miércoles, 15 de abril de 2026

 Las fallas eléctricas en Venezuela: 26 años de promesas, apagones y una red en terapia intensiva



Venezuela no atraviesa una simple crisis eléctrica. Vive, desde hace años, en una especie de vigilia forzada entre racionamientos, apagones, bajones de voltaje y promesas oficiales que duran menos que un bombillo chino en sobrecarga. La narrativa ha cambiado con los gobiernos, pero el resultado sigue siendo el mismo: un país a oscuras, administrado por autoridades que explican el colapso con la misma creatividad con la que evitan asumir responsabilidades.

La primera gran crisis eléctrica moderna se declaró a inicios de 2010, durante el mandato de Hugo Chávez. Entonces se habló de emergencia, de racionamiento y de medidas extraordinarias, en medio de una severa sequía que redujo los niveles de Guri y de una falta de inversión que ya venía socavando al sistema desde años antes. La electricidad comenzó a dosificarse como si fuera medicina escasa, mientras el país descubría que la planificación energética también podía morir de abandono.

Ya para finales de 2009 y comienzos de 2010, los hornos de SIDOR empezaron a apagarse progresivamente por orden del Gobierno nacional, bajo el argumento del racionamiento eléctrico. Se impusieron cortes de 2 a 4 horas diarias, se redujo la jornada laboral pública y se restringió al comercio. Así comenzó una etapa que normalizó lo inaceptable: en vez de resolver la crisis, se administró el apagón como si fuera política pública.

Promesas, excusas y memoria corta

La crisis del Sistema Eléctrico Nacional no solo dejó racionamientos. También produjo una colección de promesas incumplidas que hoy forman parte del archivo oficial de la desmemoria. En abril de 2013, Jesse Chacón aseguró que estabilizaría el sistema en 100 días y llegó incluso a ofrecer su renuncia si no cumplía. El problema fue que no cumplió, no renunció y el país siguió hundiéndose en una precariedad eléctrica cada vez más profunda.

Entre 2014 y 2018, el deterioro se aceleró. Las denuncias de corrupción, sobreprecio, desvío de recursos e ineficiencia gerencial dejaron de ser murmullos de técnicos y se convirtieron en una constante. El sistema empezó a mostrar sus costuras: subestaciones envejecidas, mantenimiento insuficiente, equipos dañados y una burocracia más preocupada por sostener el relato que por sostener la red.

Y llegó 2019, cuando el país terminó de entender que el colapso ya no era una posibilidad sino una rutina. El gran apagón de marzo dejó a buena parte de Venezuela sumida en la oscuridad durante días y confirmó lo que ingenieros y especialistas venían advirtiendo: un sistema sin inversión, sin redundancia y sin gestión no falla; se derrumba.

La excusa de siempre

Cada apagón en Venezuela viene acompañado de una liturgia conocida. Si falla el sistema, la culpa es del clima. Si colapsa una subestación, fue sabotaje. Si se incendia un equipo, la explicación se busca en enemigos externos, animales imprudentes o conspiraciones perfectamente oportunas. El problema es que esa narrativa ha sido repetida tantas veces que ya no convence ni como libreto de emergencia.

La realidad técnica es mucho menos glamorosa y bastante más incómoda: durante años no se sustituyeron equipos, no se garantizó mantenimiento, no se modernizó la infraestructura y no se protegieron las instalaciones críticas. Cuando un país deja de invertir en su sistema eléctrico, no obtiene “incidentes aislados”; obtiene una crisis estructural. Y eso es precisamente lo que Venezuela lleva padeciendo desde hace más de una década.

De impusieron cortes de 2 a 4 horas diarias, se redujo la jornada laboral pública y se restringió al comercio. Así comenzó una etapa que normalizó lo inaceptable: en vez de resolver la crisis, se administró el apagón como si fuera política pública.

El Cementerio de Hierro: Autotransformadores en el Olvido

La crisis eléctrica nacional no solo es hija de la desinversión, sino de una gestión que parece haber sentenciado al sistema al abandono, incluso teniendo las soluciones a la mano. Diversos reportes técnicos y denuncias de especialistas han señalado una realidad dolorosa: la existencia de equipos y repuestos de alta gama que, habiendo llegado al país hace años, permanecen acumulando polvo en almacenes sin ser instalados. Esta situación convierte la falta de mantenimiento preventivo en una omisión deliberada que pone en riesgo la estabilidad del país.  

