jueves, 23 de julio de 2026

ÉRASE UN PAÍS DONDE TODOS ERAN DOCTORES (Inspirado en Italo Calvino y el Fenómeno Hemphill del Siglo XXI)

 ÉRASE UN PAÍS DONDE TODOS ERAN DOCTORES (Inspirado en Italo Calvino y el Fenómeno Hemphill del Siglo XXI)

Por: La Inteligencia de la Comarca




PREFACIO E INSTITUCIONAL ADVERTENCIA OBLIGATORIA 


Emitido conjuntamente por el Consejo Rectoral de la UBV de Valdivia y el Consorcio Postal Hemphill School del Siglo XXI 


ATENCIÓN CIUDADANO:


La lectura de las páginas siguientes es obligatoria para la obtención de su próximo Postgrado de Fin de Semana, pero requiere la aceptación inmediata de los términos y condiciones de nuestra doctrina académica.Este texto ha sido redactado bajo el amparo ideológico del «Árbol de las Tres Raíces Podridas», la teoría fundamental que guía el saber en nuestra comarca. Las viejas raíces del conocimiento del siglo pasado se secaron debido a la humedad del dinero fácil y, en su lugar, floreció la sagrada trinidad de la ignorancia institucionalizada:

La Primera Raíz: El Galáctico (+), sembrador original de la fantasía de que los títulos universitarios se reparten como bolsas de comida y creador del concepto de "Medicina sin Libros".

La Segunda Raíz: El Inquilino de Brooklyn, el conductor del autobús burocrático que demostró que para firmar decretos presidenciales no hace falta saber redactar, sino tener la chequera del cartero a mano.

La Tercera Raíz: La Interina, el perfecto ejemplo de la nada jurídica, que demostró que se puede gobernar un país imaginario desde un grupo de WhatsApp y cobrar viáticos internacionales sin haber pisado jamás un tribunal real.A estos tres pilares se les pudrieron las raíces del saber y solo les quedó la maldad y el amor por el arancel de las 60 monedas.Por lo tanto, la Dirección Jurídica de la Comarca AMENAZA CON DEMANDAR POR DESPRESTIGIO INSTITUCIONAL ANTE LA SALA CONSTITUCIONAL EXPRES a cualquier lector que cometa los siguientes actos de sabotaje intelectual durante la lectura de este libro:

Queda terminantemente prohibido aplicar la lógica, el sentido común o las leyes de la física. Si el cuento dice que una tesis doctoral legítima tiene treinta páginas y se hace por correo en quince días, el lector debe asentir con la cabeza y pagar sus 60 dólares de arancel.

Se prohíbe el uso encubierto de diccionarios o manuales de ortografía. Intentar buscar el significado real de palabras como "epistemología", "jurisprudencia" o "mérito" será considerado un acto terrorista contra la estabilidad mental de nuestra Magistrada Jefa. Las palabras aquí significan lo que el ujier del correo decida por las mañanas.Si usted acepta que el cerebro es un órgano puramente decorativo y que el cartero es el verdadero Rector Magnífico del universo, puede proceder a la lectura de la Parte I. De lo contrario, deje este folleto de inmediato y regrese a su aburrida e inútil universidad autónoma a estudiar cinco años como un ciudadano ordinario.

Dado, sellado con saliva y enviado por correo ordinario en la Comarca de Valdivia.

PARTE I: LA COMARCA DE LOS TÍTULOS POSTALES

En la lejana comarca de Valdivia, un territorio atrapado entre las páginas de los viejos catálogos de correspondencia, existía una ley universal: para ser alguien en la vida, no hacía falta estudiar, sino completar la colección de folletos mensuales que traía el cartero.En Valdivia, el sistema era perfecto y funcionaba en un círculo de absoluta armonía burocrática. Por las mañanas, un habitante corría a la oficina postal del pueblo a pagar 60 monedas de plata por el folleto número cuatro. Por las tardes, ese mismo habitante le vendía un certificado de treinta páginas impresas a su vecino de la izquierda para justificar un tratamiento médico o una sentencia judicial. Al anochecer, el vecino de la derecha le vendía a él un diploma de postgrado en "Leyes del Cosmos" para recuperar las 60 monedas. Como el dinero y los pergaminos giraban en redondo, nadie sabía nada, pero todos eran ilustres. Nadie perdía, todos se llamaban "Doctor" y la ignorancia vivía en perfecta paz social.

En el centro de esta comarca destacaba una distinguida ciudadana de nombre Caryslia de Valdivia. Ella no era una estudiante cualquiera; poseía la velocidad de un rayo postal. Mientras los antiguos sabios de la comarca tardaban cinco años de vigilia y encierro para escribir una sola tesis doctoral, Caryslia lograba acumular cuatro doctorados y tres postgrados en lo que duraba un cambio de estación meteorológica.Cuando el cartero llegaba a su despacho en el Tribunal Mayor, no traía cartas de amor ni de cobro, sino sacos de lona repletos de folletos de la Hemphill School del Siglo XXI. Bastaba con que Caryslia firmara el recibo de entrega, pagara el arancel de las 60 monedas y, automáticamente, el ujier de la corte colgaba un nuevo marco dorado en la pared. Sus tesis —portentosas obras de arte de diez páginas preliminares, diez de introducción y diez de conclusiones idénticas— eran aprobadas antes de ser redactadas por los mismos directores de la escuela epistolar. El gran misterio de Valdivia era el paradero de la ciencia producida. ¿Dónde reposaban aquellas monumentales tesis doctorales de Caryslia y sus colegas magistrados? El Gran Estatuto de la comarca obligaba a que todo el conocimiento fuera resguardado en los tres pueblos históricos de la periferia:


En el Pueblo de los Archivos Olvidados: En las catacumbas bajo la iglesia del pueblo, se apilaban miles de folletos con portadas de colores. Allí reposaba el primer doctorado de Caryslia, justo al lado de los manuales de «Cómo reparar radios a transistores en tres lecciones» y «Medicina Integral en quince minutos». Nadie abría jamás esos folletos, porque leerlos habría roto el hechizo de la titulación automática.

En la Villa de los Tomos Invisibles: En este pueblo montañoso, las bibliotecas universitarias tenían los estantes completamente vacíos. Cuando un inspector extranjero preguntaba por la tesis de Especialización en Seguridad de la magistrada, el bibliotecario sonreía y señalaba el aire con el dedo: "Están guardadas en la Gran Nube del Correo" —decía—. Eran tesis tan avanzadas y etéreas que el ojo humano no estaba capacitado para ver sus treinta páginas de contenido.

