jueves, 6 de agosto de 2026

“Petrodólares en el escenario, pueblo en el basurero: una viñeta de los 13 millardos”

 “Petrodólares en el escenario, pueblo en el basurero: una viñeta de los 13 millardos”

 


En la caricatura, dos figuras bailan un tango financiero sobre un escenario iluminado con letrero neón: $13 BILLION PETRO DOLLARS. Arriba, una mujer de traje negro y un hombre con sombrero de copa y bandera de EE. UU. Tiran cada uno para su lado de un montón de bolívares y oro. Abajo, en sombra, un pueblo venezolano revuelve una basura marcada “BASURA – SIN COMIDA”. La imagen es casi un diagrama de flujo de la Venezuela de 2026. 

Según reportes del Congreso estadounidense, Washington ha recaudado más de 13 millardos de dólares por ventas de petróleo venezolano desde que asumió el control de las exportaciones tras la captura de Maduro. Ese dinero no desapareció en un agujero negro: está en cuentas del Tesoro de EE. UU., en una cuenta en Citibank bajo custodia estatal, con auditoría de KPMG y una investigación del GAO que apenas empieza.  La pregunta no es si el dinero existe, sino para qué sirve si el país sigue colapsando.

Parte de esos fondos, unos 3 millardos, ya fueron desembolsados para “mantener funcionando el país”: salarios de funcionarios del régimen interino y suministros para la industria petrolera, entre otros usos aprobados por la orden ejecutiva de Trump.  El resto, alrededor de 10 millardos, sigue en el limbo del Tesoro gringo, como un colchón de seguridad geopolítica que no se traduce en luz, agua o comida para la mayoría. 

Mientras tanto, el sistema eléctrico venezolano sigue siendo un paciente en UCI con médico de guardia ausente. En 2026, el gobierno de Delcy Rodríguez anunció nuevos planes de racionamiento (45 días de “ahorro energético”) ante apagones recurrentes en Zulia, Táchira, Mérida, Trujillo y hasta Caracas.  Los 13 millardos no han financiado una rehabilitación masiva de generación, transmisión y distribución; apenas parches y protocolos contra el aire acondicionado.

En alimentación, la tragedia es más silenciosa pero igual de brutal: el salario mínimo oficial sigue en 130 bolívares (menos de 1 dólar), y muchos trabajadores públicos y privados apenas sobreviven con ingresos muy por debajo de la canasta básica, que supera los 500 dólares.  No hace falta que no haya comida en los anaqueles; basta con que la gente no tenga con qué comprarla. El “racionamiento” es, en buena medida, un eufemismo de pobreza extrema y salarios de miseria. 

La caricatura, entonces, no es exagerada: es un mapa de prioridades. En el escenario, la coreografía del poder: una mujer de Estado que representa el “delcynismo” y un muñeco blanco con sombrero de copa y bandera de EE. UU. Que representa el tutelaje imperial. Abajo, el pueblo venezolano, excluido del reparto, buscando en la basura lo que arriba se disputa como botín.

Si el Congreso de EE. UU. Quiere saber “cuánto ha llegado al régimen de Delcy y por qué canales”, también debería preguntar: ¿cuánto ha llegado realmente al pueblo que paga los apagones y la carestía?  Porque los 13 millardos pueden estar muy bien auditados en papel, pero en la calle venezolana el balance es otro: más horas sin luz, más colas, más hambre y más rabia contenida.

Al final, la viñeta resume la paradoja: Venezuela sigue siendo un país rico con un pueblo empobrecido, donde los petrodólares se negocian en un escenario lejano y la realidad se vive en el basurero.

Y como dice el refrán venezolano: “La culpa no es del cochino, sino del que le da el maíz”. Al final, el verdadero responsable no es el inquilino de Brooklyn que fue evacuado VIP, sino quien se lo llevó y dejó en el palacio a los más perversos y cínicos: esos que sienten odio hacia un pueblo que los rechaza en más de un 90% y que, sin embargo, siguen gobernando con el aval de Washington.

Trump no solo se llevó a Maduro; se llevó el maíz y dejó a los mismos cochinos de siempre, ahora con chaleco antibalas y discurso de “transición”. Y mientras el escenario de los petrodólares brilla con luces de neón, el pueblo sigue en el basurero, comiendo del maíz que nunca llegó.