Un ejemplo emblemático de esta negligencia ocurrió en la Subestación Guri B, donde la explosión de uno de sus autotransformadores trifásicos —con capacidad de 1,500 megavatios— pudo haberse evitado si se hubiera reemplazado un simple bushing. Lo verdaderamente alarmante es que el repuesto necesario para esa reparación, cuyo costo es ínfimo comparado con los 5 millones de dólares que se perdieron por la destrucción del autotransformador, se encontraba disponible en el almacén de la propia subestación. Este patrón de "repuestos en depósito y equipos en falla" evidencia que la estructura administrativa ha priorizado el almacenamiento por encima de la operatividad real.  

Mientras el 90% de los transformadores en las subestaciones nacionales ya han superado su tiempo de vida útil, la negativa a ejecutar un plan de sustitución con los equipos que ya están en inventario es una condena al servicio eléctrico. No se trata solo de falta de recursos, sino de una desidia institucional que prefiere dejar que los autotransformadores se conviertan en chatarra en los patios de almacenamiento antes que ponerlos al servicio de un sistema interconectado que agoniza por sobrecargas y falta de atención técnica.  

Un país que produce oscuridad

La ironía es brutal. Venezuela, con enormes recursos energéticos, terminó administrando apagones como quien administra una costumbre nacional. La electricidad dejó de ser una garantía del Estado y pasó a ser una especie de premio intermitente, sujeto al humor de la red, al desgaste de los equipos y a la capacidad del gobierno de turno para maquillar la realidad.

Pero la crisis no se explica solo por la sequía o por la caída de generación. También hay una dimensión política y moral que no puede esconderse detrás de ningún comunicado. La corrupción en el sector eléctrico ha sido denunciada durante años como parte de un esquema donde contratos, obras inconclusas y recursos públicos mal administrados terminaron erosionando aún más un sistema ya frágil. Lo que se perdió no fue solo dinero: se perdió capacidad técnica, confianza institucional y tiempo, ese recurso que en electricidad también se mide en daños acumulados.

Tocoma: la obra que no alumbró

Si hay una imagen perfecta del fracaso eléctrico venezolano, esa es Tocoma. La central hidroeléctrica Manuel Piar fue presentada como una pieza clave para fortalecer la generación del país, pero terminó convertida en símbolo de retrasos, sobrecostos, corrosión, abandono y promesas que nunca llegaron a encender turbinas. La obra debió estar concluida hace años, pero sigue siendo una demostración permanente de cómo la desidia puede disfrazarse de proyecto estratégico.

Tocoma no solo representa una infraestructura inconclusa. Representa una manera de gobernar: anunciar, inaugurar en maqueta, prometer por fases, justificar retrasos y dejar que el tiempo haga el trabajo sucio. Mientras tanto, el país siguió a oscuras y el sistema eléctrico siguió perdiendo capacidad como si el deterioro fuera parte de un plan nacional.

El negocio de la oscuridad

En ese ecosistema florecieron los llamados Bolichicos, esa generación de intermediarios que descubrió que en Venezuela podía hacerse fortuna no necesariamente con talento, sino con cercanía al poder. Derwick Associates quedó asociada a una época de compras opacas, contratos cuestionados y equipos adquiridos bajo una lógica más financiera que técnica. En un país desesperado por resolver apagones, la electricidad también se convirtió en negocio.

Y ese es quizá uno de los grandes absurdos de toda esta historia: mientras millones de venezolanos aprendían a vivir entre bajones y racionamientos, otros hacían fortuna en torno al mismo sistema que se estaba hundiendo. El país se quedó sin luz, pero algunos sí encontraron el interruptor del enriquecimiento.

Un colapso anunciado

Los apagones de 2018 y 2019 dejaron claro que el sistema eléctrico venezolano no estaba enfrentando fallas fortuitas, sino un colapso anunciado. Subestaciones vulnerables, transformadores envejecidos, protecciones obsoletas y equipos sin repuestos forman parte de una red que funciona por inercia y no por robustez. Cuando ocurre una falla, el país entero lo siente porque el sistema ya no tiene margen para absorber golpes.

En cualquier país con una gerencia mínimamente seria, una falla se corrige antes de convertirse en tragedia. En Venezuela, en cambio, la falla se convierte en rutina, la rutina en excusa y la excusa en política oficial. Así se ha ido normalizando lo intolerable: hospitales con fallas, industrias paradas, hogares sin servicio estable y ciudades enteras sometidas a un racionamiento disfrazado de contingencia.