En el Puerto del Olvido: Un pueblo costero donde los barcos llegaban cargados de papel en blanco y zarpaban llenos de diplomas con sellos de cera roja. En sus almacenes salobres se guardaban los folletos finales de la UCSAR y la UBV. Cada vez que subía la marea, el agua borraba las pocas líneas escritas en los trabajos de grado, purificando el sistema para que la siguiente promoción de magistrados pudiera presentar exactamente las mismas treinta páginas el mes siguiente. El sistema de Valdivia era inquebrantable... hasta que un buen día, un hombre venido de las viejas Universidades Autónomas llegó a la comarca. Este hombre cometió una terrible excentricidad: decidió quedarse en su casa a leer libros de verdad, de esos que no venían por correspondencia y cuyas tesis tomaban cinco años de investigación. Cuando el cartero pasó por su puerta a ofrecerle el folleto de "Astronauta Exprés por 60 dólares", el hombre honesto dijo: "No, gracias. Prefiero estudiar".


A partir de ese instante, la armonía de Valdivia se desmoronó. El director de la escuela que esperaba cobrar las 60 monedas del hombre honesto se quedó sin dinero. Como no tenía dinero, no pudo comprarle el folleto de "Magistrado en Derecho Procesal" a Caryslia. El círculo perfecto de la ignorancia recíproca se rompió. Unos pocos empezaron a darse cuenta de que los diplomas eran solo papel para envolver pescado, y otros descubrieron que los médicos del pueblo no sabían distinguir un hueso de una raíz.Para evitar el desastre y proteger a los ilustres, las autoridades de Valdivia tomaron una decisión salomónica: nombraron al hombre honesto "Doctor Honoris Causa en Asuntos Inútiles" por correspondencia, le enviaron su folleto obligatorio a la fuerza y decretaron que, a partir de ese día, quien osara leer más de treinta páginas en una tesis sería desterrado para siempre al mundo de los que sí trabajan. Y así, la comarca volvió a la normalidad: todos siguieron siendo doctores, nadie supo jamás curar una enfermedad ni redactar una ley justa, pero los carteros se volvieron los hombres más ricos del país.

PARTE II: LA REBELIÓN DE LOS FILTROS



A pesar de haber neutralizado al hombre honesto, el germen de la duda comenzó a filtrarse por los rincones de Valdivia. Una mañana, la Gaceta de la Resistencia interceptó las comunicaciones internas del comité de educación de la comarca. Los audios de los directores de las fábricas de títulos confirmaban lo que todos sospechaban en secreto.


Audio 1 – El Director de Finanzas al Rector de la UCSAR-Valdivia:


«Mira, chamo, sácame bien la cuenta ahí. La promoción de la Sala Constitucional son 20 magistrados. A 60 verdes por cabeza por la impresión del folleto exprés, ahí tenemos 1,200 limpios. Recuerda que de ahí hay que descontarle 10 dólares al cartero para que certifique que las tesis llegaron "en resguardo postal" al Pueblo de los Archivos Olvidados. Al tutor que firmó las 20 actas de aprobación sin leerlas dale 50 dólares y una botella de ron para que no hable paja. El resto lo dividimos en mitad y mitad. Muévete con eso rápido, que Caryslia quiere el cartón del cuarto doctorado colgado antes del viernes».


Audio 2 – El Coordinador de Tesis MIC de la UBV al Decano:


«Epa, jefe, tenemos un problema con el lote de Medicina Integral de esta semana. Hay tres alumnos tercos que se leyeron un libro de anatomy de verdad y dicen que la tesis de 30 páginas es muy corta, que quieren meterle 50 páginas. ¡Están locos, nos van a tirar el negocio abajo! Si meten 50 páginas, el papel no cabe en el sobre de manila de la Hemphill School y el envío por correo sale más caro. Diles que si se ponen cómicos les cobramos un "arancel de exceso de equipaje intelectual" de otros 30 dólares o los mandamos a repetir el folleto uno. Aquí el estándar son 10 páginas de dedicatoria y chao, que la masa no está para bollos».


Para contener el brote de "intelectualismo", la Magistrada Jefa envió un mensaje de voz masivo a través de los canales institucionales de WhatsApp, exhortando a las huestes jurídicas de la comarca a alinearse con la velocidad postal:


«Estimados magistrados, magistradas, colegas de la UBV y la UNES. Les hablo desde la cúspide del conocimiento universal. Les exijo que dejen la flojera académica. No podemos quedarnos atrás. Yo ya voy por mi cuarto doctorado gracias al método epistolar y los folletos de la Hemphill School del Siglo XXI. Es una maravilla: pagas, te llega el folleto por correo, lo firmas y ya eres un faro de luz para la patria.No quiero ver a ningún abogado de nuestra línea perdiendo el tiempo en bibliotecas ni pasando cole en las universidades autónomas esas. Esos profesores de la UCV o la ULA lo que tienen es envidia porque ellos pasan cinco años pariendo una tesis y nosotros la resolvemos en treinta páginas con diez de portada. ¡Por favor! Háganse doctores todos este fin de semana, que el cartero tiene una oferta de 3 por 2 en Doctorados Procesales. Somos un pueblo culto, una comarca de puros doctores, y al que no le guste, que se atenga a las consecuencias jurídicas».


Ante los rumores de que algunos rebeldes usaban herramientas para verificar el significado de los términos jurídicos, la Magistrada Principal redactó de puño y letra el Decreto Presidencial de la Sala Educativa No. 004-Folleto, el cual establecía:


«SE PROHÍBE EL USO, TENENCIA Y CONTRABANDO DE DICCIONARIOS, ENCICLOPEDIAS Y CUALQUIER TEXTO DE DEFINICIONES DENTRO DEL TERRITORIO DE VALDIVIA. Considerando que definir las palabras obliga al ciudadano a realizar un esfuerzo analítico innecesario y ralentiza la firma de sentencias; y considerando que en un pueblo de puros doctores las palabras significan exactamente lo que el magistrado de turno decida que signifiquen, la tenencia de un diccionario será castigada con la incautación de todos los diplomas obtenidos por correo y la degradación inmediata al estatus de Bachiller Ordinario».

