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miércoles, 22 de abril de 2026

Delcy no duerme, el jubilado tampoco come

 Delcy no duerme, el jubilado tampoco come




Dicen que Delcy Rodríguez no duerme. Y uno lo cree, porque debe ser agotador velar tanto por el pueblo mientras los apagones hacen fiesta en el Zulia y el resto del país practica el noble deporte nacional de contar horas sin luz. Seguro la vicepresidenta pasa la madrugada en una lucha interior: si no logra conciliar el sueño por la tristeza ajena, entonces por lo menos por la preocupación de que el Sistema Patria vuelva a depositar tarde y mal.

La escena es conmovedora: un Estado que promete protección social, pero entrega 130 bolívares a quienes dedicaron décadas de trabajo al país. Es casi una obra de caridad invertida, donde el pensionado recibe la pensión en cuotas morales y el consuelo en ofertas discursivas. Mientras tanto, desde Miraflores se insiste en que todo está bajo control, aunque el control parezca más un experimento de laboratorio que una política pública.

También es admirable la creatividad contable del poder. Un día el bono es ingreso, al otro es complemento, luego es alivio, después es un gesto, y finalmente termina convertido en una especie de chiste administrativo. El problema es que el chiste lo paga el jubilado, que debe hacer magia para comprar comida, medicinas y sobrevivir a un país donde la dignidad ha sido rebajada a saldo promocional.

Y no faltan los recuerdos: aquel “bono reparador y compensatorio” anunciado con solemnidad terminó siendo otra pieza del museo de las promesas incumplidas. En Venezuela, la memoria política no se borra; simplemente se acumula como polvo sobre las ruinas del salario. Por eso el humor popular ya entendió la lección: si el gobierno promete paz, probablemente habrá silencio; si promete recuperación, probablemente habrá recorte; y si promete protección, lo más seguro es que venga fraccionada, tarde y por Patria.

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