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martes, 28 de abril de 2026

El Milagro de los Panes para el Bufete y los Peces para el "Alacrán"

  Crónica desde Macondia

El Milagro de los Panes para el Bufete y los Peces para el "Alacrán"



Bienvenidos a Macondia, ese rincón del realismo trágico donde el dinero tiene fobia a las neveras de los jubilados pero siente una atracción erótica por los tribunales de Nueva York. Aquí hemos perfeccionado una alquimia que envidiaría la Reserva Federal: no tenemos un centavo para pagarle a un maestro, pero si a un jerarca le pica un juicio en el norte, ¡zas!, aparecen dólares debajo de las piedras con la velocidad de un "influencer" estrenando una camioneta último modelo.

En Macondia, la fauna es variopinta. Tenemos a los "Retail Influencers" (antes conocidos como bachaqueros de esquina) y a los "Comediant Content Creators" (antes, el gracioso que contaba chistes de velorio), todos conviviendo en una burbuja de 5% de "enchufados" que viven la Dolce Vita mientras el resto ensaya la fotosíntesis para no morir de hambre.

Pero los verdaderos protagonistas son los Reptiles de la Política. Tenemos alacranes con título de "oposición" que mueven la cola al ritmo que les marque el palacio, y gremios empresariales tan "serios" que sufren de laringitis crónica cuando se trata de fondos públicos usados para defensas privadas, pero que recuperan la voz de barítono para gritar: "¡No al aumento salarial, que se incendia la pradera!".

Es una belleza poética: el silencio de la CBST es tan profundo que se puede escuchar el eco de los 30 mil millones que se fueron a dar un paseo por paraísos fiscales. En Macondia, las leyes (esas que hablan de artículos 91 y 142) son literatura fantástica. ¿Prestaciones sociales? ¿Seguridad financiera? ¡Por favor! Eso es para países aburridos como Noruega o Finlandia. Aquí somos más creativos; aquí preferimos que las medicinas donadas desaparezcan por arte de magia (unas 6 toneladas, para ser precisos) y que el Fiscal General, nuestro Tarek II Devoe, se dedique a escribir poemas mientras el erario público tiene más huecos que una carretera nacional.

En fin, que no es que no haya dinero, es que el dinero tiene clase social. Se gasta en inglés, en bufetes de mármol y en yates que no pueden navegar por culpa de las "sanciones", mientras al viejo que trabajó 40 años le mandan un "venceremos" por WhatsApp y una bolsa de harina. ¡Eso es gobernar, señores! El resto es pura envidia de quienes no entienden que el Paraíso y las 72 vírgenes prometidas son solo para los que tienen la chequera del Estado en el bolsillo.

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