PARTE III: EL JUICIO FINAL CONTRA EL CONOCIMIENTO



Para garantizar que el sistema nunca más fuera amenazado por el pensamiento crítico, la UBV de Valdivia institucionalizó el nuevo Examen de Admisión Obligatorio, diseñado meticulosamente para verificar que los aspirantes no "pensaran demasiado". La prueba constaba de tres preguntas de selección simple impresas al reverso del cupón de pago:


1.Si un tratamiento médico falla y el paciente empeora, la culpa es de:

a) Una mala praxis médica.

b) El bloqueo imperialista de las farmacias extranjeras.

c) La falta de fe en el folleto número dos. (Respuesta correcta: b o c, la opción 'a' causa destierro).

2.¿Cuántas páginas debe tener el cuerpo de una investigación científica avanzada de quinto nivel académico?

a) Doscientas páginas indexadas.

b) Treinta páginas, de las cuales quince deben alabar la gestión de la Magistrada.

c) Ninguna, el título se otorga al validar el pago de los 60 dólares. (Respuesta correcta: c)

3.Complete la siguiente analogía jurídica: El libro es a la biblioteca lo que el billete de sesenta dólares es a…

a) La economía nacional.

b) La aprobación de la tesis doctoral.

c) La felicidad del cartero. (Todas las anteriores son correctas).


Tras la aplicación masiva del examen, la Magistrada Caryslia publicó su obra maestra, el artículo científico definitivo que sirvió como base para la Sentencia de Cierre de las Universidades Autónomas, dividido estrictamente en tres capítulos para honrar el minimalismo legal:


ARTÍCULO CIENTÍFICO: EL TRIUNFO DE LA SIMETRÍA POSTAL


Capítulo I: El Maravilloso Descubrimiento del "Mínimo Esfuerzo". Donde se demuestra estadísticamente que colgar cuatro títulos de doctorado produce el mismo impacto visual en la pared que haber estudiado veinte años, con la enorme ventaja patriótica de no perder el tiempo asistiendo a clases.

Capítulo II: La Revolución de la Tesis Reutilizable. Metodología avanzada para graduar a trescientos doctores con las mismas treinta páginas, simplemente borrando el nombre del graduando anterior con corrector líquido y engrapando el billete de 60 dólares en la portada. 

Capítulo III: La Inferioridad de Harvard ante el Modelo Postal. Análisis deductivo de la envidia internacional, donde se demuestra que los laboratorios de Massachusetts y las bibliotecas de Inglaterra han quedado obsoletos ante la agilidad del cartero mayor de Valdivia.La respuesta del mundo no se hizo esperar. Abrumados por el nivel de la comarca, los rectores de las universidades de Harvard y Oxford enviaron un humilde pergamino pidiendo clemencia:


«Nos dirigimos a usted con la cabeza baja, Magistrada. Reconocemos ante el mundo que hemos vivido en el error desde el año 1096. Nos carcome la envidia al ver cómo sus magistrados obtienen tres postgrados en lo que nuestros flojos estudiantes tardan en registrar una materia. Rogamos que no nos clausure. Solicitamos formalmente que nos envíe un cargamento de sus directores de escuela para reducir nuestras carreras de Medicina a tres semanas y cobrar los 60 dólares por alumno para alcanzar el estatus de Pueblo Culto».


El día que se ratificó la sentencia de eliminación de las universidades autónomas por "ignorar el avance de la UBV", el Puerto del Olvido amaneció en fiesta nacional. Los verdaderos arquitectos del saber, los carteros de la comarca, organizaron la manifestación más grande jamás vista. La marcha avanzaba al ritmo de consignas de vanguardia: «¡Menos lectura, más estampilladura!» y «¡Harvard y Yale, paguen sus sesenta y pónganse al nivel!" 

.Al pasar frente al palacio del Tribunal Mayor, la Magistrada Caryslia salió al balcón principal luciendo sus cuatro medallas doctorales, que tintineaban con el viento como campanas de iglesia. Los carteros levantaron sus bolsos de lona y lanzaron al aire una lluvia de miles de folletos en blanco. Las máquinas contadoras de billetes no paraban de sonar en la rectoría. El sistema de Calvino había alcanzado su perfección absoluta: la comarca entera era oficialmente doctora, nadie sabía curar un resfriado ni redactar una ley justa, pero los carteros se habían convertido en los hombres más ricos e ilustres del planeta.

EPÍLOGO: LA GLORIOSA CÚSPIDE DEL TIKTOKER BUROCRÁTICO



(O de cómo el sobre de manila fue reemplazado por el "Aro de Luz")




Con el paso de las lunas en la Comarca de Valdivia, las autoridades descubrieron una verdad aún más rentable que las 60 monedas del cartero: leer treinta páginas de tesis —así fueran de puro relleno— todavía requería abrir los ojos, y eso causaba una peligrosa fatiga visual en la juventud de la Revolución. Fue entonces cuando la Magistrada Jefa, en perfecta sintonía con el Ministerio de la Comarca, dictó la última reforma constitucional a través de un video de quince segundos con música de fondo: se declaró oficialmente abolido el uso de la palabra escrita.

 La lógica del siglo XXI se impuso con una fuerza aplastante. ¿Para qué perder dos semanas esperando los folletos de la Hemphill School si se podía ganar más dinero, prestigio y seguidores fingiendo un baile frente a la cámara? El pensamiento crítico fue sustituido por el algoritmo de las tendencias. Los antiguos laboratorios de la UBV y la UNES fueron desmantelados para instalar estudios de grabación con aros de luz de última generación.Los graduandos ya no necesitaban redactar portadas; ahora el examen final consistía en acumular diez mil "Me Gusta" repitiendo consignas propagandísticas sin equivocarse en la coreografía. Quien lograba volverse viral parodiando al "Hombre Honesto" o justificando el colapso de los hospitales de la periferia, recibía de inmediato un cargo burocrático vitalicio y seguro en la monumental Red de Comunicación Gubernamental de la Comarca.

Hoy, Valdivia es un territorio pacificado por la ignorancia digital. Los directores de la escuela ya no cuentan billetes en oficinas oscuras, ahora patrocinan creadores de contenido oficiales que transmiten en vivo desde el Puerto del Olvido. Los nuevos magistrados, influencers y YouTubers del Estado, gobiernan la comarca a punta de videos cortos y filtros de belleza. Nadie lee, nadie sabe redactar una sentencia y nadie recuerda cómo se deletrea la palabra "justicia", pero todos son inmensamente ricos, celebrados por la masa y poseedores de cinco doctorados digitales que parpadean alegres en las pantallas de sus teléfonos celulares.



miércoles, 22 de julio de 2026

El lobby es la versión elegante del soborno.