Cierre

Después de tantos años, el problema eléctrico venezolano ya no puede presentarse como una emergencia pasajera. Es el resultado de una cadena de decisiones, omisiones y saqueos que dejaron al país sobreviviendo con un sistema que opera muy por debajo de su capacidad real. Venezuela no está únicamente sufriendo apagones: está pagando el costo de haber convertido la infraestructura pública en botín, la técnica en propaganda y la corrupción en método de gobierno.

La oscuridad, en este caso, no es metáfora. Es política, economía y vida cotidiana. Y mientras el poder siga buscando culpables en el clima, en el sabotaje o en la mala suerte, el país seguirá haciendo lo mismo de siempre: esperando luz en un sistema que fue apagado mucho antes de que se fueran los bombillos


Nota de Prensa

 El Dorado, Estado Bolívar, 14 de abril de 2026. Vocería de Contraloría Social del Consejo Comunal San Rafael de la Camorra



CONSEJO COMUNAL SAN RAFAEL DE LA CAMORRA EXIGE AL MINISTRO HÉCTOR SILVA INTERVENCIÓN POR ACCIDENTE FATAL Y RESTITUCIÓN DE DERECHOS A LA ALIANZA SARAD

EL DORADO, ESTADO BOLÍVAR – El Consejo Comunal San Rafael de la Camorra, a través de su Vocería de Contraloría Social, emite un pronunciamiento urgente dirigido al Ministro del Poder Popular de Desarrollo Minero Ecológico, Héctor Silva, ante la gravedad de la situación laboral y jurídica en nuestro ámbito territorial.

1. DENUNCIA POR ACCIDENTE FATAL EN MINING VENEZUELA C.A.

Como autoridad comunitaria, denunciamos que el reciente fallecimiento del trabajador Maxiel San Martin, el día 11/04/2026, evidencia la desprotección absoluta en las operaciones de la empresa Mining Venezuela C.A.:

Evasión del Seguro Social: El fallecido carecía de registro en el IVSS.

Falta de Seguros: Operatividad sin pólizas de vida ni de accidentes personales.

Inseguridad Industrial: Incumplimiento de normativas de prevención de riesgos.

2. EXIGENCIA DE RESTITUCIÓN DE DERECHOS A LA ALIANZA SARAD

Denunciamos públicamente que la Alianza SARAD ha sido víctima de una Vía de Hecho que le arrebató su administración legítima. El Consejo Comunal respalda el reclamo de SARAD para que le sea restituida de inmediato su operatividad administrativa, la cual venía ejerciendo conforme a derecho antes de este atropello.

Recordamos que este caso fue introducido ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) hace dos años sin que hasta la fecha exista una respuesta, lo que constituye un grave retardo procesal que afecta la estabilidad de los trabajadores y la comunidad.

3. PETITORIO DIRECTO AL MINISTERIO DE MINAS

Dada la potestad del Ministro Héctor Silva sobre estos asuntos, el Consejo Comunal solicita:

Inspección Inmediata e Integral: Auditoría técnica y laboral a las Alianzas Estratégicas (incluyendo Dominic Gold / Pozo 8), Brigadas y Personas Naturales del sector.

Cese de Vías de Hecho: Justicia para los pisatarios históricos con más de 30 años de permanencia y solución inmediata al caso de la Alianza SARAD.

Acompañamiento Comunal: Participación de la Contraloría Social en toda inspección oficial para garantizar la transparencia frente a los atropellos denunciados.

3. UNIDAD EN LA DEFENSA TERRITORIAL

En conjunto con la Asociación Civil del Dorado, el Consejo Comunal ratifica su compromiso con la justicia social. No permitiremos que se sigan vulnerando los derechos de las alianzas legítimas, de los trabajadores ni de los habitantes de nuestra zona.

CONCLUSIÓN Ministro Héctor Silva, la omisión institucional ha costado vidas y ha permitido atropellos jurídicos. Exigimos la restitución de la administración a la Alianza SARAD y seguridad para todo el pueblo minero de San Rafael de la Camorra.

“Contraloría Social en defensa de la vida y el derecho”

Vocería de Contraloría Social Consejo Comunal San Rafael de la Camorra



lunes, 13 de abril de 2026

La Corporación CAMAFLORO

 “La versión azul del PSUV”: CAMAFLORO 2.0 y el marketing de la continuidad autoritaria


Introducción: el discurso del cambio sin el cambio real

En los últimos años, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ha intentado proyectar una imagen renovada, articulada en la noción de “transición” y en un repensar de su propia imagen pública. Ese intento de rebranding político se ha traducido en un cambio de tonalidad: el rojo patriótico tradicional cede paso a una paleta azul “moderna”, asociada a la idea de gestión eficiente, tecnología y profesionalismo. La propia metáfora de una empresa fallida ha sido adaptada para pensar este fenómeno: CAMAFLORO, una corporación en quiebra, que decide, no corregir defectos estructurales, sino cambiar el envase de sus productos.

