Capítulo 1
El Sol, nuevo saboteador del Socialismo Eléctrico
ECOLOGÍA Y LABORAL
Capítulo 1
El Sol, nuevo saboteador del Socialismo Eléctrico
LA RADIO VIBRA
Juan Linares Ruiz
Este cuento es una crónica de pueblo, de esos donde el tiempo se estira, las lluvias caen con razón mágica y las radioemisoras parecen más reales que el Estado. Me lo escribí hace años, como un recuerdo festinado de la infancia, el realismo mágico de los caseríos y la amargura del exilio interior que sufren muchos que van a la ciudad en busca de la vida y solo encuentran la oportunidad de ser deportados en el silencio de la ley.
La historia de Rufino Esteban, el niño de la centella, mezcla mito rural, superstición de vecindario y una radio que nunca llega a sonar en su pueblo. Es también una sátira suave sobre la burocracia, el aparato policial, la devoción por la tecnología y la idea de que el progreso, prometido año tras año, siempre se queda en el boletín oficial de la radio.
Lo publico hoy tal como lo escribí, con solo una ligera corrección de estilo y ortografía, para que no se pierda entre los papeles viejos. Aquí el horror no es espectacular, sino cotidiano: Rufino no pelea con el Diablo, sino con la estática, con la pobreza de ondas, con la burocracia y con ese poder latente que pulsa sin darle nada a cambio.
Que el cuento sirva de espejo suave para quien recuerde otra aldea, otro radio, otra ciudad que nunca lo escuchó, pero que lo siguió despidiendo como indocumentado.
Es un feliz acontecimiento el nacimiento de un nuevo ser, más aún si es el primogénito. Nació un hermoso varón, un día cualquiera de esos del calendario. Por cierto, su nombre fue elegido de acuerdo con el santoral del almanaque de los hermanos Rojas: le correspondió llamarse Rufino Esteban. Ese día era cuarto menguante y, en la hora misma del alumbramiento, ocurrió un eclipse anular de sol y se precipitó un torrencial aguacero. Reinaba la oscuridad en la habitación. La comadrona encendió una lámpara de kerosén, los quejidos de la madre anunciaban la llegada del niño y las descargas eléctricas se desprendían de las negras nubes. Fue un día tormentoso. El vecindario se alarmó: algo terrorífico parecía signar el nacimiento de ese niño.
Sus señas particulares eran muy llamativas: tenía los ojos negros y grandes, mucho pelo y un lunar rojo en la mejilla izquierda. Era larguísimo. Los vecinos comentaban que parecía hijo de El Silbón, ese espanto llanero que aterroriza por esos lados, un poco más abajo, en el llano amplio, porque la zona donde nos ubicamos es montañosa. El Silbón, espanto folklórico muy popularizado por el cantante llanero Rudy Chester, el mismo que cantaba Hey Jude.
Las lluvias de ese día, acompañadas de precipitaciones eléctricas, truenos, relámpagos y centellas, completaron el cuadro. Una de esas centellas cayó al lado de la casa de Rufino Esteban, partiendo y haciendo astillas una frondosa ceiba. Al instante entró un remolino de gran intensidad en la cocina, volteando ollas, sartenes y platos. Este hecho contribuyó a crear más alarma y recelo entre los moradores del lugar, que se acercaron a curiosear y a ver al niño Rufinito.
Asiclo, el padre de Rufinito, estaba ocupado en el corral de los cochinos porque, simultáneamente, paría una cochina: quince crías, y nacieron tres cochinitos con dos cabezas y seis patas. Día de gran acontecimiento. El padre de Rufino Esteban, muy alegre, brindó con sus vecinos con ron blanco El Recreo. El pavo que había en el solar fue sacrificado y hecho guiso; más tarde fue devorado con avidez por la decena de personas presentes. Muchos, al observar al recién nacido, se hacían la señal de la cruz. Otros, más supersticiosos, se persignaban al revés. Para unos era un enviado del cielo, con poder divino; para otros era algo que anunciaba señales de fin de mundo, un ser del averno, el anticristo. Todas esas especulaciones venían al caso por los fenómenos naturales ocurridos en el momento de la paridura de doña Antonia.
Para los muchachos de la época, en cambio, era algo normal: un compañero más para ir a bañarse a la quebrada o al río, y para caer en el conuco de Pedro Pablo a robar las dulces patillas. En el pueblo recién habían instalado la luz eléctrica en el centro, donde vivían los pudientes: el jefe civil, el alcalde, el dueño del expendio de medicinas, la iglesia y la casa cural, los dueños de ganado y el club social donde se divertían los adinerados jugando dominó y barajas. Para los campesinos y el resto de los mortales quedaba la diversión de las bolas criollas en los dos bares del pueblo.
Las noticias del nacimiento de Rufinito corrieron como pólvora por el pueblo y los caseríos circunvecinos. Unos la contaban como algo normal; la gran mayoría, como una revelación celestial o diabólica. Hasta el párroco del pueblo se alarmó y pidió que lo llevaran a la casa del recién nacido. El sacristán, que tenía una bicicleta, montó al sacerdote en el manubrio. Gran esfuerzo del sacristán, que tuvo que subir las lomas a pedal limpio para llegar a la casa de Rufino Esteban; el cura estaba excedido en algunos kilitos.
El párroco, al observar al niño, lo halló normal: un hijo de Dios más. Bendijo el nacimiento de esta nueva criatura del universo y, para congraciarse con los progenitores, Asiclo y Antonia, se comió media pechuga de pavo y la asentó con una totuma de caña blanca. El sacristán del pueblo, que a la vez era monaguillo, mayordomo de la casa cural y padrino de casi todos los muchachos del pueblo —y del que muchos parroquianos malpensados llegaban a decir que, en varios casos, era padrino de sus propios hijos—, no se quedó atrás: degustó la molleja del pavo y también se tomó una porción de licor blanco.
