sábado, 20 de junio de 2026

El maravilloso arte de remodelar la casa mientras se quema el piso

 El maravilloso arte de remodelar la casa mientras se quema el piso



¿Ustedes también sienten ese fresquito en el bolsillo? Claro que sí, son los jugosos $0.22 centavos de dólar al mes del salario mínimo que nos rinden para comprar... bueno, media ala de pollo si el carnicero está de buen humor. Pero no se preocupen por el hambre, ni por las seis horas diarias de meditación a oscuras (mal llamado racionamiento eléctrico). Tampoco piensen en los 8 millones de vecinos que se fueron a "turistar" por el Darién. Nada de eso importa, porque en Miraflores han descubierto el verdadero origen de todos nuestros males: ¡El problema es la tipografía de la Constitución!

¡Qué alivio! Y uno aquí pensando que el problema era la destrucción económica o la falta de legitimidad. Qué tontos somos.

La nueva oferta electoral de la temporada viene con sabor a "caramelo de cianuro", pero bien edulzado. Nos prometen volver al Congreso Bicameral (para tener el doble de diputados que mantener) y eliminar la reelección indefinida. ¡Qué ofertón! Es el equivalente político a que te estén robando el carro y el ladrón se baje para ofrecerte cambiarle las alfombras por unas de lujo.

Por supuesto, para esta gran fiesta de la democracia cuentan con los "Alacranes" de la oposición minoritaria. Esos líderes que arrastran masas inmensas... de hasta un 2% de los votos si contamos a sus primos y a sus mascotas. Unidos al PSUV, raspando la olla, llegan a un glorioso 10% de amor popular. Pero oye, el cinismo no se compra, se hereda.

Lo más tierno de la propuesta es ver a los mismos que le entregaron los pedazos del país a los rusos, chinos, iraníes y a los panas de las FARC y el ELN, jurando ahora que son los indicados para "refundar las bases de la Patria". Es una lógica impecable: "Yo lo rompí, yo lo escondo, y ahora yo te cobro por arreglarlo".

La jugada ya nos la sabemos: cuando el terreno se mueve en Miraflores, hay que mudar la cancha, esconder la pelota y cambiar al árbitro por un primo del Fiscal. Nos quieren meter en una discusión de tres años sobre incisos y artículos para que nos olvidemos de lo único importante: recuperar el voto. Quieren entregar la silla, pero quedarse con los hilos. ¡Buen intento, muchachos, pero esa vitrina ya la vimos en Cuba y está llena de polvo!

¡Última hora! Se destapó la olla (y no es de presión)

Pero atención, porque el libreto de este "Gran Teatro" acaba de sufrir un apagón argumental gracias a una inesperada visita. Resulta que llegó Dinorah Figuera, enviada directamente desde Washington, y tras su sombra se ha terminado de destapar el verdadero plan oculto del oficialismo, ese que venían cocinando a fuego lento usando a los coristas de la oposición judicializada.

¿Cuál era el truco de magia? Querían reformar la Constitución para, supuestamente, "reducir el mandato presidencial a cinco años". ¡Qué demócratas! Pero la matemática del poder no falla: el objetivo analítico de esta genialidad era acelerar el cronograma para situar mágicamente la crisis en los últimos dos años del periodo constitucional. ¿Para qué? Para que la vicepresidenta ejecutiva e interina, Delcy Rodríguez, pudiera asumir la jefatura del Estado de forma definitiva bajo el cómodo amparo del artículo 233. ¡Y listo! Transición interna completada, la silla heredada y nos evadimos la fastidiosa molestia de convocar a los ciudadanos a las urnas. Una jugada maestra del "gatopardismo" institucional.

El problema es que el libreto se les aguó. Con el reconocimiento exclusivo de la legitimidad de Figuera, la pomposa Asamblea Nacional de Jorge Rodríguez ha quedado reducida a un rol de subordinación forzada. Ahora, cualquier avance, reforma o "caramelo" de vitrina que quieran inventar requiere, obligatoriamente, la validación del parlamento de 2015.