En este texto, CAMAFLORO se convierte en la metáfora perfecta de la versión 2.0 del PSUV. Un partido que, lejos de representar un cambio de paradigma, perpetúa la corrupción, el autoritarismo y la exclusión, solo que ahora bajo el disfraz del lenguaje del marketing político contemporáneo. El sarcasmo, en este caso, no será un recurso marginal, sino una herramienta analítica que permite exponer las paradojas de un régimen que se moderniza en el discurso mientras el país retrocede en la práctica.

1. CAMAFLORO: el fracaso de una corporación de Estado

El fracaso de los “CEO de CAMAFLORO” puede ser leído como una metáfora de la descomposición institucional del PSUV. Sus siglas, construidas a partir de los apellidos de los directivos estrella, simulan un modelo de gestión corporativa, con lenguaje de eficiencia y profesionalismo, pero el resultado es el mismo que el de muchos organismos de gobierno: quiebra programática y pérdida de legitimidad. El partido, en lugar de escuchar a la “base de consumidores” (ciudadanía, trabajadores, pensionados, jóvenes), prioriza un marketing demagógico de régimen, que impone la narrativa desde arriba, sustituyendo el diálogo por consignas y la participación por la obediencia.

El pensamiento de los directivos, en esta metáfora, es más cerrado que una alcabala en Caracas: el debate político se reduce a la repetición de rituales ideológicos, y el espacio de la disidencia se ve limitado por la verticalidad de la cadena de mando. La estructura se comporta como un cacicazgo familiar, donde un “dueño” eterno concentra el poder y el resto aparece como ejecutor pasivo de decisiones, relegando a la juventud a la cuneta simbólica del proceso político.

2. Del rojo patrio al azul marketing: la estética sin sustancia

El paso de la iconografía roja de los FLOMA a la paleta azul “shiny” de la propaganda reciente no supone necesariamente un cambio de praxis. Más bien, se trata de un ejercicio de rebranding ideológico: el PSUV, como CAMAFLORO, borra viejas consignas (“patria o muerte”) para sustituirlas por slogans relucientes, más llamativos que un carnaval en El Callao, pero igualmente vacíos. El discurso se vuelve “light” y se recubre de términos de la moda gestionaria (“innovación disruptiva”, “transformación digital”, “eco‑friendly”, “escalable”), que convierten un programa de gobierno en una solución integral smart.

Sin embargo, detrás de este lenguaje, la calidad del producto político es la misma: miseria con hashtag, hambre “optimizada”, corrupción “disruptiva” y represión con sonrisa de influencer. La única diferencia es que ahora el dinosaurio lleva glitter, pero el olor, lejos de desaparecer, se vuelve más penetrante. El producto sigue siendo el mismo, solo el envase ha cambiado.

3. La farsa de la “transición Blue”

La marcha del 9 de abril, en la que los trabajadores y pensionados exigen salarios dignos y pensiones justas, se convierte en el símbolo de una transición real que el régimen niega. Frente a ese reclamo, la respuesta no es el diálogo ni la reforma, sino la represión cosmetizada: confites de pimienta, lacrimógenas y garrotazos, acompañados del argumento de que se trata de una nueva etapa democrática. La promesa de una “transición Blue” resulta, así, en la continuación de los métodos autoritarios, con un reparto de cárceles idéntico, solo adornado por el lenguaje de la “nueva era”.

Ni siquiera la marquesina de la casa del partido ha sido renovada: las viejas consignas que afirman que “el muerto vive y el preso vuelve” persisten, como si el tiempo no hubiera pasado. Esa galimatías discursiva refleja un vacío de ideas y una incapacidad para reconocer el propio fracaso. El PSUV, como CAMAFLORO, puede cambiar de logo, pero no puede cambiar su ADN sin renunciar a la lógica de dominación que lo sostiene.

4. El siglo XXI del atraso: Guri, velas y hielo derretido

El contraste entre el hombre del siglo XXI que vuelve a la Luna y el régimen que sigue remendando las turbinas de Guri con alambre y cinta de Mercal es paradójico, pero revelador. El discurso oficial sostiene la falta de recursos y culpa a gobiernos pasados, mientras el presente se consume en apagones sucesivos y soluciones rudimentarias. La vela a precio de dólar, que dura apenas veinte minutos, hecha con hielo derretido de una nevera vacía, se convierte en la imagen perfecta de una economía que consume el capital sin producir nada digno de sustento.