"Agosto o colapso: la ventana crítica para salvar el sistema eléctrico venezolano"

 "Agosto o colapso: la ventana crítica para salvar el sistema eléctrico venezolano"



El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de Venezuela atraviesa su momento más crítico desde que se registran fallas masivas. Expertos del sector advierten que, si los trabajos de recuperación no inician formalmente entre agosto y septiembre de 2026, el país podría enfrentar un colapso generalizado del sistema en los próximos meses.

La advertencia no es especulativa. Se basa en el estado actual de la infraestructura, los cronogramas técnicos de las empresas involucradas y la capacidad operativa residual de las principales plantas generadoras. Con más del 60% del sistema fuera de servicio o operando por debajo de su capacidad, cualquier falla mayor podría desencadenar un apagón nacional de duración indeterminada.

Los acuerdos en el papel

Hasta la fecha, el gobierno interino ha anunciado tres acuerdos estratégicos:

GE Vernova (EE. UU.): Memorando de entendimiento firmado en junio para recuperar 1.000 MW en 24 meses y más de 5.000 MW en cuatro años. La empresa ya tiene equipos técnicos en el país realizando diagnósticos, pero los contratos definitivos aún están en fase de borrador.

IMPSA (Argentina/EE. UU.): Acuerdo firmado el 13 de junio para reactivar Tocoma y Macagua, con una meta inicial de 672 MW en 14-19 meses y un plan a cinco años de hasta 2.640 MW. La empresa afirma que el 90% de los componentes técnicos y financieros están acordados, pero faltan detalles de entrega y pago.

INSA (Rusia): Convenio anunciado el 16 de julio para incorporar 2.400 MW mediante la culminación de Tocoma y optimización de Macagua, incluyendo el traslado de turbinas ya fabricadas en Rusia. No se ha divulgado si esta decisión fue coordinada con Washington.

El problema: memorandos, no contratos

El denominador común de estos acuerdos es que todos están en fase de memorandos de entendimiento o adendas contractuales, no en ejecución operativa. Esto significa que, hasta ahora, no ha comenzado ningún trabajo sustantivo de rehabilitación en termoeléctricas ni hidroeléctricas.

Las empresas internacionales han exigido garantías financieras claras antes de desplegar operaciones mayores. El nuevo marco legal venezolano permite esquemas de inversión mixta y ajustes tarifarios, pero los documentos definitivos de pago aún no se han finiquitado. Mientras las negociaciones continúan, el sistema se deteriora.

La ventana de agosto-septiembre

Fuentes del sector eléctrico consultadas por medios especializados señalan que agosto y septiembre son los últimos meses viables para iniciar trabajos de campo significativos. Después de ese punto, el riesgo de un colapso cascada incrementa drásticamente.

Las razones son técnicas y operativas:

Capacidad residual agotada: El Guri, que suministra aproximadamente 70% de la electricidad nacional, opera con unidades envejecidas y sin mantenimiento preventivo adecuado. Cualquier falla estructural podría dejar fuera de servicio cientos de MW de forma permanente.

Termoeléctricas inoperativas: Las plantas térmicas, que deberían suplir la demanda en épocas de baja pluviometría, están mayormente paralizadas por falta de mantenimiento, combustible y repuestos.

Tiempo de ejecución: Incluso si los contratos se firmaran mañana, las primeras unidades de Macagua tardarían entre 90 y 100 días en reoperar. Tocoma requeriría entre 14 y 19 meses para sus primeras dos unidades. Eso significa que, en el mejor de los casos, no habría MW nuevos antes de finales de 2026 o principios de 2027.

El riesgo del colapso

Un colapso del SEN no sería un apagón convencional de 8-12 horas. Sería una falla sistémica que podría dejar al país sin electricidad por semanas o meses, con consecuencias humanitarias catastróficas:

Hospitales: Equipos médicos, refrigeración de medicamentos, quirófanos.

Agua: Las plantas de bombeo requieren electricidad para distribuir agua potable.

Alimentos: Refrigeración, cadena de frío, distribución.

Comunicaciones: Redes móviles, internet, sistemas bancarios.

