lunes, 11 de mayo de 2026

¡Bienvenidos a "Trump-zuela"! (Disculpe, el agua se fue hace tres días)

 ¡Bienvenidos a "Trump-zuela"! (Disculpe, el agua se fue hace tres días)




¡Qué maravilla es la geopolítica! Finalmente hemos pasado de la etapa de los "olvidos" de Joe Biden —quien probablemente pensaba que Venezuela era una marca de café— a la etapa del "Reality Show" de lujo. ¡Gracias, Donald! Ahora, según la narrativa oficial de los MAGA-fans, somos el país más feliz del mundo. Si usted no siente la felicidad, seguramente es porque tiene una "laguna mental" peor que la del expresidente Joe.

Es fascinante ver cómo funciona la magia financiera. Salen barcos cargados de petróleo, bauxita y coltán, y a cambio, en el Banco Central de Venezuela aparece... ¡nada! Un truco de prestidigitación digno de Las Vegas. Nos dicen que el Bolívar se estabiliza mientras el salario de 0.25 dólares mensuales nos permite el lujo extravagante de comprar medio huevo al mes. Pero no se queje, que eso es de "resentidos". Si usted ve niños hurgando en la basura, repita conmigo la frase de moda: "That never happened". Es solo un efecto especial de la izquierda radical.

Lo más tierno de esta nueva era es la "transición". Es tan fluida que parece que estuviéramos nadando en una piscina de aceite de motor. Tenemos a la "Girlfriend" Delcy en un interinato que hace que extrañemos... bueno, no extrañamos nada, porque todo es igual. El teatro burlesco ha cambiado de directores, pero los actores secundarios —nosotros, el pueblo— seguimos muriendo en hospitales sin gasas mientras los "amigos del negocio" de Mar-a-Lago calculan cuánto cobre pueden sacar de nuestras líneas eléctricas (total, ya no hay luz).

¡Qué éxito la captura del 3 de enero! Fue un gran episodio de televisión. Pero después de los créditos, nos quedamos con el hambre de siempre y un nuevo jefe que nos mira como si fuera el dueño de un hotel que quiere demoler para construir un campo de golf. ¡Venezuela se arregló! (Si por "arregló" usted entiende que nos vendieron por partes al mejor postor). ¡MAGA! (Make Assets Great Again... para ellos, claro).

Reflexión Final

La angustia de Venezuela en este 2026 no es solo la falta de comida; es la pérdida de la verdad. Entre la incapacidad de uno y la ambición del otro, el venezolano ha quedado huérfano de aliados reales, viendo cómo su miseria se convierte en un activo contable para potencias extranjeras. La lucha sigue, pero el cansancio es un grito sordo que nadie en Washington parece querer traducir.

CRÓNICA DE UNA TRANSICIÓN QUE NO LLEGA

 CRÓNICA DE UNA TRANSICIÓN QUE NO LLEGA


Hay países que se derrumban en silencio. Venezuela, en cambio, lleva años cayendo con ruido: el ruido de los hospitales vacíos, de los apagones interminables, del agua que no llega y del salario que no alcanza ni para nombrarlo sin vergüenza.

Hoy, en 2026, la pregunta ya no es qué salió mal. La pregunta es más incómoda: ¿a quién le conviene que nada se arregle?

Durante años, la política internacional hacia Venezuela ha sido un tablero donde las piezas no son ciudadanos, sino recursos. Con Joe Biden, la narrativa oscilaba entre la cautela diplomática y una evidente fatiga política, marcada por dudas sobre su liderazgo real. Sus lapsus eran noticia; Venezuela, apenas un tema periférico que se administraba más que resolverse.

Luego llega Trump, con su estilo frontal, casi teatral. Promesas de acción, decisiones drásticas, golpes de efecto. El 3 de enero marcó un punto de quiebre, pero no necesariamente un punto de esperanza. Porque una cosa es intervenir y otra muy distinta es reconstruir.

Y es ahí donde nace la sospecha.

Porque mientras se habla de transición, en Venezuela no se ven fases: no hay estabilidad, no hay recuperación, no hay institucionalidad emergiendo. Lo que sí hay es continuidad del colapso. Un país que, a pesar de haber generado miles de millones en ingresos petroleros, sigue atrapado en una pobreza estructural que no se explica solo por errores internos.

¿Dónde está ese dinero? ¿En qué momento se evaporó? ¿Y quién vigila a los vigilantes?

La narrativa oficial —tanto dentro como fuera— empieza a parecerse peligrosamente a una forma de negación: “That never happened”. Como si el hambre fuese exageración, como si la miseria fuese percepción, como si el sufrimiento colectivo pudiera borrarse con discursos o estadísticas manipuladas.

Pero el venezolano no vive en discursos. Vive en colas, en hospitales sin insumos, en salarios que son una burla aritmética.

Mientras tanto, desde Washington, la estrategia parece moverse entre dos polos: la geopolítica y el negocio. Petróleo, oro, coltán, hierro… recursos que, en lugar de convertirse en desarrollo, siguen siendo la maldición que atrae intereses externos.

Y entonces la duda se vuelve certeza incómoda: ¿se busca realmente democratizar Venezuela o simplemente reorganizar quién se beneficia de ella?

Porque si la libertad no llega con mejoras tangibles, si la democracia no se traduce en dignidad, entonces todo se reduce a un cambio de administradores del mismo desastre.

El pueblo venezolano sigue allí. Cansado, sí. Golpeado, sin duda. Pero todavía de pie.

Y eso, para algunos, parece ser el verdadero problema.

domingo, 10 de mayo de 2026

Crónicas de Macondia: El Misterio de los Electrones Burgueses y la Iguana Atómica

Crónicas de Macondia: El Misterio de los Electrones Burgueses y la Iguana Atómica


En la ilustre y siempre a oscuras República de Macondia, donde la gravedad es opcional pero el apagón es obligatorio, ha ocurrido un milagro digno de los pergaminos de Melquíades: el pueblo, alimentado por el aire de la esperanza y los bonos de "complemento", ha desarrollado el superpoder de la generación de demanda espontánea.

El Teorema de Alcalá: Aire Frío, Bolsillo Vacío

El flamante Ministro de Energía Eléctrica, Rolando Alcalá, un hombre cuya brillantez solo es superada por una bombilla de 10 vatios en un bajón, ha revelado la verdad científica definitiva. Olviden la falta de mantenimiento, la corrupción que se tragó las turbinas o que la represa de Tocoma sea ahora un exclusivo balneario para sedimentos y fantasmas. No. La culpa es de usted, señora, que con el "aumento" salarial —ese que todavía no llega pero que ya se siente en el alma— salió corriendo a comprar una nevera de doble puerta y tres aires acondicionados para enfriar la miseria.

Según los sesudos cálculos del Ministro (probablemente realizados con una "Máquina Inútil" conectada a un limón), el consumo nacional saltó a los 15.579 MW porque los pensionados, en un ataque de opulencia desenfrenada, decidieron encender televisores a color al mismo tiempo. Es un fenómeno de realismo mágico contable: el dinero no alcanza para un cartón de huevos, pero sobra para colapsar la red nacional con tecnología de punta.

La Ciencia del "Gaslighting" y las Ecuaciones del Hambre

En Macondia, los ministros no son políticos; son Gurus de la Nada. Tenemos al Ministro del Trabajo, un alquimista que cita las ecuaciones de Farmer para explicar por qué su salario tiende a cero mientras la inflación tiende al infinito. Dicen las malas lenguas que tras el cierre del IVIC por la misteriosa fuga de los 15 kilos de uranio, los científicos se quedaron sin laboratorio y terminaron redactando las tablas salariales en una servilleta manchada de café.

Este es el Gaslighting Político en su máxima expresión:

El Sol es opositor: Calienta mucho y sobrecarga los cables.

La Fauna es terrorista: Las iguanas, entrenadas en campos de la CIA, se lanzan en misiones suicidas contra los transformadores.

El Usuario es el culpable: Por tener la osadía de querer conservar la carne (si es que encuentra) en una nevera que funcione.

Gatopardismo Eléctrico: Cambiar la Bombilla (pero no poner la luz)

La estrategia es clara: Inversión de la Responsabilidad. Si el sistema colapsa, no es porque se robaron los fondos de inversión desde 2010; es porque usted encendió un ventilador de tres aspas para espantar los zancudos del tamaño de un dron que habitan en Macondia.

Mientras las zonas industriales de Guayana son hoy cementerios de hierro oxidado y silencio, el discurso oficial prefiere culpar al "éxito económico". Es una narrativa fascinante: estamos tan bien, que no aguantamos tanta prosperidad eléctrica.

La Máquina Inútil de la Gestión Pública

Al final, estos ministros son como la famosa "Useless Machine": un dispositivo cuya única función es apagarse a sí mismo cada vez que intentas encenderlo. Usted le da al interruptor de la verdad, y una mano mecánica llamada "Censura" o "Excusa" sale de la caja para decir que fue un ataque electromagnético desde la Luna.

En Macondia, la única energía que sobra es el descaro. Porque para decir que el sistema eléctrico sufre por un "exceso de consumo" de un pueblo que no tiene para pagar el aseo, se necesita algo más que uranio: se necesita una cara de madera tallada en el árbol más viejo de la desvergüenza.

Nota al margen: Se rumorea que el próximo Plan de la Patria incluye la sustitución de las turbinas del Guri por hámsters corriendo en ruedas, alimentados con promesas de pago del IGE. Se espera que los hámsters, al menos, no culpen al sol por su cansancio.

sábado, 9 de mayo de 2026

¡Sigan Bailando!: La Gran "Discoteca" de Macondia y el Vals Petrolero de Trump

 ¡Sigan Bailando!: La Gran "Discoteca" de Macondia y el Vals Petrolero de Trump

Por: Un espectador indignado desde la pista de baile sin luz



¡Pónganle volumen a la radio! Que suene la Billo’s Caracas Boys a todo timbal. Suban la música para ver si el estruendo de los metales logra tapar el rugido de las tripas de millones, el zumbido de las moscas sobre la basura y el silencio sepulcral de los hospitales a oscuras.

Y es que, según el flamante dueño del trono en Washington, Mr. Donald Trump —quien hoy anda más very happy que de costumbre—, los venezolanos no estamos pasando trabajo. No, señor. Tampoco estamos de luto por los presos políticos que mueren en las mazmorras sin juicio, ni sufriendo por la devaluación vertiginosa de una moneda que se deshace entre los dedos como arena. ¡Qué va! Según el magnate de la cabellera dorada, los venezolanos estamos "bailando en las calles" de pura felicidad. ¡Claro que sí! Cómo no vamos a bailar si, tras la espectacular "extracción" cinematográfica de Nicolás Maduro y su posterior envío a Nueva York, la "Golden Oil Company" y las grandes corporaciones petroleras gringas están metiendo dólares a manos llenas. ¿A manos de quién? Bueno, ese es un detalle sin importancia para la narrativa de Mar-a-Lago. Lo importante es que en la Macondia caribeña el dinero "fluye", el amor respira en el aire y la "girlfriend" venezolana del momento sonríe complacida ante las carantoñas que le lanzan desde el imperio.

¿Dónde es la pista de baile, Mr. President?

Nos encantaría que el presidente Trump nos diera la dirección exacta de ese gran "dancing" nacional que ve a través de sus reportes satelitales. Porque en la Venezuela real, la coreografía es bastante diferente:

La coreografía de la desnutrición: Quizás Trump piensa que el bamboleo de un bebé de seis meses con desnutrición severa y la barriguita hinchada de aire y hambre es un nuevo paso de salsa.

El "Electric Slide" a oscuras: Tal vez cree que los médicos en el Zulia, alumbrando con la luz del celular a un paciente que se queda sin oxígeno a mitad de un apagón de 12 horas, están ensayando un baile contemporáneo.

El vals de la supervivencia: A lo mejor confunde con una elegante danza el movimiento coordinado de las madres y niños que esquivan las moscas para pelear por un pedazo de comida podrida en los contenedores de basura.

La danza de la muerte: Quizás el hacinamiento en las prisiones donde torturan a los presos políticos es, a sus ojos, una coreografía grupal de esas que se hacen virales en redes sociales.

Ver las penurias de un país que sangra desde hace más de un cuarto de siglo y despacharlas diciendo que "hay mucho dinero en la calle y la gente está feliz" no es solo ignorancia geopolítica; es una burla cruel y de muy mal gusto. Es una bofetada en el rostro de la madre que hoy tuvo que elegir cuál de sus hijos come y cuál se acuesta con el estómago vacío.

De "Regime Change" a "Regime Same": El Gran Negocio del Petróleo

La ironía de esta tragicomedia es exquisita. Capturar a Maduro fue un evento histórico, digno de un taquillazo de Hollywood. Pero dejar el control del país en manos de los mismos actores del régimen —ahora bajo la batuta de Delcy Rodríguez— no es una estrategia de liberación: es una traición en cómodas cuotas de barriles de petróleo.

