El Juego de Dominó en el Palacio de las Sombras
La escena final ocurre en una mesa de mármol veteado con sangre de minero. El aire huele a whisky caro y a mercurio. Sentados a la mesa están el Gran Elector, el analista Juan Vicente, el opinador José Gregorio y el magnate Gorrincho.
—¡Doble Seis! —grita el Elector, golpeando la mesa con una ficha de oro macizo.
—Paso —dice Juan Vicente, consultando una encuesta que dice que el hambre es solo una percepción psicológica.
—¡Capicúa! —sentencia José Gregorio, mientras cierra la partida con la ficha del Art. 142 de la LOTTT.
En el centro la mesa, el botín no son fichas, son las prestaciones sociales de millones de abuelos, los ahorros de una vida y la soberanía del Arco Minero. Los jugadores ríen mientras el Tío Donald observa desde un cuadro en la pared, guiñando un ojo mientras le pasa la cuenta al Tío Rubio.
La partida ha terminado. El pueblo de Macondia ha sido “trancado”. Los esquiroles recogen las migajas bajo la mesa, y la música de la fanfarria suena para tapar el rugido de los estómagos vacíos.
[FANFARRIA FINAL EXPLOSIVA Y VOZ EN OFF LOCUTORIL]
¡Señoras y señores! ¡No apaguen sus radios! Esto es solo el comienzo del fin. En nuestra próxima entrega: ¡La Gran Subasta de la Dignidad! ¡El regreso del Tío Rubio con una nueva peluca! ¡Y el milagro de cómo vivir con un sueldo de aire! ¡Macondia, donde lo imposible sucede tres veces antes del desayuno! ¡ES-PEC-TA-CU-LAR!

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