Seguridad: Iluminación pública, sistemas de vigilancia, control de tráfico.

La pregunta incómoda

Mientras las negociaciones se alargan, surge una pregunta que nadie responde públicamente: ¿Están priorizando las garantías financieras sobre la urgencia humanitaria?

Las empresas exigen seguridades de pago, lo cual es comprensible desde una lógica comercial. El gobierno interino busca esquemas de inversión mixta que no comprometan la soberanía energética, lo cual también es legítimo. Pero en el medio está la población venezolana, que lleva años viviendo con racionamientos de 8, 10, 12 horas diarias, y que no puede esperar más.

Si los trabajos no arrancan en agosto-septiembre, no habrá segunda oportunidad. El sistema no aguanta más prórrogas.

Conclusión

Venezuela está en una encrucijada técnica y política. Los acuerdos con GE Vernova, IMPSA e INSA representan una oportunidad histórica para recuperar el SEN, pero solo si se traducen a en acciones concretas de inmediato. Los memorandos no encienden turbinas. Los contratos en borrador no iluminan hogares.

El reloj corre. Y esta vez, no hay margen para otro error.

“Delcy, Trump y el oso ruso: el trío que baila tango sobre Venezuela a oscuras”

 “Delcy, Trump y el oso ruso: el trío que baila tango sobre Venezuela a oscuras”



En Venezuela la realidad dejó de ser absurda para convertirse en competencia olímpica de cinismo. El 3 de enero se llevaron al “presidente”, pero el poder no se fue con él, porque el poder nunca fue él. Era apenas el muñeco: una mezcla de Chucky con discurso, Freddy Krueger con bigote y payaso de cadena nacional.

La verdadera dirección siempre estuvo detrás del telón, y ahora ni siquiera se oculta. Delcy Rodríguez pasó de operadora a “interina”, una figura jurídica tan elástica que ya no es derecho constitucional sino yoga institucional. El TSJ, fiel a su tradición de realismo fantástico, decidió que 180 días pueden durar lo que convenga, porque en Venezuela el tiempo no lo mide el calendario sino el poder.

Y como en toda buena telenovela, llegó el giro inesperado: la “interina” anunció acuerdos con una empresa rusa, INSA, para “salvar” el sistema eléctrico. Sí, la misma Rusia que durante años fue el amor prohibido del régimen, vetado por Trump como si fuera un romance de adolescentes con padres estrictos.

El 3 de enero se interrumpió el idilio rojo, pero parece que el amor verdadero nunca muere, solo se reconfigura. Ahora, en lugar de misiles y discursos, hay turbinas y memorandos. El Kremlin dijo que “conoce bien” a Delcy, y uno se pregunta si también le conoce la cuenta bancaria.

Mientras tanto, el país real —no el de los discursos ni el de Trump— funciona con electricidad intermitente, salarios microscópicos y hambre estructural. Pero desde la Casa Blanca insisten en que aquí estamos “nadando en dólares”. Debe ser en modo submarino, porque nadie los ve, nadie los toca y nadie come con ellos.

La Guaira terminó de confirmar que en Venezuela la tragedia también tiene jerarquías: primero se rescata el dinero, después —si queda tiempo— a la gente. Las “caletas” se convirtieron en prioridad nacional, una especie de Plan República pero para billetes enterrados.



Y como en todo buen negocio, llegaron los nuevos socios: turbinas prometidas, megavatios en PowerPoint y contratos en borrador eterno. GE Vernova, INSA y el fantasma del pasado ruso aparecen como salvadores eléctricos en un país donde la oscuridad ya es política de Estado.

Y el 30 de julio, mientras el país se desplomaba, sale la noticia: el Congreso de Estados Unidos investiga el destino de más de $13.000 millones del petróleo venezolano que administra Trump. Cuatro legisladores exigen auditoría. La GAO ya está revisando cuentas, comisiones y mecanismos de control. ¿Dónde está ese dinero? ¿Quién lo maneja? ¿A quién beneficia? Nadie sabe. Solo se sabe que de esa montaña de dólares, apenas $300 millones llegaron para salarios públicos. El resto… misterio.