Se les trancó el juego en plena mudanza de hilos. Querían entregar la silla vacía, pero les acaban de cambiar la cerradura de la puerta. ¡Buen intento, muchachos, pero el tiro les salió por la culata!

miércoles, 17 de junio de 2026

Cien años de Soledad Eléctrica: El Laberinto de las Turbinas que no Cabían en el Concreto y el Retorno de los Gringos


Cien años de Soledad Eléctrica: El Laberinto de las Turbinas que no Cabían en el Concreto y el Retorno de los Gringos

Por nuestro corresponsal en el apagón perpetuo.

I. El Génesis de la Luz: Cuando el agua era diáfana y las cabillas completas

En los tiempos en que Macondo era una aldea de veinte casas de barro y cañabrava, construida a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos, José Arcadio Buendía no pensaba en el socialismo, sino en el bienestar inmobiliario. Con una precisión geométrica que ya quisieran los urbanistas del Ministerio de la Vivienda, planeó la ubicación de las casas para que todas tuvieran la misma distancia y facilidad para abastecerse del suministro vital.

Fue por entonces cuando regresó Melquíades. En sus viajes transatlánticos, el alquimista gitano no solo había escapado de la peste en Persia, sino que se había tomado unos whiskies en Northumberland, Inglaterra, con el mismísimo ingeniero Lord Armstrong, el excéntrico que construyó el primer sistema hidroeléctrico doméstico del mundo. Melquíades traía en su cofre de pergaminos los planos de Appleton, Wisconsin (1882), donde una turbina conectada a un dínamo había iluminado los primeros edificios comerciales del planeta.

"La ciencia ha eliminado las distancias", pregonaba Melquíades. "Pronto, el agua no solo calmará la sed, sino que parirá el fuego frío que espanta a los fantasmas".

Bajo la supervisión de José Arcadio y el gitano, Macondo vio nacer su primera "planta de luz". Adaptando la tecnología de los molinos de agua tradicionales, talaron árboles de ceiba con el respeto místico de los fundadores, canalizando el río en tuberías de madera de la región para dirigirla con fuerza hacia una rueda o turbina. Para generar la electricidad, el movimiento mecánico de rotación se conectaba mediante correas a un dínamo que transformaba la fuerza del agua mediante inducción electromagnética. Las piezas de metal fueron donadas por la United Fruit Company, que tardaron años en fabricarla. La inauguración fue un despliegue musical: una verbena patronal que duró cinco días y cinco noches de bailes, donde la gente celebraba alrededor de la bombilla incandescente.

II. La Plaga del Siglo XXI: El Realismo Trágico 

 Pero la felicidad en Macondo dura lo que un  hielo al sol. En las postrimerías del siglo XX, la aldea fue invadida por una plaga más voraz que la del insomnio y más destructiva que los vientos que borraron la estirpe de los Buendía: una nube de millones de langostas, mosquitos (Anopheles y Aedes) y ratas hambrientas que la historia oficial bautizó como el Socialismo del Siglo XXI.

En apenas 27 años, esta plaga bíblica con carné de partido acabó con las bananeras, las refinerías, las siderúrgicas y todas las estructuras del Estado. Lo único que los insectos gubernamentales protegieron para ellos fue el subsuelo: el oro, la pirita, los diamantes de imitación, el cristal de cuarzo para engañar a los incautos, el coltán, el rodio, el torio y las tierras raras. Todo eso fue extraído de las entrañas de la tierra y sacado de contrabando hacia los Yunai, las capitales europeas y los países árabes donde reinan emires, jeques y jaques.

Ahora, bien entrados en el siglo XXI, queda la gran tarea de reconstruir lo que ellos destruyeron. Sin embargo, tras la salida de escena de Maduro y su consorte —cortesía de un empujón de los Yunai— ha nacido un nuevo régimen que padece de amnesia disociativa, ética y política. Los nuevos jerarcas han borrado su propio disco duro y juran no tener nada que ver con el pasado. Practican una deslealtad estratégica tan refinada que pretenden imponer el desmantelamiento de la memoria histórica, convencidos de que el pueblo va a olvidar sus marramucias y crímenes.

