Crónicas de Macondia: Entre la peste del olvido, vuelos intergalácticos y el "Efecto Zapatero"
En Macondia, ese territorio místico donde las leyes de la física y de la ética se suspenden por decreto real, la realidad ya no imita al arte; lo supera por goleada. Mientras el ciudadano de a pie intenta sobrevivir inmunizándose contra una preocupante peste del olvido —esa amnesia colectiva que pretende borrar 27 años de oscuridad y transformarlos en un mal sueño—, la alta alcurnia de la política transatlántica ha montado un tinglado de corrupción que no es internacional: es intergaláctico. De hecho, fuentes bien informadas aseguran que en el PSUV local ya están tasando parcelas en el lado oscuro de la luna. Al fin y al cabo, el espacio exterior es el único lugar libre de extradiciones.
Del socialismo al "Emperatriz-ismo"
La gran comedia de enredos tiene su epicentro en la conexión Madrid-Macondia. En los pasillos del PSOE madrileño el lamento es unánime: «Hostias, que los tíos del PSUV se las dan de sobrados y listillos. ¡Nos han vuelto unos pringaos! Nos han tomado el pelo y nos han dejado a la altura del betún». Y es que el libreto de Miraflores se exporta de maravilla.
El presidente Pedro I "El Guapo" y su Doña, María Begoña, han entendido el partido como una hacienda propia. De hecho, Doña Begoña ya acumula más poder que Isabel la Católica y más riquezas acumuladas que María Cristina de Borbón. Actualmente, la ilustre dama es la estrella principal de una superproducción judicial en el Juzgado de Instrucción 41 de Madrid, acusada de un póker de delitos: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación y apropiación indebida.
Siempre se ha dicho que "detrás de un gran hombre, hay una gran mujer". Pero en los tiempos que corren, la frase se actualiza. Ahora, cuando a José Luis Rodríguez Zapatero le pregunten por sus sospechosos y constantes viajes transatlánticos, el expresidente bien podría emular a Cristóbal Colón y jurar que fue Doña de las marramucias
Pero si algo define la herencia de la "Madre Patria" —esa que nos dio a Velázquez, Goya y Picasso en la pintura, o a Manolete, Belmonte y El Cordobés en el toreo— es que hoy los españoles ya no torean toros de lidia: torean al fisco. Y la gastronomía mediterránea ha sido sustituida por una dieta estricta de "marramucias" financieras.
Aquí es donde el expresidente Zapatero se consagra como el alumno más aventajado de aquellos gitanos tramposos que llegaban a Macondo. Con la misma labia con la que vendían imanes oxidados como si fueran oro celestial a los inocentes habitantes del pueblo, este mediador de vanguardia ha perfeccionado el arte de la prestidigitación política. Es el truco macondiano por excelencia: adormecer a la población con la peste del olvido para que nadie recuerde de dónde salieron los fondos mientras ellos desbalijan las arcas.
El caso de la aerolínea Plus Ultra es digno de este realismo mágico. El empresario Julio Martínez logró un milagro alquímico que ni Melquíades en sus mejores noches: agarró tres sociedades moribundas dedicadas a la limpieza, servicios y corretaje inmobiliario, les redefinió el objeto social y ¡pum!, las convirtió en intermediarias de transporte aéreo. Todo sea por pillar una tajada millonaria del crédito público español.
Para el juez Calama, el panorama está libre de trucos de feria. Zapatero no era un visitante desinteresado trayendo la paz; era el "presunto líder de una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias". El vuelo de Plus Ultra avanza con una turbulencia brutal. Imaginen al capitán por los altavoces:
"Damas y caballeros, les habla el capitán Zapatero. Acabamos de entrar en el espacio aéreo de la Fiscalía y experimentamos fuertes ráfagas de código penal. Por su propia seguridad, abróchense los cinturones y mantengan sus maletines de mano asegurados. El vuelo estará movido, pero la tripulación está blindada contra la memoria colectiva".
Timoteo: El invitado que llegó a barrer
Y como en toda buena fiesta macondiana el reparto no está completo sin un giro inesperado, hace su entrada triunfal Timoteo Zambrano como flamante embajador en Madrid. Una jugada maestra del ajedrez político que une los puntos de la Internacional Socialista (donde Acción Democrática y el PSOE solían compartir canapés en los años ochenta).
La deducción es tan clara que hasta el algoritmo de Google la aprueba: el nombramiento de Timoteo, bendecido por Delcy Rodríguez, fue el favorcito que Zapatero imploró para lavarse la cara. Una jugada de conveniencia mutua ante la urgencia judicial del expresidente español. El régimen vende "pluralidad" mandando a un opositor... digamos, "amigable", y Zapatero gana un aliado incondicional en suelo ibérico.
Lo trágico y cómico de la historia es que Timoteo, un actor secundario en esta trama intergaláctica de millones y aerolíneas, parece haber llegado al festín cuando ya los platos principales se los habían devorado entre Caracas y Madrid. Ante el desastre inminente, que las investigaciones judiciales y las turbulencias aéreas, a Don Timoteo no le queda más remedio que ponerse el delantal, mirar el desmadre de la sala y exclamar con una sonrisa ensayada:
«¡Qué buena sincronización! Llegué justo a tiempo... para ayudar a recoger».
Que Dios nos agarre confesados, e inmunizados contra el olvido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario