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sábado, 10 de octubre de 2026

El noveno círculo del Palacio: Scrooge, el Grinch y el socialismo sin aguinaldos

 El noveno círculo del Palacio: Scrooge, el Grinch y el socialismo sin aguinaldos



Si Dante Alighieri renaciera en este octubre tropical de 2026, no perdería el tiempo describiendo los tormentos del azufre o el hielo del Infierno; le bastaría con sentarse junto a un pensionado del IVSS a sacar la cuenta de sus utilidades para entender lo que es el verdadero suplicio. En la Venezuela del "adelanto navideño", las festividades se han convertido en una tragicomedia donde los villanos de la literatura universal se quedan cortos ante la destreza de los Grinch autóctonos.

El noveno círculo del Palacio se estremece ante la memoria. Como dice el refrán popular, "recordar es vivir", y en la realidad actual, la máxima de que "todo tiempo pasado fue mejor" cobra fuerza de axioma. Hubo una época —la hoy demonizada "cuarta república"— en la que los trabajadores esperaban ansiosos el mes de noviembre. Al final del mes, las utilidades no eran un chiste de mal gusto; servían para remodelar la casa, pintarla, pagar la cuota inicial de un carro, comprar los estrenos de ropa y calzado para el 24 y 31 de diciembre, o viajar a visitar a la familia en otros estados. Todo era felicidad y prosperidad familiar. En aquellos diciembres, los hogares venezolanos no conocían a los monstruos rojos rojitos de los Grinch ni a su banda de malvados burócratas que terminaron por devorarse hasta el espíritu navideño.

En el centro del escenario actual, el libreto de la "felicidad social" se interpreta con bombos y platillos. Nicolás, en su rol estelar de "presidente obrero", decreta la llegada del Niño Jesús con meses de anticipación, mientras Delcy, con la rigidez contable digna del mismísimo Ebenezer Scrooge, custodia las arcas públicas asegurándose de que las migajas navideñas se repartan en cómodas y devaluadas cuotas de centavos de dólar. El juego de la corresponsabilidad en el Palacio es un sainete cínico: Nicolás suele delegar y culpar públicamente a Delcy de los retrasos en los pagos, asegurando que ella debe liberar los fondos, mientras ambos demuestran ser las dos caras de la misma moneda de perversidad, secundados por la prepotencia de operadores que actúan con total soberbia frente al sufrimiento popular. Entre el "vuelva mañana" local y las pantallas internacionales donde reaparece la soberbia de figuras como Johnny "Trump" Bravo, el trabajador venezolano asiste al espectáculo de cómo su esfuerzo anual se disuelve en el aire.

La comedia se vuelve negra al revisar el historial de los depósitos, donde se puede ver y palpar la maldad en su estado más puro. Recibir el equivalente a 0,15 + 0,15 + 0,15 = 0,45 dólares por concepto de tres meses de aguinaldos no es una remuneración, es un insulto matemático y un acto de prestidigitación digno de maleantes. Mientras los Scrooge de la burocracia desvalijan las prestaciones, el ciudadano común contempla cómo los ingresos de la producción petrolera se manejan en una absoluta opacidad a espaldas del pueblo, dejando incluso a los sobrevivientes desamparados y con las manos vacías frente a las festividades.

La geografía del privilegio es selectiva: para el 10% de la población compuesto por la alta jerarquía y los llamados “enchufados”, el banquete está servido. Para el 90% restante, las hallacas se han transformado en un objeto de mitología urbana y el pernil en una promesa electoral de vigencia anual. Los Gremlins de la burocracia han hecho desaparecer las prestaciones sociales y los contratos colectivos con una voracidad que envidiaría cualquier criatura del cine de terror. La comedia se vuelve negra al revisar el historial de los depósitos: recibir el equivalente a fracciones de centavos por tres meses de aguinaldo no es una remuneración, es un acto de prestidigitación. Mientras el discurso oficial se atrapa en la retórica de culpar a Washington, al Departamento del Tesoro y a la OFAC por congelar los fondos, el ciudadano común contempla cómo los ingresos de la producción petrolera se manejan en una absoluta opacidad, a espaldas del pueblo, dejando incluso a los sobrevivientes sin poder cobrar los dineros de sus deudas.

Pero el Infierno de Dante tiene límites y los círculos de la resignación se están rompiendo. La farsa de la miseria fraccionada ya no asusta a nadie y el miedo parece estar cambiando de acera. La rebelión contra este letargo ya cuenta con la incorporación plena de la furia y el reclamo de los estados andinos y la fuerza del Zulia, regiones que históricamente no se arrodillan y que hoy exigen un pago único, global y sin cuotas de 1.000 dólares. En este laberinto de la economía, la única transición que avanza a paso firme es la de la organización gremial, obligando a los comités de jubilados a mantenerse en alerta máxima para evitar que, una vez más, la banda de los Grinch rojos se robe la Navidad.

jlrlinares@gmail.com 




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