Mientras tanto, el imaginario político promete rascacielos más altos que Dubai y un Río Guaire cristalino y bebible, como si el poder simbólico de la palabra pudiera sustituir la carencia material. La electricidad es “disruptiva”, pero las luces se apagan; las promesas brillan, pero las cuentas se inflan.

5. Conclusión: la versión azul de un dinosaurio vencido

La versión azul del PSUV, lejos de representar una verdadera modernización, expresa el esfuerzo por maquillar un dinosaurio que ya está en estado de putrefacción. Corrupción, represión, desigualdad y pobreza persisten intactas, solo que ahora se visten con los colores del marketing político de principios del siglo XXI. El sarcasmo, entonces, no es un recurso gratuito, sino una lente necesaria para ver lo que el discurso oficial intenta ocultar.

Los trabajadores, pensionados, madres y jóvenes que salen a la calle no necesitan un nuevo tono de pintura en el letrero; necesitan salarios verdaderos, pensiones dignas, energía confiable y justicia. Hasta que el PSUV se vea obligado a transformar su práctica, y no solo su estética, la “versión azul” seguirá siendo solo el intento no decorativo de un régimen que ya ha caducado.



jueves, 9 de abril de 2026

“¡Delcy y el salario invisible, gracias Corpoelec!”

 “¡Delcy y el salario invisible, gracias Corpoelec!”


Por Juan Linares 




¡Gracias, Corpoelec, heroína silenciosa del socialismo! Gracias por el racionamiento eléctrico de cinco horas, porque gracias a ti nadie vio el discurso de Delcy Rodríguez. Así evitamos otro apagón mental colectivo. Mientras media Venezuela cenaba a oscuras, Delcy, presidenta interina y economista por inspiración soviética, anunciaba el aumento del salario mínimo para el 1° de mayo. ¿El monto? Misterio de Estado. “¡Un aumento sin cifra, pero con esperanza!”, parecía decir la transmisión fantasma.

Rodríguez aseguró que el sistema de pensiones es “insostenible”. Harían falta 38 millones de trabajadores activos para sostenerlo —una cifra mágica, inventada en el laboratorio dialéctico IVSS. Porque claro, en el país donde la población total apenas llega a 28 millones, ¡la única forma de cuadrar los números sería importar trabajadores imaginarios!

El origen de tanta confusión no está en los apagones, sino en las aulas soviéticas donde el chavismo aprendió que el mercado es pecado y la planificación, una religión. Jesús Farías, por ejemplo, se formó en la Universidad de Berlín Oriental “Alejandro Humboldt”, donde Marx era canon y Friedman era el diablo. Quizá por eso Delcy teme pronunciar la palabra mercado en voz alta: podría ser excomulgada por el PSUV.

Mientras tanto, del otro lado del planeta, los maestros de la Escuela de Chicago —Milton Friedman, George Stigler, Gary Becker— predicaban libertad de precios y competencia. En Venezuela, esa libertad existe… pero para el dólar y los enchufados. Adam Smith se revuelve en su tumba cada vez que un “socialista del siglo XXI” negocia crudo con Wall Street.

El socialismo criollo llegó a su versión premium: marxismo para los discursos, capitalismo para los negocios, apagones para los pobres. PDVSA se privatiza con discreción, las pensiones valen menos que un chicle, y Delcy sueña con un país “libre de bloqueos”, pero encadenado a su propio modelo soviético del siglo pasado.

Diálogo imaginario en Miraflores:

Delcy: “¡El libre mercado es explotación!”

Asesor: “Vice, pero los sueldos se pagan en dólares.”

—Delcy: “¡Eso es monetarismo patriótico!”

Y así seguimos: rezando a Lenin, cobrando a PayPal y dándole gracias a Corpoelec por hacernos el favor de no ver cadenas nacionales. Porque, dentro de toda esta oscuridad, lo único sostenible… es el apagón

miércoles, 8 de abril de 2026

La Corrupción causa más Inflación y Devaluación que un Aumento Salarial.



¡Salarios de miseria y excusas de oro: el circo salarial venezolano donde nadie produce, pero todos se roban!