El resultado es un híbrido grotesco: un gobierno que no eligió nadie, unas elecciones que no llegan, una economía que no existe y una narrativa internacional que roza la burla. Todo sostenido por una pregunta incómoda que nadie responde en voz alta:

¿Esto es una transición… o simplemente un cambio de administradores del desastre?

Porque al final, lo único que sí funciona sin fallas en Venezuela es el reciclaje del poder.



martes, 4 de agosto de 2026

¡Acaramela’itos en Miraflores! De "Leales Siempre" a la Telenovela del Delcynato

 ¡Acaramela’itos en Miraflores! De "Leales Siempre" a la Telenovela del Delcynato


(Escribiendo a oscuras, con la batería en 12%, el teléfono en la ventana a ver si agarra señal y el calor apretando)



1. ¡Lunes de Negociación... si no hay playa!

¡Última hora! Suspendieron el arranque de las negociaciones que estaban pautadas para hoy. ¿La razón? Hombre, ¡que era fin de semana! ¿Quién en su sano juicio se va a poner a discutir la restitución de la libertad y el rescate institucional un sábado por la tarde cuando hay piscina, barbacoa o golf? La democracia en Venezuela lleva 25 años esperando; que aguante un par de días más mientras se tuestan al sol no le hace daño a nadie.

Y al frente de la mesa, el ilustre, el inamovible, el invicto Jorge Rodríguez. El Rey del Dilate ¡Ocho procesos de negociación lleva el hombre! Ocho. Es un titán. Jorge es capaz de venderle un carro sin ruedas a un ciego, convencerlo de que el motor ruge precioso, sacarle la inicial en dólares y lograr que el tipo le dé las gracias por la cola. En Washington entra un presidente nuevo, sale otro, Biden se vuelve senil, Trump se vuelve pragmático, ¡pero Jorge sigue ahí! Sonriente, viéndolos llegar con aire de estadistas para terminar metiéndolos en el bolsillo junto con las llaves del vehículo.


2. Pico con Pico, Beso con Beso: ¡Llegó el Amor a la Casa Blanca!


Todavía resuenan en los cuarteles aquellos gritos feroces de bravuconería: "¡Entrarán pero saldrán en bolsas negras!" o el famoso "¡Aquí los espero, cobardes!". ¡Qué épica! ¡Qué coraje! Lástima que el lema de "Leales siempre, traidores nunca" duró exactamente lo que tardó en llegar el primer portaaviones al Caribe. A mediados de 2025, mientras los fanáticos de base marchaban bajo el sol, la alta cúpula ya estaba cuadrando el paquete de entrega en Qatar, España y las Antillas. Se llevaron al "camarada" y aquí no ha pasado nada. Todos felices, sonrientes y cobrando.

Y ahora, ¡agárrense de la brocha que se llevaron la escalera! El muchacho de la serie, el propio Donald Trump, anda hablando de Delcy Rodríguez con un tufo de telenovela vespertina que da vergüenza ajena:

👉 "¡Está haciendo un trabajo fantástico!"

👉 "¡Es una persona estupenda!"

👉 "¡Ha sido increíble!"

A este ritmo, la banda sonora de la transición no va a ser el Himno Nacional ni la Marcha de Riego, sino la guaracha de la Coqueta a todo volumen en Miraflores:

Ay, acaramela'itos, pico con pico, beso con beso...

Ay, me tienes en embeleso, ya falta un pelo pa' enamorarme, Coqueta...

Suave, que no resisto tanto cariño, no me hagas cucharita en la madrugada...”

¡Qué belleza de romance! Es que es imposible no enamorarse cuando te ponen por delante más de 13.000 millones de dólares en petróleo sin auditar, tanqueros fantasma vendiendo con el 30% de descuento y regalitos en lingotes de oro. ¡A cualquiera se le ablanda el corazón imperialista con semejante cariñito!


3. Los "Bolichicos" y la Varita Mágica


A la dictadura hay que reconocerle un talento único: no graduaron a nadie en ética ni en economía, pero en la materia de corromper al que se ponga de pechito merecen un Doctorado Honoris Causa otorgado por Harvard y Oxford.

Miren nomás el show de Mauricio Claver-Carone y el "bolichico" Alejandro Betancourt. El tipo con expediente abierto en la Fiscalía Anticorrupción de España por lavado de dinero, órdenes de captura e investigaciones de la Audiencia Nacional, y resulta que era el "puente político" y el hombre de confianza para chatear directo entre Washington y Caracas.

Es la diplomacia del cibercrimen de alto nivel. Para qué enviar embajadores con corbata y carta de credencial si puedes mandar a un operador en jet privado con un maletín lleno de licencias de PDVSA. Tocaron a congresistas demócratas, enamoraron a republicanos, compraron lobbystas en el Capitolio y el Parlamento Europeo, y terminaron haciéndoles creer a todos que ellos eran los verdaderos "demócratas de carta cabal".

Moraleja de la Jornada (Antes de que se vaya la luz otra vez)

Aquí el ciudadano de a pie se come un cable adivinando si los alimentos se le van a dañar en la nevera porque se fue la fase, mientras en los altos mundos se reparten el coltán, el uranio para Irán, el petróleo para los magnates y los abrazos para la foto.

Definitivamente, el Delcynato no es un régimen político: es un circo de magos donde desaparecen miles de millones de dólares en la cara de la CIA, la DEA y el Tesoro estadounidense... ¡y los gringos terminan pidiendo otra función!

Crónica de una negociación que se suspendió por “cosas más importantes”

 Crónica de una negociación que se suspendió por “cosas más importantes”



En Venezuela, las negociaciones políticas no fracasan: se “reprograman”. Esta vez, la esperada cita del lunes 3 de agosto parece haber sido víctima de un poderoso factor geopolítico: el fin de semana.

Fuentes no oficiales —es decir, las únicas que suelen existir— sugieren que las partes involucradas decidieron posponer el encuentro porque, al parecer, salvar la democracia compite duramente con compromisos más urgentes como descansar, viajar o, en el peor de los casos, pensar.

Jorge Rodríguez, sobreviviente de ocho procesos de negociación sin resultados verificables, vuelve al escenario con la serenidad de quien sabe que negociar no es resolver, sino estirar. Un experto en convertir crisis en maratones diplomáticos donde la meta nunca aparece.

Desde Washington, la confusión parece estructural. A estas alturas, aún hay quienes creen que están dialogando con demócratas en el sentido clásico del término, cuando en realidad participan en una especie de teatro político donde los roles cambian, pero el guión siempre favorece al mismo elenco.

Democracia (no incluida en la negociación)

Si algo ha quedado claro, es que la democracia no está entre las prioridades urgentes. Está en la lista, sí, pero probablemente debajo de “intereses energéticos”, “estabilidad conveniente” y “no complicarse demasiado la vida”.

Mientras tanto, el misterio sobre quiénes integran oficialmente la delegación del gobierno sigue intacto. Una negociación sin negociadores visibles: el equivalente político a una empresa sin empleados, pero con ganancias.

Delcynismo mágico: diplomacia con encanto

En el universo paralelo de la política venezolana, emerge una figura que parece dominar el arte de la persuasión internacional: Delcy Rodríguez, protagonista de lo que podríamos llamar “realismo mágico diplomático”.

De acuerdo con ciertas señales públicas, ha logrado algo que parecía imposible: generar elogios entusiastas desde sectores que, en teoría, deberían ser críticos. Frases como “fantástica”, “increíble” y “estupenda” empiezan a sonar menos como análisis político y más como reseñas de producto.

Aquí no hay ideología, hay química. Y quizás algo más: contratos, petróleo y una capacidad extraordinaria para convertir sanciones en oportunidades.

Petróleo con descuento y conciencia incluida

Durante años, el negocio fue simple: petróleo venezolano con descuento, transporte en modo fantasma y preguntas incómodas opcionales.

Tanqueros invisibles, rutas discretas y un mercado paralelo donde el crudo no solo lubricaba motores, sino también voluntades. Porque si algo ha demostrado esta historia es que el verdadero recurso estratégico no es el petróleo, sino la flexibilidad moral.

Lobby, lobby… ¿quién está ahí?

Mientras tanto, en los pasillos del poder global, se habla de cabilderos, operadores y puentes “informales” que conectan Caracas con Washington.