III. El Altar del Bochinche: La Central Hidroeléctrica Tocoma

En esta era de la Inteligencia Artificial, donde los algoritmos procesan datos matemáticos y patrones numéricos, los burócratas "rojos rojitos" —que viven y confunden todo a favor de sus intereses— sufren de una severa antropomorfización tecnológica. Se creen sabios porque le atribuyen intenciones, sentimientos o conciencia humana a códigos binarios que no entienden, mientras en la vida real padecemos racionamientos eléctricos de 6 o más horas diarias.

El monumento perfecto a este realismo trágico y al bochinche institucionalizado es la Central Hidroeléctrica Tocoma (oficialmente llamada Central Hidroeléctrica Manuel Piar). Concebida al calor del eje geopolítico impulsado por Hugo Chávez, Luiz Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner, sirvió como un esquema de diplomacia de Estado para favorecer de forma directa a las empresas insignia de sus respectivos países, saltándose las licitaciones regulares. En 2006, Odebrecht ganó el contrato de la obra civil y la empresa argentina IMPSA se encargó del diseño y provisión de las turbinas.

Diseñada para generar 2.160 megavatios a través de 10 unidades generadoras tipo Kaplan, la planta debía estar lista en 2012. Luego fijaron metas entre 2014 y 2018. Hoy, más de una década después, en Venezuela lo que hay es oscuridad: no hay electricidad, ni turbinas, ni generación en Tocoma. El presupuesto original de aproximadamente $3.000 millones de dólares se disparó exponencialmente a más de $9.000 millones, convirtiéndose en un hito de desidia y desfalco transnacional superior a los $3.000 millones de dólares.

Cabe destacar que para el año 2014 las medidas estadounidenses se limitaban exclusivamente a sanciones individuales (congelación de bienes y visados) contra funcionarios específicos. No existía ningún impedimento legal o financiero internacional que justificara el retraso o la parálisis del proyecto hidroeléctrico. El colapso fue por pura corrupción.

IV. El Enigma Geométrico de Tocoma: Las Turbinas que no Cabían en el Concreto

El verdadero drama, el que roza el absurdo metafísico, es estructural. Las investigaciones y denuncias públicas apuntan a vicios severos en la construcción civil ejecutada por Odebrecht: problemas de fraguado, fallas en la dosificación y calidad del cemento, así como el uso de cabillas con diámetros inferiores a los estipulados en los planos y normativas técnicas.

Cuando la empresa IMPSA llegó al sitio para avanzar con el montaje de las 10 unidades generadoras, se topó con una pared de concreto y realidad: las tolerancias geométricas y dimensiones en los espacios destinados a alojar las turbinas tipo Kaplan presentaban desviaciones críticas respecto a los diseños originales. En pocas palabras: ¡Las monumentales turbinas no cabían en los huecos de la casa de máquinas!

Durante años, las empresas se señalaron mutuamente por los retrasos. IMPSA alegaba que no podía montar los equipos porque las áreas civiles no se entregaban a tiempo o no cumplían las especificaciones; Odebrecht decía lo propio. Al final, en el marco de las investigaciones judiciales argentinas (el caso de los «Cuadernos de las coimas»), antiguos directivos de IMPSA admitieron el esquema de pagos de sobornos y coimas para asegurar su participación en estos megaproyectos. El engranaje estaba lubricado con corrupción, pero faltó usar la cinta métrica.

V. El Baile de las Máscaras: De Odebrecht a Novonor y el Retorno de los Gringos

Ante el desastre, los malandros corporativos aplicaron la magia del registro mercantil: estafas, desfalcas y te cambias el nombre. Así, Odebrecht pasó a llamarse Novonor. Qué fácil. Sin embargo, en esta reconstrucción del siglo XXI, Novonor ha quedado fuera del juego. Es un hecho que para acometer la instalación de las turbinas y la reparación de las obras civiles remanentes, no se volverá a contratar a la firma brasileña por razones obvias de auditoría forense.