La administración estadounidense justificó su intervención bajo el estandarte de la justicia y la lucha contra el narcotráfico, pero el olor a asfalto fresco y crudo pesado no tardó en inundar la oficina oval. Al final, parece que el plan maestro era simplemente cambiar de socio comercial. Mientras las petroleras norteamericanas firman contratos mil millonarios y celebran el flujo de "oro negro", los venezolanos seguimos lidiando con la peor gasolina del planeta, un servicio de agua inexistente y una inflación que devora cualquier intento de salario.

¿De qué nos sirve que las transnacionales se llenen los bolsillos si el ciudadano de a pie sigue viviendo en el colapso absoluto? La única victoria real, la única que detendría el luto y traería una alegría genuina, no se mide en barriles diarios de crudo, se mide en elecciones verdaderamente libres y democráticas. Cualquier otra cosa es puro maquillaje sobre un cadáver.

¡Que sigan bailando!

Pero no perdamos el ritmo. Si el "Rey del Norte" dice que estamos felices, habrá que ensayar el paso. Suban el volumen de la radio, que el show debe continuar:

"Sigan bailando (sigan bailando)..."

"¡Que sigan bailando!"

Bailamos para no llorar. Bailamos para estirar los pocos dólares que nos quedan. Bailamos mientras esquivamos los huecos de las calles y los cables caídos sin luz. Bailamos sobre las cenizas de un sistema de prestaciones sociales que nos robó 25 años de trabajo para dejarnos una liquidación de miseria.

Señor Trump: en Venezuela no hay fiesta. Hay un pueblo que resiste, que sufre y que no se traga el cuento de que la "abundancia" ha llegado porque un puñado de ejecutivos petroleros volvió a brindar con champaña en Caracas. La libertad de un país no se subcontrata ni se privatiza. Dejen el cinismo y apaguen la música, porque en Macondia nadie tiene ganas de bailar

viernes, 8 de mayo de 2026

La estirpe del óxido: Crónica de Macondia y el Tren que se tragó la niebla

La estirpe del óxido: Crónica de Macondia y el Tren que se tragó la niebla




El Trono de los Espejismos: Nepotismo y Dictadura

En Macondia, el árbol genealógico es el único mapa para llegar al poder. A diferencia de Macondo, donde Úrsula Iguarán representaba la sensatez y el freno moral, en Macondia las Úrsulas han sido silenciadas o se han sentado a la mesa del banquete.

El Heredero de la Vara: Cuando el Gran Coronel partió a sus guerras infinitas, dejó a su sobrino Arcadio a cargo. Pero este Arcadio no usa uniforme, usa el presupuesto público. Convirtió el cabildo en una hacienda familiar donde los primos son tesoreros y los cuñados son jueces.

La Tiranía del Capricho: Arcadio ya no persigue con fusiles de chispa, sino con decretos arbitrarios. En Macondia, la ley no es lo que dice el papel, sino lo que Arcadio sueña después de una borrachera de poder. Quien se opone no solo es enemigo del Estado, sino un traidor a la "familia" que es el pueblo.

El Corregidor Eterno: El enviado del gobierno central, un tal Moscote, ya no solo manipula las boletas electorales con tinta roja; ahora ha perfeccionado el arte de hacer que los muertos voten y los vivos se abstengan por miedo. Moscote es el rostro sonriente de una burocracia que no sirve al ciudadano, sino a las tres familias que sostienen el cielo de Macondia para que no se les caiga encima.

La Economía de la "Golden Oil": Del Caramelo al Oro Negro

Macondia fue alguna vez una aldea de intercambio y trueque, donde el aroma a pan fresco y los animalitos de caramelo de la matriarca sostenían la economía. Pero llegó la "Golden Oil Company" y el pueblo cambió su alma por un espejismo.

La Metamorfosis Monoproductora: Al igual que la "Yunai" en Macondo, la compañía extranjera trajo el ferrocarril de color Rojo Rojito. El pueblo dejó de sembrar para esperar que el tren trajera todo lo necesario. La agricultura de subsistencia murió bajo el peso de las torres de hierro.

La Peste del Olvido (Versión Epidemia): Entre 2019 y 2021, una plaga extraña cayó sobre Macondia. No solo quitaba el sueño, sino que robaba el sabor de la comida y el olor de las flores. Los habitantes, para no olvidar quiénes eran, tuvieron que poner letreros a las cosas: "Esto es una turbina que no gira", "Esto es un billete que no compra". La tragedia es que, tras la peste, muchos olvidaron que alguna vez fueron libres.

El Imperio de la Sed: Mientras en Macondo la lluvia no cesaba por cuatro años, en Macondia el sol rajó la tierra. Las lagunas se secaron porque la compañía bananera y petrolera desvió los ríos para alimentar sus turbinas donadas, que hoy solo sirven como monumentos a la desidia, nidos de iguanas y fantasmas.

