El negocio de los ricos, las migajas para el pueblo: La verdad oculta tras el aluminio, el petróleo y el saqueo de Venezuela
Juan Linares
Mientras los discursos oficiales hablan de "recuperación", "soberanía" y "acuerdos estratégicos", la realidad en la calle asfixia con más fuerza que en 2025. El venezolano sobrevive en medio de una miseria digital y salarial absoluta, mientras una red de intereses entre élites locales, potencias extranjeras y corporaciones globales se reparte las riquezas del país a precios de gallina flaca.
Para entender la tragedia nacional actual, hay que quitarle el velo a los grandes mitos, empezando por las supuestas sanciones y terminando en los contratos secretos que desfasan los recursos de Guayana y de toda la nación.
1. La gran farsa del bloqueo: ¿Sanciones o reparto de botín?
Durante años se nos vendió el relato de un bloqueo financiero implacable que impedía a Venezuela comercializar sus riquezas. Sin embargo, los hechos de este 2026 demuestran todo lo contrario: cuando los intereses de las grandes potencias y corporaciones están de por medio, las sanciones se evaporan.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE. UU. ha abierto las compuertas mediante licencias flexibles no por caridad humanitaria, sino por pragmatismo geopolítico. La industria norteamericana y global necesita desesperadamente materias primas críticas (aluminio primario, oro, hierro y petróleo).
La prueba más clara ocurrió a finales de septiembre de 2026, cuando el buque Lipsi zarpó de la desembocadura del Orinoco con 15.000 toneladas de aluminio primario de CVG Venalum y atracó en el puerto de Nueva Orleans. Fue el primer envío a EE. UU. en ocho años, estructurado bajo un acuerdo de prefinanciamiento (offtake) entre Venalum, la comercializadora suiza Mercuria Energy Group y el fondo estadounidense Heeney Capital. Las "sanciones" no aplican cuando el gran capital transnacional necesita saciar su apetito de materias primas baratas.
2. La trampa del aluminio: Millones para los traders, miseria para Guayana
La matemática de este negocio del aluminio expone el tamaño del despojo. Con un precio de referencia en la Bolsa de Metales de Londres (LME) de unos $3.100 por tonelada y una Prima del Medio Oeste (Midwest Premium): en EE. UU Precio de venta en EE.UU. (LME + prima Midwest):* ~$5.400/t. disparada entre $2.275 y $2.420 debido a la escasez regional, el margen bruto de esta operación supera los $2.300 por tonelada.
El beneficio: Solo este cargamento de 15.000 toneladas genera un margen bruto estimado de $34,5 millones (un 74% sobre el precio de compra en origen).
Los ganadores: Mercuria y Heeney Capital se quedan con la tajada del león. Capturan el descuento en origen y se apropian de la jugosa prima estadounidense.
El perdedor: Venezuela, que posee una planta (Venalum) operando a menos del 20% de su capacidad por falta de inversión, se conforma con divisas de "gallina flaca" para mantener la maquinaria respirando, mientras renuncia a capturar el valor real de su recurso en el mercado final.
Y este patrón se repite en otros sectores: nadie conoce los verdaderos contratos de la empresa india Jindal Steel & Power (JSP) manejando el hierro y las pellas en CVG Ferrominera Orinoco, operando bajo un hermetismo total donde la soberanía es letra mojada.
3. Petróleo en piloto automático: ¿Dónde están los 13 mil millones y los dólares de la producción?
A pesar de que el país produce más de 1.200.000 barriles diarios —lo que a precios del Brent representa cerca de dos mil millones de dólares al mes—, el pueblo no ve un solo centavo.
Aún resuenan las denuncias de Bloomberg sobre los 13.000 millones de dólares de ingresos petroleros atrapados en el limbo entre la OFAC y los despachos del poder, administrados bajo la tutela de Washington.
A esto se suman los grandes acuerdos firmados bajo la sombra de la administración interina y figuras como el secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright (el gran vigilante de estos negocios), y empresas como NABEP. Con contratos leoninos donde el país percibe fracciones mínimas (a veces calculadas en apenas $19 netos por barril explotado tras costos y compromisos de intermediación), los ingresos masivos se desvían.
¿Se ha visto con esos multimillonarios ingresos la compra de equipos críticos para rescatar el colapsado Sistema Eléctrico Nacional a gigantes como General Electric o Siemens? No hay transformadores de potencia, interruptores de alta potencia, sistemas SCADA, bancos de baterías, ni bombas de alimentación para calderas.
4. Una cúpula política de espaldas al país y una inflación digital criminal
Mientras las élites políticas operan pensando en cómo mantenerse en el poder hasta 2028, negociando exilios dorados, inmunidades y protección de bienes con el beneplácito de Washington, la administración interina ni siquiera menciona la posibilidad de un aumento salarial o de pensiones dignas.
A nivel interno, la maquinaria de miseria se completa con la política del Banco Central de Venezuela (BCV). Nadie implementa medidas reales para detener la espiral inflacionaria; por el contrario, se fomenta una acción criminal donde se obtienen dólares del mercado mientras se inunda la economía de bolívares digitales sin ningún tipo de respaldo ni valor. Como todo es digital —sin papel, sin cintas ni tinta—, el costo de la devaluación se le cobra silenciosamente al bolsillo del ciudadano de a pie, destruyendo lo poco que queda del poder adquisitivo.
Conclusión
Lo que vive Venezuela no es una recuperación económica, sino una economía de enclave colonial y de saqueo. Los barcos, tanqueros y aviones se llevan el oro, el petróleo, el hierro y el aluminio dejando contratos opacos, ganancias millonarias para traders suizos, fondos de EE. UU. y corporaciones indias, y un colchón financiero custodiado en el norte. Mientras tanto, el venezolano común afronta un 2026 sumido en la miseria más absoluta.
La historia, implacable, parece repetirse después de más de 500 años: aquellos viejos filibusteros europeos que merodeaban el Caribe para asaltar las embarcaciones cargadas con las riquezas expoliadas a las colonias hoy han mutado en corporaciones globales, fondos de inversión y intermediarios modernos. Solo que ya no necesitan cañones ni carabelas; operan con licencias de la OFAC, contratos secretos firmados bajo sombra, primas del Medio Oeste y cuentas en el limbo internacional. Los métodos cambiaron, pero el botín sigue siendo el mismo: se llevan todo, mientras el pueblo paga el costo de la miseria. La verdad hay que decirla sin rodeos: los recursos son de Venezuela, pero el saqueo es el mismo de la Colonia.
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