Los comentarios continuaron por muchos días porque, además del nacimiento de Rufino Esteban, las lluvias, los fuertes vientos y las tormentas eléctricas hicieron que se desbordara el río. El agua arrasó con los conucos y los sembradíos de sus márgenes y muchos ranchos fueron destruidos por las inundaciones.
Después de lo sucedido, en muchas casas colocaron cruces de palmas benditas en las puertas, para alejar las malas influencias y los malos espíritus. Fue pasando el tiempo, como pasa en los pueblos tristes: nadie se muere, todo parece perpetuo y eterno. Era un gran aburrimiento para el sepulturero. Las casas de adobe y bahareque, con techo de palma, tomaban la coloración de la tierra, rojiza como el onoto, porque no llovía nunca, con la excepción del día en que nació Rufino Esteban.
Rufino compartía sus días infantiles entre el conuco y la escuela. En las tardes se bañaba en la poza azul de la quebrada cercana a su casa. Era obediente, pero inquieto, y demostraba una inteligencia excepcional para el trabajo agrícola.
En su bautizo se repitió la historia muy común en el pueblo: el sacristán fue el padrino porque no se presentó don Severiano, el dueño del bar, que se había enfermado de jaqueca y notificó su ausencia faltando dos horas para la ceremonia. La madrina fue la lavandera Juanita.
El encargado del acto bautismal fue el padre Juan. La iglesia lucía limpia y una suave fragancia se transmitía por todo el salón. Las flores recogidas por Rufino en la montaña impregnaban cada rincón: lirios y jazmines se destacaban entre todos los aromas. El padre Juan era propietario de una gallinera, porque el costo de un bautismo era una gallina, las únicas propiedades de esos pobres feligreses.
Con el padrino, el niño aseguraba un real de pan diario que este compraba en las bodegas del pueblo. Dos cuentas de pan que don Pepe repartía cada día a sus ahijados. Así Rufinito aseguraba todas las mañanas sus panes y, con una totuma de café aguarapado, completaba su desayuno antes de irse a la escuelita rural. En la casa todo podía faltar, menos el real de pan, que llamaban “los benditos” por provenir del ayudante del cura.
Rufino Esteban fue creciendo y llegó hasta sexto grado, con muy buenas calificaciones. Era aplicado y decidido. Hasta ese nivel llegaba la escuelita.Rufino Esteban, mozalbete y lleno de sueños y esperanzas, dedicó sus días al conuco, a la siembra del maíz y de la yuca. La yuca no se daba de muy buena calidad porque la tierra era reseca. Los ruidos de las chicharras lo llenaban todo. El sol lo quemaba todo. El calor ahogaba. En ese ambiente transcurría el trabajo diario de Rufino, a tiempo completo.
Todos los vecinos reconocían que, como por arte de magia, todo en el pueblo había mejorado desde el advenimiento de Rufino. En las tardes, al finalizar sus labores, se dirigía a la poza azul. Antes de bañarse, se contemplaba en las aguas pensando en su futuro. Su mente era un mar de confusiones, pero poco a poco fue perfilando la idea de irse a la ciudad. Estaba maravillado por las historias y las innovaciones tecnológicas de las que le hablaba su padrino.
Su padrino le contaba cosas grandiosas que había visto en unas revistas que mensualmente le enviaban al padre Juan desde la capital. Allí se describía un instrumento llamado radio, donde hablaba y cantaba la gente. Ese aparato pequeño impresionó profundamente a Rufino Esteban. También hablaban de grandes pájaros con motores que volaban, donde viajaban muchas personas a otros países: los aviones. Otra maravilla eran unos cajones donde se veían imágenes de personas, ciudades y cosas, llamados televisores. En las revistas aparecían, además, mujeres hermosas y voluptuosas.
En una de sus conversaciones con el padrino-sacristán, Rufino dijo:
—Padrino, yo me voy para la ciudad, para conocer todo ese mundo, y tal vez tenga la oportunidad de conocer ese gran pueblo que dicen que queda en Norteamérica. En la ciudad está la vida.
Don Pepe, taciturno, respondió:
—Rufino, eso de la ciudad es la perdición para muchos. Tú no estás hecho para enfrentar ese reto.El ahijado replicó:
—Me voy, padrino. Aunque sea con un radio regreso al pueblo.
Rufino Esteban, mozo y lleno de sueños, preparó su viaje. Vendió las gallinas, dos cochinos y varios sacos de maíz y yuca. Se despidió de sus padres y de su padrino, y pidió la bendición al cura. Sus padres, llorosos, le desearon toda la suerte del mundo.
La espera del autobús en la carretera negra tardó por lo menos dos horas. Al fin, Rufino se marchó para enfrentar el difícil reto de vivir en la ciudad: extraña, inhóspita para el forastero y el provinciano, más aún para un muchacho de pueblo.
Después vinieron las calamidades y las penurias. Vivió debajo de los puentes y durmió en plazas públicas. En muchas ocasiones fue acosado por las autoridades policiales y, en otras, por los delincuentes. Los cuerpos policiales realizaban constantemente redadas y operativos de seguridad llamados Plan Unión y Plan Ciudadana. Los agentes del orden siempre actuaban con violencia:
—¡Manos a la pared! ¡Cédula de identidad en la mano! ¡Constancia de trabajo y fe de bautismo!
En varias oportunidades se salvó. Al que detenían en esas redadas y no tenía los documentos exigidos le aplicaban la Ley de Vagos y Maleantes, oficio muy desconocido para Rufino.
Pasó el tiempo. Un día más, de tanto caminar y buscar trabajo, comprendió que su sexto grado no lo ayudaba mucho. En todos los puestos exigían bachilleres. Ni los poderes divinos que le atribuían en su pueblo servían de nada. No valían su fuerza, su dureza ni la intuición que reflejaba su humanidad.
Al final logró un trabajo de caletero en el mercado de las pulgas. Ganaba poco, pero ya tenía un propósito claro: lo primero que haría sería comprar un radio para lucirlo en las esquinas del pueblo, escuchando a todo volumen las canciones rancheras de Pedro Infante y José Alfredo Jiménez, y la música venezolana de Loyola, Reinaldo Armas y Adilia Castillo. También sonarían en su receptor las voces de otros mundos: Culture Club, Laura Branigan, Marilyn Manson, John Lennon y las Hermanitas Calle.