En el gran teatro del presupuesto nacional, el aumento salarial para el sector público es el acto estelar que nadie aplaude. El régimen chavista llora a moco tendido: "¡No hay dinero!", mientras el erario se evapora en un gasto público inoperante, ese monstruo burocrático que devora todo sin regurgitar ni un bolívar. ¿La causa? Ausencia total de libertades económicas y jurídicas, salpicada de expropiaciones "revolucionarias" donde el Estado y sus cómplices se apoderan de bienes ajenos sin soltar un centavo. Un robo con guante de seda, claro. Resultado: aquí nadie produce ni invierte. Ni siquiera las petroleras gringas, con su "imperio" de respaldo, se atreven a meter un dedo en este avispero.

Y ni hablemos de la Asamblea Nacional, ese parlamento de pacotilla donde la oposición "elegida" por el régimen tiembla como hoja al viento ante las amenazas del copropietario eterno, Nicolás Maduro. ¿Discutir salarios? ¡Ja! Mejor agachar la cabeza para no perder la curul y el sueldo de figurante.

Mientras tanto, las pocas empresas privadas "parasitarias" —propiedad de enchufados afiliados a Fedecámaras y Fedeindustria, esos aliados incondicionales del gobierno— exigen más. No les basta el instructivo de ONAPRE ni el Memorándum 2792; ahora quieren amputar artículos de la LOTTT como si fueran cirujanos aficionados. ¿Respeto a la ley? Por favor, estos son el copy-paste perfecto del Estado: piden eliminar prestaciones sociales y estabilidad laboral, soñando con trabajadores desechables como en una fábrica de condones chinos.

Y no olvidemos a los sindicaleros esquiroles, esos Judas de corbata que complican el vía crucis de trabajadores y pensionados. Complacientes hasta la náusea, venden contratos colectivos y firman el Memorándum 2792 a cambio de migajas: promesas de un "Banco de los Trabajadores" y pozos petroleros que nunca llegan. Desclasados hasta la médula, le venden la primogénita a cualquier postor por un hueso rancio.

A estos "empresarios" y vendepatrias les da igual mantener a trabajadores, pensionados y jubilados con 0,26 dólares al mes. Parecen marionetas del PSUV, tan obedientes que hasta organizan contramarchas para sabotear protestas obreras. ¿Ejemplo? Inventan desfiles para celebrar el cumpleaños del Indio Waikavy o la reina María Lionza, cualquier excusa con tal de no soltar un bolívar extra.

El dilema que plantea el régimen: un aumento salarial "dispararía" la inflación, pero omiten cómo la corrupción masiva es el verdadero motor de la devaluación del bolívar y la inflación crónica. Es un chantaje clásico: congelar salarios en 130 bolívares (0.26 USD hoy) mientras prometen bonos indexados vía Sistema Patria, que benefician selectivamente a activistas y afines (hasta 300 USD mensuales reportados en algunos casos). Esto evita ajustes al salario base, que obliga pagos en divisas a privados y genera pasivos fiscales reales.

Corrupción como Inflacionista Oculta

La corrupción genera inflación indirecta al saquear recursos que podrían estabilizar la economía:

PDVSA y cripto: Estimaciones de 30 mil millones USD expoliados bajo Tareck El Aissami (incluyendo mineros ilegales de criptomonedas y Petro). 

Pero retrocedamos a los boom petroleros, cuando millardos —¡investigaciones hablan de dos billones de dólares burlados!— fluían como petróleo crudo. ¿Fondos de inversión para jubilaciones y pensiones? Ni en sueños. Prefirieron el control cambiario, esa máquina de enriquecimiento exprés para corruptos y malandros. CADIVI, Cencoex, Sicad, Simadi, Dicom... y ahora las "Mesas de Cambio" del BCV. Siglas para asignar divisas preferenciales a los enchufados, mientras el salario mínimo y las pensiones se quedaban en el olvido. Empresas básicas de Guayana destruidas, PDVSA hecha trizas por la peste roja corrupta. ¡Prioridades revolucionarias!

Tuvimos cash para copiar lo mejor de Países Bajos, Dinamarca, Islandia, Luxemburgo, Noruega, Australia, EE.UU. o Singapur —países con salarios y pensiones de ensueño—. Pero no, el chavismo optó por el modelo deluxe: Somalia, Zimbabue, Eritrea, Burundi, Sudán del Sur, Malaui, República Centroafricana y Chad. Hambre, pobreza, miseria y corrupción garantizadas. ¡Gracias, líderes visionarios, por este paraíso tropical de harapos y promesas vacías!