El episodio de Claver-Carone y el empresario Alejandro Betancourt parece sacado de una serie: intermediarios con expedientes abiertos, conversaciones discretas y funcionarios incómodos preguntándose en qué momento la política exterior se convirtió en una reunión de negocios sin acta.

Ejemplo práctico: si necesitas hablar con un gobierno sancionado, ¿usas diplomáticos… o llamas a alguien investigado por lavado de dinero? La respuesta, al parecer, depende del nivel de urgencia… o de pragmatismo.

Geopolítica o telenovela premium

La narrativa reciente incluye amenazas épicas, despliegues militares en el Caribe y frases dignas de tráiler cinematográfico: “Vengan por mí”, “no saldrán sino en bolsas negras”.

Spoiler: nadie vino, nadie salió, pero todos siguieron negociando.

Porque al final, detrás del ruido, lo que existe es una negociación constante donde enemigos públicos pueden convertirse en socios discretos, y donde los discursos encendidos funcionan más como espectáculo que como estrategia.

El país que no fue invitado

En toda esta historia hay un ausente recurrente: el ciudadano venezolano.

Mientras se discuten millones, contratos y alianzas, el país real sigue atrapado entre apagones, salarios simbólicos y servicios colapsados. La electricidad se va, pero las negociaciones siguen… aunque a veces se tomen el fin de semana libre.

Y así, entre rumores, elogios inesperados y acuerdos invisibles, Venezuela continúa siendo ese lugar donde todo cambia… para que todo siga exactamente igual.

domingo, 2 de agosto de 2026

El Delcynato y la Diplomacia del Cinismo: Anatomía de la Cleptocracia Transnacional

El Delcynato y la Diplomacia del Cinismo: Anatomía de la Cleptocracia Transnacional




Resumen

El escenario político venezolano ha completado su metamorfosis: de la épica revolucionaria de micrófono al pragmatismo de chequera del "Delcynato". Mientras la ciudadanía sobrevive a oscuras entre bloques de racionamiento, la cúpula gobernante perfecciona su mayor exportación: la cooptación de diplomáticos, lobbystas y mandatarios en ambos extremos del espectro ideológico global.

I. La Comedia de las Negociaciones: El Método Jorge Rodríguez

La suspensión a última hora de las conversaciones pautadas para este inicio de agosto no es un accidente operativo; es una técnica de desgaste. Jorge Rodríguez —veterano e invicto en más de ocho mesas de diálogo fallidas— ha elevado la dilación a la categoría de bellas artes.
Mientras Washington envía delegados con la ilusión de tratar con demócratas clásicos, el régimen aplica la misma cartilla de siempre: ganar semanas, oxigenar finanzas y mirar el reloj. Para la cúpula, la democracia no es una meta ni una prioridad; es un fusible que se cambia según la conveniencia del tablero económico.

II. Tanqueros Fantasma y la Cleptocracia Global
La supervivencia de esta dictadura debe estudiarse en las escuelas de ciencias políticas y criminología de las universidades más prestigiosas del mundo. No solo lograron someter a su propia militancia transformándola en un fanaticado ciego mediante persecución, cárcel y tortura, sino que extendieron sus tentáculos por cinco continentes.

La Red de Cooptación Transnacional del Régimen

Para comprender la capacidad de supervivencia y penetración del régimen venezolano, es necesario analizar los cuatro pilares que sostienen su red de cooptación a nivel internacional:
El Manejo Subterráneo de Recursos: La cúpula gobernante ha estructurado un mecanismo de financiamiento paralelo basado en la comercialización de crudo con descuentos de hasta el 30 %, además de la extracción y tráfico de minerales estratégicos como oro, coltán y uranio.
Las Rutas de Evasión: Para esquivar los radares y las sanciones financieras impuestas por la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros de EE. UU.), el régimen utiliza flotas de «tanqueros fantasma» que navegan con transpondedores apagados y realizan trasbordos de crudo en alta mar.
Los Socios Estratégicos: La red se apoya en una arquitectura geopolítica y financiera integrada por países y actores clave como Irán, China, Rusia, Qatar e India, sumados a complejas redes de intermediación financiera en Europa.
La Operación de Lobby Internacional: El régimen destinó millones de dólares a la contratación de cabilderos y lobbystas profesionales, cuyo objetivo central ha sido penetrar e influir en los pasillos de toma de decisión del Capitolio en Washington y del Parlamento Europeo.