No se perdería ni un solo capítulo de la radionovela de mamá Dolores, seguiría las aventuras y romances de Albertico Limonta, su héroe preferido, junto con las hazañas de Martín Valiente e Iron Man. Todos los días en la mañana se acercaba a un quiosco para escuchar la radionovela. El dueño del puesto le contó todos los capítulos anteriores con lujo de detalles, para que el recién llegado se actualizara en las aventuras y romances de la historia.
Antes de conseguir el trabajo de caletero, Rufino ayudaba al dueño del quiosco en la venta de empanadas, tequeños y jugos de parchita y papelón con limón. También ofrecía quincallería para diversificar las ventas. Abelardo, el dueño del quiosco, fue una bendición para él: le dio alojamiento en el depósito de la mercancía, lo que además le servía al propietario porque Rufino hacía de vigilante nocturno.
Al recibir sus primeras cuatro pagas como caletero, cumplió su sueño: se compró el ansiado radio, marca RCA Víctor, la mejor del mercado. También se compró un sombrero tejano. Sus primeros sueños se habían cumplido: ser propietario de un radio.
Cómo deseaba estar en su pueblo para que lo ex vieran parado en las esquinas, escuchando la música y las radionovelas, rodeado de muchachas y amigos. Su radio tenía un cuidado y mantenimiento diarios, como si fuese una criatura delicada y poderosa a la vez.
Nunca falta una primera vez. Un viernes por la tarde, después de concluir el trabajo, los compañeros de Rufino lo invitaron a un bar llamado El Ojo de Vidrio. Allí había varias mesoneras y el ambiente era animado. Rufino, entusiasmado, no pudo resistirse a contar su historia, desde el día de su nacimiento, agregándole un poco de fantasía para llamar la atención de los presentes.
Contó cómo las gallinas buscaban acomodo en las ramas de los árboles cuando el eclipse solar dejaba todo en penumbras. Habló de la centella, de los presagios y del miedo del vecindario. Entre copa y copa, narraba su larga historia de vida, con algunas exageraciones y la picardía campesina propia de su pueblo.
Cuando mencionó la centella que partió el tronco de la ceiba, dijo que el impacto convirtió a las gallinas en polvo, y que solo se salvó el pavo que dormía en la mata de chaparro, aunque para nada, porque al final fue sacrificado y la mayor parte se la comió el padre Juan junto con el padrino-sacristán.
En los años que vivió en su pueblo, la gente le decía que tenía que encontrar la piedra de la centella, porque esa sería su suerte o su desgracia. Los ancianos la describían como una piedra negra y redonda, un objeto misterioso que aparecía, según las leyendas, veinte años después de la tormenta. Rufino se aferró a esa creencia, reforzada por las historias de pueblo, caseríos y vecindarios que se escuchaban de un extremo a otro de la geografía.
Por eso, su empeño por hallar la piedra de la centella, su piedra filosofal, se volvió una gran preocupación. Pero también estaba orgulloso: en la ciudad había conocido el cine, las mujeres, los licores, el televisor, y en muchas tardes se iba hasta el aeródromo a contemplar los aviones que despegaban, aterrizaban y surcaban raudos el cielo, rompiendo las nubes y el silencio con sus potentes motores. Sus anhelos y deseos parecían cumplidos: era dueño de un potente radio RCA Víctor.
Años después, cuando había ahorrado algo de dinero y tenía por fin su radio en las manos, decidió regresar al pueblo, a su viejo caserío. Su idea era pasar solo unos días en el terruño y luego volver a la ciudad.
Compró regalos: un molino de maíz para su madre, una máquina de afeitar Gillette para su padre, un rosario de perlas plásticas para el párroco y, para su padrino el sacristán, un diccionario de latín forrado en cuero, para que lo estudiara y superara al cura en el oficio de la misa.
Llegó muy bien vestido: un conjunto de kaki color beige, marca Ruxton, un llavero de color chocolate, un sombrero de pelo de guama y unas botas de vaquero, de esas que usa John Wayne en las películas. Y, por supuesto, su inseparable radio RCA Víctor. Lucía unos lentes fotocromáticos como los de Sammy Davis.
Del terminal de la ciudad al pueblo eran dos días de carretera, y para llegar al caserío tenía que hacer el último tramo en lomos de bestias: burros o mulas subiendo la serranía que lo separaba del pueblo.
La llegada del hijo de Asiclo y Antonia causó un gran revuelo en el caserío. Pero pronto se presentó un problema grave que lo sumió en tristeza y honda melancolía: sus sueños se esfumaron. Las ondas hertzianas no llegaban hasta ese pueblo porque la potencia irradiada de las emisoras de la ciudad no se captaba en una zona tan apartada. Rufino buscó desesperado en los diales de onda corta, onda larga y FM, pero no lograba sintonizar nada, solo ruidos. No había joropos, ni rancheras, ni cumbias, ni la radionovela El derecho de nacer, que estaría en sus capítulos finales. Por las cornetas del radio no salían voces, solo estática.
Se encontró con otra novedad: su padrino, el sacristán, y el cura tenían un problema laboral. El párroco había llamado la atención del señor Pepe porque tenía más de tres días con los santos desnudos; los había desvestido para mandar a lavar la ropa con la comadre Antonia. El padrino, por su parte, había declarado una huelga exigiendo reivindicaciones y prestaciones sociales. Llevaba más de cuarenta años laborando en la iglesia. El padre Juan, calculando la deuda, llegó a la deducción de que ni vendiendo la iglesia y los santos alcanzaban los reales para pagarle a Pepe.
Muchos mal pensados y chismosos regaron voces de que el problema era un lío de faldas, que las diferencias en el clero no eran solo de dinero. Pero las cosas volvieron a la normalidad cuando Rufino conversó con ambos. Entraron en razón y la iglesia recuperó la paz perpetua.—¡Qué bien está Rufino! —decían sus vecinos.
