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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Crónicas de Macondia: Del "Carga la Burra", el Swing del Oro Negro y el Apagón de las 12 Horas

 Crónicas de Macondia: Del "Carga la Burra", el Swing del Oro Negro y el Apagón de las 12 Horas



Aurelianópolis, capital del reino de Macondia. Las mariposas amarillas ya no vuelven del sur; ahora revolotean con gorras rojas que rezan "Make America Great Again". Donde antes se escuchaban los dados sacudir la tabla y los gritos de triunfo en el juego de "carga la burra" —el pasatiempo favorito del difunto autócrata entre tragos de cocuy y risas cómplices de Apolinar Mosquete, el Padrino Gorrín y Goyito Correa—, hoy solo se oye el elegante y lejano thwack de un driver de titanio golpeando una pelota de golf.

El zar Nicolás se fue, y a la interina le tocó bailar con la más fea, la más rica y la más armada: la United Fruit Company y la Oil Golden Company se dieron la mano en la Embajada. El nuevo mandamás, Jonhhy TRUMP Bravo, convocó a su corte de magnates con la sutileza de un cañonazo de fragata:

"Soy el dueño de la mayor reserva de petróleo del mundo en Macondia. Los que quieran acompañarme están invitados; el que no, que se abstenga. My true friends ya están anotados y usan gorra de lealtad".

El Milagro de los Palos Desaparecidos

La antesala de la Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela (VIOGS 2026) desató una tragedia shakespeariana pero en versión comedia de enredos: la escasez absoluta de palos de golf en todo el Caribe.

Unos 650 altos ejecutivos, diplomáticos y devotos del capital aterrizaron de golpe en el exclusivo Macondia Country Club. Y claro, los yanquis querían hacer negocios al viejo estilo: caminantes del green, puros de vainilla y apretones de manos con vista al Ávila. Pero nadie calculó que las bodegas del club solo guardaban palos oxidados de la época en que Guzmán Blanco jugaba críquet.

La mexicana Cotemar y los organizadores sudaron más frío que preso enconchado intentando conseguir, alquilar o robar de las maletas diplomáticas cualquier "hierro 7" que sirviera para salvar la patria petrolera.

El Tour de los Benefactores y las Gorras de Marca

En los links del Country Club se vio de todo, un rejunte donde el realismo mágico palidece frente al realismo corporativo:

Los Leales del Golfo: Ahí desfilaban los de Chevron y la NAPEB de Alejandro Betancourt, junto a las invitadas de lujo que no perdonan una fiesta donde huela a crudo: ExxonMobil, TotalEnergies, BP, Repsol, Siemens y Hunt Oil, bien arropados por los socios estratégicos Lindsayca y la catarí UCC Holding.

Los Financistas de la Vuelta: Firmas como Primavera (co-fundada por Fred Ehrsam, donante de un millón de dólares para la causa de Trump) y Sable Offshore (con su vicepresidenta Brittany Kelm, exasesora del trono) negociaron contratos con la velocidad de un rayo tropical.

El Club de Toby del Petróleo: Kelcy Warren (Energy Transfer), Harold Hamm (Continental Resources) y Jeffery Hildebrand (Hilcorp), todos con la chequera lista y la gorra bien puesta, listos para extraer hasta la última gota de los pozos del Orinoco.

Y en el centro de la pista, recibiendo a los invitados con una sonrisa de protocolo y taladro, Delcy, The Queen of Oil and Gold, se aprestaba a dar el saque inicial en el legendario "hoyo cero".

El Siguiente Torneo: PGA Tour en el Arco Minero



Los analistas locales ya auguran que el próximo torneo del PGA Tour no será en Augusta, sino en las profundidades del Arco Minero.

Un campo de golf diseñado bajo las leyes de la selva:

Los obstáculos de agua no son laguitos artificiales, sino ríos dragados por la fiebre del oro.

