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sábado, 20 de junio de 2026

El maravilloso arte de remodelar la casa mientras se quema el piso

 El maravilloso arte de remodelar la casa mientras se quema el piso



¿Ustedes también sienten ese fresquito en el bolsillo? Claro que sí, son los jugosos $0.22 centavos de dólar al mes del salario mínimo que nos rinden para comprar... bueno, media ala de pollo si el carnicero está de buen humor. Pero no se preocupen por el hambre, ni por las seis horas diarias de meditación a oscuras (mal llamado racionamiento eléctrico). Tampoco piensen en los 8 millones de vecinos que se fueron a "turistar" por el Darién. Nada de eso importa, porque en Miraflores han descubierto el verdadero origen de todos nuestros males: ¡El problema es la tipografía de la Constitución!

¡Qué alivio! Y uno aquí pensando que el problema era la destrucción económica o la falta de legitimidad. Qué tontos somos.

La nueva oferta electoral de la temporada viene con sabor a "caramelo de cianuro", pero bien edulzado. Nos prometen volver al Congreso Bicameral (para tener el doble de diputados que mantener) y eliminar la reelección indefinida. ¡Qué ofertón! Es el equivalente político a que te estén robando el carro y el ladrón se baje para ofrecerte cambiarle las alfombras por unas de lujo.

Por supuesto, para esta gran fiesta de la democracia cuentan con los "Alacranes" de la oposición minoritaria. Esos líderes que arrastran masas inmensas... de hasta un 2% de los votos si contamos a sus primos y a sus mascotas. Unidos al PSUV, raspando la olla, llegan a un glorioso 10% de amor popular. Pero oye, el cinismo no se compra, se hereda.

Lo más tierno de la propuesta es ver a los mismos que le entregaron los pedazos del país a los rusos, chinos, iraníes y a los panas de las FARC y el ELN, jurando ahora que son los indicados para "refundar las bases de la Patria". Es una lógica impecable: "Yo lo rompí, yo lo escondo, y ahora yo te cobro por arreglarlo".

La jugada ya nos la sabemos: cuando el terreno se mueve en Miraflores, hay que mudar la cancha, esconder la pelota y cambiar al árbitro por un primo del Fiscal. Nos quieren meter en una discusión de tres años sobre incisos y artículos para que nos olvidemos de lo único importante: recuperar el voto. Quieren entregar la silla, pero quedarse con los hilos. ¡Buen intento, muchachos, pero esa vitrina ya la vimos en Cuba y está llena de polvo!

¡Última hora! Se destapó la olla (y no es de presión)

Pero atención, porque el libreto de este "Gran Teatro" acaba de sufrir un apagón argumental gracias a una inesperada visita. Resulta que llegó Dinorah Figuera, enviada directamente desde Washington, y tras su sombra se ha terminado de destapar el verdadero plan oculto del oficialismo, ese que venían cocinando a fuego lento usando a los coristas de la oposición judicializada.

¿Cuál era el truco de magia? Querían reformar la Constitución para, supuestamente, "reducir el mandato presidencial a cinco años". ¡Qué demócratas! Pero la matemática del poder no falla: el objetivo analítico de esta genialidad era acelerar el cronograma para situar mágicamente la crisis en los últimos dos años del periodo constitucional. ¿Para qué? Para que la vicepresidenta ejecutiva e interina, Delcy Rodríguez, pudiera asumir la jefatura del Estado de forma definitiva bajo el cómodo amparo del artículo 233. ¡Y listo! Transición interna completada, la silla heredada y nos evadimos la fastidiosa molestia de convocar a los ciudadanos a las urnas. Una jugada maestra del "gatopardismo" institucional.

El problema es que el libreto se les aguó. Con el reconocimiento exclusivo de la legitimidad de Figuera, la pomposa Asamblea Nacional de Jorge Rodríguez ha quedado reducida a un rol de subordinación forzada. Ahora, cualquier avance, reforma o "caramelo" de vitrina que quieran inventar requiere, obligatoriamente, la validación del parlamento de 2015.

Se les trancó el juego en plena mudanza de hilos. Querían entregar la silla vacía, pero les acaban de cambiar la cerradura de la puerta. ¡Buen intento, muchachos, pero el tiro les salió por la culata!

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