—Luce como todo un patiquín —opinaban los viejos del caserío.
Las muchachas casaderas le metían el ojo, y él las piropeaba y galanteaba como Juan José cuando volvió de la gran ciudad.
Pero su mala suerte era no poder sintonizar ninguna emisora, y se le metió la idea de encontrar su talismán, la piedra de la centella. Creía que esa era la causa de que su radio no se escuchara. Para buscarla, preguntó e indagó con todas las personas que estaban cerca de su casa el día de su nacimiento. No había mucho que investigar, porque el tronco de la ceiba donde dormían las gallinas seguía allí, chamuscado por el rayo eléctrico.
Su papá, Asiclo, lo ayudó a excavar. Trabajaron dos días, tres días, una semana. Ya habían abierto un gran hueco, y la tierra salía húmeda. Rufino se sentía agotado y sin aliento, pero ya se acercaban a la roca sólida que se encuentra a gran profundidad. Después de muchas conversaciones con los viejos del lugar, estos le aconsejaron que desistiera de la búsqueda de su talismán.
Desilusionado y desesperanzado, aceptó la derrota. Ni la piedra de la centella, ni la señal de las emisoras. De tanto encender el radio, se le habían agotado las baterías alcalinas, y eso que había traído consigo una remesa de pilas de repuesto.
Su padrino, el sacristán, le contó un día que, colocando una antena de gran altura, podría captar emisoras con su radio. Ya su lenguaje no lo entendían en el pueblo, porque solo hablaba de bandas de 19.31 y 50 metros, de kilohercios, de megahercios, de ondas hertzianas, de FM, de dial, de SW, de YWQZ, de CQKW, de vatios de potencia y de muchas palabras técnicas de electricidad y electrónica.
Un día, Rufino no aguantó más. Ya había agotado todas las alternativas al alcance de su mano para hacer sonar su radio. Se decidió a marcharse a la ciudad en busca de la antena y de más pilas para su artefacto. Al llegar, contó a todos sus conocidos sus peripecias en el pueblo.
Continuó en su trabajo de caletero por varios meses, ahorrando dinero para terminar de cumplir su feliz sueño. En la metrópoli, sus amigos le explicaron que para oírse en pueblos muy apartados de las grandes ciudades, las emisoras tenían que aumentar su potencia en vatios. Les envió cartas a los dueños y directores de las emisoras para que aumentaran la potencia de sus estaciones radiales.
Estos, amablemente, le respondieron que era un proyecto que estaba en estudio, que debían realizar un estudio de mercado en la región, que dependía de si el presupuesto alcanzaba y de si lograban los dólares preferenciales. Las solicitudes de dólares se estaban tramitando en la oficina de CADIVI, y las diligencias las adelantaba un gestor de nacionalidad china. Si lograban los recursos, la instalación de antenas y el aumento de potencia serían una realidad. Cosas de meses, explicaron los ingenieros y técnicos de las emisoras.
Todo ese proyecto estaba enmarcado en el desarrollo sustentable del país y en la idea de llevar la tecnología a todos los rincones de la geografía nacional. Era el clamor de la sociedad civil. Los dueños de las emisoras luchaban por llevar a la civilización los adelantos científicos que significaba la radio, porque la gente necesitaba estar bien informada, oír las novedosas radionovelas románticas y de aventuras que estaban causando furor en las ciudades.
Habían ocurrido cientos de suicidios de jovencitas cuando descubrieron el terrible secreto de que Albertico Limonta no era hijo de mamá Dolores con Nacho Amundarain, sino de Ligia Elena y el trompetista. Eran historias arrancadas de la vida misma, que día tras día arrancaban lágrimas y llantos de las damas y de algunos varones que lo simulaban muy bien. Las emisoras de radio, en el género de las novelas, se peleaban por el rating y por tener, en forma exclusiva, al escritor de novelas Salvador Cabrujas, el escritor que llega al corazón de las mujeres.
Decepcionado, pero con grandes esperanzas en las gestiones y respuestas de los radiodifusores, Rufino decidió marcharse a su lugar natal. Compró su pasaje en autobús en la Línea La Rápida, llegó temprano al terminal de pasajeros del Parque Central. En un descuido, unos amigos de lo ajeno lo asaltaron: se llevaron la antena, la cartera y el radio.
Un poco más tarde, cayó la redada policial.
—¡Cédula de identidad! —gritó un funcionario—. Constancia de trabajo, fe de bautismo…
Rufino intentó explicar que lo acababan de robar, que sí tenía documentos, que era caletero, que venía del pueblo. La policía no le creyó, lo llevó detenido por indocumentado, lo reseñaron en la oficina de identificación y al siguiente día lo enviaron a la oficina de extranjería. Allí le entregaron diez bolívares “para sus gastos de viaje”, lo montaron en un autobús con cincuenta y seis colombianos y lo enviaron a Cúcuta.
Después de dieciocho horas de viaje llegaron a la frontera. Los guardias nacionales, con la misma naturalidad con la que revisaban mochilas, le dieron unos planazos y se llevaron los diez bolívares que le habían dado. Rufino sollozaba en silencio. Era infeliz, indocumentado y sin radio. Se cumplían los temores y presagios de un niño que había sido feliz en su infancia, y ahora se sentía un extraño en dos tierras.
En el autobús viajaba un radio encendido a todo volumen. Rufino escuchó un boletín oficial, su propio epílogo narrado con una fanfarria escandalosa:—El gobierno nacional informa que, continuando con la política de austeridad y democracia con energía prometida durante la campaña electoral, y en el marco de la profilaxis social, han sido enviados a su país de origen cincuenta y siete indocumentados colombianos. No están registrados ni empadronados por la DIEX, no tienen oficio conocido, y, con estos operativos, se alivia el pago del servicio e intereses de la deuda externa.
—Seguiremos informando —gritó el locutor, con fanfarria de fondo.—No se aparten de nuestra sintonía —dijo, como en un regate final.
