¡Sigan Bailando!: La Gran "Discoteca" de Macondia y el Vals Petrolero de Trump
Por: Un espectador indignado desde la pista de baile sin luz
¡Pónganle volumen a la radio! Que suene la Billo’s Caracas Boys a todo timbal. Suban la música para ver si el estruendo de los metales logra tapar el rugido de las tripas de millones, el zumbido de las moscas sobre la basura y el silencio sepulcral de los hospitales a oscuras.
Y es que, según el flamante dueño del trono en Washington, Mr. Donald Trump —quien hoy anda más very happy que de costumbre—, los venezolanos no estamos pasando trabajo. No, señor. Tampoco estamos de luto por los presos políticos que mueren en las mazmorras sin juicio, ni sufriendo por la devaluación vertiginosa de una moneda que se deshace entre los dedos como arena. ¡Qué va! Según el magnate de la cabellera dorada, los venezolanos estamos "bailando en las calles" de pura felicidad. ¡Claro que sí! Cómo no vamos a bailar si, tras la espectacular "extracción" cinematográfica de Nicolás Maduro y su posterior envío a Nueva York, la "Golden Oil Company" y las grandes corporaciones petroleras gringas están metiendo dólares a manos llenas. ¿A manos de quién? Bueno, ese es un detalle sin importancia para la narrativa de Mar-a-Lago. Lo importante es que en la Macondia caribeña el dinero "fluye", el amor respira en el aire y la "girlfriend" venezolana del momento sonríe complacida ante las carantoñas que le lanzan desde el imperio.
¿Dónde es la pista de baile, Mr. President?
Nos encantaría que el presidente Trump nos diera la dirección exacta de ese gran "dancing" nacional que ve a través de sus reportes satelitales. Porque en la Venezuela real, la coreografía es bastante diferente:
La coreografía de la desnutrición: Quizás Trump piensa que el bamboleo de un bebé de seis meses con desnutrición severa y la barriguita hinchada de aire y hambre es un nuevo paso de salsa.
El "Electric Slide" a oscuras: Tal vez cree que los médicos en el Zulia, alumbrando con la luz del celular a un paciente que se queda sin oxígeno a mitad de un apagón de 12 horas, están ensayando un baile contemporáneo.
El vals de la supervivencia: A lo mejor confunde con una elegante danza el movimiento coordinado de las madres y niños que esquivan las moscas para pelear por un pedazo de comida podrida en los contenedores de basura.
La danza de la muerte: Quizás el hacinamiento en las prisiones donde torturan a los presos políticos es, a sus ojos, una coreografía grupal de esas que se hacen virales en redes sociales.
Ver las penurias de un país que sangra desde hace más de un cuarto de siglo y despacharlas diciendo que "hay mucho dinero en la calle y la gente está feliz" no es solo ignorancia geopolítica; es una burla cruel y de muy mal gusto. Es una bofetada en el rostro de la madre que hoy tuvo que elegir cuál de sus hijos come y cuál se acuesta con el estómago vacío.
De "Regime Change" a "Regime Same": El Gran Negocio del Petróleo
La ironía de esta tragicomedia es exquisita. Capturar a Maduro fue un evento histórico, digno de un taquillazo de Hollywood. Pero dejar el control del país en manos de los mismos actores del régimen —ahora bajo la batuta de Delcy Rodríguez— no es una estrategia de liberación: es una traición en cómodas cuotas de barriles de petróleo.
La administración estadounidense justificó su intervención bajo el estandarte de la justicia y la lucha contra el narcotráfico, pero el olor a asfalto fresco y crudo pesado no tardó en inundar la oficina oval. Al final, parece que el plan maestro era simplemente cambiar de socio comercial. Mientras las petroleras norteamericanas firman contratos mil millonarios y celebran el flujo de "oro negro", los venezolanos seguimos lidiando con la peor gasolina del planeta, un servicio de agua inexistente y una inflación que devora cualquier intento de salario.
¿De qué nos sirve que las transnacionales se llenen los bolsillos si el ciudadano de a pie sigue viviendo en el colapso absoluto? La única victoria real, la única que detendría el luto y traería una alegría genuina, no se mide en barriles diarios de crudo, se mide en elecciones verdaderamente libres y democráticas. Cualquier otra cosa es puro maquillaje sobre un cadáver.
¡Que sigan bailando!
Pero no perdamos el ritmo. Si el "Rey del Norte" dice que estamos felices, habrá que ensayar el paso. Suban el volumen de la radio, que el show debe continuar:
"Sigan bailando (sigan bailando)..."
"¡Que sigan bailando!"
Bailamos para no llorar. Bailamos para estirar los pocos dólares que nos quedan. Bailamos mientras esquivamos los huecos de las calles y los cables caídos sin luz. Bailamos sobre las cenizas de un sistema de prestaciones sociales que nos robó 25 años de trabajo para dejarnos una liquidación de miseria.
Señor Trump: en Venezuela no hay fiesta. Hay un pueblo que resiste, que sufre y que no se traga el cuento de que la "abundancia" ha llegado porque un puñado de ejecutivos petroleros volvió a brindar con champaña en Caracas. La libertad de un país no se subcontrata ni se privatiza. Dejen el cinismo y apaguen la música, porque en Macondia nadie tiene ganas de bailar

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