La gran sorpresa para la mayoría de los venezolanos es que IMPSA volverá a trabajar en la Hidroeléctrica Tocoma. ¿Cómo es esto posible? Resulta que la empresa aún se llama IMPSA, pero la histórica compañía metalúrgica fundada por la familia Pescarmona fue privatizada y adquirida por el consorcio estadounidense Industrial Acquisitions Fund (IAF) (cuyo socio principal es ARC Energy). Ha sido reestructurada y reactivada con capitales norteamericanos para proyectos internacionales.

Al ser ahora una corporación de los Yunai, el regreso de IMPSA vendrá bajo una supervisión draconiana y un comportamiento técnico radicalmente opuesto al del pasado. Los nuevos dueños estadounidenses no van a arriesgar sus dólares montando equipos milmillonarios sobre un concreto agrietado y cabillas de utilería.

Por pura lógica de ingeniería, el consorcio norteamericano exigirá e impondrá la contratación de una empresa independiente de inspección de obra civil de primer nivel. Será esta firma de inspección —o la recomendación inapelable de la propia IMPSA gringa— la que dictamine cómo picar y corregir el desastre geométrico dejado por Odebrecht, y determinará qué contratista calificada ejecutará las obras civiles restantes.

Cien años después, las turbinas siguen esperando, el concreto cuestionado se agrieta bajo el sol tropical y el país sigue a oscuras. La estirpe condenada a la oscurana por el Socialismo del Siglo XXI parece tener una última oportunidad, siempre y cuando los nuevos inspectores verifiquen que, esta vez, los huecos tengan el tamaño correcto.


Nota de la Hidroeléctrica Tocoma

Planificación Original: 

Capacidad Instalada: 2.160 MW (10 unidades de 216 MW)

Generación Media Anual: 12.100 Gwh.

Fecha de Culminación: Año 2012 (Luego 2014, luego el infinito)

Presupuesto Inicial: $3.000  millones

Desfalco Estimado: El misterio de la selva

Realidad Macondina 

Capacidad Instalada: 0 MW} (Generación de nostalgia)

Generación Media Anual: 0  GWh (Racionamiento de 6 a 8 horas)

Fecha de Culminación: Inconclusa (Estructura de concreto vacía)

Presupuesto Inicial: Extrañamente inflado a más de $9.000  millones

Desfalco Estimado: Más de $3.000  millones (según la AN, 2017)









lunes, 15 de junio de 2026

Veintisiete años de saqueo: De los pergaminos de Melquíades a las camionetas de última gama

  Veintisiete años de saqueo: De los pergaminos de Melquíades a las camionetas de última gama

Por el Corresponsal en Macondia



Todo comenzó cuando Melquíades, en un arrebato de lucidez científica que dejó ciegos a los sabios locales, recorrió las tierras de Macondia cargando una diopra, un chorobates, una plomada y una batea de madera. No buscaba imanes ni catalejos. El viejo gitano determinó, en rigurosas libras de peso, que el subsuelo estaba preñado de una Santísima Trinidad: oro, pirita (el oro de los tontos) y betún. Los gitanos del caserío, usando el noble arte del artesón, pronto inundaron los pueblos vecinos con el metal. La demanda era alta; el sentido común, escaso.

Pero la magia dura poco cuando el olor al dinero cruza el océano. Los muchachos de la Yunai, los ilustres musius de la United Fruit Company, olieron el cobre y el oro desde sus despachos climatizados. Ni cortos ni perezosos, telefonearon a sus gobiernos, quienes enviaron de inmediato a los emisarios de la Oil Golden Company.

Los emisarios se encerraron con don Apolinar Mosquete. El trato fue el de siempre: ellos traerán "prosperidad, luces y felicidad eterna" al pueblo mediante la instalación de una mega empresa. Eso sí, para que el progreso no se despeinara, exigieron un pequeño detalle: imponer el orden por la fuerza civil y militar. La orden bajó directo del Corregidor Mayor de la provincia: "Limpien la zona".

El Milagro de la Saprolita Oxidada (y el Despertar de las 11:00 AM)

Y así, por mandato divino y de los Yunai Estates, el gobierno interino de Macondia recibió la sagrada misión de hacer una "limpieza profunda" de pranes, carros y sindicatos estacionados en el sector minero. La orden venía firmada por el mismísimo Donald Trump, usando técnicas de guerra del siglo XXI: drones, satélites y algoritmos sofisticados.