 El lobby es la versión elegante del soborno.



Dicen que el lobby es un invento moderno, pero la verdad es menos elegante: desde que existe el poder, existe también alguien buscando doblarlo, persuadirlo, comprarlo o seducirlo. Si nos remontamos al Imperio Romano, ya había pasillos, favores, clientes, mecenas y toda una fauna de personajes dispuestos a inclinar voluntades sin necesidad de espada, aunque a veces la espada también ayudaba. La historia del cabildeo no empezó con las oficinas climatizadas de Washington ni con los consultores de traje oscuro; empezó con el viejo oficio de convertir influencia en negocio y negocio en obediencia.

En su versión moderna, el lobby se presenta como una práctica respetable, casi académica, una forma “técnica” de acercar intereses privados al poder público. Suena fino, parece institucional y hasta produce informes con gráficos. Pero en esencia sigue siendo lo mismo que en los tiempos más primitivos: el intento de convencer a quien decide, a veces con argumentos, a veces con regalos, y muchas veces con ambas cosas. Lo importante no es solo influir, sino que haya del otro lado alguien dispuesto a dejarse influir. Sin receptor complaciente, no hay cabildeo; sin bolsillo sensible, no hay lobby que funcione.

Ahí comienza la comedia humana. Porque el lobby, como la política, se sostiene sobre una verdad incómoda: no existe soborno sin sobornable, ni corrupción sin un mínimo de entusiasmo del otro lado. El problema no es solo el cabildero que llega con sonrisa de vitrina; el problema es el funcionario, senador, empresario o dignatario que escucha con demasiada atención, pregunta por los detalles y termina diciendo, con aire solemne, que todo se hizo “por el bien común”. Así se ha escrito buena parte de la historia: con discursos de virtud sobre mesas donde ya huele a transacción.

Estados Unidos, maestro mundial de la moral con manual y peineta, ha hecho del lobby una industria. Allí lo legalizan, lo registran, lo nombran con elegancia y luego fingen sorpresa cuando el mecanismo empieza a parecerse demasiado al soborno, solo que con papeles. Es la gran paradoja del imperio de las leyes perfectas: todo se puede regular, excepto la ambición. Y cuando la ambición se desborda, aparece el catecismo democrático, las sanciones, el lenguaje de la libertad y el aire grave de quienes aseguran no intervenir, mientras intervienen con precisión quirúrgica.

Pero si vamos a hablar de cabildeo con nombre y apellido, Venezuela también merece capítulo propio. Hugo Chávez entendió temprano que la política internacional no solo se hacía con discursos, sino con petróleo, subsidios, alianzas ideológicas y gestos de generosidad que olían más a estrategia que a altruismo. Regaló petróleo, inventó el Alba, impulsó Petrocaribe y convirtió la diplomacia energética en una especie de abrazo geopolítico con factura diferida. A algunos les pareció integración; a otros, una forma sofisticada de comprar afectos con barriles y consignas.

Luego vino Maduro, y con él el manual de supervivencia del régimen en su fase más artesanal. Si Chávez repartía petróleo, Maduro afiló el oficio de la intermediación: senadores, congresistas, aliados externos, traders, intermediarios del oro, del coltán y del crudo, todos entraron en escena en la gran coreografía de resistir sanciones, burlar bloqueos y seguir en el poder con la paciencia de quien ya aprendió que la política no siempre se gana, a veces se administra. Mientras tanto, la propaganda seguía repitiendo la vieja epopeya del antiimperialismo, aunque en los hechos el sistema dependiera de negociaciones tan pragmáticas como cualquier otra.

Y como si eso fuera poco, la cosa no se limitó al tablero internacional. También hubo compra de silencios, de lealtades y de oposiciones enteras. En Venezuela, como en tantos otros lugares, el cabildeo no solo se aplicó hacia afuera, sino hacia adentro: contratos, favores, oro, concesiones y dádivas varias han servido para lubricar conciencias y volver flexible lo que antes parecía firme. La oposición, por supuesto, tampoco ha sido un convento de purezas. Cuando la tentación tiene suficiente poder de compra, siempre encuentra a alguien dispuesto a descubrir que la palabra “principio” era negociable.

La ironía mayor es que, en medio de este teatro, los mismos que denuncian la corrupción ajena suelen practicar la propia con uniforme distinto. Unos lo llaman lobby y otros lo llaman diplomacia; unos lo bautizan sanción y otros lo llaman soberanía; unos hablan de transición y otros de resistencia. Pero al final la escena es casi siempre la misma: alguien quiere influir, alguien acepta, alguien cobra, y luego todos se declaran sorprendidos de que el mundo funcione como funciona desde hace siglos.

Por eso el cabildeo no debería estudiarse solo como técnica política, sino como síntoma moral de la civilización. Donde hay poder, hay pasillo; donde hay pasillo, hay acceso; donde hay acceso, hay precio. La democracia lo disfraza con reglamentos; la autocracia lo envuelve en épica; la geopolítica lo perfuma con urgencias estratégicas. Pero debajo del maquillaje sigue el mismo gesto antiguo: torcer la voluntad del otro sin que parezca que se le está torciendo.

Tal vez por eso el lobby sobrevive a todos los sistemas. Porque no necesita ideología, solo oportunidad. No necesita verdad, solo relato. No necesita virtud, solo coincidencia entre quien quiere comprar influencia y quien está listo para venderla. Y así, entre imperios, repúblicas, sanciones, revoluciones y comités de ética, el mundo sigue girando con esa nobleza tan humana de las transacciones mal disimuladas.

En el fondo, el lobby es eso: el arte refinado de hacer pasar la conveniencia por convicción. Y visto así, la historia política no es otra cosa que una larga feria donde casi todos llegan con un precio, aunque pocos acepten llevarlo escrito.

lunes, 20 de julio de 2026

SIDOR: trayecto histórico de la industrialización al colapso productivo

 SIDOR: trayecto histórico de la industrialización al colapso productivo

Juan Linares 



El 9 de julio de 1962 marcó un punto de inflexión en la historia económica de Venezuela. En los hornos Siemens-Martín de la Siderúrgica del Orinoco (SIDOR) se realizó la primera colada de acero, materializando en hechos concretos la visión de Arturo Uslar Pietri de “sembrar el petróleo”. No se trataba únicamente de producir acero, sino de impulsar la industrialización y diversificación de una economía profundamente dependiente de la renta petrolera.