¡Basta de farsas! Apoyemos la marcha del 9 de abril: salgamos a las calles exigiendo aumentos salariales y pensiones dignas, el cumplimiento estricto del Artículo 91 de la Constitución Nacional —ese que manda salarios mínimos para cubrir la canasta básica familiar, no para mendigar—. Que el pueblo despierte y rompa las cadenas de la miseria, ¡porque la dignidad no se negocia con esquiroles ni se roba con siglas!




martes, 7 de abril de 2026

¡Salarios de miseria y excusas de oro

¡Salarios de miseria y excusas de oro: el circo salarial venezolano donde nadie produce, pero todos se roban!





Expropiaciones, enchufados y sindicaleros vendidos: la receta chavista para la hambruna eterna


En el gran teatro del presupuesto nacional, el aumento salarial para el sector público es el acto estelar que nadie aplaude. El régimen chavista llora a moco tendido: "¡ 

No hay dinero!", mientras el erario se evapora en un gasto público inoperante, ese monstruo burocrático que devora todo sin regurgitar ni un bolívar. 

¿La causa? Ausencia total de libertades económicas y jurídicas, salpicada de expropiaciones "revolucionarias" donde el Estado y sus cómplices se apoderan de bienes ajenos sin soltar un centavo. Un robo con guante de seda, claro. Resultado: aquí nadie produce ni invierte. Ni siquiera las petroleras gringas, con su "imperio" de respaldo, se atreven a meter un dedo en este avispero.

Y ni hablemos de la Asamblea Nacional, ese parlamento de pacotilla donde la oposición "elegida" por el régimen tiembla como hoja al viento ante las amenazas del copropietario eterno, Nicolás Maduro. ¿Discutir salarios? ¡Ja! Mejor agachar la cabeza para no perder la curul y el sueldo de figurante.

Mientras tanto, las pocas empresas privadas "parasitarias" —propiedad de enchufados afiliados a Fedecámaras y Fedeindustria, esos aliados incondicionales del gobierno— exigen más. No les basta el instructivo de ONAPRE ni el Memorándum 2792; ahora quieren amputar artículos de la LOTTT como si fueran cirujanos aficionados. ¿Respeto a la ley? Por favor, estos son el copy-paste perfecto del Estado: piden eliminar prestaciones sociales y estabilidad laboral, soñando con trabajadores desechables como en una fábrica de condones chinos.

Y no olvidemos a los sindicaleros esquiroles, esos Judas de corbata que complican el vía crucis de trabajadores y pensionados. Complacientes hasta la náusea, venden contratos colectivos y firman el Memorándum 2792 a cambio de migajas: promesas de un "Banco de los Trabajadores" y pozos petroleros que nunca llegan. Desclasados hasta la médula, le venden la primogénita a cualquier postor por un hueso rancio.

A estos "empresarios" y vendepatrias les da igual mantener a trabajadores, pensionados y jubilados con 0,26 dólares al mes. Parecen marionetas del PSUV, tan obedientes que hasta organizan contramarchas para sabotear protestas obreras. ¿Ejemplo? Inventan desfiles para celebrar el cumpleaños del Indio Waikavy o la reina María Lionza, cualquier excusa con tal de no soltar un bolívar extra.

Pero retrocedamos a los boom petroleros, cuando millardos —¡investigaciones hablan de dos billones de dólares burlados!— fluían como petróleo crudo. ¿Fondos de inversión para jubilaciones y pensiones? Ni en sueños. Prefirieron el control cambiario, esa máquina de enriquecimiento exprés para corruptos y malandros. CADIVI, Cencoex, Sicad, Simadi, Dicom... y ahora las "Mesas de Cambio" del BCV. Siglas para asignar divisas preferenciales a los enchufados, mientras el salario mínimo y las pensiones se quedaban en el olvido.

Y no hablemos de las obras "fantasma": según Transparencia Venezuela, más de 316.000 millones de dólares evaporados en 246 obras inconclusas (muchas de Odebrecht), pagadas al 100% pero paralizadas bajo Chávez y Maduro. Los autores? Vivos y coleando: ministros, embajadores o bronceados en paraísos fiscales. ¡Fácil decir "no hay dinero" para salarios cuando el botín está en yates y cuentas offshore!

Empresas básicas de Guayana destruidas, PDVSA hecha trizas por la peste roja corrupta. ¡Prioridades revolucionarias!

Tuvimos cash para copiar lo mejor de Países Bajos, Dinamarca, Islandia, Luxemburgo, Noruega, Australia, EE.UU. o Singapur —países con salarios y pensiones de ensueño—. Pero no, el chavismo optó por el modelo deluxe: Somalia, Zimbabue, Eritrea, Burundi, Sudán del Sur, Malaui, República Centroafricana y Chad. Hambre, pobreza, miseria y corrupción garantizadas. ¡Gracias, líderes visionarios, por este paraíso tropical de harapos y promesas vacías!

