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martes, 2 de junio de 2026

Unificación cambiaria en Venezuela: los pasos necesarios para un mercado de divisas único

 Unificación cambiaria en Venezuela: los pasos necesarios para un mercado de divisas único

Juan Linares 



Si algo hemos aprendido en estos años de crisis es que la brecha cambiaria no es la causa de nuestros problemas, sino el síntoma más visible de un modelo agotado. El bolívar se deprecia, los precios se disparan, y la economía opera en una esquizofrénica dualidad que castiga a los más vulnerables. Unificar el sistema cambiario es técnicamente posible, pero requiere un plan quirúrgico y condiciones políticas que hoy empiezan a perfilarse. A continuación, los pasos necesarios para lograrlo.


Fase 1: Diagnóstico y condiciones previas


Lo primero es entender que la unificación cambiaria es una cirugía mayor, no un simple ajuste técnico. Las reservas internacionales se ubican en 13.741 millones de dólares, un colchón que ha crecido significativamente pero que aún resulta insuficiente para garantizar la estabilidad de un mercado unificado. Aquí el punto de partida: sin una oferta sólida de divisas, cualquier intento de unificación está condenado al fracaso.


La producción petrolera, nuestra principal fuente de divisas, ha mostrado una recuperación alentadora. En abril de 2026 alcanzamos 1,16 millones de barriles diarios exportados, la cifra más alta en siete años. El gobierno proyecta cerrar el año en 1,4 millones de barriles diarios. Este crecimiento, impulsado por la flexibilización de sanciones y el retorno de empresas como Chevron y Shell, es el oxígeno que permite soñar con una estabilización cambiaria sostenible.


Sin embargo, el dato clave lo aporta el economista Asdrúbal Oliveros: la intervención cambiaria, por sí sola, es "insuficiente". El BCV ha inyectado más de 3.500 millones de dólares entre enero y abril de 2026, pero la brecha no se ha reducido de forma significativa porque el apetito por dólares es "insaciable" si no se corrigen factores estructurales. La unificación es una condición necesaria, pero no suficiente.


Fase 2: Las condiciones institucionales


Las buenas noticias vienen del frente institucional. En abril de 2026, el FMI reanudó formalmente sus relaciones con Venezuela después de siete años de interrupción. Esto nos permite acceder a 4.900 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro y, eventualmente, a programas de financiamiento bajo condiciones de responsabilidad fiscal. Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, ya ha manifestado que "actuará con rapidez" para facilitar el acceso a créditos, siempre que se cumplan los requisitos técnicos.


Por su parte, el Banco Mundial también ha retomado el diálogo. En mayo, una delegación encabezada por Susana Cordeiro Guerra visitó Caracas para delinear áreas de cooperación técnica enfocadas en inversión, empleo y expansión económica. La cooperación con estos organismos no es un lujo: es la garantía de credibilidad que cualquier inversor internacional exige.


Fase 3: El paso más delicado


Aquí el punto medular. Unificar no significa simplemente eliminar el dólar paralelo, sino crear las condiciones para que el tipo de cambio oficial refleje la oferta y demanda real. El economista Luis Oliveros ha sido claro: "En una economía inflacionaria sostenida, la tasa de cambio representa un precio más en la economía. Si la tasa está aumentando, la gente no quiere tener moneda interna".


Los pasos concretos serían:


· Alinear las tasas de intervención. El BCV interviene actualmente a una tasa cercana a 611 bolívares por dólar, mientras la tasa oficial publicada ronda los 549 bolívares. Esta diferencia es insostenible y distorsiona la formación de precios. El primer paso es eliminar esa brecha interna.

· Simplificar el acceso al mercado de divisas. El BCV ya ha anunciado medidas para agilizar la compraventa en entidades bancarias y casas de cambio. Hay que hacerlo extensivo a todos los agentes económicos, sin trabas burocráticas.

· Comprometerse con un anclaje monetario creíble. Esto implica frenar la emisión inorgánica y mantener una política fiscal disciplinada. De nada sirve inyectar dólares si el gobierno sigue emitiendo bolívares sin control.


Fase 4: La reestructuración de la deuda externa


No podemos olvidar el elefante en la habitación. Venezuela enfrenta una deuda externa que oscila entre 150.000 y 170.000 millones de dólares, incluyendo bonos en default, préstamos bilaterales y laudos arbitrales. El gobierno anunció en mayo un proceso "formal, integral y ordenado" de reestructuración.


Sin embargo, aquí el FMI ha sido cauto. Julie Kozack, directora de comunicaciones del organismo, aclaró que el FMI "no ha participado en este proceso" de reestructuración, aunque están dispuestos a colaborar una vez se presente el marco macroeconómico y el análisis de sostenibilidad de la deuda previsto para junio.


José Miguel Farías, economista y asesor financiero, advirtió que una reestructuración sin el respaldo del FMI condena al país a condiciones más onerosas. El camino es claro: someter el plan de reestructuración a la validación del Fondo, que sirve como sello de credibilidad para los tenedores de bonos y los inversores internacionales.


Fase 5: Fortalecer el respaldo


El economista Jesús Palacios ha señalado que la prioridad absoluta debe ser fortalecer las reservas internacionales. Estimaciones recientes indican que se necesitan entre 4.000 y 5.000 millones de dólares adicionales para que el BCV pueda enfrentar una unificación cambiaria sin desangrarse.


Aquí el papel del Banco Mundial es crucial: más allá de la cooperación técnica, puede facilitar líneas de crédito para proyectos de infraestructura que dinamicen la economía real, reduciendo la presión sobre las divisas. El comunicado conjunto entre el gobierno y el BM ya mencionó la identificación de "posibles áreas de colaboración en materia de asistencia técnica".


Conclusión: lo que está en juego



Unificar el sistema cambiario no es un fin en sí mismo, sino el medio para recuperar una función básica del dinero: ser un depósito de valor confiable. Las condiciones están mejor que nunca: producción petrolera en ascenso, reservas internacionales fortalecidas, relaciones de reanudadas con el FMI y el Banco Mundial, y un proceso de reestructuración de deuda en marcha.


Pero la voluntad política es el eslabón más frágil. El economista Asdrúbal Oliveros lo resume con crudeza: "Si no corriges el precio de mercado y la emisión de bolívares, el apetito por divisas no se detiene". La unificación cambiaria, para ser sostenible, debe ir acompañada de disciplina fiscal, transparencia en la gestión de divisas y, sobre todo, la certeza de que el gobierno está dispuesto a honrar sus compromisos.

Los venezolanos merecemos una economía predecible, donde el bolívar recupere su valor y los precios no se disparen cada semana. Los pasos técnicos están claros. Solo falta transitarlos.

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