Aquel hito inauguró un ambicioso proyecto industrial que, con el paso de las décadas, posicionó a SIDOR como una de las siderúrgicas más importantes de América Latina. La empresa alcanzó una capacidad instalada superior a 5,1 millones de toneladas de acero líquido al año, incorporando avances tecnológicos como la reducción directa (Midrex y HyL), hornos eléctricos de arco y el sistema de colada continua, sustituyendo progresivamente los procesos tradicionales de hogar abierto.

Sin embargo, a 64 años de aquella primera colada, el contraste es contundente. Lo que fue un símbolo del desarrollo industrial venezolano atraviesa hoy un colapso operativo sostenido, con niveles de producción que en algunos períodos han llegado a cero.

Antes de su privatización, SIDOR ya mostraba indicadores operativos y financieros relevantes. En 1996, la empresa registró una utilidad neta de 87,2 millones de dólares, con inversiones operativas de 50,7 millones. Ese mismo año aportó 24 millones de dólares a la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), pagó 98,6 millones a EDELCA por consumo eléctrico y canceló 97,7 millones a Ferrominera Orinoco por el suministro de 6,8 millones de toneladas de mineral de hierro.

En términos productivos, alcanzó 6.450.537 toneladas de pellas (104% de su capacidad instalada), 3.371.000 toneladas de hierro de reducción directa (101%), 3.100.000 toneladas de acero líquido (86%) y despachó 2.634.000 toneladas de productos terminados. Su fuerza laboral estaba conformada por 11.406 trabajadores. En 1997, año en que TECHINT asumió la administración, la utilidad neta fue de 20 millones de dólares.

No obstante, a partir de la primera década del siglo XXI comienza a evidenciarse un deterioro progresivo. En 2007, la producción de acero líquido alcanzaba 4.300.000 toneladas; en 2008 descendió a 3.600.000 y en 2009 a 3.100.000. A partir de ese momento se inicia una caída sostenida.

Los datos reflejan la magnitud del colapso: en 2012 la producción fue de 1.800.000 toneladas; en 2013, 1.500.000; en 2014, 1.040.000; en 2015, alrededor de 1.060.000. Para 2016, la cifra cayó a 310.000 toneladas y en 2017 se mantuvo en niveles similares. En 2018 descendió a 50.000 toneladas y en 2019 prácticamente se paralizó. En los años siguientes, la recuperación ha sido marginal: 17.000 toneladas en 2020, 169.020 en 2021, 285.000 en 2022, 120.000 en 2023, 36.062 en 2024 y 41.000 toneladas en 2025.

Estas cifras representan apenas alrededor del 1% de la capacidad instalada de la empresa, estimada en 5,1 millones de toneladas métricas anuales. Para el primer semestre de 2026 no existen datos oficiales públicos sobre la producción, lo que evidencia una opacidad informativa significativa en torno a la principal siderúrgica del país.

Diversos análisis coinciden en señalar factores estructurales que explican este declive. Entre ellos destacan las fallas continuas en el suministro de energía eléctrica y gas natural desde aproximadamente 2010, la insuficiencia de flujo de caja, la escasez de insumos y materias primas, así como la falta de repuestos, equipos y mantenimiento adecuado. A ello se suma la ausencia de inversiones sostenidas en modernización tecnológica, automatización y mejora de procesos.

Testimonios de trabajadores y organizaciones vinculadas al sector reflejan una realidad operativa crítica: existen períodos en los que la planta no produce acero, y las áreas parcialmente operativas no logran sostener la misión productiva de la empresa. Las dificultades logísticas, la precariedad en el transporte y la inestabilidad laboral forman parte del entorno cotidiano.

El caso de SIDOR no solo representa la crisis de una empresa, sino el deterioro de un modelo industrial que alguna vez fue emblema del desarrollo nacional. La distancia entre la visión original de “sembrar el petróleo” y la realidad actual revela una ruptura profunda en la política industrial venezolana, cuyos efectos trascienden lo económico para impactar directamente en el tejido social y productivo del país.

A la par de estos factores estructurales, resulta ineludible examinar el modelo de gestión que ha predominado en la empresa durante los últimos años. La progresiva militarización de la gerencia no logró revertir la crisis operativa; por el contrario, coincidió con una acentuación del deterioro productivo y organizacional.

La conducción de una industria siderúrgica exige conocimientos técnicos especializados, planificación de largo plazo y comprensión integral de procesos complejos. Sin embargo, la evidencia sugiere que la gestión implementada ha carecido de estos elementos fundamentales. En lugar de fortalecer la capacidad productiva, se consolidó un esquema caracterizado por la improvisación, la opacidad administrativa y la ausencia de rendición de cuentas.

Diversas denuncias y testimonios apuntan a que, en este contexto, prácticas asociadas a la corrupción encontraron terreno fértil, desplazando los criterios de eficiencia y productividad. Así, la gestión dejó de centrarse en la operación industrial para derivar en lógicas ajenas a la naturaleza de la empresa, donde la administración de recursos perdió transparencia y dirección estratégica.

El resultado es una siderúrgica que, lejos de cumplir su papel histórico como motor de desarrollo, opera hoy a niveles marginales, desconectada de su capacidad instalada y de su propósito original. SIDOR pasó de ser símbolo de la industrialización venezolana a reflejo de sus fallas estructurales más profundas.

En este sentido, la crisis de SIDOR no puede entenderse únicamente como un problema técnico o coyuntural, sino como la expresión de un modelo de gestión que ha demostrado ser incapaz de sostener una industria de alta complejidad. La distancia entre el potencial productivo y la realidad actual no solo mide la caída de una empresa, sino también el costo de decisiones que han comprometido el futuro industrial del país.

jlrlinares@gmail.com

 


















miércoles, 15 de julio de 2026

El chavismo como fenómeno: entre la fe, el cálculo y la distorsión de la realidad

 El chavismo como fenómeno: entre la fe, el cálculo y la distorsión de la realidad



Hay un error recurrente al intentar explicar el chavismo: reducirlo a la ignorancia, la estupidez o la brutalidad. Esa simplificación, aunque tentadora, resulta insuficiente para comprender un fenómeno político que ha logrado sostenerse durante casi tres décadas en medio del colapso.