Los búnkeres de arena están llenos de mercurio y mosquitos mutantes.

El "hoyo en uno" te premia directamente con un lingote de oro puro, siempre y cuando logres esquivar a los filibusteros y a los mineros artesanales que te miran con cara de “nice swing, mister, pero aquí el green es nuestro”.

La Distancia entre el Green y la Esquina

Mientras tanto, a tres kilómetros del club de campo, la cotidianidad macondiana sigue su curso habitual: el agua llega una vez cada eclipse, la luz se va para rendir homenaje a los dioses del colapso, los hospitales funcionan a punta de fe y los salarios alcanzan exactamente para comprar medio cartón de huevos si hay suerte.

Pero en los hoteles del jet set caraqueño, blindados contra la penuria, los magnates disfrutan de aire acondicionado ártico y champaña tirada a la piscina. Allá afuera el pueblo sufre la tragedia, pero aquí adentro la comedia del capital global brilla tanto que hasta los caddies del club se han vuelto expertos en Wall Street.

El Abierto de Pesca de Altura en Choroní

El green del Arco Minero resultó demasiado peligroso hasta para los ejecutivos más audaces de Wall Street. Demasiados mosquitos gigantes, demasiada neblina de mercurio y el pequeño detalle de que los mineros artesanales locales consideraban que los búnkeres de arena eran propiedad privada de la guerrilla. Así que los jerarcas de las transnacionales decidieron cambiar los palos de golf por las cañas de pescar y trasladar el circo corporativo directo al Caribe: ¡Bienvenidos al Abierto de Pesca de Altura en las costas de Choroní!

El Desembarco en el Malecón

Olvídense de los jeeps destartalados. Para recibir a los magnates de Chevron, ExxonMobil y TotalEnergies, el muelle de Choroní pareció sacado de Mónaco o de una película de James Bond.

Y para los ratos de ocio entre pique y pique, el repertorio incluyó motos de agua modernas que alteraron la paz de los pelícanos, y equipo de punta para Scuba diving (la inmersión a profundidades que estabas buscando recordar), diseñada para que los directores ejecutivos bajaran al fondo marino a observar a los meros y tiburones, pensando quizás en qué otro bloque de la Faja del Orinoco podían perforar antes del atardecer.

Las Reglas del Torneo: Cero Tarjetas de Crédito

En este torneo caribeño no se compite por trofeos de acrílico ni por tarjetitas de regalo. Aquí la moneda de cambio tiene peso específico y olor a crudo:

Las apuestas mínimas: Se cierran en lingotes de oro de 24 kilates acuñados de apuro, o en barriles físicos de petróleo virtualmente transferidos desde los tanques de Jose.

El trofeo mayor: El gringo que logre sacar el pez vela más grande se lleva la concesión exclusiva de un bloque petrolero sin pasar por la Asamblea Nacional, entregado directamente con una cinta tricolor.

Mientras tanto, en la orilla del malecón, un grupo de lugareños observa con una sonrisa entre cínica y cómplice cómo los ejecutivos se queman la piel blanca con el sol venezolano, peleando con un atún de cincuenta kilos mientras discutan sobre los futuros del Brent y las tasas de la Reserva Federal.

El realismo mágico se quedó corto: en la Macondia del siglo XXI, los gringos pescan marlines con whisky escocés mientras la historia se escribe al ritmo de una salsa de Cheo Feliciano que suena a todo volumen desde una corneta Bluetooth en la playa de Caracolito.

Para recibir a los magnates, el muelle de Choroní pareció sacado de Mónaco. Llegaron en una flotilla de yates último modelo, con cavas repletas de champaña francesa de etiquetas impronunciables y whisky escocés de 21 años. Y para los ratos de ocio, el repertorio incluyó motos de agua modernas y equipo de punta para inmersiones de profundidad (scuba diving), diseñada para que los directores ejecutivos bajaran al fondo marino a observar a los meros y tiburones, pensando en qué otro bloque de la Faja del Orinoco perforar antes del atardecer.