Para rematar su mala suerte, Rufino oyó la cuña radial:—¡La radio es un poder la-ten-te! ¡Vibre con la radio!Y ahí iba Rufino, vibrando sin radio, sin papeles y sin país, entre la bulla de unas ondas hertzianas que nunca llegaron a su pueblo.
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Ante esta dantesca realidad que vivimos, esta problemática podrá hacer colapsar cualquier ingreso petrolero, y causará una recesión transversal en los demás sectores productivos del país. Un estado que mantiene 34 ministerios, con un descomunal gasto público, que hará inviable cualquier esfuerzo que se haga en el sentido económico, fiscal y financiero. Además, hay que agregar el número de viceministros y directores sectoriales. Varía según cada ministerio, pero generalmente oscila entre 3 y 6 viceministerios por cartera, sumando más de 100 viceministros a nivel nacional. Venezuela tiene una población de 30 millones de habitantes. Irónicamente Estados Unidos en el 2025 tenía una Estimación de población 341.784.857 habitantes y tiene 15 departamentos ejecutivos (ministerios o secretarías) que forman parte del gabinete presidencial. Cada uno, excepto el Departamento de Justicia (dirigido por el Fiscal General), está encabezado por un secretario designado por el presidente y confirmado por el Senado, responsable de áreas clave de la administración federal. Resulta llamativo que "Estados Unidos tiene una población diez veces mayor; no obstante, su estructura ministerial es mucho más reducida."
1. El tamaño del Estado y la burocracia
Efectivamente, el organigrama estatal sigue siendo masivo. Actualmente, el gabinete ejecutivo se mantiene con más de 33 ministerios activos. Esta estructura genera un costo operativo inmenso, se absorbe una parte crítica de los ingresos por hidrocarburos y minería, dificultando que ese capital se traduzca en servicios públicos eficientes y mejoras salariales.
2. La corrupción y falta de transparencia
En el índice de la percepción de la corrupción. Venezuela cerró el año pasado como el tercer país más corrupto del mundo, según transparencia internacional, superando solo por Somalia y Sudán del Sur. Asimismo, la falta de rendición de cuentas: se estima que miles de millones de dólares se han desviado a través de empresas estatales y sistemas financieros opacos, lo que ha lo que ha llevado a instituciones como Transparencia Venezuela operar desde el exilio, debido a las restricciones legales impuestas a finales del 2025
3. La crisis de ingresos, trabajadores y jubilados.
La brecha entre el discurso oficial y la realidad del bolsillo es abismal. El salario mínimo se mantiene congelado en 130 bolívares desde marzo del 2022, debido a la devaluación constante. Este monto hoy equivale aproximadamente a 0.29 o 0.30 dólares mensuales, El Estado ha intentado compensar esto con bonificaciones, como el llamado “bono de guerra económica”, que puede sumar alrededor de ciento sesenta dólares para algunos trabajadores activos. Pero estos pagos no tienen incidencia en prestaciones ni vacaciones, dejando a los jubilados en una situación de extrema vulnerabilidad.
4. Cambio en el poder ejecutivo.
Es importante notar un cambio reciente en la estructura del poder desde el 5 de enero del 2025. Delcy Rodríguez asumió como presidente encargada de la república tras una designación del TSJ para garantizar la continuidad del Estado. Aunque esto representa un cambio de rostro en la presidencia, la estructura legislativa, judicial, electoral y militar permanece bajo el mismo control centralizado.
5. El rol del Estado, el rol de Estados Unidos y la comunidad internacional
Bajo la administración actual en Estados Unidos, Donald Trump ha regresado a la presidencia en el 2025, se han retomado políticas de mayor presión y sanciones sobre la industria petrolera, buscando forzar el cambio estructural.
La realidad soberana es el derecho internacional. Es extremadamente difícil que un país extranjero crea organismos para controlar el gasto interno de otro, sin un cambio de gobierno o un acuerdo de asistencia internacional, como los programas del fondo monetario FMI y Banco Mundial, los cuales suelen ser rechazados por el sistema actual venezolano. El venezolano ante tantas vicisitudes siente que el sistema está diseñado para autoperpetuarse a costa del bienestar ciudadano.
La concentración de poder en los organismos electorales y judicial hace que el camino hacia una reforma fiscal y financiera sea hoy mayor reto del país.
Presupuesto nacional 2026, Opacidad y Gasto.
A pesar de la crisis salarial, el presupuesto presentado para este año fiscal sigue priorizando el sostenimiento del aparato estatal sobre la inversión social productiva. Distribución de gasto: Más del 70% del presupuesto destinado a gastos corrientes, mantenimiento de ministerios, salarios públicos de élite y funcionamiento institucional, dejando una porción mínima para la infraestructura de salud y educación.
Fuentes de ingreso. Con la producción petrolera estancada de los 850.000 barriles diarios, el Estado ha volcado su voracidad fiscal hacia el sector privado nacional, a través de nuevos impuestos a las transacciones, lo que termina encareciendo aún más los productos para los ciudadanos de pie.
Falta de auditoría. Al no existir una asamblea nacional como contrapesos reales, el control sobre estos fondos es nulo, alimentando al ciclo de corrupción.
El regreso de las sanciones, (2025 - 2026)
Con el cambio de administración en Estados Unidos a principios del 2035, la política de licencia generales, como la que beneficia a Chevron, dio un giro importante. Revocación de licencias, se ha vuelto a imponer restricciones estrictas que limitan la capacidad de PDVSA para cobrar en efectivo por sus exportaciones. Esto obliga al Estado a vender petróleo en el mercado negro asiático con descuentos de hasta el 30 o 40 %, reduciendo drásticamente el ingreso neto de las arcas públicas,
El impacto en la minería:
Las sanciones actuales también apuntan con mayor fuerza al Arco Minero del Orinoco, intentando rastrear el flujo de oro hacia el exterior, fuente que ha servido de caja chica para mantener la lealtad de los cuerpos de seguridad.