El operativo civil-militar fue un éxito de sintonía, ejecutado con la precisión de quien se queda dormido un 3 de enero mientras los gringos se llevaban en peso al "ornitomántico" Nicolás Maduro.

Sin embargo, el realismo mágico local es más rápido que la tecnología de punta. El Pranato y sus "luceros" ya habían sido bendecidos con un pitazo celestial emitido directamente desde el Salón de los Espejos del Palacio de Miraflores. Para cuando los drones llegaron, los delincuentes ya habían puesto los pies en polvorosa. Lo único que quedó en el paisaje fue una densa polvareda rojiza, levantada por las camionetas de última gama (compradas, por supuesto, con el sudor de la frente minera) huyendo a máxima velocidad sobre las saprolitas oxidadas de las concesiones Brisas del Cuyuní y Las Cristinas.

La Corporación del Diezmo: El Socialismo del Arrimo

Detengámonos un momento a admirar la ingeniería financiera de la "estructura militar-plan-gobierno", una obra de arte del revanchismo económico criada con amor desde el año 2006. Su objetivo principal: liberar al minero artesanal de la pesada carga de la riqueza.

El "Negocio del 10%" es un poema a la redistribución de la riqueza invertida. El minero artesanal —ese infeliz que pasa doce horas con el barro hasta el cuello, respirando vapor de mercurio y desenterrando saprolita con las uñas— entra en una "Alianza Estratégica" no solicitada. El funcionamiento es de una sencillez matemática que daría envidia a Wall Street:

El Arrimo Obligatorio: Todo el material aurífero extraído debe ser "arrimado" a las plantas procesadoras controladas por la corporación del régimen y custodiadas por el Pranato.

La Repartición Justa: Del 100% del oro puro que sale de las centrifugadoras, el minero artesanal recibe la generosa y opulenta cantidad del 10%.

El Impuesto de Vida (El otro 90%): ¿A dónde va el resto? Un porcentaje va para el Pran de la zona (en concepto de "seguridad ciudadana e infraestructura criminal"), otro porcentaje va para los jefes militares (por el "tutelaje soberano"), y el grueso sobrante vuela directo a los laboratorios de fundición que alimentan los maletines institucionales.

Si el minero protesta porque la batea no miente, el carro de turno le recuerda, con la sutileza de un fusil de asalto, que en Macondia tener salud es un privilegio y el 10% de algo siempre será mejor que el 100% de una fosa común. Es la economía comunal en su máxima expresión: tú pones el lomo, la malaria y el mercurio; nosotros nos quedamos con el lingote para la causa.

La Modesta Factura: ¡Mucho más que los Conquistadores!

Para los inversionistas, brokers y corredores de bolsa que pululan bajo el tutelaje y la entrega nacional en que se encuentra Venezuela, el distrito minero de El Callao es un caramelo irresistible. Cualquier aventurero con uniforme o maletín sabe que ahí se esconde el verdadero Dorado.

Hagamos matemática macondiana con las estimaciones de las reservas de Brisas, Las Cristinas y la famosa mina Chocó 10:

La Matemática Macondiana del Saqueo

Saquemos las cuentas en limpio, lejos de las pizarras de los burócratas, para entender el tamaño del caramelo que se están devorando. Hagamos matemática macondiana pura analizando los yacimientos, sus años de estimación y su jugoso equivalente en dólares a los precios de hoy:

Primero, miremos la famosa Mina Chocó 10; para el año 2008, los expertos estimaban allí un total de recursos de 7.3 millones de onzas de oro, lo que hoy se traduce en la bicoca de 29.200 millones de dólares.

Luego, si nos mudamos al año 2017, los recursos estimados en El Callao (sumando Minerven más Chocó) daban un total de 5.708 millones de onzas de oro, el equivalente exacto a 22.800 millones de dólares. En ese mismo bendito año 2017, el eje Chocó - Guasipati arrojaba una estimación de 12.88 millones de onzas de oro, lo que representa hoy una fortuna de 51.520 millones de dólares.