Aquí las apuestas no se hacen con tarjetas de crédito: se cierran en lingotes de oro de 24 quilates o en barriles físicos de petróleo virtualmente transferidos desde los tanques de Jose.

Los Roques: El Arrecife de los Espejismos y la Gorra de Regalo

Si nos vamos a Los Roques, el escenario supera cualquier guion. Los más veteranos recuerdan cuando el difunto prometió llevar a los pensionados con un "bono de recreación" que se redujo a 100 amigos disfrazados para la foto.

En esta nueva era dorada, imagínese la escena: un magnate recién bajado de un catamarán, con su vaso de whisky escocés de 21 años humeando, le pregunta a un mesero local cuánto gana al mes. El mesero lo mira con la calma de quien ha visto pasar dictadores y le responde sin inmutarse:

—Mire, míster, son como 0.15 dólares al mes. Pero religiosamente recibo al mes dos kilos de corocoro, una torta de casabe y una botella de Cocuy de Penca artesanal para olvidar las matemáticas.

El gringo se queda congelado. Por un segundo, la culpa del primer mundo lo carcome y casi se le parte el alma. Pero reacciona con pragmatismo: se quita lentamente la gorra roja de su colección personal —la que dice "Make America Great Again"—, se la coloca con solemnidad en la cabeza al mesero y sentencia:

—Don't worry, my boy. With Trump back in charge, trickle-down economics will reach the coral reefs very soon.

El Apagón de las 12 Horas: Del "Diván" de Sidor a la Farsa del Aire a 26°C

Mientras los ejecutivos de las transnacionales celebran en los cayos y firman concesiones con whisky, en rincones como Tinaco, en el estado Cojedes, la realidad es un infierno a oscuras. Las comunidades sufren un racionamiento eléctrico inmisericorde que dura hasta 12 horas, aplicado cínicamente en plena madrugada. El saldo es devastador: niños que no pueden asistir al colegio y trabajadores que llegan a sus labores convertidos en zombies por el insomnio, el estrés y el calor agobiante. Esto no puede continuar así.

Y es que la historia de los apagones tiene memoria larga. En el 2009, cuando comenzó la crisis, hicieron como el marido celoso: "botaron el diván", apagaron los hornos de SIDOR y las celdas electrolíticas de ALCASA y Venalum. Ahora, con la profundización de la catástrofe eléctrica, inventaron un racionamiento con un nombre técnico rebombante abreviado con tres letras para disimular la desidia, quitándole la luz al pueblo por 6 y hasta 12 horas.

Pero lo más indignante es el cinismo oficial: tienen la desvergüenza de exigirle a la gente de a pie que fije la temperatura del aire acondicionado en 26°C y que "aprenda a ahorrar", justo después de someterlos a medio día sin servicio eléctrico. Mientras tanto, no les exigen a las petroleras que traigan sus propias plantas generadoras de electricidad y dejen de chularse tranquilamente del Guri. Ninguna empresa seria operaría bajo semejante saqueo, pero en la Macondia de las cartas de entendimiento, el pueblo paga la oscuridad para que los magnates disfruten del banquete.

Escena Final: El Decreto de la Curiara

Lugar: Las aguas mansas de un cayo virgen en Los Roques, justo cuando el sol empieza a tragarse el horizonte caribeño en un estallido de colores naranja y morado.

Ambiente: Un silencio interrumpido únicamente por el golpeteo rítmico del agua contra los costados de una modesta curiara de madera con motor fuera de borda. Flotando a unos metros, los yates ultramodernos de los ejecutivos brillan como rascacielos flotantes, vomitando música electrónica.

Personajes:

DELCY (The Queen of Oil and Gold): Ataviada con un flux blanco impecable, lentes oscuros y sombrero de paja. Sostiene una pluma fuente dorada y un decreto oficial.

