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martes, 15 de septiembre de 2026

Qué bello es el progreso! De las carabelas de Colón al «Pranato S.A.» de Johnny Trump Bravo

 Qué bello es el progreso! De las carabelas de Colón al «Pranato S.A.» de Johnny Trump Bravo

Por: El Cronista del Guaguancó Intergaláctico



Así cierra este nuevo capítulo de nuestra historia: entre espejitos de oro en 1492 y billetes verdes en el 2026. Al menos Cristóbal Colón nos dejó el idioma; Johnny Trump Bravo y sus muchachos solo nos dejan el guaguancó, las calles a oscuras y la certeza de que, para la mafia global, seguimos siendo la misma tribu ingenua dispuesta a cambiar su futuro por un puñado de aplausos.

Hay que rendirse ante la evidencia: el progreso es una cosa maravillosa. En los tiempos de la cibernética, la robótica y la inteligencia artificial, las dinámicas globales se han modernizado tanto que ya no hacen falta carabelas ni armaduras oxidadas para venir a «descubrir» las riquezas de esta Tierra de Gracia de 912.050 kilómetros cuadrados. Ahora todo se maneja con mayor eficiencia, a través de videollamadas encriptadas y con un nivel de interconexión global que ya quisieran los antiguos imperios. Haciendo un balance histórico con cabeza fría, dan ganas de mirar al cielo y gritar: «¡Perdónanos, Cristóbal, que no te entendimos!». Y es que, puestos a comparar, nuestros antepasados indígenas de 1492 recibieron un trato que hoy parece de categoría cinco estrellas en comparación con las sutilezas de la diplomacia transaccional del siglo XXI.

El Almirante romántico vs. El Don Corleone de la Quinta Avenida

Cuando Cristóbal Colón pisó estas playas, se puso casi poético. Dejó escrito para la posteridad que los nativos eran «tan ingenuos y tan generosos con todo lo que poseen... que invitan a cualquiera a compartirlo y muestran tanto amor como si fueran a dar sus corazones». Un romántico empedernido, el viejo Cris. Sí, es verdad que después el Reino de España se cargó algunas toneladas de oro en galeones de madera, pero seamos justos: esa mudanza colonial fue una total minucia, superada con creces —¡por más de cien veces!— por la confiscación intergaláctica del régimen chavista. Aquello fue un saqueo artesanal; lo de este siglo ha sido una obra de ingeniería financiera digna de la NASA.

En el rincón opuesto de la historia tenemos al introvertido, modesto y para nada prepotente Johnny Trump Bravo, un gobernante que opera bajo la firme convicción de que todo lo que gira alrededor del Sol tiene su firma estampada en letras doradas. Para Trump, el subsuelo venezolano no es geografía, es simplemente una extensión de los cimientos de la Trump Tower.

La base misma de su imperio en Nueva York se levantó gracias al hormigón de la empresa S&A Concrete, controlada en los años 80 por los legendarios capos de la Cosa Nostra Anthony "Fat Tony" Salerno y Paul Castellano. Como bien señala el escritor Eric Dezenhall en su libro Los Reyes Magos y la Casa Blanca, Trump es el único presidente que, lejos de huir del contexto criminal, lo utiliza como parte de su marca comercial. Ya en 2013, sentándose con David Letterman, admitió con una sonrisa que había conocido a varios de esos personajes en el camino del negocio inmobiliario y soltó una perla que hoy resuena en el Orinoco: «Resultaron ser muy buenas personas».

Esos dos estaban separados al nace¡r! El delirio intergaláctico vs. El dueño del Sol

Si ponemos a Hugo Chávez y a Donald Trump en un espejo retrovisor de la historia, nos damos cuenta de que padecen del mismo síndrome: el complejo de "Capitán Planeta". Por un lado, el Comandante Eterno vivía atrapado en su propio Viaje a las Estrellas criollo. Su ambición por el poder no cabía en este planeta, por lo que decidió expandir el socialismo a un nivel intergaláctico. Estaba convencido de que su voz retumbaba en la Nebulosa de Orión y que los marcianos aplaudían sus discursos de ocho horas. Por el otro lado del ring, tenemos al magnate neoyorquino, quien no se queda atrás en el delirio. Trump opera bajo el humilde supuesto de que el Sol es una bombilla de su propiedad y que el universo entero gira alrededor de su jopo dorado. Si Chávez quería colonizar el espacio exterior con comunismo sideral, Trump ya le puso un cartel de "Se vende, propiedad de Trump" a la Vía Láctea, asegurando que el subsuelo de nuestra "tierra de gracia" es simplemente el sótano de uno de sus hoteles. Ambos comparten ese amor desmedido por el aplauso, la riqueza, el egocentrismo galáctico y la convicción de que las leyes de la física y la democracia solo aplican para los mortales comunes.

En conclusión: cambian los imperios, cambian los capos y se modernizan los métodos, pero el chiste se cuenta solo. Mientras Chávez buscaba el poder intergaláctico y Trump se adueña del Sol, a los venezolanos nos queda el consuelo de seguir asistiendo al circo mensual de las negociaciones, aplaudiendo como "happy people" un libreto extranjero que nos condena a la pista de baile mientras los nuevos padrinos se reparten el subsuelo.