¡Basta de farsas! Apoyemos la MARCHA 9 DE ABRIL: salgamos a las calles exigiendo aumentos salariales y pensiones dignas, el cumplimiento estricto del Artículo 91 de la Constitución Nacional —ese que manda salarios mínimos para cubrir la canasta básica familiar, no para mendigar—. Que el pueblo despierte y rompa las cadenas de la miseria, ¡porque la dignidad no se negocia con esquiroles ni se roba con siglas!




lunes, 6 de abril de 2026

Crónicas de Macondia

 Crónicas de Macondia: El Circo de los Relojes de Oro y el Pueblo de Barro

 Redacción de "La Verdad Inexistente"


Llegan los dirigentes en camionetas de alta gama, blindadas contra la realidad, vestidos a la moda con marcas del imperio que tanto dicen odiar y luciendo el brillo insultante de sus Rolex en muñecas que jamás han cargado un bulto. En la plaza, el pueblo espera bajo un sol que no perdona. Es una concentración convocada bajo caución: el que no asiste se arriesga a perder la bolsa de alimentos o los beneficios que llegan de forma esporádica. Allí, la gente sin luz, sin agua, frente a hospitales sin insumos ni médicos, escucha el mismo guión de hace un cuarto de siglo. El líder, lozano y perfumado, truena desde el estrado contra el "saqueo", el "bloqueo" y la "corrupción de los apátridas", mientras asegura que ellos se sacrifican por la verdad. Todo esto, bajo la sombra del Magnánimo Jefe Rojo que se fue, pero que —según el libreto— sigue alumbrando desde el más allá el camino de una Patria que solo los jerarcas parecen disfrutar.


La Arqueología del Desastre: Ingeniería de la Edad de Piedra


Este "sacrificio" de la cúpula se traduce, para el resto de Macondia, en una regresión técnica sin precedentes. El ejemplo más obsceno es el colapso del acueducto principal, donde un derrumbe obstruyó un túnel vital dejando a dos estados sumidos en la sequía. Pero en Macondia no hay máquinas modernas, ni topadoras, ni tuneladoras de precisión. El régimen ha desplegado una "epopeya" de picos, palos, martillos eléctricos remendados y pequeñas bombas de agua que parecen de juguete ante la magnitud del desastre.

No hay ingenieros hidráulicos ni equipos conocedores de la materia; el conocimiento ha sido exiliado y sustituido por la lealtad ciega. Los "analfabetos del saber" ocupan los puestos técnicos, creyendo que la hidráulica se resuelve con consignas y que el lodo se moverá por pura voluntad ideológica. Es la desprofesionalización convertida en política de Estado.


El Circo de los Nefastos y la Eutanasia Social

En Macondia, el gobierno ha convertido la gestión en un show mediático. Es un circo sin pan donde gobernantes sin conocimiento desfilan ante las cámaras para inaugurar escombros o celebrar reparaciones que se caen a la semana siguiente. Mientras ellos viven la Dolce Vita Revolucionaria, el país atraviesa una silenciosa Eutanasia Social. Se deja que los servicios públicos mueran por "causas naturales" para que el ciudadano, agotado de buscar agua en envases o comida entre la retórica, no tenga fuerzas para cuestionar la mitomanía del poder.


El Slogan de la Resistencia (al Sentido Común)


El fervor ha llegado a tal punto que el himno oficial de esta miseria planificada se repite como un mantra: "Con hambre, desnudo y sin empleo, con el Gran Jefe me resteo". Es la victoria final de la mentira aprendida: el seguidor absorbe el mensaje de que la culpa es siempre de un "Imperio" externo o de una "iguana" saboteadora, mientras sus líderes brillan en el televisor con relojes que cuestan más que la reconstrucción del acueducto.

El Destino Final

Al final del día, los victimarios regresan a sus búnkeres de cristal con aire acondicionado, convencidos de que son piezas de un tablero cósmico manejado por fuerzas superiores que los harán eternos si obedecen el guión al pie de la letra. En Macondia, la verdad es un delito y la ignorancia es una virtud gubernamental. Mientras el país se apaga, los únicos que mantienen la luz encendida son los diamantes en las manos de quienes mandan sobre las ruinas.

Nota del autor: Este relato es una sátira, pero cualquier parecido con la realidad de los últimos 27 años no es coincidencia, es el resultado de un guion diseñado para que el espectáculo nunca termine, aunque el público se muera de sed. Hechos de Realismo Mágico en los estados Sucre y Nueva Esparta.

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