El chavismo no es una anomalía simple; es un sistema complejo donde conviven distintas capas de comportamiento humano. Hay, por un lado, un sector que encontró en el poder una vía rápida de ascenso económico. Para estos, la ideología es apenas un accesorio. Su verdadero motor es la apropiación de recursos públicos, la construcción de redes familiares para blindar fortunas y la normalización de la corrupción como método de supervivencia y acumulación.

En paralelo, existe otro grupo: el del creyente. El militante que no cuestiona, que repite consignas como reflejos condicionados. Aquí cobra sentido la advertencia de Dietrich Bonhoeffer sobre la estupidez como fenómeno social: no se trata de falta de inteligencia, sino de una renuncia voluntaria al pensamiento crítico. El individuo deja de ser sujeto y se convierte en vehículo de ideas ajenas. Habla, pero no piensa; responde, pero no razona.

Sin embargo, el chavismo no podría sostenerse solo con corruptos y fanáticos. Existe una tercera categoría, más sofisticada y, quizás, más peligrosa: la de los operadores “cultos”. Son los que dominan el lenguaje, manejan los códigos diplomáticos y construyen narrativas que maquillan la realidad. Desde tribunas mediáticas o escenarios internacionales, proyectan una imagen de racionalidad y legitimidad que contrasta con la crudeza del país real.

Estos personajes funcionan como traductores del desastre. Transforman la escasez en “resistencia”, la represión en “defensa de la soberanía” y la miseria en “bloqueo externo”. Su rol no es menor: son los arquitectos del relato, los que convierten la distorsión en discurso aceptable.

En ese sentido, el chavismo se asemeja más a una estructura narrativa que a una ideología tradicional. No es comunismo clásico, ni populismo puro, ni dictadura convencional. Es una mezcla de elementos que mutan según la conveniencia del momento. Un híbrido que combina propaganda, control social, clientelismo y simulación institucional.

Si se quisiera buscar una metáfora, quizá el chavismo se parece más a un thriller político que a un sistema doctrinario. Mantiene a la población en un estado constante de tensión: incertidumbre económica, servicios colapsados, libertades restringidas. La vida cotidiana se convierte en una secuencia de supervivencia donde cada día es una incógnita.

Y, sin embargo, lo más desconcertante no es la existencia del sistema, sino su persistencia. Cómo, incluso en condiciones extremas, aún hay quienes lo defienden con fervor. Personas que, enfrentadas al hambre, la precariedad y la falta de oportunidades, continúan repitiendo consignas como actos de fe.

Tal vez ahí reside la clave: el chavismo no solo gobierna estructuras, también ocupa imaginarios. No se limita a administrar el poder; moldea percepciones, redefine la realidad y construye una lógica donde lo inaceptable se vuelve tolerable.

Por eso, más que un problema exclusivamente político, es un fenómeno profundamente psicológico y cultural. Y mientras no se entienda en toda su complejidad, seguirá siendo más fácil describirlo que superarlo.

lunes, 13 de julio de 2026

¡Abran paso a las "Fuerzas Vivas"! Chupi-Chupis de Estado y Viviendas en el Aire

 ¡Abran paso a las "Fuerzas Vivas"! Chupi-Chupis de Estado y Viviendas en el Aire



¡Alégrense, compatriotas! Que la desgracia de los sismos de 2026 no nos quite el entusiasmo caribeño, porque el ingenio gubernamental ha vuelto a encender sus motores. Bueno, es un decir, porque los famosos "18 motores" de la economía nacional siguen igualitos a los vehículos oficiales: trancados por falta de gasolina, sin batería y con el relé de arranque robado por el sargento de guardia para resolver el almuerzo.

Pero como soñar es gratis—un proverbio chino que nuestra geopolítica aplica a la perfección—se ha anunciado con bombos, platillos y cadenas obligatorias el nacimiento de la Gran Misión Venezuela Renace. ¿Y quién creen que es la elegida para liderar esta magna obra de reconstrucción en La Guaira? Nada más y nada menos que Jacqueline Faría, la legendaria "Reina del Guaire". Aquella visionaria que en 2005 nos prometió que para estas fechas estaríamos haciendo kayak y pesca deportiva de truchas socialistas en medio de las aguas cristalinas de la autopista Francisco Fajardo. Poner a la experta del Guaire a reconstruir zonas de desastre es el equivalente exacto a nombrar a un cardumen de zamuros para que custodien la carnicería municipal, o contratar a un zorro hiperactivo para que haga el inventario del gallinero.



Mención aparte merece la vanguardia tecnológica desplegada en la zona de la tragedia. Mientras los rescatistas internacionales eran rechazados en la frontera porque el orgullo ideológico no permite ayuda de afuera, los habitantes de La Guaira contemplan con asombro la ingeniería militar argentina.  Inspirados en los contingentes aliados, han descubierto el agua tibia: embolsar agua potable en bolsitas plásticas. La comunidad ya tiembla de la emoción; los vecinos comentan que si el alto mando llega a comprar esas máquinas embolsadoras, en menos de una semana los generales las habrán expropiado para montar una fábrica clandestina de helados Chupi Chupi y sabor a desastre, vendidos a un dólar la pieza en el mercado negro. Al fin y al cabo, es la evolución natural de Mercal y PDVAL, aquellas corporaciones benéficas donde los pollos y los huevos tenían la extraña propiedad física de desaparecer de los anaqueles populares y materializarse mágicamente en los bodegones del este de Caracas.