Para rematar el banquete, la concesión Brisas del Cuyuní evaluó sus recursos entre los años 1993 y 2004 en dos platos: 12 millones de onzas de oro —valoradas hoy en 48.000 millones de dólares— y 1.600 millones de libras de cobre, que añaden otros 9.952 millones de dólares al pozo.

Si sumamos todo esto por la medida pequeña, el botín total en minerales críticos y estratégicos nos da la astronómica cifra de 137.952 millones de dólares.

Para que nos hagamos una idea del realismo mágico financiero: por una cantidad de dólares así, los muchachos de los Yunai Estates no mandarían una simple incursión militar; mandarían policías, mercenarios, drones de última generación y hasta a los Avengers si hiciera falta. Esta es la radiografía exacta del botín por el cual los capos de cuello blanco, los generales de oficina y los pranes del Arco Minero firmaron sus "alianzas estratégicas". Una fortuna tan monumental que se extrae con la tecnología del siglo XXI, se cobra en cuentas de maletín, pero se le impone al minero artesanal con la brutalidad feudal del siglo XIX.

Nota Histórica de Comparación: Los conquistadores ibéricos —los célebres Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Diego de Almagro y compañía— se llevaron unas 180 toneladas de oro de América Latina en casi dos siglos de coloniaje.

Mediante las eficientes "centrifugadoras" del régimen de Chávez, Maduro y Delcy, se han desvalijado más de 600 toneladas de oro del Banco Central de Venezuela (BCV). Hoy, en el año 2026, los medios dicen que apenas quedan unas tristes 79 toneladas en las bóvedas.

Superaron a sus ancestros. De ahí las malas mañas del mediador español Rodríguez Zapatero, quien ha demostrado que las técnicas coloniales se pueden refinar enormemente si uno se sienta a ver las películas de Piratas del Caribe con suficiente atención.

Alianzas Estratégicas y Empresas de Maletín

En este Macondo del siglo XXI, el tiempo es circular y la desvergüenza es infinita. El drama no es que caigan los pranes, los carros o los sindicatos. Al final del día, el Sistema se recicla. La verdadera pregunta que flota sobre la polvareda roja es: ¿Dónde están los Capos?

¿Dónde están los próceres de la CVG, de la CVM, de Minerven y de MIBITURVEN (con el benemérito Alex Saab a la cabeza)? Aquellos mismos directivos que entre 1983 y 1988 veían cómo los mineros independientes producían 6 toneladas de oro para sí mismos, decidieron que el "Estado" (es decir, ellos) debía controlarlo todo.

Aquellos que usaban al Pranato como brazo armado para desalojar, robar y someter a los mineros artesanales, hoy no visten uniformes ni esconden armas:

Se han transformado en refinados inversionistas.

Operan a través de pulcrísimas empresas de maletín.

Firmaron "Alianzas Estratégicas" con el crimen organizado, debidamente asentadas en los Registros Mercantiles.

Los jefes de los cuerpos de seguridad, de la noche a la mañana, mutaron en magnates de la minería.

Mientras tanto, el interinato de turno limpia sus culpas aplaudiendo los tuits de Donald Trump y celebrando operativos con drones que solo llegan a tiempo para capturar la niebla. En el Arco Minero de Macondia, la sofisticación tecnológica y la corrupción prehistórica se dan la mano. Melquíades ya lo había previsto en sus pergaminos, pero olvidó advertirnos que el oro de los tontos, al final, siempre se lo quedan los mismos vivos.

domingo, 14 de junio de 2026

“Bochinche con turbinas y lingotes”

 “Bochinche con turbinas y lingotes”

Por el Cronista de Macondia 



«¡Bochinche, bochinche! ¡Esta gente no sabe hacer sino bochinche!», gritó Francisco de Miranda en 1812, frustrado por el caos de una república que no terminaba de nacer. Dos siglos después, el problema no es que el bochinche no haya desaparecido, sino que se volvió política de Estado, modelo de negocios… y, en algunos casos, hasta ingeniería “estratégica”.

Porque si algo sobra en Venezuela no es oro —que también— sino desorden con cifras millonarias.

