La “Eutanasia Creativa” y los 38 millones de fantasmas de Miraflores
¡Albricias, venezolanos! Finalmente, el laboratorio dialéctico del IVSS ha resuelto el misterio de la economía nacional con una lógica que dejaría a Einstein pidiendo clases particulares. Según los cálculos de quienes habitan el mundo de Narnia en Miraflores, para que un pensionado pueda comer, necesitamos 38 millones de trabajadores activos. Sí, leyó bien. En un país donde quedamos unos 28 millones —y contando los que no se han ido por la selva—, la solución del régimen es simple: ¡Hay que importar 10 millones de trabajadores imaginarios! O quizás, en un acto de fe bolivariana, esperan que los 9 millones de la diáspora regresen trotando para cotizar por un sueldo que no alcanza ni para un cartón de huevos.
La gestión de los “hermanitos” Maduro y Delcy ha elevado el cinismo a la categoría de Bellas Artes. Nos prometieron las “72 vírgenes eternas” del Socialismo del Siglo XXI pero terminamos en la época de las cavernas, recolectando leña porque no hay gas y cazando bonos en una plataforma digital que tiene más “ataques de hackers” que usuarios reales.
Es fascinante la “Regla de Tres” que aplican para las pensiones. Es una fórmula matemática digna de un villano de caricatura: si usted trabajó 40 años, le toca el 0.26% de la dignidad humana. A los jubilados les aplican la “Eutanasia Social Progresiva”: les pagan fraccionado, cuando les da la “real gana” y a través del Sistema Patria, esa maravilla cibernética que se “cae” sistemáticamente para que, cuando el dinero llegue al banco, la devaluación ya se haya almorzado la mitad.
Y ni hablar de los recibos de pago. El artículo 106 de la LOTTT ahora es un mito urbano, como el Chupacabras. No entregan recibos para que el trabajador no sepa qué le están robando exactamente. Es el “oscurantismo salarial”. Mientras tanto, nos dicen que las bolsas CLAP valen 100 dólares y que la leche de Alex Saab era ambrosía de dioses, aunque sabía a tiza mexicana. En fin, prepárense para el 1° de mayo; seguramente la próxima promesa será que, en vez de aumento, nos darán un curso de cómo vivir de la fotosíntesis.

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