Y para coronar este sancocho de generosidad, aparece la plana mayor de los economistas de Wall Street firmando cartas con ojos llorosos. Lloran por el pueblo, por supuesto... y por los cupones vencidos de los bonos PDVSA 2020. Exigen que les devuelvan el oro de Londres a los mismos muchachos que evaporaron 600 toneladas del BCV y las mandaron a Estambul y La Habana convertidas en finas joyas de exportación. Es la magia de la piñata socialista: se caen las casas, tiembla la tierra, pero las cuentas en los paraísos fiscales de Andorra y las mansiones compradas con los dólares de Odebrecht y Tareck El Aissami se mantienen firmes, antisísmicas y bendecidas por la fortuna del prójimo... de su propio bolsillo.ee




La "Piñata" Financiera: El Lobby de los Bonistas tras la Tragedia de La Guaira


La "Piñata" Financiera: El Lobby de los Bonistas tras la Tragedia de La Guaira (I)


El sismo como oportunidad de mercado

El pasado mes de junio de 2026, una serie de fuertes sismos sacudió el estado Vargas (La Guaira), dejando una estela de destrucción y una crisis humanitaria que conmovió al mundo. Sin embargo, en los centros financieros internacionales, la tragedia parece haber reactivado otros intereses. El 7 de julio de 2026, una carta abierta firmada por más de 113 economistas y académicos internacionales—encabezados por Francisco Rodríguez junto a figuras como Jeffrey Sachs, Mark Weisbrot y Luis Vicente León—exigió al gobierno de Estados Unidos y al Fondo Monetario Internacional (FMI) el levantamiento de sanciones, el acceso a Derechos Especiales de Giro por 5.000 millones de dólares y una reestructuración de la deuda externa venezolana.

Para los analistas críticos, este movimiento no responde al altruismo ni a una súbita conmoción por las víctimas de La Guaira. Debajo de la narrativa humanitaria se esconde un viejo "sancocho" de intereses económicos donde banqueros, fondos de inversión y tenedores de bonos ven la oportunidad perfecta para reestructurar la multimillonaria deuda externa venezolana. El objetivo real: que haya reparto para todos, convirtiendo la crisis en una piñata de cumpleaños donde los operadores financieros buscan llenar sus chequeras.

El hilo conductor: De Torino Capital al activismo político

Este fenómeno no es nuevo; responde a un patrón de cabildeo financiero que tiene antecedentes claros:

El antecedente de 2016: En junio de ese año, Torino Capital—banco de inversión con sede en Nueva York fuertemente expuesto en el mercado de bonos de PDVSA—patrocinó una "presentación en sociedad" en el Consejo de las Américas para el entonces gobernador de Lara, Henri Falcón, posicionándolo como una tercera vía política.

La doble función de los asesores: Francisco Rodríguez, quien pasó de ser economista jefe del Bank of America a jefe de investigaciones de Torino Capital, se convirtió posteriormente en el principal asesor económico de la campaña presidencial de Falcón en 2018.

El negocio de la deuda: Mientras calificadoras internacionales advertían sobre el alto riesgo del canje de bonos PDVSA con vencimiento a 2020, firmas como Torino presionaban por la reestructuración. El negocio siempre ha sido medrar de los papeles financieros venezolanos, utilizando los fondos de pensiones de las Fuerzas Armadas o estructurando salvavidas financieros para el régimen a cambio de jugosas comisiones.

Hoy, bajo la excusa de los sismos de 2026, el lobby financiero internacional vuelve a la carga, intentando capitalizar la flexibilización de sanciones para reanimar unos bonos que consideraban perdidos.


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Jacqueline Faría y el eterno retorno del fracaso estructural

Mientras los economistas presionan en Washington y Nueva York, en Caracas el poder político recicla los nombres que simbolizan el colapso de los servicios públicos. El anuncio del nombramiento de Jacqueline Faría como presidenta de la recién creada Gran Misión Venezuela Renace (adscrita a la Presidencia de la República para la reconstrucción de La Guaira) ha despertado profunda indignación.

La historia se repite como un bucle de ignorancia y cinismo:

La promesa del Guaire (2005): En marzo de 2005, Hugo Chávez aseguró en cadena nacional que el río Guaire se convertiría en un balneario tropical con peces de colores, invitando incluso a Daniel Ortega a bañarse en él. Se aprobaron más de 103 millones de dólares bajo la gestión ambiental de Faría. El resultado hoy sigue siendo un cauce pestilente y contaminado.

El informe de Japón (JICA) engavetado: En el mismo año 2005, la Agencia de Cooperación Internacional de Japón entregó el "Estudio sobre el Plan Básico de Prevención de Desastres en el Distrito Metropolitano de Caracas". Este documento clave recomendaba el reforzamiento estructural, la actualización normativa y, críticamente, la construcción de presas Sabo (estructuras de retención de lodo y escombros) en las cuencas montañosas del Ávila que bajan hacia Vargas.

Prioridades ideológicas sobre la vida: El plan japonés fue engavetado. El dinero público se desvió hacia la exportación del Socialismo del Siglo XXI: financiamiento al ALBA, petróleo gratis para Cuba y el CARICOM, expropiaciones, compras masivas de armamento a Rusia, China e Irán, y el sostenimiento de una hegemonía comunicacional.

El dato: Informes judiciales internacionales de la Corte Federal de EE. UU. estiman que el desfalco al erario venezolano supera los $70.000 millones de dólares, distribuidos en tramas como PDVSA-Andorra (Rafael Ramírez y Diego Salazar), el caso Odebrecht (Novonor) con más de 300 obras inconclusas, y el monumental fraude del tren Tinaco-Anaco ($7.500 millones de dólares).

El saqueo del oro y la falsa moral humanitaria

Recientemente, la vicepresidenta del régimen, Delcy Rodríguez, envió una misiva al Rey Carlos III del Reino Unido exigiendo la devolución de las 31 toneladas de oro retenidas en el Banco de Inglaterra, argumentando fines humanitarios para atender la emergencia del terremoto.

La exigencia carece de toda credibilidad cuando los hechos demuestran que el aparato estatal desvaneció más de 600 toneladas de oro de las reservas del Banco Central de Venezuela (BCV), dejando las arcas con escasas 30 a 60 toneladas. El grueso del oro venezolano fue enviado a Turquía, Rusia, Cuba, Qatar e Irán—con la supuesta intermediación política de figuras como Rodríguez Zapatero—.