El Tren de las Sombras: Tinaco-Anaco

La mayor prueba de que vive en un realismo trágico es la Ruta del Tren Rojo y Polvoriento. Se prometió que el hierro uniría los llanos con el oriente, que los 468 kilómetros serían un suspiro de modernidad.

La Distancia Imaginaria: Geográficamente, la distancia es finita. Pero en la lógica de Macondia, el trayecto entre Tinaco y Anaco se mide en décadas perdidas. El tren no es un vehículo, es un Proyecto Fantasma.

La Arqueología de la Corrupción: Hoy, los viajeros que se aventuran por la zona no ven vagones, sino esqueletos de hierro devorados por la maleza. Miles de millones de pesos de oro se convirtieron en óxido. Es un escenario donde lo extraordinario (gastar una fortuna en nada) se ha vuelto normal.

Conclusión: El Espejo de las Estirpes

Macondia es el espejo de una estirpe que no tuvo una segunda oportunidad sobre la tierra. Es un lugar donde el Realismo Trágico se manifiesta en la normalización de la escasez, en la entronización de la familia en el poder y en la espera eterna de un tren que ya se descarriló en los libros de contabilidad.

En Macondia, como en la novela, todo lo escrito en los pergaminos de los sabios parece estarse cumpliendo: un pueblo que olvida su historia está condenado a ver cómo su ferrocarril se oxida bajo un sol que nunca termina de ponerse.





Macondia: donde todo cambia para que nada se arregle

 Macondia: donde todo cambia para que nada se arregle



En Macondia, las noticias llegaban tarde, los apagones llegaban puntuales y las instituciones se renovaban con la misma lógica con que se cambia una bombilla china: dura poco, alumbra menos y al final termina fundida en el mismo enchufe del poder. Mientras el pueblo seguía entre racionamientos de 6 y 8 horas, velas tristes y radios caprichosas, los jefes de la aldea anunciaban transformaciones que no transformación nada.

Desarrollo

El Sistema Eléctrico Nacional, dicen los viejos, entró en una agonía tan larga que ya no era crisis sino costumbre. Por eso los habitantes de Macondia vivían entre racionamientos de 6 y 8 horas, neveras rendidas, radios que hablaban cuando querían, si es que querían, y una oscuridad tan persistente que hasta la medianoche parecía horario administrativo. En el pueblo había tres bodegas, cinco faroles en la plaza y una estatua comida por la herrumbre, tan olvidada que los paisanos ni recordaban el nombre del héroe ni la batalla que juraron honrarle.

Allí no se consumían megavatios: apenas unos kilovatios de supervivencia. Porque a ese rincón nunca le llegó completo el proceso ni la Revolución Bonita, sino su sombra, su retórica y su apagón. El gran país de las promesas progresistas terminaba, una y otra vez, en ese pequeño territorio donde la electricidad era un lujo, el agua un rumor y la información una visitante con retraso. Macondia se enteraba de los hechos cuando ya habían pasado varios días, como si la realidad tuviera que hacer cola para entrar.

Y mientras el pueblo aprendía a vivir a oscuras, los jefes de Macondia seguían reacomodando el tablero. Cambiaban magistrados, rectores, fiscales y rostros con la habilidad de un prestidigitador cansado: sacaban una ficha vieja, la limpiaban con un paño institucional y la volvían a poner en escena como si fuera una novedad. Pero el pueblo sabía leer esas mudanzas. Sabía que cuando en Macondia se hablaba de renovación, casi siempre se trataba de una mudanza interna del mismo poder, una coreografía de gatopardismo para que todo siguiera igual.

También llegaban al pueblo los abogados o picapleitos, graduados en universidades de más allá de más nunca, de esos lugares remotos que en Macondia sonaban más a leyenda que a campus. Algunos aparecían con títulos brillantes, discursos solemnes y una pronunciación perfecta de la obediencia. Allí, por cortesía o por temor, se les llamaba Doctor o Doctora, aunque muchos no hubieran curado jamás nada, ni siquiera la enfermedad moral del poder. Bastaba con traer un papel timbrado y una sonrisa útil para ser investido con el tratamiento de rigor, como si en Macondia la toga pesara más que la trayectoria y el membrete más que la verdad.