III. El Gran Remate: Del "Saldrán en Bolsas Negras" al Romance en Washington

A mediados de 2025, el mar Caribe parecía una película de Hollywood: destructores, portaaviones y el Comando Sur interceptando cargamentos. Mientras en televisión la retórica oficial gritaba "¡Vengan por mí, cobardes!" y juraba lealtades inviolables de "Leales siempre, traidores nunca", en los pasillos discretos de Qatar, España y las islas del Caribe se negociaba el precio y la entrega del propio Nicolás Maduro.
Hoy, el guion superó a cualquier telenovela dramática. Washington habla con devoción de la eficiencia de Delcy Rodríguez, elogiando la "extraordinaria cooperación" en materia de oro y petróleo, confirmando que en la alta política no hay principios, sino facturas por cobrar.

IV. "Bolichicos" en el Ciberespacio: El Caso Claver-Carone

Las filtraciones sobre el uso de intermediarios como Alejandro Betancourt por parte del exasesor norteamericano Mauricio Claver-Carone demuestran que la cleptocracia venezolana no solo sobrevive: contamina. Con expedientes abiertos en la Audiencia Nacional de España por blanqueo de capitales y desvío de fondos de PDVSA, la "Banda de los Bolichicos" ha demostrado que el dinero sucio no tiene ideología y que siempre hay un funcionario dispuesto a dejarse convencer.



miércoles, 29 de julio de 2026

Esa vaina no vale nada: el timo de la deuda externa venezolana

 Esa vaina no vale nada: el timo de la deuda externa venezolana

Economía forense y denuncia



La indignación frente a la supuesta reestructuración financiera que pretende asomar el régimen no es para menos. Lo que está en juego no es una simple operación técnica, sino el intento de darle forma legal a una deuda externa que ya se estima en 240.000 millones de dólares, una cifra que desnuda la magnitud del desastre económico acumulado por años de opacidad, endeudamiento irresponsable y destrucción institucional.

El economista Miguel Rodríguez Fandeo no se guardó adjetivos al calificar el proceso como una “basura de contrato”. En su lectura, la firma estadounidense elegida para manejar la negociación no responde a criterios de excelencia técnica, sino a una lógica de contactos políticos y cercanía con actores influyentes de Washington. La empresa señalada es Centerview Partners, una boutique financiera de Wall Street que, según reportes recientes, fue contratada para asesorar al Estado venezolano y a PDVSA en la reestructuración de su deuda externa.  Para colmo, la asesoría podría costarle al país alrededor de 150 millones de dólares .

Pagar semejante suma en comisiones para renegociar papeles destruidos es, en sí mismo, una señal de alarma. No se trata de salvar el crédito de la República, sino de organizar una operación financiera donde los grandes beneficiarios no serían precisamente los venezolanos. En este tipo de maniobras, la pregunta esencial no es solo cuánto se debe, sino a quién, por qué, bajo qué condiciones y con qué grado de legitimidad.

Rodríguez Fandeo fue todavía más tajante al afirmar que buena parte de esa deuda no tiene sustento real de mercado y que su valor efectivo está muy por debajo del nominal. Esa afirmación, aunque polémica, abre una discusión obligatoria: la diferencia entre una deuda contable, una deuda litigiosa y una deuda efectivamente cobrable. En Venezuela, esa frontera se ha vuelto deliberadamente borrosa por años de sanciones, impagos, arbitrajes, cesiones opacas y contratos firmados en medio del derrumbe institucional.

La deuda como chatarra financiera



Si la deuda real de mercado está pulverizada por debajo de su valor nominal, pretender reconocerla al 100% equivale a legitimar una estafa histórica. Los bonos de la República han sido llevados al suelo por la combinación de incumplimiento, default, pérdida de confianza y aislamiento financiero. En ese escenario, solo los fondos litigantes, algunos intermediarios y los operadores políticos de la reestructuración tienen incentivos para inflar artificialmente su valor.