La sociedad civil y los organismos anticorrupción sostienen que dichos activos deben permanecer protegidos bajo jurisdicción internacionales hasta que exista un gobierno legítimo y democrático, impidiendo que caigan en manos de los sancionados por la lista SDN de la OFAC.


jueves, 9 de julio de 2026

FÚTBOL, PETRÓLEO Y TERREMOTOS: LA GEOPOLÍTICA DEL SINSENTIDO

 FÚTBOL, PETRÓLEO Y TERREMOTOS: LA GEOPOLÍTICA DEL SINSENTIDO



De cómo Trump dobla las rodillas de la FIFA por una tarjeta roja mientras Venezuela baila sobre el Arco Minero

¡Paren las prensas y suspendan el raciocinio! Se ha cruzado una línea roja en los anales del cinismo global. Resulta que Donald Trump, ejerciendo sus funciones de director técnico supremo del planeta, llamó directamente a Gianni Infantino para exigirle —con el refinamiento diplomático que lo caracteriza— que le perdonaran una tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun. Y la FIFA, ese bastión inquebrantable de la moral deportiva que suele amenazar con la expulsión sumaria a cualquier país cuyo gobierno ose sugerir un cambio de horario en la liga local, agachó la cabeza, metió la cola entre las patas y dijo: *"Yes, sir"*. Adiós sanción, bienvenido el jugador a los octavos de final del Mundial. Qué oportuno es el *business as usual* cuando las botas del Tío Sam pisan el césped.

La UEFA puso el grito en el cielo, tachando la jugada de injerencia política inédita. Qué ternura. Al parecer, olvidaron que las reglas del juego son sagradas solo para los infelices que no tienen ojivas nucleares ni chequeras del tamaño de un continente. Esta farsa nos remonta a la mítica intervención gubernamental en el Brasil de 1962, confirmando que la historia no se repite, sino que se parodia a sí misma con peor gusto. La doble moral de Zurich brilla con el destello cegador de un diamante de sangre: si eres una federación pequeña, te suspenden por respirar cerca de un ministerio; si eres la Casa Blanca, el reglamento se convierte en papel higiénico de alta gama.

Y mientras Trump arregla el destino de un partido de fútbol con un telefonazo, en el patio trasero la historia se escribe con el sudor de la miseria. Los venezolanos acumulamos 27 años de un padecimiento crónico sazonado con hambre, represión y promesas vacías. Nos quedamos esperando el milagro con el Trump 45 (2017-2021); luego sintonizamos los cuatro años sin pena ni gloria de Joe Biden, un periodo que sirvió de cortina musical para los bailes y burlas televisadas de Nicolás Maduro. Pero la comedia dio un giro de guión digno de Hollywood el 3 de enero de 2026: los muchachos del Delta Force se cargaron a Maduro y a su consorte, empaquetándolos directamente hacia los tribunales de Brooklyn. Cualquiera habría pensado que llegaba la libertad, pero en la geopolítica de Trump, la libertad siempre viene con una factura petrolera adjunta.

Resulta que mientras el discurso oficial hablaba de "transición democrática", la administración Trump ya venía cuadrando la agenda en Qatar y otros rincones discretos. El verdadero interés jamás fue el rescate institucional, sino el reparto de la Faja Petrolífera, los yacimientos auríferos y las tierras raras. Todo fríamente calculado para garantizar una cómoda permanencia "interina" de sus operadores políticos locales hasta el año 2028, sazonada con la oportuna suspensión de las sanciones personales de sus nuevos amigos y camaradas de la recién reciclada dictadura. *America First*, pero el subsuelo venezolano también.

Para aderezar este banquete de cinismo, la naturaleza decidió opinar. El doble terremoto del 24 de junio de 2026 dejó ciudades en ruinas, miles de muertos, desaparecidos y un costo de reconstrucción multimillonario. Y aquí entra la brillante visión de la actual administración técnica: proponen reconstruir las ciudades exactamente en las mismas zonas sísmicas o, peor aún, improvisar asentamientos sin el más mínimo estudio de suelo, ignorando principios básicos de geotecnia, microzonificación y vulnerabilidad estructural. Desde una perspectiva estrictamente ingeniería, levantar infraestructura pesada sobre fallas activas sin diseño sismorresistente severo ni planificación urbana descentralizada es, básicamente, construir el próximo cementerio a plazos. Pero claro, ¿a quién le importa la licuación de suelos cuando el petróleo fluye con tanta liquidez?

Si analizamos la arquitectura política del nuevo tutelaje, el desprecio por el ordenamiento jurídico local es absoluto. A la administración Trump le resbala la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el sacrosanto artículo 233 y la obligación de convocar a elecciones presidenciales inmediatas. Lo único que mereció una reforma exprés fueron la Ley Orgánica de Hidrocarburos y la Ley de Minas. Las familias de los más de 300 presos políticos pueden concentrarse a las puertas de los despachos a implorar intervención humanitaria; sus gritos son perfectamente insonorizados por el rugido de las perforadoras norteamericanas listos para instalarse en el Arco Minero del Orinoco.

El descaro es tan explícito que Donald Trump y Marco Rubio ya sacan cuentas en público con el entusiasmo de un pirata del siglo XVII. Declaran, sin un ápice de vergüenza, que ya se han llevado más de 100 millones de barriles de petróleo, generando más de 8 mil millones de dólares, mientras cargan con el oro venezolano. Mientras tanto, el sueldo mínimo en el país se arrastra en unos humillantes 0.20 dólares al mes, complementado con bonos de limosna que ni se asoman a la canasta alimentaria de 800 dólares. Con una inflación anual que supera el 600% y una devaluación feroz del bolívar en este primer semestre de 2026, la única pregunta que queda es: ¿dónde se recogen esos dólares que, según la propaganda de Washington, abundan en las calles?

Las famosas fases de "Estabilización, Recuperación Económica y Transición" resultaron ser el *greatest hit* de las falsas promesas. Trump sigue lanzando declaraciones nefastas, afirmando que en Venezuela la gente pasa los días bailando de felicidad, insultando directamente el dolor de una nación que aún entierra a sus muertos por el terremoto. Nos dejaron las raíces del mal intactas y nos impusieron un triunvirato que maneja el país como una hacienda privada.

Entonces, señor Trump, planteemos la pregunta con el mismo nivel de pragmatismo elemental: si usted tiene el poder divino de levantar el teléfono y normalizar la situación de una tarjeta roja en la FIFA, ¿por qué no levanta el maldito teléfono para normalizar la libertad y la democracia real en Venezuela? Ah, claro, olvidábamos el pequeño detalle: un futbolista en cuartos de final vende derechos de televisión; los derechos humanos de treinta millones de venezolanos no cotizan en la bolsa de Nueva York. Exigimos una reivindicación, pero no del imperio, sino de nuestra propia dignidad. El triunvirato impuesto debe salir, porque las raíces del mal no se eliminan cambiando de capataz, sino demoliendo la estructura colonial.


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