En el Arco Minero del Orinoco, donde la geología habla en onzas y el poder habla en silencio, las cifras resultan tan brillantes como incómodas. Solo en El Callao y sus alrededores, las estimaciones superan los 5,7 millones de onzas de oro. En Choco-Guasipati, la cifra escala a 12,88 millones. Traducido al idioma que sí entienden los decisores: más de 70.000 millones de dólares combinados a precios actuales.

Y eso sin contar distritos como Brisas del Cuyuni y Las Cristinas, donde las reservas históricas han rondado entre 12 y 20 millones de onzas de oro, además de cobre en volúmenes industriales. En términos conservadores, hablamos de más de 100.000 millones de dólares enterrados… o peor aún, mal administrados.

Aquí es donde el “bochinche” deja de ser ruido y se convierte en estructura.

Porque en lugar de un Estado organizando, regulando y capitalizando esa riqueza, lo que emerge es un ecosistema donde conviven militares, pranes, intermediarios y concesiones opacas. El modelo es simple: el minero artesanal trabaja, entrega, y recibe apenas una fracción —en algunos casos, alrededor del 10%— de lo que produce. El resto se diluye en una cadena donde la transparencia es tan escasa como la institucionalidad.

Miranda, probablemente, actualizaría su frase: ya no es que “no saben hacer sino bochinche”, es que el bochinche ahora sí deja ganancias… pero no precisamente al país.

Y mientras el oro se va —porque siempre se va—, la electricidad no llega.

La Central Hidroeléctrica Tocoma, concebida como una obra clave para el sistema eléctrico nacional, es el monumento perfecto al bochinche institucionalizado. Diseñada para generar 2.160 megavatios, con diez turbinas tipo Kaplan, debía estar lista en 2012. Luego en 2014. Después, en algún punto entre la promesa y el olvido.

Hoy, más de una década después, sigue siendo una estructura incompleta, con turbinas esperando, concreto cuestionado y responsabilidades que se evaporan con la misma facilidad que los presupuestos.

Odebrecht —ahora rebautizada, porque cambiar de nombre parece más fácil que rendir cuentas— y la empresa IMPSA se han señalado mutuamente por los retrasos. Una dice que no le entregaron las obras civiles a tiempo. La otra sugiere que los equipos no podían instalarse. En el medio, 3.000 millones de dólares señalados como desfalco y un país que sigue a oscuras.

Eso sí, la explicación oficial llegó después: las sanciones.

Un detalle incómodo: en 2014, cuando el proyecto ya estaba paralizado, las sanciones económicas que afectaban financiamiento y operaciones aún no existían. Pero en Venezuela el tiempo es flexible, la memoria selectiva y las excusas retroactivas.

El resultado es un sistema eléctrico colapsado, racionamientos de seis horas o más, y una represa que genera más preguntas que megavatios.

Mientras tanto, el Banco Central ha visto reducir sus reservas de oro de forma dramática. De cientos de toneladas a cifras que hoy apenas alcanzan una fracción de lo que alguna vez hubo. En paralelo, la minería ilegal y semi-legal ha movido volúmenes que, según diversas denuncias, superan ampliamente los episodios históricos de saqueo colonial.

Una ironía difícil de ignorar: los conquistadores se llevaron oro durante siglos; aquí se ha ido en apenas décadas… con mejores máquinas y peores controles.

Pero no todo es caos espontáneo. Hay método en este desorden.

Desde mediados de los años 2000 se consolidó un esquema donde fuerzas militares, estructuras irregulares y actores políticos convergen en la gestión —o explotación— de territorios estratégicos. No es ausencia de Estado: es otra forma de Estado, donde la ley es negociable y la renta es prioritaria.

Así, el “bochinche” de Miranda ya no describe una falla del sistema. Es el sistema.

Y en ese sistema, el oro fluye, los contratos se renegocian, las empresas cambian de nombre, las turbinas esperan… y el país sigue intentando entender en qué momento el desorden dejó de ser accidente para convertirse en modelo.

Quizás Miranda no estaba equivocado.

Solo se quedó corto.

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