Lo que se intenta vender como una “normalización” financiera puede terminar siendo una capitulación. En vez de auditar, depurar y discriminar obligaciones legítimas de pasivos tóxicos, el país corre el riesgo de sentarse a negociar como si toda la deuda fuera moral, legal y económicamente exigible por igual. Ese sería el verdadero fraude: convertir una ruina financiera en una nueva fuente de comisiones, negocios cruzados y favores entre élites.

El caso de la deuda rusa

La porción vinculada a compras militares con Rusia también merece revisión forense. No toda obligación firmada en papel tiene el mismo peso jurídico o político. Cuando un Estado adquiere armamento en condiciones opacas, sin beneficio social verificable y en un contexto de deterioro institucional, surge la discusión sobre la llamada deuda odiosa, un concepto discutido en el derecho internacional pero útil para examinar estos compromisos.

No se trata solo de armas defectuosas o de sistemas militares sobredimensionados para la realidad del país. Se trata de determinar si esos recursos fueron utilizados para sostener una estructura de poder contra la población, sin rendición de cuentas ni retorno social. En ese caso, la discusión no debe limitarse a “cuánto se debe”, sino a si esa deuda tiene realmente legitimidad para ser exigida al conjunto de la nación.

El Fondo Chino y los proyectos fantasma

El capítulo chino tampoco puede quedar fuera de una auditoría seria. Durante años, el mecanismo de financiamiento con Pekín operó bajo esquemas en los que el dinero llegaba condicionado a la contratación de empresas chinas, muchas veces con poca transparencia y escaso control sobre la ejecución de obras. El resultado está a la vista: proyectos inconclusos, sobrecostos, infraestructura abandonada y una larga lista de promesas convertidas en elefantes blancos.

En términos forenses, ese tipo de deuda exige una revisión minuciosa. No basta con contabilizar el monto principal; hay que rastrear quién ejecutó cada obra, cuánto se pagó, qué se entregó realmente y qué parte del dinero terminó diluyéndose entre intermediarios, sobreprecios y contrataciones dudosas. Si hubo corrupción de origen, negligencia compartida o incumplimiento sustancial, entonces la deuda no puede tratarse como si fuera moralmente neutra.

La sombra política en Washington

La elección de Centerview Partners también levanta interrogantes políticas. Reuters reportó que la selección de la firma estuvo rodeada por la intervención de Mauricio Claver-Carone, exfuncionario de la primera administración Trump, quien habría recomendado el nombre de Centerview en conversaciones vinculadas al proceso venezolano.  Además, la firma contrató en 2025 a Reince Priebus, exjefe de gabinete de Donald Trump, como asesor senior, lo que refuerza la percepción de proximidad con el entorno político republicano de Estados Unidos.

Eso no prueba por sí solo una operación partidista, pero sí coloca la negociación en un terreno donde la técnica financiera y la influencia política se entrecruzan. En un caso tan delicado como la deuda venezolana, esa mezcla es explosiva. Cuando la renegociación de un país devastado termina rodeada de operadores con conexiones partidistas en Washington, el margen para la sospecha se multiplica.

Una estafa con lenguaje técnico

La urgencia de la cúpula no responde a salvar el crédito de una Venezuela devastada. Responde, más bien, a legalizar una arquitectura de deuda que permita repartir comisiones, consolidar intermediaciones y reordenar negocios sobre los restos del Estado. El lenguaje técnico, en estos casos, suele servir para esconder una decisión política: quién cobra, quién negocia, quién firma y quién se queda con la última palabra.

Por eso este no es solo un debate financiero. Es una disputa sobre soberanía, legitimidad y memoria histórica. Si el país va a renegociar su deuda, debe hacerlo con una auditoría completa, con transparencia pública y con la identificación precisa de cuáles obligaciones son legítimas y cuáles nacieron contaminadas por corrupción, abuso o nulidad de origen.

La deuda externa venezolana no puede tratarse como un simple trámite de escritorio. Es una herida abierta de la economía nacional. Y si la solución consiste en entregar el país otra vez a intermediarios caros, conexiones políticas y contratos inflados, entonces no habrá reestructuración posible: solo otro capítulo del mismo saqueo, esta vez con traje, corbata y lenguaje de Wall Street.

Chat gratis