La Realidad del Salario y la Deuda Social
Es doloroso confirmar que, mientras el Estado gasta en mantener sus 33 ministerios, la deuda con los trabajadores es dantesca:
El "Salario Cero": Al mantener el sueldo base en niveles insignificantes, el Estado ha logrado "limpiar" sus pasivos laborales (prestaciones y liquidaciones), ya que estas se calculan sobre el sueldo y no sobre los bonos. Esto es visto por muchos economistas como una confiscación indirecta del trabajo ahorrado por décadas.
Inflación en Dólares: El costo de la vida en Venezuela sigue subiendo incluso en divisas. Lo que antes comprabas con 100 $, hoy requiere casi el doble, haciendo que los pensionados vivan en una situación de indigencia técnica.
¿Qué organismos podrían intervenir?
La necesidad de un mayor control, actualmente la comunidad internacional intenta presionar a través de:
La Misión de Determinación de los Hechos de la ONU, que sigue documentando el uso de los recursos para la represión.
Organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial, que mantienen al país en “pausa”, exigiendo una rendición de cuentas transparente y el desmontaje de las estructuras viciosas antes de liberar cualquier tipo de auxilio financiero que realmente llegue al pueblo.
Este sistema de “economía de sobrevivencia” está diseñado para que el Estado resista la presión externa mientras la población carga con el costo financiero del colapso.
¿Cómo están afectando los nuevos impuestos internos a los pequeños comercios en este contexto?
1. La "Inflación Impositiva" y el Cierre de Negocios
El panorama para los pequeños comercios en este primer trimestre de 2026 es sumamente complejo: están atrapados entre una presión fiscal asfixiante y un consumo que no deja de caer. ¿Cómo están afectando los nuevos impuestos internos a los pequeños comercios en este contexto?
IGTF (Impuesto a las Grandes Transacciones Financieras):
Aunque se llama de "Grandes Transacciones", en la práctica castiga cada compra que hace el comerciante a su proveedor en dólares y cada venta al público. Es un impuesto acumulativo que encarece toda la cadena.
Impuestos Municipales Descontrolados:
Muchas alcaldías, al no recibir recursos del poder central, han elevado las tasas de aseo urbano y actividades económicas a niveles impagables. Hay reportes de comercios que pagan más de servicios y patentes que de alquiler.
2. El Dilema del Consumo
El dato más alarmante de febrero y marzo de 2026 es la caída del 16% en la recaudación del IVA. ¿Qué significa esto?
Que la gente está comprando mucho menos.
Que muchos pequeños comercios se han visto obligados a pasar a la informalidad (no dar factura) para poder sobrevivir y no pagar el 16% de IVA que el consumidor ya no puede costear.
3. La Brecha Cambiaria (Dólar BCV vs. Paralelo)
El gobierno intenta frenar el dólar oficial inyectando divisas, pero la brecha con el paralelo se ha ensanchado a inicios de 2026.
El castigo al comerciante: Por ley, el negocio debe cobrar a tasa BCV, pero sus proveedores a menudo le exigen pagos basados en el paralelo o en reposición de inventario a precios futuros. Esta "pérdida por diferencial" está liquidando el capital de trabajo de los emprendedores.
4. Fiscalizaciones Agresivas
En lugar de ampliar la base de contribuyentes (que paguen más personas), el Estado ha optado por fiscalizar con mayor agresividad a los pocos que quedan formales. Las multas ahora están ancladas a la "moneda de mayor valor" (generalmente el Euro), lo que significa que una infracción menor puede costar miles de dólares, llevando al cierre definitivo del local.
Sectores que resisten y Ley de Emprendimiento
Es un círculo vicioso: el Estado necesita más dinero para mantener esos 36 ministerios y la burocracia, por lo que le quita más al que produce, provocando que cada vez haya menos gente produciendo.
Para entender qué sectores están logrando "sobrevivir" o incluso crecer en este entorno de marzo de 2026, hay que mirar hacia donde se está moviendo el poco flujo de caja que queda en la economía venezolana.
1. Sectores de "Resistencia" y Crecimiento (2026)
A pesar de la crisis, tres áreas se mantienen activas por necesidad o por nichos de mercado:
Economía del Cuidado y Salud Privada: Ante el colapso de los hospitales públicos, las pequeñas clínicas, laboratorios de bioanálisis y farmacias de "bajo costo" (especialmente las que importan genéricos de la India o Irán) han proliferado. El venezolano prioriza el gasto en salud por encima de cualquier otro bien.
Servicios de Tecnología y Conectividad: La deficiencia de los servicios públicos ha creado un mercado masivo para proveedores privados de internet por fibra óptica y servicios de energía solar o plantas eléctricas para hogares y comercios.
Alimentos de Consumo Masivo (Low Cost): Las marcas blancas o "maquilas" locales que ofrecen productos básicos a precios inferiores a las marcas tradicionales están dominando los anaqueles. El consumidor ya no busca marca, sino rendimiento por gramo.
2. La Ley de Emprendimiento: ¿Solución o Trampa Fiscal?
La Ley para el Fomento y Desarrollo de Nuevos Emprendimientos ha sido una herramienta de doble filo en este 2026:
El Registro Nacional de Emprendimiento (RNE): Sigue permitiendo que las personas se formalicen sin pagar inicialmente los altos costos de un Registro Mercantil tradicional. Esto da una "tregua" de dos años.
El Problema es que Muchos emprendedores denotan que, una vez registrados, quedan "marcados" en el sistema del SENIAT. Al finalizar el periodo de gracia, las cargas impositivas que mencionamos antes (IGTF, IVA, anticipos de ISLR) caen sobre negocios que aún no han alcanzado el punto de equilibrio.
Exoneraciones Limitadas: Aunque la ley habla de incentivos, en la práctica, las exoneraciones de impuestos de importación para insumos son difíciles de tramitar y suelen quedar en manos de empresas con conexiones directas con los ministerios.
3. La Realidad del "Emprendimiento por Necesidad"
Es importante diferenciar: no estamos viendo un auge de innovación, sino un emprendimiento de supervivencia.