Así vivía Macondia: apagada, desinformada y administrada por burócratas del cambio que, en vez de resolver la decadencia, la decoraban. El pueblo seguía enterándose tarde, con la luz cortada y la paciencia al borde, mientras los de arriba seguían repitiendo la vieja magia del poder: cambiar los nombres, mover los muebles y conservar intacta la casa en ruinas.


Porque en Macondia, como aprendieron sus habitantes a fuerza de penumbra, no siempre llega primero la verdad. A veces llega antes el apagón.

martes, 5 de mayo de 2026

 Los Ilusionistas de la LOTTT: ¿Reforma Laboral o Liquidación de Saldo?




En el fascinante ecosistema de la economía ficción venezolana, ha surgido una nueva especie de "gurú" laboral. No usan overol ni saben lo que es esperar un bus a las 5:00 a.m., pero son expertos en explicarle al muerto por qué le conviene que le quiten el ataúd. Encabezando esta comparsa de la "modernización" aparece Luis Vicente León, flanqueado por el coro de la mesa tripartita —Pissella, Oliveros, Roig y compañía—, anunciando con bombos y platillos que la reforma de la Ley del Trabajo (LOTTT) "no puede esperar".

Según estos iluminados, las prestaciones sociales son "simbólicas e impagables". ¡Vaya descubrimiento! Lo que olvidan mencionar, mientras ensayan su mejor sonrisa para la foto en Miraflores, es que ellos mismos han sido los porristas de la "bonificación del ingreso", ese invento alquímico que convierte el sudor del trabajador en un bono volátil que no genera ni un centavo de beneficio retroactivo.

La Rockola de Miraflores




Escuchar a estos analistas es como ponerle una moneda a una vieja rockola: siempre suena la misma melodía servil. Dicen buscar una "fórmula justa", pero su concepto de justicia parece sacado de un manual de desvalijamiento. Mientras el 55% del país identifica los bajos salarios como su calvario, estos "expertos" proponen resolver la crisis económica... eliminando lo poco que queda de protección legal.

Es curioso que estos adalides del progreso no digan ni "esta boca es mía" sobre el Memorando 2792 o el instructivo ONAPRE, esos instrumentos de tortura financiera que pulverizaron las escalas salariales. Tampoco los vimos muy preocupados cuando las tres reconversiones monetarias (esas cirugías estéticas que le quitaron 14 ceros a la miseria) fracasaron por falta de un plan serio. No, ellos prefieren hablar de "protección real" mientras le echan el ojo a los Artículos 80, 86 y 91 de la Constitución.

El Dilema del Espejismo Escandinavo

Prometen un sistema de seguridad social que haría palidecer a Dinamarca, pero en un país donde el empleador no puede aportar y el empleado no tiene con qué ahorrar porque se lo gasta todo en un cartón de huevos. ¿Cómo pretenden financiar el "sueño nórdico" con salarios de pesadilla?

Lo que realmente buscan es el visto bueno para terminar de enterrar la progresividad de los derechos laborales (Art. 89). Para estos "esquiroles de cuello blanco", la irrenunciabilidad de los derechos es un estorbo para el "flujo de caja".

Nóminas Fantasmas y Ministerios del Aire

Mientras estos analistas pasan por la taquilla de la narrativa mediática, el Estado juega al escondite con la transparencia. Tenemos ministerios para todo: para el "Amor", para los "Abuelos", y casi que para la "Protección de la Abeja Obrera", pero nadie sabe cuántos trabajadores hay realmente en la administración pública.

Eso sí, para las élites y sus privilegiados existe el Bono de Corresponsabilidad y Formación (ese que llega por el Sistema Patria y que supera por mucho los $400 para los elegidos), una nómina paralela y fantasmagórica que convive con la miseria del pensionado de a pie.

A estos "eruditos" habría que regalarles el manual de Rius para que entiendan, con dibujitos, que el hambre no se negocia y que las prestaciones sociales no son un "regalo" del patrono, sino salario diferido. Pero claro, es difícil que entiendan algo que no venga acompañado de una transferencia en dólares o una invitación al banquete del pacto de élites.

Al final, su "fórmula justa" es simple: para el trabajador, el sacrificio; para ellos, la consultoría; y para Miraflores, la genuflexión.

Nota al autor:

El Bono mencionado: Se refiere formalmente al Bono de Corresponsabilidad y Formación, destinado a nóminas especiales (MPPD, vicepresidencias, despachos presidenciales, etc.).

Tono: Se mantuvo el sarcasmo sobre la "rockola" y el "bombillo chino" para enfatizar la percepción de que estos analistas solo actúan bajo conveniencia económica.

Chat gratis