Delcy es «estupenda» y el Orinoco tiene nuevos padrinos

Ese mismo diccionario de la alta alcurnia neoyorquina es el que se aplica hoy en el Caribe. Tras los drásticos giros políticos que dejaron la silla de Miraflores vacía, la Casa Blanca ha descubierto que el clima de negocios es fantástico. ¿Para qué hablar de aburridos conceptos occidentales como la institucionalidad o la transición aprobada por los ciudadanos cuando se puede practicar la poesía del beneficio económico?Por eso, Trump no ha escatimado en piropos formales ante la prensa para describir a Delcy Rodríguez como una persona «fantástica» y «estupenda», asegurando que su administración trabaja con ella «muy bien». Es el refinado Código de Negociación Pragmática: si antes te llamaba miembro de una estructura criminal, pero hoy me firmas 17 concesiones petroleras en la Faja del Orinoco, automáticamente te conviertes en "buena gente" y nos enamoramos, tal como pasó en las cartas con Kim Jong-un.

La modernización ha redefinido los roles de la colonia: 

Los Fixers del Departamento de Estado: Los que antes eran rústicos cabilderos coloniales, hoy son elegantes intermediarios con conexiones en el Pentágono. Personajes con prontuarios criminales de lavado de dinero en Suiza, España y Miami actúan como el puente perfecto para desplazar a rusos y chinos de los pozos estratégicos.

La Alianza Global de las "Five Families": Los Pranatos del Arco Minero del Orinoco finalmente han encontrado su contraparte corporativa en las dinastías de la mafia estadounidense. Es la fusión perfecta entre el pragmatismo de Nueva York y la administración local. El enfoque de Don Corleone que ya ensayaron en Ucrania ahora se aplica con sabor tropical.

El gran show del circo mensual: Más lento que un carrito de popsicle

Y para que la masa no se aburra mientras ellos se reparten el petróleo, el oro y las cotizadas tierras raras, nos han montado el mejor espectáculo de entretenimiento de la región: La Mesa de Diálogo y Negociación por la Transición Demorada.

Hay que decirlo con honestidad: este proceso de transición avanza más lento que una carrera de carritos de helados de palito (popsicle) en una subida de tierra. Es un evento de alta costura diplomática donde los integrantes de las delegaciones viajan religiosamente una vez al mes. Mientras el país sufre en un calvario de hospitales sin insumos, transporte colapsado y cortes de Corpoelec que te apagan la computadora a mitad de una frase inspirada, ellos se sientan muy cómodos.De hecho, cada vez que entran al salón de reuniones da la impresión de que ponen de fondo la famosa cumbia de Pastor López, «La Mesita de Noche». Sí, esa que dice: «Te guardé... en la mesita de noche». Ahí metieron las urgencias de los ciudadanos: engavetadas junto a la lámpara, bien resguardadas del polvo de la realidad, esperando a que pase otro ciclo de conversaciones en Caracas o en Madrid. Lo divertido es ver cómo llegan a los encuentros con sus carpetas bajo el brazo, cual alumnos aplicados, repitiendo de memoria las lecciones aprendidas en el salón de clases del Norte. En la sesión de este mes, la encargada de deslumbrar con su retórica fue Dinorah Figuera. Tras bajarse del avión en Maiquetía y repasar el guion que le mandaron los nuevos padrinos de la Cosa Nostra corporativa, se paró frente a los micrófonos para pedirle paciencia a la gente que exige un cambio real. Con una calma digna de un monje budista que no vive en carne propia este martirio, soltó la joya académica del año: «Miren, muchachos, hay que entender los tiempos... Venezuela aún no necesita elecciones presidenciales ya, primero hay que acomodar los papeles».

¡Brillante! ¿Para qué apurar unas elecciones presidenciales que la gran mayoría de los venezolanos pide a gritos? ¿Para qué gastar tinta imprimiendo tarjetitas electorales si ya tenemos a Delcy siendo «estupenda», a los fixers del Departamento de Estado cobrando sus comisiones en el Pentágono y a Dinorah pidiendo calma desde el aire acondicionado? La democracia está sobrevalorada; lo que está de moda es el pragmatismo transaccional. En su mentalidad, lo nuestro no es el voto libre o la seguridad jurídica. No señor. Lo nuestro es la danza, el tambor y el guaguancó. Somos, oficialmente, la sucursal de la felicidad: "happy people" con los bolsillos llenos de dólares celebrando que los nuevos conquistadores cuidan de nuestro oro, nuestro petróleo y nuestras cotizadas "tierras raras" mientras esperamos que regrese la luz de Corpoelec. Ni la Reina Isabel la Católica se atrevió a soñar con un negocio tan redondo.

Definitivamente, la historia es una comedia repetida: ayer fuimos la Tierra de Gracia de una Reina Católica; hoy somos el sótano petrolero del Don Corleone de la Quinta Avenida. ¡Que no pare el guaguancó, muchachos, que para votar siempre habrá tiempo en el próximo siglo!

jlrlinares@gmail.com 


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