Subempleo: Profesionales (médicos, ingenieros, docentes) que dedican sus tardes a vender comida o servicios técnicos de forma independiente porque su sueldo de 0.30 $ no cubre ni el transporte.
Remesas como Motor: Casi el 30% de estos micro-negocios sobreviven gracias a que familiares en el exterior envían el capital semilla o pagan directamente las deudas de los proveedores desde afuera.
4. ¿Hacia dónde va esto?
El sistema actual parece apostar a una "paz económica" basada en el consumo suntuario de una élite muy pequeña, mientras el resto del sector privado lucha contra:
La falta de crédito bancario: Los bancos siguen con un encaje legal alto, lo que significa que no hay préstamos para que un joven emprendedor compre maquinaria o expanda su local.
Servicios Públicos: El costo de mantener un negocio con cisterna de agua y planta eléctrica propia puede representar hasta el 20% de los costos operativos.
Esta estructura, es lo que hace que cualquier ingreso (sea petróleo u oro) se diluya en un Estado que gasta mucho y facilita poco.
La Libertad de Expresión de Venezuela
La situación de la libertad de expresión en Venezuela ha alcanzado niveles críticos, consolidándose como uno de los entornos más hostiles para el periodismo en el hemisferio. El cierre sistemático de medios no es un fenómeno aislado, sino una política de Estado ejecutada principalmente a través de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel)
Aquí tienes unos párrafos que detallan esta realidad:
El Silencio de las Ondas: Radios y TV
El espectro radioeléctrico se ha convertido en un terreno de censura directa. Solo entre 2003 y 2025, se estima el cierre de más de 400 emisoras de radio en todo el país. El modus operandi suele ser la no renovación de concesiones o inspecciones administrativas sorpresivas que culminan en el cese de transmisiones. Lo más grave es la confiscación de equipos: funcionarios incautaron transmisores, consolas y computadoras, desmantelando físicamente la capacidad operativa de los medios y dejando a comunidades enteras en "desiertos informativos". En la televisión, la salida del aire de canales nacionales y la expulsión de cadenas internacionales han limitado las pantallas a una narrativa oficialista o a contenido de entretenimiento que evita la crítica política.
El Ocaso de la Prensa Escrita y el Acoso Judicial
La prensa escrita, que durante décadas fue el pilar de la opinión pública, ha desaparecido casi por completo en su formato físico. La asfixia comenzó con el monopolio estatal sobre la importación de papel periódico y culminó con multas impagables y demandas judiciales por "daño moral" o "incitación al odio". Esto ha forzado a los diarios más antiguos a migrar a plataformas digitales, donde enfrentan bloqueos constantes de DNS. Mientras tanto, la labor periodística se ha vuelto una actividad de alto riesgo: decenas de periodistas han sido detenidos arbitrariamente, algunos acusados de "terrorismo mediático", lo que ha provocado un exilio masivo de profesionales que hoy informan desde el extranjero para proteger su integridad.
Denuncias Internacionales y Organismos
Diversos organismos han alzado la voz contra estos atropellos, calificando la situación como una "mordaza estructural". Entre los entes que mantienen una vigilancia constante y han emitido informes condenatorios se encuentran:
La Misión de Determinación de los Hechos de la ONU: Ha documentado que la persecución a periodistas forma parte de un plan para silenciar a la oposición.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP): Ubica a Venezuela en el último lugar de su Índice Chapultepec, catalogándola como una nación "sin libertad de expresión".
Reporteros Sin Fronteras (RSF): Denuncia constantemente el uso del sistema judicial para perseguir reporteros.
ONG Locales: Organizaciones como Espacio Público, IPYS Venezuela y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), quienes registran diariamente las agresiones, detenciones y cierres de medios en el territorio nacional.
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Venezuela 2026: un país entre el agotamiento interno y la prudencia internacional, donde nadie se atreve a derribar lo que aún sirve para negociar.
“En Venezuela no caen gobiernos, se desvanecen lentamente, como los cartelones de una propaganda que el sol borró antes que la historia.
Crónica de Narnópolis: el reino de los hermanos del Valle
Juan Linares
Han anunciado la llegada de gigantescos tanques para recolectar agua de lluvia —porque el acueducto, según Eutimio, es un invento del capitalismo hidráulico—. También, un zoológico de reptiles donde las iguanas municipales vivirán felices mientras se alimentan de permisos y viáticos. Y la más ambiciosa: la recuperación del río Narniano, que se secó tras un eclipse solar que, según la alcaldesa, “duró varios días por voluntad del universo progresista”.Las visitas institucionales son su campo de batalla y desfile de poder. Ella inaugura cada piedra, él bendice cada adoquín. Rivalizan en quién logra más aplausos, pero se unen con fiereza ante cualquier adversario político. En esos momentos, la policía local se convierte en su ejército moral, y los dirigentes del partido repiten con fervor automático: “todo está bien en Narnópolis, y si no lo está, igual lo diremos”.
A los habitantes solo les queda observar el espectáculo. Aprendieron que cada promesa llega con aplausos y se va con la temporada de lluvias que nunca cae. Pero el relato oficial sigue intacto: Magnolia y Eutimio, los hermanos del Valle, continúan proclamando la prosperidad de su tierra mientras el río permanece seco y el zoológico vacío.
Al final, el poder en Narnópolis no es una gestión: es una metáfora emocional. Una dependencia entre dos almas que se sostienen mutuamente en la creencia de que gobernar es crear ilusiones y defenderlas de la realidad. Y aunque los vecinos murmuren que viven en el delirio, ellos siguen convencidos de algo: el eclipse jamás terminó, solo se mudó al despacho municipal.
Los Judas Bolivarianos y los Diablos de Corbata: Un Cuento Mágico de Traición Sindical
Juan Linares
En las profundidades del Averno venezolano, donde el petróleo brota no como oro negro sino como sangre coagulada de trabajadores de las empresas básicas de Guayana, nace una central sindical llamada CBST —Central Bolivariana Socialista de Traidores—. Sus líderes, Oswaldo Vera, Domingo Piñate, Francisco Torrealba, José Ramón Rivero, Wills Rangel (el eterno presidente inmortal, que renace cada convención colectiva como un vampiro bonachón), Pedro Perales, Carlos López, Orlando Pérez y Braulio Álvarez, no son hombres comunes.
Son judas con credenciales rojas, que besan con 30 monedas de plata digitalizadas y venden el sudor obrero en mercados negros del más allá.Imagina la escena mágica: en las convenciones colectivas de SIDOR o las acerías infernales, donde metalúrgicos funden acero bajo hornos que escupen demonios de calor (40 grados reales, no cuentos), estos judas se transforman. Su piel se vuelve escamosa, y de sus bocas salen cláusulas económicas que flotan como globos dorados hacia los patronos —Estado o privados—. ¡Pum! Los globos estallan en banquetes cinco estrellas: langostas voladoras aterrizan en mesas de cristal en Margarita, vinos franceses se materializan en tascas parisinas, y hospedajes en suites que desafían la gravedad, con vistas al abismo petrolero. Pero el cinismo mágico brilla en su dulce vicio: también adoran escoceses añejos de 18-25 años, single malts ahumados como hornos siderúrgicos —Macallan, Glenfiddich o Lagavulin 16, con turba marina y vainilla de barricas escocesas—. En penthouses etéreos sobre Caracas, brindan: “¡Salud por bonos sin incidencia!”, mientras pensionados chupan limones secos.
Cobran “costas sindicales” —bolsas de dólares que se multiplican como panes y peces, pero solo para ellos—. ¿Y los trabajadores? Reciben migajas: 0,31 dólares mensuales, que se evaporan antes de tocar la mano curtida por el yunque. Pero el realismo mágico se torna cínico cuando llegan los jubilados. Estos judas, adoradores del dios Baco con barrigas de ron subsidiado, nunca los incluyen en las cláusulas. “¡Los viejos no votan en asambleas!”, ríen, mientras firman el Memorando 2792, creación del sindicalista y ministro Eduardo Piñate, y el Instructivo ONAPRE, decretos embrujados que convierten prestaciones de 25 años de servicio en 25 dólares fantasmas. Una vida de sacrificios —turnos eternos en hornos que derriten almas— termina en pensiones IVSS de 130 bolívares, insuficientes para un pan que se deshace como ilusiones chavistas. Los pensionados vagan por las calles como zombies, vendiendo chucherías para sumar a la limosna estatal, mientras los judas ascienden a ministros del Trabajo, viceministros, aliados del patrón Estado.
Traidores, distraidores y esquiroles de la “revolución del siglo XXI”, que niegan aumentos salariales y piden bonos sin incidencia en prestaciones sociales, perpetuando el salario mínimo en 30 dólares de miseria.
Como si todo este aquelarre no bastara, los Judas bolivarianos ahora agitan otro conjuro: la llamada “Constituyente Sindical”. No es un instrumento de emancipación obrera, sino un parapeto ritual donde los fariseos de la CBST se disfrazan de refundadores del movimiento sindical mientras afilan el cuchillo contra la LOTTT. No han creado jamás un solo mecanismo real para proteger salario, prestaciones o pensiones; pero con esta mascarada pretenden abrir la puerta a una “reforma” laboral hecha a la medida del patrón Est deado y los empresarios de corbata, recortando derechos, licuando prestaciones y domesticando la huelga bajo el discurso de la “modernización”. Al frente de esta liturgia traidora aparece su gran vocero y propagandista, Eduardo Piñate, sindicalista devenido ministro, uno de los arquitectos del Memorando 2792 en 2018, que convirtió las conquistas laborales en papel mojado y sentó las bases para esta ofensiva contra los trabajadores.
Ahora, entra el dúo demoníaco de corbata: Luis Vicente León y Jorge Roig, empresarios-analistas que no son judas baratos, sino Mefistófeles sofisticados. León, el camaleón político que cambia de gobierno como serpiente muda piel, y Roig, integrante de la OIT con aura de experto global, coinciden mágicamente con los judas en su odio a la LOTTT. ¡Odian sus artículos sobre prestaciones, estabilidad, huelga, retroactividad! Les repugnan los decretos de aumento salarial, como vampiros al ajo demoníaco. “¡No suban salarios a públicos ni pensionados!”, claman desde sus torres de cristal, disfrutando “dolce vita” con vinos importados que el pueblo no huele. Venden la idea de abolir convenciones colectivas y la LOTTT entera, como brujos que invocan pobreza para sus arcas.Pero aquí radica la sátira cínica: ¿qué pintan estos diablos privados en el calvario público? En épocas de bonanza petrolera democrática, cuando PDVSA era reina transnacional y empresas privadas pagaban sueldos de oro (mejores que los públicos, sin duda), nadie pedía opinión al Estado. Boom petrolero significaba libertades económicas, salarios reales, no esta farsa. Hoy, con el Estado patrono escuálido, estos Roig y León se alían en una danza diabólica —o sagrada, quién sabe— para negar aumentos al sector público. “¿Perjudica a privados subir pensiones públicas?”, preguntan con sonrisas mefistofélicas. ¡Mentira mágica! Debería incentivar la producción privada, como lluvia que riega campos ajenos.El diálogo real debe ser: sector público negocia con su patrono Estado (aumentos de 300 dólares ya en marzo, 600 en mayo con petróleo revivido); privados dan lo suyo sin entrometerse. No sean comparsas del régimen, señores. Los trabajadores públicos, pensionados y jubilados —hambrientos en umbral de pobreza tras cuatro años sin aumento— merecen respeto, no críticas de quienes viven en otro plano astral. Estos judas sindicales y diablos empresariales, unidos en cinismo, han tejido un hechizo: bonos de guerra sin incidencia, salarios de guerra fría. Pero el realismo mágico termina en realidad cruda: una vida de esfuerzo siderúrgico por limosnas. ¿Hasta cuándo? Rompan el pacto, o el pueblo invocará su propia revolución —no bolivariana, sino obrera de verdad.
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