares con el sudor de su frente, y una infraestructura escolar en ruinas donde la solución ministerial es convertir las escuelas de niños en liceos improvisados por la tarde, canibalizando el pensum de calidad de nuestra juventud.

En el Reino de Narnia de la política monetaria, los únicos indicadores que crecen son el hambre de la base y el saldo en dólares de las mafias que rematan el país.  La balanza de la justicia sigue rota, e írrita, pero el pueblo sigue empujando la roca de la miseria a ras de suelo desbaratando el fraude verbal de sus gobernantes.


lunes, 7 de septiembre de 2026

El consentido de Washington: El enmantillado de los mares embravecidos

 El consentido de Washington:  El enmantillado de los mares embravecidos



Dicen que Alejandro Betancourt nació enmantillado. En el folklore venezolano eso significa buena suerte; en la realidad, significa que el tipo tiene un manto invisible que lo protege cuando el mar se pone bravo. Lo han visto naufragar en escándalos de miles de millones y reaparecer, como Lázaro con corbata, en el centro del poder.

Del Tren Rojo al estrecho de Ormuz

Todo empezó con el Tren Rojo. No el de los ferrocarriles, sino el de la electricidad de emergencia: ese tren que, según los cálculos, debía costar 2.100 millones y terminó en una factura de 5.000. Derwick Associates, la empresa que Betancourt fundó antes de cumplir los 30, apareció como por arte de magia para instalar plantas termoeléctricas en medio de apagones nacionales. Doce contratos en catorce meses, sin licitación, con un sobreprecio que Transparencia Venezuela calcula en 2.900 millones.

Mientras el país se quedaba a oscuras, los “bolichicos” brillaban en la noche. Betancourt, hijo de pianista y bisnieto de un presidente del siglo XIX, aprendió rápido la partitura del poder: tocar las teclas correctas en el momento exacto.

Luego vino la caída: investigaciones, demandas, detenciones, titulares que lo pintaban como el villano perfecto. Pero el enmantillado no se ahoga. En 2026, reaparece como pieza clave del “mayor acuerdo petrolero de la historia” entre Trump y Caracas, con concesiones para perforar 17 campos y mover 65.000 millones de barriles.

Ahora, Betancourt no es solo el ex intermediario eléctrico: es el líder de North American Blue Energy Partners (NABEP), la empresa que hoy se presenta como la segunda mayor productora de crudo de Venezuela, con una producción superior a los 200.000 barriles diarios. De repente, el mismo nombre que olía a guiso eléctrico ahora huele a crudo y geopolítica.

Los Ayatolas, Ormuz y la nueva mina de oro

Aquí es donde la sátira puede dispararse, con lastre de realidad:

Betancourt, con su manto de buena suerte, se vuelve tan útil que hasta los ayatolás lo invitan a rezar por la estabilidad del Estrecho de Ormuz. Después de todo, el mismo hombre que intermedió en contratos eléctricos por 2.250 millones ahora negocia petróleo en un contexto donde Ormuz es el cuello de botella del crudo mundial.

Jonhy “Trump” Bravo, su mentor en el reality El Aprendiz: Petróleo y Poder, le encarga una misión secreta: negociar a nivel mundial los cálculos biliares de las reses en los mataderos del planeta. Resulta que esas piedritas verdes, más raras que un político honesto, son la nueva mina: más valiosas que el oro, el litio y el bitcoin juntos.

Betancourt, con su sonrisa de fixer, logra que los mataderos de Argentina, India y Brasil le vendan los derechos exclusivos a una empresa fantasma registrada en una isla que no aparece en Google Maps.

Los ayatolas, fascinados, prometen proteger los buques que transportan los cálculos por el Estrecho de Ormuz, a cambio de un porcentaje en “piedras sagradas”.

Washington, por su parte, declara que los cálculos biliares son “estratégicos para la seguridad nacional” y envía un portaaviones a custodiar el primer cargamento.

Todo suena absurdo, pero no más que la realidad: un empresario acusado de sobrefacturar 5.000 millones en electricidad ahora es el intermediario entre Trump y los hermanos Rodríguez para el petróleo, y su empresa NABEP bombea más de 200.000 barriles diarios mientras el país sigue a oscuras.

El fixer que cayó simpático

Lo más irónico es que, en medio de tanto escándalo, Betancourt logra caer simpático. A unos les cae bien porque “al menos hace algo”; a otros, porque representa la astucia criolla de sobrevivir en el caos. Es el personaje perfecto para una sátira: un tipo que puede estar en una foto con Delcy Rodríguez y, al día siguiente, en otra con los halcones de Washington, sin que nadie se explique cómo.

En una escena una  de El Aprendiz tipo reality show:

—Jonhy Bravo, con el pelo más naranja que nunca, lo mira a cámara y dice:

—“Alejandro, hoy no vas a construir una planta eléctrica. Vas a construir un imperio de cálculos biliares. ¿Aceptas el desafío?”

—Betancourt sonríe, se ajusta la corbata y responde:

—“Jonhy, yo no construyo imperios. Yo los enmanto.”

Y cierras con la moraleja: en Venezuela, nacer enmantillado no es solo folklore; es una ventaja competitiva en el mercado de la corrupción global.

jlrlinares@gmail.com 




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