JOHNNY TRUMP BRAVO (El Magnate Global): En la proa de la curiara, vistiendo guayabera de lino arrugada y la inconfundible gorra roja ladeada. Sostiene un vaso de whisky con hielo macizo.

EL BOTERO (Un viejo pescador de la zona): Hundido en la popa, con la piel curtida y una gorra de "Make America Great Again" que le queda dos tallas grande.

[INICIA LA ESCENA]

(Delcy humedece la punta de la pluma fuente en la lengua, sonríe con suficiencia y se lo extiende a Trump junto con un tintero portátil.)

DELCY

(Con tono ceremonial y una dulce sonrisa tropical)

Firmado y sellado, My President. La concesión de los bloques del Orinoco y los filones del Arco Minero ya son suyos. Ni el coronel Aureliano Buendía se atrevió a tanto. Aquí tiene: la patria entera convertida en un libre mercado de ultramar.

TRUMP BRAVO

(Toma la pluma, firma con una rúbrica que parece un electrocardiograma en picada y da un sorbo largo a su whisky)

Beautiful. Absolute perfection, Delcy. ¡Tremendo negocio! Sabía que este lugar tenía potencial desde que vi las reservas en el mapa satelital. En Estados Unidos construimos torres, pero aquí... ¡aquí estamos perforando el paraíso!

(Trump se gira hacia el viejo botero que maneja el motor de la curiara con paciencia estoica)

TRUMP BRAVO

(Dándole una palmada condescendiente en el hombro al botero)

¿Qué tal, old man? ¿Viste eso? Macondia is great again. El progreso llegó en lancha rápida. Pronto habrá centros comerciales de lujo en cada cayo. You must be happy, right?

(El botero detiene lentamente el motor fuera de borda. Deja que la curiara se deslice en silencio sobre el agua cristalina. Se acomoda la gorra roja que le regaló el gringo, saca del bolsillo un trozo de casabe seco y un termo oxidado con cocuy de penca).

EL BOTERO

(Mirando fijamente el reflejo de los yates multimillonarios sobre el agua sucia de combustible)

Mire, míster... En este reino de Macondia hemos visto pasar de todo. Pasaron los coroneles de las 32 guerras perdidas, los dictadores que jugaban al dominó con trampa, las promesas de llevar a los abuelos en yate a los cayos y los salvadores extranjeros que venían a rescatarnos del hambre con un papel firmadito.

TRUMP BRAVO

(Arqueando una ceja, medio ofendido)

Hey, watch your mouth. We bring capital, jobs, and development!

EL BOTERO

(Sonríe con tristeza, mostrando un diente de oro y dos de mentira, y le da un trago al termo)

Tranquilo, jefe. Siga firmando. Aquí el oro brilla, los gringos pescan marlines con champaña y los yates queman combustible por barriles. Pero no se olvide de una sola cosa...

DELCY

(Intrigada)

¿De qué, viejo necio?

EL BOTERO

(Se señala la gorra roja con el dedo índice y apunta con la cabeza hacia el fondo del mar, donde los corales agonizan bajo la sombra de los petroleros)

Que en esta tierra de realismo mágico, los dictadores se mudan, los magnates se van con las arcas llenas cuando baja la marea... y lo único que siempre, siempre se queda en este país, es el sabor a cocuy, el apagón de 12 horas en Tinaco y el eco de los pendejos cargando la burra.

(El botero vuelve a encender el motor de la curiara con un solo tirón seco. El rugido del aparato ahoga la música electrónica de los yates de lujo. La embarcación arranca mar adentro, dejando una estela de espuma blanca bajo el sol que se apaga lentamente).

(Trump y Delcy se quedan en silencio en la proa, mirando la estela, mientras el primer mosquito gigante de la noche empieza a revolotear peligrosamente cerca de la oreja del presidente).

[TELÓN / APAGÓN]


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